El inmiscuirse en los asuntos ajenos es una acción que muchos realizamos, prácticamente de manera natural, como parte de nuestras costumbres. Nos encanta saber, conocer y enterarnos de cosas, casos y, en general, de lo que pasa en torno a la vida de los demás.
Este hábito, sin embargo, puede ocasionarnos el involucrarnos en delitos o ser víctimas de agresiones, lesiones o incluso de homicidio.
Más allá de la curiosidad que nos invade por saber de los demás, lo cual resulta de alguna manera evidente por el uso de redes sociales, particularmente en América Latina, donde en países como México el 84% (menor al 93% de 2018) de los usuarios de internet las utiliza (Facebook en 68%, desde 95% en 2018), el entrometimiento que a nivel personal realizamos en la vida real, nos coloca en graves situaciones de riesgo.
Cuando a través de alguna relación personal, romántica o de negocios una persona obtiene información de otra, ya sea de manera directa o indirecta, por indiscreción, investigación o incluso por casualidad; lo que una sabe de la otra, puede llegar en algún punto a incomodar o comprometer a una de las partes y, es ahí, donde las cosas cambian.
Cuando se observa, se indaga o alguien confiesa o evidencia ante otro una adicción a algún tipo de droga ilegal o afición a contenidos o actividades perversas, comienza a gestarse una relación peligrosa, que puede derivar en el involucramiento del otro en un transgresión -en caso de ser sorprendidos en posesión de sustancias o contenidos cuya venta es controlada-, o bien de algún tipo de amenaza o daño ante el miedo de la persona a ser denunciada.
En relaciones de negocios, las personas obtienen información sensitiva ya sea por su acceso a documentación, reportes financieros, reuniones o eventos y comidas de negocios, en las cuales, escuchan detalles o aspectos delicados de algún asunto, o ellas mismas realizan al preguntar cosas, una especie de ingeniería social que, no obstante ser “de buena fe”, las posiciona, en ese momento o a futuro, en una situación de riesgo.
En el trabajo, muchos son testigos de fraudes, robos hormiga o conductas inapropiadas que cometen sus compañeros y simplemente callan para no meterse en problemas.
Cuando un individuo que incurre en la conducta ilícita o que comete un perjurio, ya sea por acción u omisión y se sabe vulnerable en algún momento a ser detenido y procesado, o simplemente porque su imagen pueda verse afectada, sabe perfectamente quién o quiénes conocen la situación, pudiendo considerar el amenazarlos, agredirlos o hasta matarlos.
Muchos de los casos de violencia que observamos día con día en el país, ocurren por este tipo de situaciones, donde una persona es asesinada y su caso se registra como uno más de los miles que permanecen impunes en las carpetas de investigación, donde en el móvil se indica: homicidio por intento de robo.
La realidad -que a veces supera la ficción-, como en las viejas películas de matones, concluye en verdad ante la interrogante ¿Por qué lo mataron?, porque sabía demasiado.
Evita ser entrometido, no te metas donde no te llaman, ni metas las narices donde no te corresponda, así como tampoco pretendas enterarte u obtener información que no te corresponde.
Si observas, sabes o conoces de algo o alguien, que pueda estar incurriendo en alguna conducta inapropiada, o en la franca comisión de alguna infracción, no pongas en riesgo tu persona o la de tu familia, denúnciala, aunque sea de manera anónima en tu organización o ante al policía y si no, aléjate de ella.
Te recomendamos la lectura de nuestras ediciones Discreción como prevención y Rumores riesgosos.