“Resulta fundamental educar a los menores, para que al crecer y desarrollarse, adopten los hábitos de seguridad que los acompañarán el resto de sus vidas”
Licenciado en Diseño Gráfico por la Universidad Iberoamericana, donde finalizó de igual forma estudios de postgrado en Alta Dirección Empresarial y diplomados en Protección Civil y Prevención de Desastres, así como en Seguridad Pública. Es diplomado en Alta Dirección en Seguridad Integral por la Universidad del Valle de México, en Dirección en Seguridad de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas y en Seguridad Nacional por el ITAM.
Certificado por ASIS International como profesional de protección CPP y en Dirección de Seguridad en Empresas. Con una trayectoria de más de 20 años en la industria de la seguridad, cuenta con una amplia experiencia en el manejo de crisis, protección ejecutiva, prevención de pérdidas e investigaciones. Ha sido encargado de la planeación y logística de seguridad de más de 1,500 eventos masivos.
Actualmente, se desempeña como Director General para México, de una de las empresas de investigaciones y seguridad más importantes del mundo.
Desde que nacemos y hasta que llegamos a una edad de 2 dígitos, todo el aprendizaje en materia de seguridad y protección depende, en primera instancia, de nuestros padres (familia) y, paralelamente, de la escuela a donde asistimos. La gran mayoría de los conceptos que nos son impartidos se basan en medidas netamente restrictivas y disuasivas, enfocadas a diferenciar entre lo blanco y lo negro, entre lo que sí se puede y lo que no se puede, para evitar mayormente accidentes y/o daños a nuestra integridad física, ya que siendo tan pequeños no nos es posible delimitar claramente las fronteras de aquello que nos puede infligir un daño irreversible.
Sin embargo, llega un momento en que el niño ya no estará de la mano de mamá o de papá todo el tiempo, ya no permanecerá en mayor medida en su propia casa, comenzará la interacción con el mundo y su gente; sus márgenes de independencia crecerán, se expandirán y, de manera proporcionalmente inversa a esa felicidad que da el verlos crecer, los papás se preocuparán de las amenazas que se ciernen sobre el pequeño que está en vistas de dejar de serlo, pero muy lejos aún de ser un adolescente, sabiendo que no podrá estar nunca más de manera permanente a su lado (independientemente que sea o no lo conveniente), de ahí que la mejor herramienta para ayudarlo y ayudarnos sea el "entrenar" al niño para que aprenda a reconocer los síntomas de aquellas posibles amenazas y, lo más importante, que tenga la confianza y un canal de comunicación, abierto permanentemente, para platicárselos a sus padres y/o familia.
Por esta razón, resulta fundamental educar a los menores, para que al crecer y desarrollarse, adopten los hábitos de seguridad que los acompañarán el resto de sus vidas.
Las amenazas para los niños no son las mismas que para un adolescente o para un adulto, el motivo por el cual el delincuente es atraído a su víctima cambia.
Como adultos, normalmente, representamos para los "malos" una motivación para obtener una ganancia económica, mientras que con los menores el tema del motivo satisfactor no necesariamente se enfoca a un beneficio de tipo económico; existen otras motivaciones de tipo sexual que suelen darse por gente cercana y no precisamente por extraños que acechan las calles, de ahí que sea sumamente importante el saber reconocer las conductas atípicas que pudiesen mostrar signos de advertencia.
El atacante, en una gran mayoría de sexo masculino, utiliza generalmente fuerza física y amedrentamiento verbal, aprovechando su superioridad de edad, madurez o poder sobre el niño y las consecuencias del abuso sexual constituyen una experiencia traumática, la cual es vivida por la víctima como un atentado contra su integridad física y psicológica.
Por lo anterior es importante mantenerse alerta si:
El abuso sexual de un menor es un proceso que se desarrolla gradualmente y si, como padres, conocemos las distintas etapas, podremos reconocer los síntomas si es que se llegan a presentar:
Las reacciones más comunes que todos tenemos consisten en un disparo de la adrenalina, el temor nos invade, nos "congelamos" y dejamos de actuar, no sabemos manejar la emergencia y comenzamos a gritar el nombre del menor. Como consecuencia, tenemos un impedimento para actuar inteligentemente y con rapidez.
Lo conducente es contar con un plan de seguridad que contemple los siguientes aspectos:
Recordemos que las amenazas para los niños son diferentes que las de los adultos, de ahí que lo que los niños necesitan saber para protegerse sea muy distinto de lo nuestro. A los niños les debemos enseñar a:
Los niños son como esponjas que absorben lo que los padres o adultos les enseñamos, si por un lado predicamos una cosa y por otra actuamos en contra de lo dicho, el mensaje será confuso y las medidas de seguridad aprendidas/enseñadas perderán su efectividad.
Por ejemplo: si a mi hijo le digo que nunca se acerque a un adulto, que no conozca, a pedirle su ayuda porque puede ser peligroso, o que se aleje de alguien que le quiera preguntar algo, pero yo, constantemente, le pido asistencia a un menor (en especial cuando estoy en la calle medio extraviado y siendo que no soy un "malo"), el mensaje para nuestros pequeños es sumamente confuso y aquí las cosas deben de ser en blanco y negro, las distintas escalas de gris implican utilizar el conocimiento y la experiencia (criterio), mismos que el niño dista de haber desarrollado.
¿Cuántas veces no hemos visto al niño abrigado en época de calor, debido a que la mamá tiene frío, o desabrigado en época de frío, debido a que el papá tiene calor? Nuestros temores, normalmente y sean los que sean --a las alturas, a los insectos, al mar, sobra decir a las amenazas criminales--, los transmitimos de manera directa a nuestros hijos, sin importar que a ellos las alturas o las arañas no las encuentren amenazantes en lo más mínimo.
Debemos comprender que, a pesar de que los pequeños dependan de sus padres para casi todo, ellos son entes diferentes a nosotros y sus vidas serán distintas a las nuestras, debemos permitir que se abran espacios para que ellos aprendan a manejar los inicios de una independencia naciente y que forzosamente llegará algún día, es importante que entiendan que esa independencia conlleva derechos y responsabilidades y, por ende, también consecuencias.
Es fácil decirlo, pero difícil de llevar a la práctica. Mi recomendación gira en el sentido de que es mejor ayudar a que el niño "madure", en lugar de tratar de mantenerlo en una burbuja a prueba del mundo.
Asegúrese de hablar con ellos acerca de:
Volvemos al tema de las reglas que deben ser explicadas en blanco y negro, el criterio no aplica incluso si están acompañados de un adulto que cumpla las funciones de personal doméstico. Aquí, cada familia debe, acorde a sus propios lineamientos y educación, establecer lo que sí se puede y lo que no se puede cuando no estén los padres en casa. Por ejemplo:
La mejor herramienta que le podemos dar a un niño para su autoprotección es amor y un canal de comunicación abierto de manera permanente, que sepan que siempre estaremos ahí para ellos cuando lo necesiten.
Hablando con ellos y escuchándolos lograrán una comunicación abierta y un sentido de confianza, lo que los animará a discutir sus sentimientos íntimos y a confiar en usted. Si el niño se siente rechazado o que a usted no le interesan sus asuntos, en el momento que exista un verdadero problema o una amenaza real, se puede dar un escenario de no haber estado "disponible" para ayudar cuando le fue solicitado. Usted debe de:
Existen varios métodos para disminuir o bloquear el acceso a contenidos en internet (sexo, violencia, desnudez), algunos son gratuitos y otros tienen un costo.
Es sumamente importante mantener una comunicación adecuada con los menores que utilicen la computadora para que conozcan los "blancos y negros" o, en otras palabras, las reglas de acceso al mundo virtual. No pretendamos aislar a los niños de la tecnología, para protegerlos de la misma, pero sí podemos ayudarnos y ayudarles con herramientas que existen diseñadas específicamente para ello.
Los navegadores o proveedores de internet, suelen contar con herramientas de protección, mismas que deben de ser configuradas acorde a las preferencias de los padres, las cuales ayudan a disminuir la probabilidad de acceder a contenido indebido. Sin embargo, no son efectivas al 100%, ya que no todos los sitios para "adultos" contienen necesariamente los parámetros de filtraje que permiten detectar que el contenido sea únicamente para mayores de edad.
Existen, además, programas que permiten un control total y absoluto sobre lo que se permite ver, de contar con un historial de los sitios visitados e incluso de dar o no permiso de chatear. No obstante, debemos desembolsar dinero para su adquisición y conocer cómo instalarlos y configurarlos. Los programas antivirus más populares, cuentan con controles parentales que operan de manera similar.
Adicionalmente, recomendaría tomar en consideración los siguientes consejos:
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