Cuando hablamos de inseguridad en México pensamos en policías, fiscalías, homicidios, extorsión e impunidad. Mucho menos frecuente es preguntarnos qué ocurre años antes, cuando niñas, niños y adolescentes están formando conocimientos, valores, capacidades y expectativas de futuro.
Los resultados de PISA 2025 obligan a mirar precisamente hacia ahí.
PISA es la evaluación internacional de la OCDE que, desde el año 2000, mide las capacidades de estudiantes de alrededor de 15 años en Matemáticas, Comprensión Lectora y Ciencias. No pretende saber únicamente cuánto memorizaron, sino si pueden comprender información, razonar y utilizar lo aprendido para resolver problemas.
En 2025 participaron más de 760 mil estudiantes de 91 países y economías. México obtuvo 388 puntos en Matemáticas, 408 en Comprensión Lectora y 414 en Ciencias, y se ubicó en el lugar 37 de los 38 países de la OCDE evaluados.
Más preocupante todavía: alrededor de 70% de los estudiantes mexicanos no alcanza el nivel básico en Matemáticas y aproximadamente la mitad tampoco lo consigue en Lectura y Ciencias. Apenas 0.5% alcanza los niveles superiores en alguna de las tres áreas.
¿Qué tiene esto que ver con la inseguridad?
PISA no mide valores ni propensión a delinquir y sería incorrecto afirmar que un bajo desempeño escolar produce delincuentes. La relación es mucho más profunda.
La prevención del delito también se construye mediante permanencia escolar, oportunidades, pensamiento crítico, vínculos familiares, capacidades para resolver problemas y expectativas de futuro.
Un joven que aprende a comprender lo que lee, cuestionar información, valorar consecuencias y resolver problemas posee más herramientas para reconocer fraudes, manipulación, discursos que glorifican la violencia o propuestas de “dinero fácil”.
La educación tampoco puede limitarse a Matemáticas o Lectura.
Si queremos formar ciudadanos capaces de rechazar la corrupción, la violencia y la ilegalidad, debemos enseñar respeto, responsabilidad, empatía, honestidad y cultura de la legalidad.
Pero los valores no se aprenden memorizando definiciones. Se aprenden viviéndolos en la familia, observándolos en los adultos y practicándolos en la escuela y la comunidad.
Un círculo que debemos romper
La relación entre educación y seguridad funciona en ambos sentidos.
La falta de oportunidades educativas puede aumentar vulnerabilidades, pero la propia violencia también afecta el aprendizaje: provoca ausentismo, miedo, desplazamiento, cierre de escuelas y debilitamiento de las comunidades.
Se puede generar entonces un círculo peligroso: menos aprendizaje + menos oportunidades + mayor vulnerabilidad = mayor riesgo de violencia y exclusión.
Romperlo requiere actuar antes de que el problema llegue a policías, fiscalías o tribunales.
Cinco acciones para reflexionar
- Recuperar los aprendizajes fundamentales.
Leer, comprender, razonar y resolver problemas son herramientas para la vida. También necesitamos evaluaciones periódicas que permitan saber qué está funcionando y qué debe corregirse. - Enseñar cultura de la legalidad.
La escuela debe hablar de corrupción, violencia, fraude digital, drogas, convivencia, responsabilidad y consecuencias, utilizando situaciones reales y pensamiento crítico. - Fortalecer a la familia.
Los valores comienzan mucho antes de la adolescencia. Comunicación, ejemplo, límites y acompañamiento siguen siendo el primer espacio de prevención. - Convertir la escuela en factor de protección.
Una escuela segura debe detectar riesgos, ofrecer canales para pedir ayuda y vincular educación con deporte, cultura, tecnología y participación comunitaria. - Construir expectativas de futuro.
El crimen organizado puede ofrecer dinero, reconocimiento y pertenencia. La sociedad necesita ofrecer algo mejor: educación útil, empleo, capacitación, emprendimiento y posibilidades reales de desarrollo.
- Recuperar los aprendizajes fundamentales.
También existe una oportunidad
No todos los datos son negativos. El reporte señala que 80% de los estudiantes mexicanos manifiesta curiosidad por aprender, 76% perseverancia y 89% considera que la escuela vale la pena. Además, la gran mayoría afirma pedir ayuda a profesores o compañeros cuando no comprende algo.
Eso significa que no estamos necesariamente frente a jóvenes que no quieran aprender. Tenemos una generación que todavía muestra interés y esfuerzo, pero a la que no estamos consiguiendo proporcionar suficientes herramientas.
No podemos pedirle a la educación que resuelva por sí sola la inseguridad. México necesita policías profesionales, fiscalías eficaces, justicia y reducción de la impunidad. Pero tampoco podemos esperar a intervenir cuando un joven ya ingresó a una dinámica criminal.
La prevención comienza mucho antes: en una familia que educa, una escuela que enseña a pensar y una comunidad que ofrece razones para construir el futuro dentro de la legalidad.
PISA es una evaluación educativa. Pero para quienes observamos los temas de seguridad, debería ser también una advertencia: si queremos un México más seguro mañana, una parte fundamental de la solución está hoy dentro del salón de clases.