En el mundo de los fraudes, quienes los cometen rara vez inventan algo completamente nuevo. Más bien adaptan viejos engaños a nuevas plataformas. Eso es exactamente lo que hoy ocurre con una modalidad que comienza a detectarse con mayor frecuencia en ciudades turísticas y grandes zonas urbanas: los llamados “montarentas”.
El esquema es tan simple como inquietante. La vivienda existe, las fotografías son reales, la dirección también. Lo que no existe —o mejor dicho, lo que es falso— es la persona que dice ser el dueño o anfitrión.
Quienes recurren a estas prácticas copian fotografías de anuncios reales, descargan imágenes de plataformas de renta vacacional o incluso obtienen información pública de propiedades. Después crean perfiles falsos o anuncian la vivienda en redes sociales, portales inmobiliarios o incluso en conversaciones privadas de WhatsApp.
Cuando alguien se interesa, el supuesto propietario responde con rapidez, envía fotografías adicionales, describe el lugar y ofrece disponibilidad inmediata. Todo parece legítimo. Pero casi siempre aparece una condición: para asegurar la reserva o apartar la propiedad se requiere un depósito inmediato.
Ese es el momento clave de la estafa.
Una vez se realiza el pago, el estafador desaparece. En otros casos, el engaño se descubre cuando el contratante llega al inmueble y el verdadero propietario no tiene idea de que su casa fue “rentada” a terceros.
La acción puede repetirse varias veces con la misma propiedad. Un mismo departamento puede ser “rentado” a varias personas en el mismo fin de semana.
Lo que hace particularmente peligrosa esta modalidad es que no siempre parece un engaño. No se tienen páginas improvisadas ni historias inverosímiles. Al contrario: el perpetrador utiliza información real para construir una mentira creíble.
Y hoy, bajo un contexto donde cada vez más personas utilizan plataformas de hospedaje o buscan departamentos en línea, este tipo de engaño se hace especialmente atractivo para los delincuentes. Aprovecha tres factores humanos muy conocidos: la confianza en la tecnología, la urgencia por asegurar un lugar y la presión por tomar decisiones rápidas.
Por eso, más que desconfiar de todo, la clave está en aprender a verificar antes de pagar.
Cinco señales rápidas para detectar a un “montarentas”
1 – Te piden salir de la plataforma
Si la conversación pasa rápidamente de la plataforma a WhatsApp o correo personal, es una señal de alerta. Los estafadores buscan evitar los sistemas de protección y registro de las plataformas.
2 – Solicitan depósitos inmediatos
La presión para pagar rápido —“porque hay más interesados”— es una de las herramientas clásicas de este engaño.
3- El precio es demasiado atractivo
Cuando el precio está muy por debajo del mercado, suele ser el anzuelo para atraer personas rápidamente.
4 – Las fotografías aparecen en varios anuncios
Una búsqueda inversa de imágenes o de la dirección puede revelar que la misma propiedad se anuncia con distintos supuestos propietarios.
5 – No existe forma de verificar al anfitrión
Perfiles nuevos, sin historial de huéspedes, sin evaluaciones o con información incompleta suelen ser una señal de riesgo.
Estas acciones de los “montarentas”, demuestran que sus prácticas evolucionan con la tecnología, pero la lógica que les sustenta sigue siendo la misma: aprovechar la prisa, la confianza y la falta de verificación.
Antes de transferir dinero por una renta temporal o una reserva, conviene recordar una regla básica de autoprotección: si el pago se hace fuera de los canales oficiales o bajo presión, el riesgo aumenta considerablemente.
En materia de seguridad personal y patrimonial, la verificación siempre debe ocurrir antes del pago, nunca después. Porque cuando el engaño se descubre al llegar a la puerta… normalmente ya es demasiado tarde.