Un ciclo vicioso a detener

Newsletter - Un ciclo vicioso a detener

Tenemos que hacer énfasis en la prevención de adicciones, concretamente de aquellas a las drogas, ya no únicamente desde la perspectiva de la salud sino, ahora, de manera enfática y especial, desde la perspectiva de la seguridad.

Es preciso entender que una persona que entra en contacto con el mundo de las drogas -en países donde su venta y consumo no se ha despenalizado-, necesariamente entra en contacto con las redes delincuenciales, lo cual no sólo pone en riesgo a la persona, sino a todos a su alrededor.

Una persona que se droga necesita dinero porque tiene un vicio que mantener. Si acaso tiene la fortuna de contar con algún empleo o tiene recursos económicos familiares, no tendrá mucho problema para subsanar su vicio.

No obstante, cuando éste se acentúa y la persona se convierte en adicta, las cosas pueden, fácilmente, complicarse.



El adicto, al requerir mayor concentración de una droga o dosis repetidas de la misma para llegar al mismo efecto de placebo que lograba cuando se inició en su consumo e ir desarrollando tolerancia, desarrolla, de igual forma, dependencia a la misma y, al caer de lleno en la adicción, su deseo de placer se vuelve patológico, convirtiéndose la droga en el centro de su vida.

Cuando la droga escasea por alguna razón y comienza el <b<“síndrome de abstinencia”, es decir, una serie de reacciones fisiológicas y psicológicas al interrumpir el consumo de la sustancia psicoactiva, la persona buscará satisfacer su adicción a toda costa.

Al agotar sus propios recursos económicos, en su desesperación, buscará afanosamente conseguir dinero de cualquier manera. Como coloquialmente se dice, va y se “bolsea” a su mamá, se “bolsea” a su papá y vende todo lo que tiene a su alcance, ¿por qué?, porque necesita dinero para su mantener su vicio.

Y ahí va con el que le suministra las drogas, con su “dealer” y le dice éste:

-¿Y ahora qué, no vas a querer?
-Pues querer si quiero, pero no tengo dinero.
-No te apures, como ya nos conocemos te voy a “ayudar”. Llévate estas 5 grapas, estos 5 carrujos y estos 5 chochos y vas y se los vendes a tus cuates que ya sabes que le entran. Te quedas con tu comisión y ahí, con ella, pues te “alivianas”.

Y esa personita -que si acaso era un enfermito, un drogadicto-, ese día debuta como narcomenudista.


Se lleva la droga, la vende, le pagan, regresa, entrega el dinero, se lleva más droga, le pagan, regresa, entrega el dinero y así continúa hasta que, un mal día -como en todo negocio-, no le pagaron.

-Pues ya ves que yo nunca te fallo, pero no me pagaron. ¿Qué hago?
-No te apures, acá en la banda, hay un cuate que secuestra. Tu nomás señálale y ponle a alguno de tus amigos y vas a ver, incluso, la “super comisión” que te llevas.

Y esa personita, con tal de salir de la encrucijada, señala a alguno de sus amigos para que lo secuestren.


No esperes a que se presente una situación de esta naturaleza en tu entorno. Si sabes, observas o conoces a una persona que se droga, es preciso intervenir pues, además de que eventualmente puede tener un grave problema de salud, la persona comienza a encender un foco de inseguridad en cuyo entorno están todos sus conocidos.

Para conocer la mejor forma de intervenir en estos casos, te recomendamos consultar la Guía de Intervención: Menores y Consumo de Drogas, publicada por la Asociación de Técnicos para el Desarrollo de Programas Sociales (ADES), de Madrid, España.

Para profundizar en el tema, además, te recomendamos la lectura de nuestros artículos Consumo de drogas y comisión de delitos y Cómo prevenir uso de drogas en menores.

¿Tienes alguna experiencia al respecto?, ¿has sabido o conoces algún caso similar donde el consumo de drogas derive en la comisión de un delito? Compártelo con nosotros para difundirlo con nuestros lectores. 

 

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