Los observadores de los temas de seguridad suelen concentrar su atención en indicadores como homicidios, robos, percepción de inseguridad o victimización. Sin embargo, rara vez se detienen a observar otro indicador que, aunque no aparece en las estadísticas delictivas, puede decir mucho sobre la capacidad de una sociedad para enfrentar la violencia: el bienestar de las personas.
Una comunidad donde existe confianza, satisfacción con la vida, relaciones personales sólidas y sentido de pertenencia no solo mejora la calidad de vida de sus habitantes; también genera condiciones más favorables para la convivencia, fortalece la participación ciudadana y desarrolla mayores capacidades para prevenir la violencia antes de que ésta se manifieste. Vista desde esta perspectiva, la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2025 del INEGI merece toda nuestra atención.
Los resultados ofrecen una noticia que, en medio de tantas cifras relacionadas con la inseguridad, resulta alentadora. En una escala de 0 a 10, los mexicanos calificaron su satisfacción con la vida con un promedio de 8.62, superior al registrado en la medición anterior. Más aún, casi seis de cada diez personas (59.8%) afirmaron sentirse totalmente satisfechas con su vida, mientras que otro 31.4% dijo sentirse moderadamente satisfecho.
En conjunto, más del 91% de la población manifestó niveles positivos de satisfacción personal, a pesar de convivir diariamente con problemas como la violencia, la incertidumbre económica o la polarización social.
A primera vista podría parecer una encuesta ajena a la seguridad. No lo es.
Desde hace años, organismos internacionales y especialistas han insistido en que la seguridad no depende únicamente del número de policías, de patrullas en circulación o de la severidad de las leyes. También depende de la fortaleza del tejido social, de la confianza entre las personas y de la capacidad de las comunidades para organizarse y enfrentar colectivamente los problemas que las afectan.
Cuando una colonia mantiene relaciones vecinales saludables, cuando los ciudadanos participan en actividades comunitarias, cuando las familias conservan canales de comunicación y cuando existe sentido de pertenencia, disminuyen las oportunidades para que prosperen la violencia, el abandono y la indiferencia.
La encuesta del INEGI también revela otro aspecto relevante: las personas que experimentan soledad, ansiedad, depresión o dificultades económicas reportan menores niveles de bienestar. Es decir, las condiciones emocionales y sociales de una comunidad inciden directamente en la forma en que las personas enfrentan la vida cotidiana.
¿Por qué debería importar esto desde la perspectiva de la seguridad?
Porque las comunidades cohesionadas desarrollan algo que ninguna institución puede imponer por decreto: capital social. Ese conjunto de relaciones de confianza, cooperación y solidaridad facilita que los vecinos se conozcan, compartan información, detecten situaciones de riesgo, apoyen a personas vulnerables y participen activamente en la solución de los problemas comunes.
La delincuencia prospera con mayor facilidad donde predominan el aislamiento, la desconfianza y la indiferencia. Por el contrario, encuentra mayores obstáculos cuando existe una ciudadanía organizada que se conoce, se comunica y se involucra.
Durante muchos años hemos hablado de seguridad pública. Más recientemente comenzamos a impulsar el concepto de seguridad ciudadana, entendida como la participación corresponsable de autoridades y sociedad en la prevención de la violencia. Quizá esta encuesta nos recuerda que existe un ingrediente previo y fundamental para que esa participación florezca: el bienestar.
Porque una persona que conserva esperanza, que mantiene vínculos familiares sólidos, que participa en su comunidad y que encuentra sentido en su vida tiene mayores probabilidades de convertirse en un ciudadano activo que en un espectador pasivo de los problemas colectivos.
Por ello, los resultados de la ENBIARE no deben interpretarse únicamente como una medición de felicidad. Constituyen también una radiografía del enorme potencial social que todavía conserva México para enfrentar sus desafíos.
La inseguridad sigue siendo una realidad que nadie puede minimizar. Pero tampoco debemos caer en el error de pensar que todo está perdido. Esta encuesta demuestra que millones de mexicanos conservan aquello que hace posible reconstruir comunidades: confianza, resiliencia, relaciones personales y deseo de salir adelante.
Ese es un activo que no aparece en las estadísticas delictivas. Pero vale tanto como cualquiera de ellas.
Cinco acciones para convertir el bienestar en seguridad
Fortalezca las relaciones con sus vecinos. Conocer a quienes viven alrededor no solo mejora la convivencia; también crea redes naturales de apoyo y vigilancia que pueden marcar la diferencia durante una emergencia.
Participe en su comunidad. Los comités vecinales, asociaciones de colonos, grupos escolares o actividades comunitarias fortalecen el sentido de pertenencia y reducen la indiferencia frente a los problemas colectivos.
Recupere los espacios públicos. Un parque utilizado, una cancha ocupada por familias o una plaza con actividades culturales envían un mensaje claro: la comunidad está presente y no ha cedido esos espacios a la delincuencia.
Acompañe a quienes viven situaciones de vulnerabilidad. La soledad, el aislamiento y la pérdida de redes de apoyo afectan el bienestar individual y debilitan la cohesión social. Una comunidad que integra también protege.
Haga de la participación un hábito, no una reacción. No esperemos a que ocurra una tragedia para organizarnos. La prevención comienza mucho antes, cuando los ciudadanos deciden involucrarse de manera permanente en la construcción del entorno donde viven.
La seguridad no se construye únicamente en los cuarteles, las fiscalías o los tribunales.
Se construye todos los días, en la forma en que convivimos, en la confianza que depositamos en los demás y en la decisión de no permanecer indiferentes frente a los problemas de nuestra comunidad.
Una sociedad que conserva su bienestar, su solidaridad y su capacidad de organizarse posee una de las herramientas más poderosas para enfrentar la violencia. La seguridad también se construye desde el bienestar.
Conoce aquí la Encuesta Nacional de Bienestar Autorreportado (ENBIARE) 2025.