En redes sociales existe como tendencia el término “Therian”. Para quien no esté familiarizado, se trata de personas —principalmente jóvenes— que sienten una conexión profunda con ciertos animales y expresan esa identificación a través de comportamientos, vestimenta o narrativas simbólicas. No se trata de creer literalmente que son animales, sino de asumir rasgos que asocian con ellos: agilidad, alerta, sigilo, pertenencia al grupo o instinto.
Hasta aquí, todo parecería una moda más de internet. Pero, si lo observamos con calma, surge una pregunta interesante: ¿Por qué los animales sí saben cuidarse… y nosotros no siempre?
El instinto que nadie les enseña
Desde la etología —la ciencia que estudia el comportamiento animal— sabemos algo fundamental: los animales no toman cursos de autoprotección, no leen manuales ni ven tutoriales. Pese a esta carencia de informarse para prevenir, sobreviven. ¿Cómo lo hacen?
La presa no espera a ver “si pasa algo”.
Un venado no se queda tranquilo porque “nunca ha pasado nada” en ese claro del bosque. Detecta sonidos, olores, movimientos mínimos. Si algo no cuadra, se va. No se queda a confirmar.
Las aves no se distraen.
Mientras comen, una parte de su atención está siempre arriba, alrededor, alerta. No están paranoicas: están vivas.
El grupo protege.
Los animales sociales se mueven en grupo, se alertan entre sí, reaccionan juntos. La soledad innecesaria aumenta el riesgo.
El gato no se expone gratis.
No entra a cualquier espacio, no se acerca a cualquiera, no revela su vulnerabilidad. Evalúa. Siempre evalúa.
¿Y nosotros? Con doctorado… pero sin instinto
Paradójicamente, los humanos —con toda nuestra inteligencia— solemos hacer lo contrario:
- Caminamos distraídos con el celular.
- Ignoramos señales porque “no queremos exagerar”.
- Repetimos rutinas visibles.
- Confiamos sin verificar.
- Pensamos que el peligro “avisa”.
En términos simples: desaprendimos el instinto.
Quizá no necesitamos “ser” animales. Pero sí recordar cómo piensan. No para vivir con miedo, sino para vivir con atención.
Si actuáramos un poco más “etológicamente”:
- Saldríamos del lugar que no nos da buena espina (como el venado).
- Miraríamos alrededor antes de entrar o salir (como las aves).
- Evitaríamos exponernos solos sin necesidad (como los animales sociales).
- Cuidaríamos información, rutinas y espacios (como el gato).
Nada raro. Nada exagerado. Sólo sentido de supervivencia básico.
Tal vez la moda “Therian” no va de querer ser un animal. Tal vez nos está recordando, sin querer, que los animales no sobreviven por suerte, sino por conducta.
Y en seguridad —como en la naturaleza—no sobrevive el más fuerte, sino el más atento.
Así que no, no necesitas colas, máscaras ni aullar. Pero sí podrías recuperar un poco de instinto. Porque en prevención del delito, pensar como presa… a veces es la mejor forma de no ser víctima.