Al pensar la manera en las que podemos disminuir el riesgo de que alguien cometa un delito en contra nuestra, lo hacemos, por lo general, desde la perspectiva de cómo protegernos, con base en las formas en que las sabemos o nos sugieren que debemos hacerlo, apoyándonos de los sistemas y herramientas de seguridad.
Este ejercicio, no obstante, puede y debe ser realizado desde una perspectiva distinta y opuesta: desde la perspectiva de los delincuentes.
El pensar como delincuente implicarÃa, en este sentido, el observarnos a nosotros mismos, pensando las formas en las cuales podrÃamos, ya no el protegernos, sino cómo afectarnos a nosotros mismos, o la manera en la que podrÃamos hacer fallar nuestros sistemas de seguridad.
Si hablamos de la seguridad de nuestro hogar, al pensar como delincuentes podrÃamos determinar, considerando que conocemos mejor que nadie nuestra casa, los puntos débiles a través de los cuales podrÃamos ingresar y cometer algún delito.
IdentificarÃamos que, subiendo al balcón de la parte alta de la casa, al cual llegarÃamos fácilmente trepando la barda del vecino que no cuenta con una protección adecuada, podrÃamos escondernos y abrir, sin ser vistos, la cerradura de la ventana del balcón, que además no es de alta seguridad, y entrar a robar al inmueble.
Al pensar de esta forma caerÃamos en cuenta que, para evitar esa posibilidad o al menos disminuir su riesgo, debemos instalar o reforzar algún o algunos medios de seguridad en la barda, en el balcón y en la cerradura.
Continuando con el ejemplo anterior, al pensar como delincuentes y observar los equipos y dispositivos que hemos instalado para nuestra seguridad fÃsica, podrÃamos determinar que las cámaras no están instaladas a una altura adecuada y que pueden ser fácilmente alcanzadas para inutilizarlas o bien, que el suministro de energÃa del sistema de alarma puede ser cortado sin mucho esfuerzo.
En términos de vulnerabilidad, si pensamos como delincuentes, podrÃamos observar que somos vulnerables a ser victimizados si al salir a la calle no bajamos nuestro perfil o bien si evidenciamos que no poseemos buenos hábitos tales como ser impredecibles (no seguir rutinas en lo posible), caminar con seguridad, ir atentos a nuestro entorno, no demorar al subir o bajar de nuestro vehÃculo o evitar permanecer dentro del mismo conversando.
Piensa como delincuente por un momento y observa a las personas y sus propiedades a tu alrededor. Seguramente podrás identificar a muchas que, si efectivamente fueras uno de ellos, seleccionarÃas como tus próximas vÃctimas.
AmplÃa tu perspectiva de seguridad: además de pensar cómo protegerte, piensa cómo podrÃas afectarte a ti mismo. De esa manera, al pensar como delincuente, seguramente caerás en cuenta que puedes y debes hacer mucho para disminuir el riesgo y tu vulnerabilidad a ser victimizado.
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