Psiquiatría y seguridad

Cómo apoya la psiquiatría en seguridad
Luis Antonio Pando

"El problema de la inseguridad es básicamente un problema de educación y es ahí donde debemos centrarnos"

Luis Antonio Pando Orellana

Médico Cirujano de la Universidad Nacional Autónoma de México, Certificado en Medicina y Cirugía (Board Certified) para ejercer en los Estados Unidos de Norteamérica. Certificado por el Americal Board of Medical Specialties como neurólogo y psiquiatra. Concluyó sus estudios doctorales en el Instituto Politécnico Nacional, obteniendo la especialidad en Inmunología. Certificado por los Consejos de Medicina Pediátrica y Medicina Forense con Certificado de Idoneidad de la Academia Nacional de Medicina de México.

Catedrático de las universidades Nacional Autónoma de México, Iberoamericana, de las Américas, Metropolitana y Autónoma del Estado de Morelos. Ha tenido intercambios profesionales con la Universidad de Harvard en Boston, Massachussets y la Universidad de John’s Hopkins en Baltimore, Maryland. Miembro Honorífico de la Academia de Neurociencias de Cuba. Miembro del staff médico del Hospital Ángeles del Pedregal, Hospital Español de la Ciudad de México, encabezó el área del departamento de medicina de adolescentes y neuropsiquiatría infantil del Hospital Infantil de México y es miembro activo de la sociedad médica del mismo.

Fundador y presidente del Centro para la Atención de Lesiones Cerebrales S.C. y creador del primer instrumento de electroencefalografía virtual por internet, EVPOL.

Lo hace mediante acciones paliativo-curativas a través de los servicios de urgencia y mediante acciones preventivas en dos vertientes: la educación y la aplicación de instrumentos lo suficientemente sensibles para detectar situaciones e individuos de alto riesgo. En el campo de la neuropsiquiatría nos abocamos al estudio del desempeño normal y anormal de las funciones cerebrales superiores, tales como orientación, lenguaje, inteligencia, memoria reciente y pasada, abstracción, cálculo, sensopercepción, pensamiento y juicio.

Al evaluar estas funciones, -conducta normal o patológica-, se generan respuestas adecuadas a las demandas y condiciones de las realidades sociales.

Los primeros estudios fueron orientados a analizar las tendencias de un individuo a convertirse en un criminal por su "fenotipo", es decir, por su apariencia. Después se discutieron los aspectos genéticos en términos de cromosomas. Todo fue un fracaso. Posteriormente, y gracias a las investigaciones sobre la corteza cerebral, se pudo contar con un sustento neurobiológico más firme respecto de algunas teorías tales como el circuito de la ira, ubicada en la amígdala del temporal, que cuando le llegan impulsos, dispara y genera violencia.

Sin embargo, no es sino hasta con la aparición de la imagenología funcional y de la neurofisiología, que es posible a través de los electros digitales, que se puede demostrar la existencia de disfunciones vinculadas al cerebro límbico, que regula las emociones.

De tal suerte, encontramos personas que son potenciales delincuentes o criminales y pueden nunca sufrir una detonación que dispare una reacción en ellos de dicha naturaleza, así como también existen quienes padecen francas disfunciones en su cerebro generadoras de violencia, pudiendo degenerarse eventualmente hacia la comisión de un delito.

Se han hecho interesantes experimentos con gemelos, que fueron separados por adopción y criados en ambientes distintos; el consenso es que el entorno influye de manera determinante en las personas y constituye una parte fundamental en sus males.

Es preciso reconocer si nuestro hogar es disfuncional. Según el INEGI, alrededor de un 40% de los hogares en México, carece de la figura paterna. Ello los hace ya técnicamente disfuncionales, sin embargo, esa disfuncionalidad, por carencia, no implica el que en esas familias no se cultiven principios y valores adecuados, ese es el reto.

Es importante tener una comunicación directa con los hijos, sin pretender vivir la de ellos, así como tampoco querer que ellos vivan la vida como nosotros los padres.

Debemos aconsejarles y advertirles de una manera sensata y adecuada. La norma aplicada en exceso es tan mala como la no aplicada. Cuando existe una buena y recíproca comunicación, es muy fácil detectar cuando los hijos están en problemas.

Sin embargo, cuando no existe, pueden pasar años, antes que un padre encuentre que su hijo, por ejemplo, está siendo usuario de drogas o partícipe en la comisión de ilícitos, generalmente para obtener los recursos para satisfacer su adicción. Ante el hallazgo, es muy necesario el apoyo familiar, pues la marginación, puede generar una desintegración total del individuo.

Ante las circunstancias que se viven, es fundamental desarrollar en las familias la cultura de la seguridad. Es preciso reconocer los peligros a los que se vive expuesto, adquirir la información necesaria y precisa para saber enfrentarlos y motivar a las personas a que aprendan a conducirse con seguridad en los distintos escenarios.

Ante la inminente acometida de los medios de comunicación con el amarillismo que caracteriza a sus notas y reportajes, las familias pueden comentar los hechos, sin embargo, deben hacerlo no desde la perspectiva de la morbosidad, sino desde la de la prevención. ¿Qué sucedió?, ¿cómo sucedió?, pero también, ¿qué falló?, ¿cómo se pudo haber evitado?

De esa manera, escarmentado en cabeza ajena, las personas se sensibilizan, comprenden, aprenden y, en alguna medida, se previenen.

Si partimos de la base que muchas personas "normales", detonan sus instintos criminales ante ciertos estímulos y no sabemos en qué momento esto pueda suceder, es muy difícil. Sin embargo, si analizamos el entorno en el que vive y al que pertenecen las personas alrededor de nuestros hijos, podríamos tener una mejor idea de ello.

Es decir, si sabemos que el primo, tío, amigo o vecino, viven en un hogar disfuncional, en el cual, por mencionar algunas, se grita, se golpea, se insulta o se menosprecia a sus habitantes, esa persona puede ser un potencial agresor ante un determinado estímulo o ante una oportunidad de estar a solas con un menor.

Por ello es necesario conocer de antemano, en la medida de lo posible, a todos aquellos a quienes dejemos al cuidado de nuestros hijos.

Ese tipo de personas, hacen uso de la llamada "ingeniería social", la cual es una técnica a través de la cual se manipula a una persona para obtener información o para que voluntariamente realice actos que normalmente no haría. Debemos alertar a las personas para detectar este tipo de individuos, reconociéndolos desde aspectos tales como su forma de hablar, de vestir, su actitud, tatuajes, el tipo de música que escuchan, el tema de su conversación, entre otros aspectos.

En realidad, no se trata de discriminar a nadie, pero, por ejemplo, no es lo mismo la imagen de una virgen al de una calavera con una espada que alguien tenga tatuada en un brazo. Es decir, todo aquello que te habla y te propone una contracultura, debe alertar a la persona, haciéndole entender que el otro pertenece a un entorno completamente distinto y que su interés puede ser, en realidad, involucrarle para sumarle a sus filas o incluso victimarle.

Independientemente de la motivación al estudio y a la culminación de estudios formales, es absolutamente primordial, en términos de idoneidad, el que un individuo encuentre la dimensión estética de la vida a través del arte y, por otro lado, el fomentarle la práctica de un deporte. En el caso de este último y, visto desde otra perspectiva, el deporte es una forma de violencia permitida y regulada, gracias a la cual las personas descargan su ira, enojo e impulsividad y, de esa forma, además de lograr una excelente condición física, tendrán una buena condición mental.

De esa manera, la descarga emocional que realizan les permitirá operar de una mejor forma en los demás ámbitos de su vida y, desde luego, evitando caer a esquemas de consumo de drogas o la comisión de delitos, simplemente por experimentar sus sensaciones como una extraña especie de "deporte extremo".

Es un mito. Ni en el primer mundo se logra.

Freud dijo que el carácter está estructurado a los 8 años de edad. Si te creas en un ambiente hostil y empiezas a delinquir, terminarás en la cárcel. Dentro de ella, estarás más expuesto a lo malo que a lo bueno. Al salir, el único apoyo y oportunidad, si acaso la recibes, es el de las bandas criminales que conociste en prisión. De ahí la alta reincidencia de los expresidiarios.

Tal vez algo a lo que debamos de apostar es a la "resiliencia" propia de las personas. Este término parte de la física y se refiere a la capacidad que tiene un cuerpo elástico de recobrar su forma original después de haber sido sometido a una deformación.

En el caso de la psicología, nos habla de la capacidad de las personas a recuperar su estado original después de haber sufrido en un ambiente adverso que lo acabó orillando o involucrando, en este caso, a la comisión de un delito.

Existen algunas condiciones para que la "resiliencia" se pueda dar: que haya una intervención, en este caso la captura o bien la denuncia incluso de los mismos padres a las autoridades. La persona cae en la conciencia de sus actos y a partir de ahí, inicialmente, comienza con un proceso de "resistencia" a reincidir y finalmente se logra la "desistencia" a continuar con ese estilo de vida.

El problema radica, en el hecho de que se debe estructurar todo un sistema que involucre a las autoridades, la familia del individuo y la sociedad en su conjunto, lo cual ha sido prácticamente imposible de lograr.

Definitivamente sí. Justamente estamos trabajando en la generación de herramientas que lo faciliten, sin tener que llegar a los estudios tales como tomografías o mapeos cerebrales.

Existen pruebas más específicas, que las típicas psicométricas, que se proponen para aplicaciones masivas, que parten de la lingüística y se enlazan a mediciones de tipo biológico-cerebrales, las cuales, basadas en lógica matemática y en una amplia plataforma estadística, haciendo uso de cuestionarios y computadoras, nos permiten determinar con un alto grado de precisión el grado de vulnerabilidad que tiene una persona a perder el control en una situación de estrés.

Lo anterior podría orillarla, desde la perspectiva del contexto de la seguridad, a la comisión de un delito o bien a una deficiente reacción ante un hecho delictivo que pudiera agravar la situación o migrarla de un robo simple a la generación de lesiones o, en casos extremos, a un homicidio.

Es preciso conocernos a nosotros mismos y a las personas a nuestro alrededor. Cualquiera podremos aparentar estar sanos o tener alteraciones mentales, socialmente aceptables, pero podemos ser también riesgosos si percibimos el mundo equívocamente, ejecutamos mal las órdenes, no razonamos, o podamos ser impulsivos o violentos bajo ciertos estímulos nocivos. Conociéndonos más, nos prevenimos mejor.

Ante todo, reconocer que es un problema multifactorial, que si bien es cierto el gobierno debe resolver, es también cierto, que no lo podrá hacer aisladamente. Si partimos de la premisa de que la gente es "buena" y que son los entornos los que la deforman y la convierten, en este caso, en criminales, valdría la pena poner atención en dichos entornos y, desde luego, cada familia, en su hogar, evaluar el grado de vulnerabilidad de sus habitantes, tanto de ser victimados como de convertirse en delincuentes, y a partir de ahí capacitarles para disminuir su riesgo.

El problema de la inseguridad es básicamente un problema de educación y ahí es donde debemos centrarnos, sin quitar el dedo del renglón en la búsqueda no sólo de mecanismos efectivos de aplicación de las leyes y sus consecuentes penas o castigos, sino además en la orientación social hacia esquemas de sana convivencia y promoción de oportunidades reales de desarrollo, en los nuevos ambientes modernos en los que nos estamos desempeñando.

Manual de Seguridad - Emblema

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