Romper el plan del atacante

Newsletter — Romper el plan del atacante

Los especialistas en seguridad realizan análisis de riesgos para identificar amenazas, vulnerabilidades y posibles consecuencias y, a partir de ello, desarrollar estrategias y planes de protección.

Pero del otro lado también existe un análisis.

Quien pretende cometer un robo, fraude, asalto o intrusión observa y calcula oportunidades. Tal vez no utilice metodologías formales, pero intenta responder preguntas semejantes: ¿qué puedo obtener?, ¿qué tan fácil será?, ¿cuándo conviene actuar?, ¿qué obstáculos encontraré?, ¿qué posibilidades existen de que me descubran?

Esto permite plantear un ejercicio preventivo a la inversa: ¿Cómo podemos romper el plan del delincuente antes de que llegue a ejecutarlo?

Algunos principios de contrainteligencia resultan especialmente útiles. No basta con proteger nuestros bienes; debemos comprender qué información necesita un posible adversario, cómo podría obtenerla y qué podemos hacer para dificultar su análisis.

El delincuente también necesita información

Antes de actuar, alguien puede intentar conocer horarios, ausencias, vehículos, integrantes de una familia, movimientos de dinero, accesos o rutinas.

En una empresa puede interesarle saber quién autoriza pagos, qué empleado maneja información sensible, cómo accede un proveedor o qué procedimientos de seguridad existen.

Parte de esa información se obtiene sin necesidad de vulnerar ningún sistema. La proporcionamos nosotros mismos mediante conversaciones, fotografías, redes sociales, gafetes, rutinas y respuestas aparentemente inocentes.

Una fotografía desde el aeropuerto puede revelar que la vivienda quedó sola. Publicar constantemente horarios o lugares frecuentados permite reconstruir hábitos. Mostrar una credencial puede facilitar una suplantación.

Un dato aislado parece insignificante. Varios datos reunidos pueden convertirse en inteligencia. Por eso, una primera medida preventiva consiste en preguntarnos qué información estamos revelando sin necesidad.

Romper la predictibilidad

Las rutinas son necesarias, pero cuando se vuelven demasiado visibles pueden transformarse en vulnerabilidades.

Si alguien sabe que una casa permanece vacía todos los días a determinada hora, que una persona transporta dinero siempre el mismo día o que una puerta queda abierta durante un cambio de turno, puede incorporar esos datos a su plan.

No se trata de vivir modificando constantemente nuestras actividades ni de sospechar de todos. Se trata de proteger aquellas rutinas cuya exposición podría facilitar un delito.

La prevención puede aumentar el esfuerzo requerido, elevar la posibilidad de detección y reducir el beneficio esperado por el delincuente. A ello podemos agregar otro elemento: aumentar su incertidumbre.

Cuando no sabe exactamente quién está presente, qué controles encontrará o si aquello que observó continúa siendo válido, su cálculo pierde confiabilidad. A veces no necesitamos convencerlo de que somos invulnerables. Basta con conseguir que piense: “No estoy seguro de que esto salga como espero”.

Detectar cuando alguien intenta conocernos

Otro principio de contrainteligencia consiste en reconocer los intentos de recopilación de información.

Preguntas excesivamente específicas, llamadas para obtener datos familiares, intentos repetidos de acceso, personas interesadas en procedimientos internos o solicitudes digitales inusuales pueden merecer atención.

Ninguno de estos comportamientos demuestra por sí mismo una intención criminal.

Por eso la prevención no consiste en acusar ni confrontar. Consiste en observar, verificar y reportar cuando existan suficientes elementos de preocupación.

Muchas amenazas pueden detectarse antes de que se conviertan en delitos precisamente porque alguien prestó atención a una conducta que no parecía normal.

No explicar cómo nos protegemos

También existe una contradicción frecuente: instalamos medidas de seguridad y después contamos públicamente cómo funcionan. Comentamos dónde están las cámaras, quién tiene las llaves, qué integrante permanecerá solo o qué procedimiento sigue una empresa para autorizar determinadas operaciones.

La información debe compartirse únicamente con quien realmente necesita conocerla.

Eso no significa convertir nuestra vida en un secreto. Significa aplicar discreción.

Mientras menos información útil proporcionemos sobre nuestras vulnerabilidades y procedimientos, más difícil será completar correctamente un plan criminal.

Cinco formas de romper el plan de un delincuente

      1. Revise qué información proporciona. Observe qué pueden conocer desconocidos sobre su familia, horarios, patrimonio, viajes o actividades a través de conversaciones y redes sociales.

      2. Identifique lo que resulta demasiado fácil. Examine su hogar, vehículo o negocio como si buscara una oportunidad: accesos vulnerables, información visible o hábitos demasiado previsibles.

      3. Proteja las actividades sensibles. Evite anunciar ausencias, movimientos de dinero o situaciones familiares que incrementen su exposición.

      4. Enseñe a reconocer la búsqueda de información. Familiares y colaboradores deben aprender a identificar preguntas, llamadas, accesos o solicitudes inusuales. Verificar antes de responder puede evitar proporcionar la pieza que faltaba.

      5. Revise periódicamente sus medidas. El delincuente también aprende. Una rutina que antes protegía puede convertirse en información predecible si nunca se modifica.


El propósito no es tender trampas, perseguir sospechosos ni asumir funciones policiales. Es conseguir que quien analiza una oportunidad encuentre menos información, mayores dificultades, más posibilidades de ser descubierto y un beneficio menos atractivo.

Los especialistas seguirán realizando análisis de riesgos para proteger personas y bienes. Pero tal vez debamos incorporar una pregunta adicional: ¿Qué está analizando quien pretende dañarnos y qué podemos hacer para que sus conclusiones sean equivocadas?

Una buena estrategia de seguridad no solamente busca frustrar el delito cuando comienza, también puede romper el plan del delincuente antes de que decida intentarlo.

 

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