La Association of Certified Fraud Examiners presentó la edición 2026 de su Report to the Nations, uno de los estudios internacionales más amplios sobre conductas indebidas cometidas desde el interior de las organizaciones. La investigación analizó 2,402 casos reales en 143 países y territorios, con pérdidas acumuladas superiores a 3,400 millones de dólares. La organización estima que, en promedio, las empresas pueden perder alrededor de 5% de sus ingresos anuales por este tipo de conductas.
El estudio tiene además una perspectiva histórica interesante. La serie comenzó en 1996 y, treinta años después, ha reunido información de casi 25 mil casos, por más de 65 mil millones de dólares en pérdidas. Algunas formas de operar han cambiado con la tecnología, pero ciertos patrones humanos permanecen sorprendentemente constantes.
Para América Latina y el Caribe, el documento merece especial atención.
La región aportó 108 casos a la muestra internacional, de los cuales 37 correspondieron a México. La pérdida mediana regional fue de 200 mil dólares, considerablemente superior a la mediana global de 104 mil dólares. Conviene aclarar que estas cifras no representan la incidencia total en cada país; corresponden a casos investigados y reportados al estudio. Aun así, permiten observar patrones que deberían interesar a cualquier director de Seguridad, Recursos Humanos, Auditoría o Cumplimiento.
En nuestra región, la corrupción estuvo presente en 61% de los casos, uno de los porcentajes más altos del estudio. Le siguieron la apropiación de activos no monetarios, con 27%, y los esquemas relacionados con facturación, con 26%.
Quizá el dato más revelador no sea cuánto se pierde, sino cómo se descubre.
En América Latina y el Caribe, 54% de los casos salió a la luz gracias a una denuncia o aviso, muy por encima de cualquier otro mecanismo. La auditoría interna detectó 15% y la revisión gerencial 9%.
Esto confirma una realidad sencilla: muchas veces la primera alarma no proviene de una sofisticada herramienta informática, sino de una persona que observa algo que no encaja.
A escala mundial ocurre algo semejante. 43% de los casos fue descubierto mediante avisos, casi tres veces más que el siguiente método de detección. Más de la mitad de esos reportes procedieron de empleados, aunque clientes y proveedores también desempeñaron un papel importante.
Hay otro dato que debería modificar la forma en que las organizaciones piensan el riesgo interno: 84% de las personas responsables mostró al menos una señal conductual observable durante el periodo analizado. Entre las más frecuentes aparecen vivir por encima de los ingresos conocidos, dificultades económicas, relaciones inusualmente cercanas con proveedores o clientes, resistencia a compartir funciones, irritabilidad y problemas familiares.
Esto no autoriza a convertir problemas personales en sospechas. Una dificultad económica, un divorcio o un cambio de carácter no convierten a nadie en responsable de una irregularidad. Su valor preventivo aparece cuando diferentes señales coinciden con oportunidades, accesos sensibles y anomalías operativas.
El propio documento aporta un vínculo especialmente interesante con Recursos Humanos. 45% de los responsables había atravesado al menos una situación laboral adversa, como una mala evaluación de desempeño, temor a perder el empleo, rechazo de un aumento o promoción, reducción de beneficios o disminución de horas.
Este dato conecta directamente con un tema que abordaremos posteriormente: el desgaste profesional y la percepción de injusticia dentro de las empresas.
También cambia la perspectiva sobre quién representa mayor impacto. Los casos cometidos por propietarios o altos ejecutivos generaron pérdidas medianas de 475 mil dólares, frente a 50 mil cuando el responsable era un empleado. Además, cuando participaron tres o más personas, la pérdida mediana alcanzó 324 mil dólares, casi seis veces la ocasionada por una sola.
El cargo, la antigüedad y la confianza pueden convertirse en ventajas para quien decide abusar de ellas. El tiempo juega siempre a favor del problema.
Los casos detectados durante los primeros seis meses ocasionaron una pérdida mediana de 40 mil dólares. Cuando permanecieron ocultos entre siete y doce meses, esa cantidad aumentó a 100 mil. Aquellos que sobrevivieron más de cinco años alcanzaron una mediana superior al millón de dólares.
“Ojos que no ven, empresa que paga” podría ser una adaptación útil del viejo refrán.
Cinco medidas destacan para quienes tienen responsabilidades de Seguridad y Recursos Humanos:
- Facilite que la gente hable. Un canal confidencial, sencillo y confiable puede ser más valioso que muchos controles costosos. En Latinoamérica, más de la mitad de los casos analizados fue detectada gracias a avisos.
- Capacite para reconocer señales. Las organizaciones que ofrecieron formación específica registraron menores pérdidas y recibieron más reportes útiles.
- Revise los procesos, no solamente a las personas. Separación de funciones, vacaciones obligatorias, auditorías sorpresivas y monitoreo de datos reducen oportunidades.
- Conecte Seguridad, Recursos Humanos y Auditoría. Un cambio de conducta, una anomalía financiera y un acceso inusual pueden parecer irrelevantes por separado; juntos pueden justificar una revisión.
- Observe también hacia arriba. Los puestos de mayor autoridad tienen más capacidad para modificar procesos, influir en terceros o eludir controles. La jerarquía nunca debería significar inmunidad.
- Facilite que la gente hable. Un canal confidencial, sencillo y confiable puede ser más valioso que muchos controles costosos. En Latinoamérica, más de la mitad de los casos analizados fue detectada gracias a avisos.
En América Latina existen además señales positivas: 92% de las organizaciones analizadas contaba con código de conducta, 87% con auditoría interna y 78% con canales de reporte. Sin embargo, solamente 46% utilizaba monitoreo proactivo de datos y 42% realizaba auditorías sorpresivas.
La diferencia entre tener controles y utilizarlos realmente puede representar cientos de miles de dólares.
El estudio deja una enseñanza especialmente útil para nuestra región: la confianza sigue siendo indispensable para trabajar, pero nunca debería sustituir a la supervisión.
El mayor riesgo interno rara vez llega anunciado; muchas veces ya tiene gafete, contraseña y autorización para entrar.