Seguridad para Niños

Cómo proteger y educar a niños
Carlos Seoane

“Resulta fundamental educar a los menores, para que al crecer y desarrollarse, adopten los hábitos de seguridad que los acompañarán el resto de sus vidas”

Carlos Seoane

Licenciado en Diseño Gráfico por la Universidad Iberoamericana, donde finalizó de igual forma estudios de postgrado en Alta Dirección Empresarial y diplomados en Protección Civil y Prevención de Desastres, así como en Seguridad Pública. Es diplomado en Alta Dirección en Seguridad Integral por la Universidad del Valle de México, en Dirección en Seguridad de Empresas por la Universidad Pontificia de Comillas y en Seguridad Nacional por el ITAM.

Certificado por ASIS International como profesional de protección CPP y en Dirección de Seguridad en Empresas. Con una trayectoria de más de 20 años en la industria de la seguridad, cuenta con una amplia experiencia en el manejo de crisis, protección ejecutiva, prevención de pérdidas e investigaciones. Ha sido encargado de la planeación y logística de seguridad de más de 1,500 eventos masivos.

Actualmente, se desempeña como Director General para México, de una de las empresas de investigaciones y seguridad más importantes del mundo.

Desde que nacemos y hasta que llegamos a una edad de 2 dígitos, todo el aprendizaje en materia de seguridad y protección depende, en primera instancia, de nuestros padres (familia) y, paralelamente, de la escuela a donde asistimos. La gran mayoría de los conceptos que nos son impartidos se basan en medidas netamente restrictivas y disuasivas, enfocadas a diferenciar entre lo blanco y lo negro, entre lo que sí se puede y lo que no se puede, para evitar mayormente accidentes y/o daños a nuestra integridad física, ya que siendo tan pequeños no nos es posible delimitar claramente las fronteras de aquello que nos puede infligir un daño irreversible.

Sin embargo, llega un momento en que el niño ya no estará de la mano de mamá o de papá todo el tiempo, ya no permanecerá en mayor medida en su propia casa, comenzará la interacción con el mundo y su gente; sus márgenes de independencia crecerán, se expandirán y, de manera proporcionalmente inversa a esa felicidad que da el verlos crecer, los papás se preocuparán de las amenazas que se ciernen sobre el pequeño que está en vistas de dejar de serlo, pero muy lejos aún de ser un adolescente, sabiendo que no podrá estar nunca más de manera permanente a su lado (independientemente que sea o no lo conveniente), de ahí que la mejor herramienta para ayudarlo y ayudarnos sea el "entrenar" al niño para que aprenda a reconocer los síntomas de aquellas posibles amenazas y, lo más importante, que tenga la confianza y un canal de comunicación, abierto permanentemente, para platicárselos a sus padres y/o familia.

Por esta razón, resulta fundamental educar a los menores, para que al crecer y desarrollarse, adopten los hábitos de seguridad que los acompañarán el resto de sus vidas.

Las amenazas para los niños no son las mismas que para un adolescente o para un adulto, el motivo por el cual el delincuente es atraído a su víctima cambia.

Como adultos, normalmente, representamos para los "malos" una motivación para obtener una ganancia económica, mientras que con los menores el tema del motivo satisfactor no necesariamente se enfoca a un beneficio de tipo económico; existen otras motivaciones de tipo sexual que suelen darse por gente cercana y no precisamente por extraños que acechan las calles, de ahí que sea sumamente importante el saber reconocer las conductas atípicas que pudiesen mostrar signos de advertencia.

El atacante, en una gran mayoría de sexo masculino, utiliza generalmente fuerza física y amedrentamiento verbal, aprovechando su superioridad de edad, madurez o poder sobre el niño y las consecuencias del abuso sexual constituyen una experiencia traumática, la cual es vivida por la víctima como un atentado contra su integridad física y psicológica.

  • Los abusadores sexuales de menores son mayoritariamente hombres (casi un 90%).
  • Lamentablemente, suelen ser familiares o amistades allegadas del menor, por lo que tienen una relación previa de confianza con éste (menos del 20% de los agresores sexuales son completos desconocidos para el menor).
  • Busca acceso legítimo a niños a través de empleos y trabajo voluntario, un "disfraz" que haga perfectamente normal el estar cerca de sus víctimas potenciales.
  • Le cuesta mucho trabajo el relacionarse socialmente con adultos.
  • Pasa más tiempo de lo usual con niños.
  • El abusador sexual es una persona de apariencia, inteligencia y vida normal. Con todo, suelen presentar rasgos marcados de neurosis e introversión, así como inmadurez (en forma de infantilismo en la mayoría de los casos).
  • Las mujeres abusadoras suelen ser mujeres adultas que cometen el abuso sobre adolescentes.

 

Por lo anterior es importante mantenerse alerta si:

  • Un adulto está o pasa demasiado tiempo con su hijo.
  • Su hijo tiene juguetes nuevos o regalos que usted no le dio.
  • Su hijo habla con conocimiento sobre lugares y/o actividades que usted no conoce.
  • Una persona se ofrece continuamente a cuidar a su hijo.
  • Una persona se involucra en actividades que requieren únicamente a su hijo y a él.

 

El abuso sexual de un menor es un proceso que se desarrolla gradualmente y si, como padres, conocemos las distintas etapas, podremos reconocer los síntomas si es que se llegan a presentar:

  • Etapa de seducción: el abusador manipula la dependencia y la confianza del menor, al paso del tiempo prepara el lugar y momento del abuso. Es en esta etapa donde se incita la participación del niño por medio de regalos o juegos.
  • Etapa de interacción sexual: es un proceso gradual y progresivo, que puede incluir comportamientos exhibicionistas, voyeurismo, caricias eróticas, masturbación, etc.
  • Etapa de secrecía: el abusador, generalmente por medio de amenazas, impone el silencio en el menor, a quien no le queda más remedio que adaptarse.
  • Normalmente, nuestras primeras reacciones son meramente instintivas y viscerales, nuestra mente viaja rápidamente a vislumbrar un panorama devastador si no encontramos al niño perdido, no dejamos de pensar en las incesantes amenazas a las que está expuesto sin nuestra protección y éstas nublan el sano juicio que deberíamos emplear para lograr una estrategia veloz en caso de que no haya existido un entrenamiento previo ante un caso de súbito extravío.

 

Las reacciones más comunes que todos tenemos consisten en un disparo de la adrenalina, el temor nos invade, nos "congelamos" y dejamos de actuar, no sabemos manejar la emergencia y comenzamos a gritar el nombre del menor. Como consecuencia, tenemos un impedimento para actuar inteligentemente y con rapidez.

Lo conducente es contar con un plan de seguridad que contemple los siguientes aspectos:

  • El menor debe llevar consigo una identificación (hecha en casa) con su nombre, tipo de sangre, padecimientos, alergias, así como los teléfonos de casa y celular de sus padres o tutores.
  • Acordar con el pequeño, en cada lugar, un punto de reunión. Normalmente, ésto se hace cerca de la entrada principal o del acceso por el cual entraron al sitio.
  • Enseñarle a pedir ayuda a personal uniformado (de la tienda, de seguridad, operarios de juegos, entre otros). Que el niño, pueda distinguir entre los "visitantes" y los empleados del sitio. Los niños deben saber que, a veces y en casos excepcionales, pueden confiar en personas que no conozcan.
  • Instruirlo para que no se desplace, explicarle que usted lo buscará. El peor escenario para que dos personas se encuentren es que ambas se estén buscando mutuamente.
  • El mayor miedo de un niño debe ser que su papá/mamá no lo encuentre y que no se vuelvan a ver y no que "el viejo del costal" se lo lleve. Usted debe siempre reasegurarle que si se llegase a perder, jamás dejará de buscarle hasta que lo encuentre.
  • Este plan tiene que ser repetido en innumerables ocasiones para que no quede lugar a duda de la actuación de ambos. Puede realizarse a manera de juego en el auto, haciendo preguntas de tipo "¿ y que pasaría si... ?"

Recordemos que las amenazas para los niños son diferentes que las de los adultos, de ahí que lo que los niños necesitan saber para protegerse sea muy distinto de lo nuestro. A los niños les debemos enseñar a:

  • Utilizar un código o palabra secreta. Entre los padres y los niños debe de haber una palabra secreta que opere como la llave para permitir que el niño tenga confianza con el adulto que se le aproxime y que no conozca, si a un pequeño alguien le dice que su mamá se accidentó y que él lo va a llevar al hospital para estar con ella, va a ser muy difícil que el niño oponga resistencia ante una historia como esta, de ahí que se desprenda una "palabra secreta" que solo debe conocer la familia más íntima y que deba de ser utilizada para confirmar que está bien que el niño acompañe al adulto del cual dude.
  • Decir "NO". Normalmente, somos insistentes para que el niño sea educado y diga que "si" a todo, a veces debemos respetar su sexto sentido o intuición si es que no quiere estar con alguien en particular
  • Retroceder tres pasos si sienten invadida su privacidad o su persona. Un margen de tres pasos ofrece libertad de acción y puede evitar que sea sujetado en contra de su voluntad.
  • Gritar en caso de peligro.
  • Correr, ante una amenaza.
  • Escapar – Igual que el inciso anterior.
  • Hablar con alguien hasta que escuche – A veces los adultos no tenemos "tiempo" para escuchar a los pequeños.
  • No guardar secretos "malos". Es sumamente importante que el niño sepa que no existe nada que él pueda hacer que conllevará que usted pierda su amor por él.
  • Preguntar y pedir permiso. De aquí se desprende el evitar los "secretos malos" o que el niño se acostumbre a mentir.
  • Usar el teléfono y saber número de su casa. El niño debe saber marcar a su casa.
  • No andar solos – Esto dependerá del criterio de cada familia.
  • Tomar rutas seguras y no caminos de "aventura". Los niños no dejan de jugar e imaginar aún cuando van a la tiendita por alguna golosina, es por ello muy importante que este juego no lo desvíe de la ruta principal (si es que tiene que ir solo y sin supervisión adulta) en búsqueda de un sendero que represente mayor riqueza a su imaginación o mayor reto físico (escalar, saltar, etcétera).
  • Caminar con confianza, erguido. Los "malos" normalmente se fijan en niños con personalidad débil, tímidos, introvertidos, con una baja autoestima, ésto les ayuda durante la fase de seducción, la autoestima juega un rol sumamente importante en la protección de un pequeño.

Los niños son como esponjas que absorben lo que los padres o adultos les enseñamos, si por un lado predicamos una cosa y por otra actuamos en contra de lo dicho, el mensaje será confuso y las medidas de seguridad aprendidas/enseñadas perderán su efectividad.

Por ejemplo: si a mi hijo le digo que nunca se acerque a un adulto, que no conozca, a pedirle su ayuda porque puede ser peligroso, o que se aleje de alguien que le quiera preguntar algo, pero yo, constantemente, le pido asistencia a un menor (en especial cuando estoy en la calle medio extraviado y siendo que no soy un "malo"), el mensaje para nuestros pequeños es sumamente confuso y aquí las cosas deben de ser en blanco y negro, las distintas escalas de gris implican utilizar el conocimiento y la experiencia (criterio), mismos que el niño dista de haber desarrollado.

¿Cuántas veces no hemos visto al niño abrigado en época de calor, debido a que la mamá tiene frío, o desabrigado en época de frío, debido a que el papá tiene calor? Nuestros temores, normalmente y sean los que sean --a las alturas, a los insectos, al mar, sobra decir a las amenazas criminales--, los transmitimos de manera directa a nuestros hijos, sin importar que a ellos las alturas o las arañas no las encuentren amenazantes en lo más mínimo.

Debemos comprender que, a pesar de que los pequeños dependan de sus padres para casi todo, ellos son entes diferentes a nosotros y sus vidas serán distintas a las nuestras, debemos permitir que se abran espacios para que ellos aprendan a manejar los inicios de una independencia naciente y que forzosamente llegará algún día, es importante que entiendan que esa independencia conlleva derechos y responsabilidades y, por ende, también consecuencias.

Es fácil decirlo, pero difícil de llevar a la práctica. Mi recomendación gira en el sentido de que es mejor ayudar a que el niño "madure", en lugar de tratar de mantenerlo en una burbuja a prueba del mundo.

Asegúrese de hablar con ellos acerca de:

  • Tener conocimiento sobre sus propios derechos. No por ser un niño, un adulto tiene poder para hacer cosas que el niño no quiera hacer.
  • Un entendimiento sólido sobre las reglas de seguridad. Dependiendo de la edad, y acorde a ella, tratar de que haya cierto grado de entendimiento de por qué de las reglas y no imponerlas por el hecho de ser papá o mamá.
  • Saber dónde, a quién y cómo pedir ayuda. Que el niño comprenda que siempre, absolutamente siempre, podrá contar y hablar con su papá/mamá.
  • Tener la seguridad de que sus padres les creerán lo que digan. Muchas veces los niños saben más que nosotros respecto a la gente que los rodea.

Volvemos al tema de las reglas que deben ser explicadas en blanco y negro, el criterio no aplica incluso si están acompañados de un adulto que cumpla las funciones de personal doméstico. Aquí, cada familia debe, acorde a sus propios lineamientos y educación, establecer lo que sí se puede y lo que no se puede cuando no estén los padres en casa. Por ejemplo:

  • Si mamá o papá no están en casa, los niños no deben contestar el teléfono. El niño no puede evitar ser niño y, si alguien le hace preguntas, lo más probable es que el pequeño las conteste y que esto pueda comprometer su estatus de seguridad.
  • No se le debe abrir la puerta a nadie, salvo previa autorización. Nada de reparaciones de teléfono, televisión satelital o compañía de gas, luz, entre otros.
  • Sólo al círculo más íntimo se le debe dejar saber que los padres están de viaje.
  • Contar con un número telefónico local, con familia o amistades de confianza, para casos extraordinarios o de emergencia.
  • Que papá y mamá siempre dejen un número telefónico para ser localizados.
  • No permitir que acudan amigos sin que un adulto responsable se encuentre con los menores.

La mejor herramienta que le podemos dar a un niño para su autoprotección es amor y un canal de comunicación abierto de manera permanente, que sepan que siempre estaremos ahí para ellos cuando lo necesiten.

Hablando con ellos y escuchándolos lograrán una comunicación abierta y un sentido de confianza, lo que los animará a discutir sus sentimientos íntimos y a confiar en usted. Si el niño se siente rechazado o que a usted no le interesan sus asuntos, en el momento que exista un verdadero problema o una amenaza real, se puede dar un escenario de no haber estado "disponible" para ayudar cuando le fue solicitado. Usted debe de:

  • Fomentarles la autoestima.
  • Mantener abierta la comunicación.
  • Evitar en la medida de lo posible que estén solos.
  • Conocer a quienes los rodean.
  • Promover la confianza mutua.
  • Contar con medidas básicas de seguridad.
  • Promover hábitos cotidianos, rutinarios.
  • Enseñarles con el ejemplo.
  • Creer en ellos.

Existen varios métodos para disminuir o bloquear el acceso a contenidos en internet (sexo, violencia, desnudez), algunos son gratuitos y otros tienen un costo.

Es sumamente importante mantener una comunicación adecuada con los menores que utilicen la computadora para que conozcan los "blancos y negros" o, en otras palabras, las reglas de acceso al mundo virtual. No pretendamos aislar a los niños de la tecnología, para protegerlos de la misma, pero sí podemos ayudarnos y ayudarles con herramientas que existen diseñadas específicamente para ello.

Los navegadores o proveedores de internet, suelen contar con herramientas de protección, mismas que deben de ser configuradas acorde a las preferencias de los padres, las cuales ayudan a disminuir la probabilidad de acceder a contenido indebido. Sin embargo, no son efectivas al 100%, ya que no todos los sitios para "adultos" contienen necesariamente los parámetros de filtraje que permiten detectar que el contenido sea únicamente para mayores de edad.

Existen, además, programas que permiten un control total y absoluto sobre lo que se permite ver, de contar con un historial de los sitios visitados e incluso de dar o no permiso de chatear. No obstante, debemos desembolsar dinero para su adquisición y conocer cómo instalarlos y configurarlos. Los programas antivirus más populares, cuentan con controles parentales que operan de manera similar.

Adicionalmente, recomendaría tomar en consideración los siguientes consejos:

  • Ubicar la computadora familiar en un área abierta a la vista de cualquiera, teniendo mucho cuidado de no situarla en lugares aislados.
  • Siéntese junto a los niños cuando estén navegando en internet.
  • Establezca reglas claras para su uso (horarios, páginas, entre otros).
  • Impida (previa explicación) que su hijo comparta información personal, como su nombre real, dirección, número de teléfono o contraseñas, con aquellos que conozcan por internet.
  • Si para acceder a alguna página (aunque sea de juegos), se pide a los niños que envíen sus nombres para registrarse ó personalizar el contenido, ayúdeles a crear alias que no revelen información personal cuando estén en línea o que sean agresivos o sugestivos.
  • Existen ventanas emergentes, mejor conocidas como "Pop Ups", que pueden esquivar las medidas de seguridad y llevar a los niños a lugares no deseados, es importante la configuración para impedir su aparición.
  • Instruir a los menores para que no acepten chats ni videoconferencias, ni, desde luego, acepten citas a ciegas con desconocidos.
  • Sensibilizarlos para que tengan un comportamiento adecuado en internet, evitando situaciones de acoso con compañeros. Asimismo, para que eviten adquirir productos o servicios sin su consentimiento, además de descargar, transferir o recibir copias ilegales de programas, música o archivos con contenidos pornográficos, haciéndoles ver las sanciones legales que pueden enfrentar y la facilidad de ser identificados en una investigación policial cibernética.
Manual de Seguridad - Emblema

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