La familia y la crianza de niños seguros

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La familia es la célula de la sociedad. El deber de los padres de familia no debe limitarse a garantizar la supervivencia de sus hijos, debe darles una crianza adecuada, ofreciéndoles el cuidado de alimentación; cubriendo sus necesidades físicas; un cuidado material, organizando su mundo físico; el cuidado social, estimulando su contacto interpersonal; y un cuidado didáctico, estimulándolo a entender y participar en el mundo ajeno al de la familia.

Para adaptar correctamente a un niño a las actividades de la vida diaria, los padres deben controlarlo y aplicar medidas disciplinarias para adaptarlo a los estándares de conducta, comunicándole de manera clara dichas medidas y escuchando atentamente sus opiniones.

Es importante estimularlo para que madure y tenga un buen funcionamiento intelectual, social y emocional, haciéndolo con calidez e interés auténtico por su bienestar y aplaudiendo todos y cada uno de sus logros.

Existen básicamente 3 estilos de crianza que, si bien no se practican de forma pura, la mayoría de los padres se ubican en alguno de los siguientes:

      • Democrático.
        Padres con un alto nivel de control, claridad de comunicación, demandas de madurez y cuidado, que responden a las necesidades de sus hijos, estableciendo estructuras para su aprendizaje, imponiendo límites y expresando los estándares de conducta competente.

      • Permisivo.
        Padres con un nivel bajo de control y demandas de madurez, altos en claridad de comunicación y cuidados. Si bien responden a las necesidades de sus hijos, poseen poco control y no suelen demandar conductas de madurez.

      • Autoritario.
        Padres con un nivel alto de control y demandas de madurez, pero bajos en claridad de comunicación y cuidado. Controladores y fríos, este tipo de padres no suelen responder a las necesidades sus hijos.

De los tres anteriores, es el estilo democrático el que favorece mejor el desarrollo de los niños. Los estilos autoritarios y permisivos fallan en las habilidades de auto-regulación, auto-monitoreo y auto-dirección, necesarias para el éxito académico y desempeño social.

Por lo anterior, educar exitosamente en materia de prevención a los hijos, para evitar que incurran en conductas antisociales, consuman sustancias o drogas, sean victimizados o se conviertan en delincuentes, depende, en mucho, de las formas de crianza que se aplican, los cuales en una u otro medida, van a mejorar o empeorar los factores de protección y reducir o aumentar los factores de riesgo.

Por tanto, es preciso reflexionar a tiempo respecto del tipo de crianza que proporcionamos hoy a nuestros niños, para que el día de mañana contemos con jóvenes y adultos plenamente desarrollados y, sobre todo, seguros.

Seguros de sí mismos y seguros, en la medida de lo posible, dentro de un mundo que, desafortunadamente, presenta muy altas posibilidades de que continuará siendo inseguro.

 

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