Mitos que frenan la prevención

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Durante décadas hablamos del problema de las drogas casi siempre desde la misma perspectiva: decomisos, cárteles, laboratorios clandestinos y detenciones. Parecía que el fenómeno comenzaba y terminaba en el combate al narcotráfico. Sin embargo, el Informe Mundial sobre las Drogas 2026 de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC) plantea una reflexión mucho más profunda: el verdadero problema no es únicamente lo que ocurre en la oferta de drogas, sino el enorme impacto que el consumo genera sobre la seguridad de las personas, las familias, las comunidades y las instituciones.

Las cifras son contundentes. En 2024, alrededor de 331 millones de personas consumieron drogas, un incremento del 34 % respecto de hace una década. Además, cerca de medio millón de personas murieron en 2023 por causas asociadas al consumo de drogas, mientras que el mercado mundial continúa transformándose aceleradamente mediante sustancias sintéticas, nuevas drogas psicoactivas y el uso intensivo de tecnologías digitales por parte de las organizaciones criminales.

La propia UNODC advierte que el mercado ilícito se adapta con enorme rapidez a los cambios tecnológicos, a la inestabilidad geopolítica y a las nuevas formas de consumo. Las organizaciones criminales ya no dependen exclusivamente de las rutas tradicionales: aprovechan plataformas digitales, criptomonedas, servicios de mensajería, redes sociales y nuevos métodos logísticos para ampliar su alcance. Al mismo tiempo, la producción mundial de cocaína alcanzó niveles históricos y las drogas sintéticas continúan expandiéndose hacia nuevos mercados y consumidores.

México conoce bien esta realidad. Nuestro país sigue siendo un actor estratégico dentro de las rutas internacionales del narcotráfico, pero también enfrenta un fenómeno cada vez más complejo: el crecimiento del consumo interno, particularmente entre jóvenes, y la normalización social de ciertas sustancias. Pensar que el problema únicamente afecta a quien consume constituye uno de los errores más frecuentes.

El informe dedica un capítulo completo a explicar precisamente esa idea.

El consumo de drogas no impacta solamente al consumidor. Sus efectos alcanzan a la familia, a los vecinos, a los sistemas de salud, a las escuelas, a las empresas, a la economía y, por supuesto, a la seguridad pública.

La UNODC identifica tres mecanismos mediante los cuales el consumo termina afectando la seguridad.

El primero corresponde a los efectos propios de las sustancias sobre el comportamiento humano: alteraciones de la percepción, disminución del autocontrol, agresividad, accidentes, violencia o decisiones impulsivas.

El segundo deriva de la necesidad económica de sostener una adicción. Cuando el consumo se convierte en dependencia, aparecen robos, fraudes, violencia familiar, explotación económica y otros delitos destinados a financiar el consumo.

El tercero quizá sea el menos visible, pero también el más preocupante: el consumidor alimenta un mercado ilegal que fortalece organizaciones criminales, fomenta la corrupción, incrementa la violencia y deteriora el Estado de derecho.

Esto obliga a romper algunos mitos profundamente arraigados.

El primero consiste en pensar que el consumo de drogas es únicamente una decisión individual. En realidad, toda decisión de consumo tiene consecuencias colectivas. Cada compra fortalece una cadena económica que, en numerosos casos, financia estructuras criminales responsables de homicidios, desapariciones, extorsiones, trata de personas, tráfico de armas y corrupción.

Otro mito frecuente sostiene que el problema se resuelve exclusivamente con más policías o más detenciones. El propio informe señala que los factores sociales tienen un enorme peso: pobreza, exclusión, falta de oportunidades, problemas de salud mental, violencia previa, abandono escolar y ausencia de redes de apoyo incrementan significativamente los riesgos asociados al consumo. Del mismo modo, el acceso a servicios de salud, educación, empleo, familias funcionales y comunidades cohesionadas actúan como factores protectores.

También conviene desterrar la idea de que la prevención corresponde únicamente al gobierno.

La prevención comienza mucho antes de la intervención policial. Comienza en la familia, continúa en la escuela, se fortalece en la comunidad y encuentra en la ciudadanía su principal aliado.

Por ello, quizá la reflexión más importante del Informe Mundial sobre las Drogas 2026 sea que la seguridad y la salud pública no pueden seguir tratándose como asuntos separados. La evidencia demuestra que ambos fenómenos están profundamente entrelazados.

Cinco reflexiones para la ciudadanía

La prevención empieza con información, no con miedo. Hablar de drogas con hijos, alumnos o colaboradores desde la evidencia científica resulta mucho más efectivo que hacerlo únicamente desde la prohibición o el castigo.

Observe los cambios antes que las sustancias. El aislamiento repentino, el abandono escolar, las nuevas compañías, los problemas emocionales o las alteraciones importantes de conducta suelen ser señales más relevantes que el descubrimiento ocasional de una droga.

Fortalezca los factores de protección. La convivencia familiar, el deporte, la cultura, el sentido de pertenencia, los proyectos de vida y las oportunidades reales siguen siendo las mejores barreras frente al consumo problemático.

No normalice aquello que genera riesgo. Bromear sobre el consumo, romantizar ciertas drogas o minimizar sus consecuencias contribuye a crear una percepción equivocada, especialmente entre adolescentes y jóvenes.

Recuerde que cada decisión tiene consecuencias colectivas. El consumo no ocurre en el vacío. Puede afectar a una familia, poner en riesgo a terceros, alimentar economías criminales y debilitar la seguridad de toda una comunidad.


Durante muchos años creímos que el problema de las drogas pertenecía exclusivamente a policías, militares y fiscales.

El Informe Mundial sobre las Drogas 2026 nos recuerda algo distinto; que la verdadera batalla comienza mucho antes de un operativo. Comienza cuando una familia conversa, cuando una escuela orienta y cuando una comunidad acompaña.

Cuando cada ciudadano comprende que la prevención no consiste únicamente en decir “no a las drogas”, sino en construir entornos donde las personas encuentren suficientes razones para nunca necesitarlas.

Conoce el Informe Mundial sobre las Drogas 2026, publicado por la Oficina de las Naciones Unidas con la Droga y el Delito y saca tus propias conlusiones.

 

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