Resolver el problema

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Como ciudadanía, debemos considerar, de una vez por todas, el comenzar a involucrarnos para resolver el problema de la inseguridad, algo que no sucederá como producto, simplemente, de los buenos deseos, ni tampoco algo que se logrará, en el corto plazo, por la acción de un gobernante o la llegada de un mesías redentor, sino por la participación activa de todos los actores sociales.

El problema de la inseguridad, ante la complejidad del mundo y las amenazas latentes, jamás podrá ser resuelto del todo. No obstante, podemos incidir respecto de los diversos factores riesgo para protegernos y disminuir, de esta forma, nuestra vulnerabilidad a nivel personal, familiar, comunitario y social.

Valdría la pena, en este sentido, considerar cinco aspectos que resultan fundamentales para contribuir en la resolución del problema:

Conocer el problema.
Entendiendo que la inseguridad no es un tema simplemente de delincuentes en las calles, sino un asunto que tiene múltiples causas, causas que se originan como producto de la enorme desigualdad social que prevalece en el país, la violencia que existe en nuestros distintos ámbitos, los alto niveles de corrupción e impunidad y la incapacidad de las autoridades encargadas de velar por nuestra seguridad.

Reconocernos como parte del problema.
Comprendiendo las deficiencias que tenemos en la crianza de nuestros propios hijos, las distintas formas de violencia en las que incurrimos de manera habitual en nuestros hogares, la deteriorada cultura ciudadana y de legalidad que nos caracteriza, la indolencia e indiferencia ante los altos niveles de victimización y, en sí, nuestra incapacidad para trabajar conjuntamente a favor de un mejor país.

Reconocernos como parte de la solución.
Dejando de pensar que el problema es asunto simplemente del gobierno y que la represión es el principal camino. Debemos asumirnos como los coproductores de la seguridad, a través de ejercicios de participación ciudadana, en el entendido de que la dimensión de la seguridad pública requiere de una nueva atmósfera en la dimensión de la seguridad ciudadana, para lograr llegar a la de seguridad humana.

Capacitarnos.
Ocupándonos de aprender las distintas formas en las que podemos y debemos atacar los distintos factores de riesgo, promover los de protección y generar, de esta forma, personas, familias y comunidades que, más allá de saber enfrentar entornos adversos, no constituyan, por si mismas, riesgos para el entorno.

Ponernos a trabajar.
Involucrándonos con organizaciones de la sociedad civil que desde distintos ámbitos promueven intervenciones a nivel personal, familiar, comunitario, escolar, laboral y social. Aportando más allá de donativos a las diferentes causas, un poco de nuestro tiempo y el de nuestros hijos, para contribuir y retroalimentarnos de la importante labor social que desempeñan con el ánimo de ser todos, en alguna medida, dignos protagonistas del cambio.

Esperamos que te involucres basándote en estos cinco aspectos pues de ellos depende, en mucho, el que podamos resolver el problema de inseguridad que tenemos todos y respecto del cual, todos, absolutamente todos, debemos ponernos a trabajar.

Si deseas tener una perspectiva más amplia de cómo ponerte a trabajar al respecto, te sugerimos nuestra edición Prevención de violencia y delincuencia, donde podrás conocer un excelente programa de capacitación en el tema.

 

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