Los diversos organismos internacionales y nacionales se han preocupado por atender el problema de la violencia contra las mujeres y las niñas (VCMN), protegiendo a las víctimas y sancionando a los agresores con leyes, políticas y programas. Este enfoque, si bien ha logrado resultados en una u otra medida, requiere, en la actualidad, una nueva perspectiva de prevención que se enfoque a trabajar ahora sobre los hombres.
LA VCMN constituye un grave problema de salud pública y de derechos humanos, particularmente en la región de América Latina, donde entre un 13.4 y un 52.3% de las mujeres, entre 15 y 49 años, han sufrido violencia física y entre un 5.2 y un 15.2% violencia de género.
Se estima, a nivel global, que el 75% de la VCMN es perpetrada por la pareja o ex pareja íntima masculina de las víctimas. 3 de cada 10 mujeres que han tenido una relación de pareja han sufrido en su vida alguna forma de violencia.
El 38% de los asesinatos de mujeres es cometido por su pareja o ex pareja.
Las mujeres jóvenes representan un grupo de alto riesgo de ser abusadas, si consideramos que hasta un 50% de las agresiones, en todo el mundo, son cometidas contra niñas menores de 16 años y el hecho de que, en su primera experiencia, aproximadamente entre un 30% a un 45% de las mujeres fue forzada a tener relaciones.
No debemos perder de vista que las niñas y mujeres representan cerca del 75% de las víctimas de trata de personas en el mundo, que cerca de 700 millones de niñas se casaron antes de los 18 años (dato del 2014) y que 30 millones de ellas corren el riesgo de sufrir ablación (mutilación genital) a futuro.
Si resulta evidente que los hombres son los perpetradores de la violencia contra las mujeres, las niñas y contra los propios hombres, debemos, pues, enfocarnos en ellos desde la perspectiva de prevención.
Es preciso romper los paradigmas en que los hombres aprenden, viven y ejercen las normas acerca de la masculinidad, donde el orden patriarcal históricamente ha discriminado y generado inequidades hacia las mujeres.
La “hombría”, la “legitimidad” del uso del poder y control, así como el manejo inadecuado de la ira o frustración, la legitimación de creencias que justifican la violencia, el sentido de propiedad sobre el cuerpo de las mujeres, su culpabilización, la visión respecto de ellas como objetos sexuales y la concepción del deseo sexual masculino como algo incontrolable, son temas que se deben abordar con los hombres para abatir la problemática.
En ese sentido, existen una serie de programas dirigidos a prevenir la VCMN, con la participación de hombres, que han arrojado evidencia empírica que muestra éxito en las intervenciones realizadas. No obstante, ésta es una labor que se debe realizar desde la crianza de los niños en el hogar, a nivel escolar, comunitario, laboral y, desde luego, social, en donde todos nos debemos involucrar.
Debemos acabar con la violencia contra las mujeres y las niñas, es preciso informarnos para conocer los factores de riesgo y protección, tanto de ellas como de los hombres, para tomar cartas en el asunto y actuar en consecuencia.
Resulta vergonzoso el que estas situaciones, que infinidad de mujeres y niñas viven y sobreviven, muchas de ellas en circunstancias de horror, prevalezca por encima del amor que les profesamos algún día a quienes, como madres, nos dieron la vida.
Infórmate y difunde las mejores prácticas de prevención que desde la perspectiva del hombre existen, a través de la lectura del documento Aguayo, F., Kimelman, E., Saavedra, P., Kato-Wallace, J. (2016) Hacia la incorporación de los hombres en las políticas públicas de prevención de la violencia contra las mujeres y las niñas. Santiago: EME/CulturaSalud. Washington, D.C.: Promundo-US. Ciudad de Panamá: ONU Mujeres y UNFPA.