Due diligence

Su importancia en los negocios
Susana Fresnedo

“Conocer los antecedentes, de una organización o persona, ayuda a tomar decisiones correctas”

Susana Fresnedo

Cursó estudios en Relaciones Internacionales en la Universidad de las Américas de la Ciudad de México. Capacitada por el Gobierno de los Estados Unidos de Norteamérica en prevención y detección de fraudes, a través del Departamento de Estado y de Justicia y del Servicio de Inmigración y Naturalización.

Poligrafista certificada por el Instituto de Justicia Criminal de Maryland, especializada en entrevistas de investigación. Entrenada en Conducción de Investigaciones Internas por el ‘Council on Education Management’ en Washington, D.C. Profesional en Protección certificada por ASIS International en 2007.

Se ha desempeñado como Investigador en Jefe para la Unidad de Investigaciones de la Embajada Americana, ha conducido y supervisado investigaciones para el Servicio Consular y apoyo al Servicio de Inmigración y Naturalización de los Estados Unidos.

Actualmente, se desempeña como Directora de Investigaciones para Latinoamérica en una firma internacional de control de riesgos.

Este término significa hacer lo correcto, hacer lo debido al llevar a cabo un procedimiento orientado básicamente a los procesos de negocio. No podemos, quizá, hacer una traducción directa, pero sí una descripción de lo que implica: conocer los antecedentes, el historial profesional o laboral de una organización o persona con la que se pretenda llevar a cabo una operación o establecer una relación comercial importante, con el fin de tomar decisiones correctas.

Respecto de una organización, es preciso conocer la fecha de creación de una empresa, verificando que realmente esté incorporada, que cumpla con las leyes que rigen en el país, que su situación financiera sea la idónea o la indicada, que su personal trabaje en una oficina o lugar debidamente establecido, que cuente con personal contratado de manera legal y, lo más importante, que el modo de hacer negocios sea el correcto.

Hablando de una persona, se refiere a su "background", es decir, a sus antecedentes, debemos contestarnos preguntas tales como ¿Quién es esa persona?, ¿Realmente es quien dice ser?, ¿Posee la experiencia necesaria y suficiente?, debemos conocer su historial laboral: ¿En dónde y con quién ha trabajado?, ¿Es una persona honesta?, ¿No ha incurrido en procesos o conductas ilícitas o ilegales?, ¿Tiene buena reputación? etc. Es decir, debemos conocer en lo posible al otro.

Este tipo de auditorías, tradicionalmente, lo hacían grandes organizaciones, sobre todo en los procesos de adquisición o fusión con otras empresas, quienes llevaban a cabo las investigaciones pertinentes, a fin de concretar la operación de manera exitosa. En este sentido los Estados Unidos comienzan no solo a realizar estos procedimientos en las organizaciones, sino que lo implementan como parte de las políticas comerciales internas y a nivel mundial, lo que ha dado pie al desarrollo de políticas de transparencia y anticorrupción para todos aquellos involucrados en un negocio.

En la globalización que vive el mundo actual, donde podemos hacer negocio con cualquier persona en cualquier parte del mundo gracias a las técnicas de información y comunicación disponibles, llevar a cabo este tipo de procedimientos se vuelve una obligación para todo tipo y tamaño de empresa, para evitar el ser víctimas de delitos o bien involucrarse con personas que puedan incurrir en prácticas o conductas ilegales o francamente delictivas.

Básicamente, nos prevenimos de ser víctimas de fraude. Al poder constatar la legitimidad de la persona u organización con la cual llevaremos a cabo negocios, estaremos garantizando en una medida inicial el éxito de los mismos. Este tipo de auditorías, no obstante, nos permiten analizar aspectos que al evaluarlos adecuadamente nos ofrecerán distintas perspectivas para determinar la viabilidad del negocio en otros términos.

Quizá la empresa que busque representarme esté legal y debidamente establecida, pero tal vez la persona al frente de la misma no cuente con la trayectoria y experiencia suficiente o posea una mala reputación o tenga en su haber antecedentes o incidentes que puedan, eventualmente, afectar mi negocio en términos de imagen, y ello repercuta de manera económica en el mismo o, francamente, si la organización "aliada" forme parte directa o indirecta de alguna red del crimen organizado.

No podemos afirmar que el llevar un proceso de "Due diligence" nos exenta de este tipo de riesgos, pero, seguramente, los minimiza en buena medida.

En términos formales y legales, la contraparte debe saber que este tipo de auditorías se va a llevar a cabo. Se debe autorizar a quien hace las verificaciones pertinentes para constatar aspectos que involucran desde la incorporación de la empresa, su estatus fiscal, financiero, legal y social, este último en términos de sus relaciones laborales, así como con clientes y proveedores, hasta la reputación que cuente con instancias financieras o incluso con sus propios competidores.

Este tipo de procesos, idealmente, debe ser bilateral, es decir, podremos tener la obligación de mostrar información a quien nos pretenda comprar, pero también estamos obligados a conocer a quién le vamos a vender. De esa manera, ambas partes tendrán la tranquilidad de saber que están haciendo negocios con personas u organizaciones formales o bien considerar aspectos para declinar la oferta de relación.

Para llevar a cabo un proceso correcto de "Due diligence", resulta de gran ayuda el desarrollar un cuestionario con todos aquellos aspectos relevantes y necesarios de conocer, en otro sentido podríamos hablar de tener una lista de verificación, comúnmente conocida como "checklist", en la cual se incluyan aspectos de forma y de fondo, es decir, toda la documentación legal, contable y laboral de la empresa, así como su posicionamiento en el mercado, en términos de relaciones comerciales e imagen corporativa.

Se puede llevar a cabo, en términos muy generales, alguna parte del proceso de manera independiente, no obstante, la visión que aporta un consultor externo gracias a su experiencia y conocimiento respecto de los detalles y peculiaridades que existen o que surgen en los procesos, ya sea de fusión o adquisición, de una empresa o bien en las relaciones comerciales que se establecen para representación o distribución, resulta de gran ayuda para alcanzar los objetivos organizacionales. Nunca estará por demás el consultar a un profesional para llevar a cabo el proceso.

El aspecto geográfico es una condición en la cual resulta indispensable el contratar a un consultor externo, es decir, cuando una empresa desea hacer negocio con otra que se encuentra en una región o país distinto al suyo, requiere de una persona que pueda llevar a cabo la verificación de manera local.

Si bien todos podemos hoy en día, gracias al internet, buscar y encontrar una serie de datos o información respecto de otras personas, el hacerlo a través de un experto nos permitirá no sólo encontrar una mayor amplitud de dicha información, gracias a su capacidad de búsqueda en bases de datos especializadas, sino además una mayor profundidad debido a su poder de interpretación de la misma.

Un consultor externo especializado encontrará y validará la información de una forma más específica o, en su defecto, nos proporcionará una serie de preguntas para efectuarlas a su vez a la persona y de esa manera se clarifique el punto en cuestión, lo cual demostrará a la contraparte que el proceso de verificación se está haciendo de manera efectiva y que es preciso hablar con la verdad respecto de los temas fundamentales para llevar a cabo el negocio.

En otras palabras, un profesional se especializa en identificar aspectos que conforman "focos de alerta", que es preciso analizar a fondo y evaluarlos de manera correcta para lograr una toma de decisiones adecuada.

Hoy en día, y ante la presencia del crimen organizado que requiere "lavar" en empresas legales el dinero que obtiene en sus negocios ilícitos, exige que este tipo de verificaciones se lleven a cabo, pues el establecer una relación con otra empresa que, no obstante a todas luces en términos de forma, luzca como una organización sana, puede no serlo del todo en términos de fondo y nos estemos aliando, sin quererlo, a una entidad nociva que seguramente en algún momento en el futuro terminará por afectarnos.

En términos legales, se debe tener por escrito la autorización de la persona física o moral para llevar a cabo las verificaciones que implica el proceso. Es necesario asentar, asimismo, que el tratamiento de la información obtenida, será confidencial y de acuerdo con los lineamientos de las leyes vigentes en el país en ese sentido.

En la práctica, y sobre todo al hablar de empresas pequeñas y medianas o de personas físicas que tienen actividades empresariales, se llevan a cabo procesos que no siempre cuentan con este tipo de instrumentos jurídicos, debido a que mucha gente los considera como ociosos o bien que el negocio no exige, en su entender, la formalidad del proceso pero sí la justificación de obtención de la información respecto del prospecto comercial.

En ese sentido, quien lleva a cabo la verificación o investigación accede básicamente a información pública que aparece en internet, ya sea a través de los buscadores, bases de datos o redes sociales, y se limita a ella para su análisis, lo cual no resulta completo y, por ende, pueda no ser el adecuado y suficiente.

En términos de legalidad e idoneidad, resulta mejor el contar con las autorizaciones legales, para acceder sin problema a verificar el estatus de la persona en términos financieros, burós de crédito y otro tipo de información que a su vez, quien la posea, la tiene reservada o clasificada, pues únicamente se puede permitir el acceso a quien posea una autorización por escrito.

De esa manera el analista y evaluador de la información podrá tener un marco de referencia más amplio y profundo, con lo cual la interpretación se hace con bases reales y sólidas y no por meras suposiciones o inferencias, que pueden pasar por alto algún aspecto o detalle importante para aceptar o declinar la oferta comercial.

Definitivamente, y más ahora ante la creciente ola delictiva, es preciso aplicar este tipo de procesos de forma individual, para conocer más respecto de las personas, ya sean organizaciones o individuos, con las que interactuamos. Si me ofrecen un empleo, el cual no obstante me proponga un sueldo atractivo y una actividad adecuada a mi perfil, resulta indispensable el conocer y cerciorarme si la organización o personas en la empresa son honorables y correctas.

En otro sentido, mucha gente recibe ofertas prácticamente irresistibles para la adquisición ya sea de bienes o servicios, muchos de ellos, desafortunadamente, ofertados por personas poco serias o bien auténticas estafas diseñadas para atraer incautos, por ello este tipo de procesos son indispensables para evitar convertirse en víctimas de fraudes.

Asimismo, a un nivel personal, las relaciones que se entretejen inicialmente en las redes sociales, deben ser verificadas y evaluadas con particular cuidado, debido a la existencia de redes delincuenciales especializadas en trata de personas, esclavitud y extracción y tráfico de órganos, que utilizan el internet como medio para engañar y atrapar a sus víctimas.

Es preciso reconocer e insistir, sin embargo, en que un proceso de "Due diligence", no exenta de los riesgos, los minimiza, por ello es necesario, sobre todo a nivel personal, actuar con la mayor cautela posible en este tipo de interacciones, que pueden ocasionarnos tanto daños patrimoniales como afectaciones físicas o emocionales.

Se puede ser deficiente en el proceso, básicamente por no tener la información precisa o bien por no saber interpretarla de manera adecuada. Cuando se busca información de una persona, resulta increíble el que hasta el nombre más raro pueda tener un homónimo, de tal suerte que si no verificamos que la información encontrada obedezca o corresponda precisamente a la persona que estamos verificando o investigando, podemos incurrir en descalificaciones o asunciones respecto de ella.

Por otro lado, si encontramos información que efectivamente corresponda a la persona, es importante considerar la fuente de dicha información. No es lo mismo considerar la nota periodística que hable de un escándalo a ocho columnas de una persona o empresa, que hacer esa misma consideración basándonos respecto de lo que se escribió en algún blog de internet o lo que se dice de alguien en una red social.

Podemos, asimismo, encontrar críticas fuertes de personas o grupos en contra de alguien, que no van más allá de ser simples posturas, que no han logrado incidir de manera legal o formal en alguna sanción o limitación oficial por parte de las autoridades hacia la persona en cuestión o bien, información de personas que fueron enjuiciadas, pero en la nota no se sabe cuál fue el desenlace del juicio y quizá fueron absueltos de todo cargo.

Tal como podemos perder dinero al hacer una mala inversión con capital económico o humano por no llevar a cabo un buen proceso de evaluación, podemos perder dinero al dejar ir un buen negocio, por entrar en pánico al recibir información no verificada y autenticada de manera formal y legal.

Así como los delitos se cometen por acciones, pero también por omisiones, una mala evaluación sucede o bien por llevar a cabo el proceso sin tener una visión integral de los riesgos acompasados o bien por omitir, por ignorancia o falta de visión, algún tipo de análisis o interpretación fundamental para tomar la decisión correcta.

Por lo anterior, cuando contamos con el apoyo de un profesional especializado tenemos la oportunidad de analizar y evaluar la información con objetividad y precisión, además de la sensibilidad para detectar rasgos, aspectos o factores de riesgo, pero incluso también ventajas comparativas respecto del sujeto de estudio.

En la actualidad, las redes delincuenciales se han diversificado y llevan a cabo una serie de delitos que generan grandes cantidades de recursos económicos que necesitan ser "lavados" para ser utilizados de manera "legítima" en la economía formal.

Aunado a ello, es preciso considerar que el perfil del delincuente a nivel mundial ha cambiado radicalmente, es decir, el fenotipo delincuencial ya no sólo se limita a personas de aspecto tradicionalmente delictivo: presencia osca, agresiva u hostil; hoy por hoy, personas que aparentan ser gente refinada, e incluso bien educada, forma parte de las redes criminales.

El llevar a cabo procesos de Due diligence puede prevenir, en primera instancia, además de incurrir en un mal negocio, el ligarnos a este tipo de personas non gratas. En una segunda instancia, podrían conformar valiosos testimonios para demostrar nuestra buena fé respecto de la relación comercial establecida y eventualmente constituir una atenuante ante la crítica de terceros o la acción legal de las autoridades.

Es decir, podríamos llevar a cabo nuestro proceso de Due diligence, y no detectar razón alguna para no llevar a cabo el negocio y decidimos nombrar a una persona como nuestro representante en una región. Al año siguiente, la persona es descubierta y acusada de llevar a cabo prácticas ilícitas y francamente delincuenciales en el negocio mismo o en algún otro negocio, pero que lo involucre en lo personal.

En este caso, necesariamente seremos investigados, pues estamos ligados a la persona a través del negocio, no obstante, podremos en alguna medida demostrar que no estamos involucrados al mostrar los antecedentes de nuestra relación comercial con dicha persona, sobre todo mostrando los documentos con los procesos que llevamos a cabo para considerar y autorizar el otorgamiento de la representación.

Lo mismo sucede con personas que contratemos o incluso que podamos contratar de manera indirecta. Al hacer nuestra auditoría interna respecto de ellos, estaremos en lo posible minimizando riesgos y sentando un antecedente de buenas prácticas de negocio, orientadas a la excelencia y que conforman la base que toda persona de bien deba llevar a cabo en sus procesos internos.

Resulta fundamental, pues la persona con la que hagamos negocio puede constituir nuestro más grande aliado o convertirse en nuestra peor pesadilla.

Recordemos que el proceso se debe hacer de manera bilateral, es decir, si alguien ya hizo su investigación respecto de nosotros y nos ha seleccionado como proveedores, es importante conocer a ese quien desea ser nuestro distribuidor. En caso contrario, si alguien nos quiere vender algo que vamos a incluir en nuestro catálogo o en nuestra organización, debemos estar certeros, además de la calidad del producto, de la calidad de la organización detrás del mismo.

Por ello, es muy importante solicitar la información precisa de las personas, además del nombre comercial, el nombre registrado detrás de la marca, la persona que lo representa legalmente y los registros fiscales, laborales y comerciales que amparen y exhiban el estatus adecuado o manifiesto de la persona u organización. Con dicha información, podremos conocer mucho de nuestro prospecto comercial.

No debemos perder de vista detalles tales como el hecho de personas que se comuniquen con nosotros a través de cuentas de correo electrónico gratuitas, tipo Hotmail o GMail, y no proporcionen dirección física o teléfonos de oficina, por mencionar algunos. De ahí la importancia de buscar a consultores externos locales, que puedan verificar fehacientemente las instalaciones y condiciones de nuestro prospecto comercial.

Como parte del mismo proceso de Due diligence, puede considerarse el llevar a cabo procesos de inducción para la representación o venta de los productos, previos a la firma final del contrato, lo cual permite, en alguna medida, conocer la disposición, capacidades y habilidades de la persona, pero también el estilo de hacer negocios que posea y verificar que sean acordes a nuestra propia filosofía y visión empresarial.

Asimismo, la distribución puede hacerse de manera parcial, limitando en primera instancia a un cierto tipo de productos y medir resultados en un determinado plazo para considerar una apertura total.

Es preciso considerar que el daño que pueda ocasionar un mal negocio con un cliente, más severo que la pérdida económica, puede resultar el daño a la imagen de nuestra organización, al habernos ligado con personas indebidas que, por acciones u omisiones, incurran en malas prácticas de negocio.

Son, en definitiva, la base sobre la cual se debe partir para el establecimiento de toda relación comercial y personal. En la primera, para garantizar el éxito del negocio y, en la segunda, para salvaguardar la integridad de las personas.

Tal cual como las certificaciones han ganado terreno en el mundo empresarial, las verificaciones a través de los procesos de "Due diligence" consolidarán, en dicho terreno, cimientos sólidos que es preciso aprender, comprender y aplicar, para lograr un desarrollo pleno y sostenido que evite en lo posible, por acciones u omisiones, incidir negativamente en una organización así como incurrir francamente, o dar pie por negligencia, a la comisión de delitos.

Los especialistas en este ramo poseen los conocimientos tácticos, técnicos y legales de vanguardia para llevar a cabo las verificaciones pertinentes de manera correcta, legítima y efectiva.

Los procesos de "Due diligence" constituyen inversiones indispensables para el quehacer organizacional en un mundo plagado de oportunidades, pero asimismo contaminado por una serie de personas malintencionadas, o carentes del potencial necesario, que pueden trastornar, alterar o nulificar cualquier plan.

Por ello, la tendencia de estos procesos es de obligatoriedad para lograr el bienestar y beneficio esperado a nivel personal, organizacional y social.

Manual de Seguridad - Emblema

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