Agenda 2030 y el reto de la seguridad

Newsletter — Agenda 2030 y el reto de la seguridad

Cuando se habla de la Agenda 2030, muchas personas piensan en pobreza, cambio climático, hambre o medio ambiente. Sin embargo, este proyecto internacional también incorpora de manera expresa la prevención del delito, la violencia, la corrupción y el fortalecimiento de comunidades seguras.

La Agenda 2030 fue aprobada en 2015 por los Estados miembros de Naciones Unidas y está integrada por 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible. Su propósito es impulsar mejores condiciones de vida mediante el desarrollo económico, social y ambiental, pero también mediante la paz, la justicia y el fortalecimiento institucional. Precisamente por ello existe el Objetivo 16: Paz, justicia e instituciones sólidas, que incluye reducir la violencia, combatir la delincuencia organizada, la trata, la corrupción y el soborno, además de garantizar el acceso a la justicia.

La razón es sencilla: una comunidad puede tener escuelas, hospitales, empleos y espacios públicos, pero si sus habitantes viven con miedo, los negocios son extorsionados, los jóvenes son reclutados por grupos criminales o las víctimas no encuentran justicia, difícilmente puede hablarse de verdadero desarrollo.

Prevenir antes de castigar

En 2021, el Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Justicia Penal adoptó la Declaración de Kioto, que vinculó directamente la prevención del delito, la justicia penal y el Estado de derecho con la Agenda 2030.

La Declaración se organizó alrededor de cuatro pilares: prevenir el delito, fortalecer la justicia penal, promover el Estado de derecho y mejorar la cooperación internacional.

Uno de sus planteamientos fundamentales consiste en entender que prevenir el delito exige mucho más que policías y patrullas.

La violencia y la delincuencia también deben analizarse desde sus causas: educación, desigualdad, vivienda, consumo de drogas, condiciones sociales y oportunidades para los jóvenes. Al mismo tiempo, la prevención debe apoyarse en datos sobre delincuencia, victimización y factores de riesgo, además de medir si las políticas realmente funcionan.

La pregunta, entonces, no debería ser únicamente: ¿Cuántos delincuentes logramos detener? Sino también: ¿Cuántos delitos conseguimos evitar?

Prevenir significa intervenir antes: fortalecer familias y comunidades, recuperar espacios públicos, educar, reducir factores de riesgo, proteger a posibles víctimas y construir confianza entre ciudadanía e instituciones.

Jóvenes, reintegración y nuevos delitos

La Declaración de Kioto concede especial importancia a los jóvenes como agentes de cambio, no únicamente como posibles víctimas o infractores. Educar para la legalidad, fortalecer habilidades sociales, ofrecer alternativas y crear espacios de participación también forma parte de la seguridad.

También aborda la prevención de la reincidencia. La mayoría de quienes cumplen una sentencia terminará regresando a su comunidad. La educación, el empleo, la rehabilitación y la reintegración social pueden ayudar a evitar que el ciclo delictivo continúe.

Prevenir no significa justificar el delito. Significa impedir el siguiente.

El informe reconoce además que las amenazas están cambiando. Fraudes digitales, ciberdelincuencia, criptomonedas, delitos ambientales y utilización criminal de inteligencia artificial forman parte de los nuevos retos.

La prevención tampoco puede permanecer estática.

La Agenda también nos corresponde

Probablemente ésta sea la reflexión más importante: la Agenda 2030 no puede entenderse únicamente como una obligación de gobiernos e instituciones. El proceso internacional reconoce expresamente la participación de organizaciones civiles, comunidades, especialistas y jóvenes.

Para el ciudadano, participar significa algo mucho más próximo que acudir a una conferencia internacional: educar para la legalidad, denunciar en lugar de normalizar, colaborar con los vecinos, proteger a niños y jóvenes, rechazar la corrupción, compartir información preventiva, recuperar espacios comunitarios, apoyar a las víctimas y exigir resultados a las autoridades.

Las autoridades mantienen responsabilidades que no pueden delegar. Pero una política pública difícilmente producirá cambios permanentes sin participación ciudadana.

La prevención del delito forma parte de la Agenda 2030 porque no puede existir prosperidad, educación, igualdad ni verdadero desarrollo mientras las personas vivan con miedo.

Por eso, quizá la pregunta más importante no sea solamente qué debe hacer el gobierno. También debemos preguntarnos: ¿Qué puedo hacer yo para que mi familia, mi escuela, mi trabajo y mi comunidad sean más seguros?

No necesitamos esperar al 2030 para comenzar. El mejor mañana que deseamos para todos empieza con lo que cada uno esté dispuesto a hacer hoy.

Conoce aquí la Guía sobre las deliberaciones del 15º Congreso de las Naciones Unidas sobre Prevención del Delito y Justicia Penal, a realizarse en Abu Dabi del 26 de septiembre al 1 de octubre de 2026.  Así como la Agenda, Talleres y Documentación del Congreso.

 

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