Acciones ante secuestro

Qué hacer antes, durante y después
Manual Rayn Solay

“Mantener la calma y protegernos a nosotros mismos, es primordial, desde actividades en línea, del trabajo, hogar o traslados”

Manuel Rayn Solay

Físico, egresado de la Universidad Nacional Autónoma de México, certificado por la American Society for Industrial Security (ASIS) como profesional de protección CPP.

Socio fundador de la Asociación Latinoamericana de Profesionales en Seguridad Informática (ALAPSI).

Consultor especialista en protección de la información, seguridad patrimonial y protección de activos, administración de crisis y planes de continuidad del negocio, así como en programas de concientización en seguridad para familias, empleados y directivos.

Su amplia trayectoria en el ramo, le ha permitido colaborar en firmas de nivel internacional especializadas en seguridad, tales como Kroll Associates, así como en empresas y organismos del sector público y privado, tanto en la identificación de amenazas, análisis y valoración de riesgo y vulnerabilidades, como en el diseño de programas de seguridad, políticas, prácticas y procedimientos.

La prevención es la herramienta más efectiva para reducir el riesgo de secuestro. Adoptar hábitos de seguridad en la vida cotidiana puede marcar la diferencia entre ser un blanco fácil o disuadir a posibles delincuentes.

Evitar la rutina es una de las estrategias clave, ya que los secuestradores suelen estudiar los patrones de sus víctimas antes de actuar. Es recomendable cambiar frecuentemente los horarios y rutas al trasladarse, así como utilizar distintos medios de transporte cuando sea posible. Además, estar atento al entorno permite detectar situaciones sospechosas con anticipación.

Mantener un perfil bajo es otro aspecto fundamental. Exponer información personal en redes sociales, presumir bienes materiales o divulgar detalles sobre ingresos y viajes puede convertir a una persona en objetivo de secuestradores. Es preferible evitar publicaciones que revelen ubicación en tiempo real o que muestren elementos de lujo.

La discreción no solo debe aplicarse en el ámbito digital, sino también en la vida cotidiana, evitando conversaciones en lugares públicos que puedan ser escuchadas por desconocidos.

La seguridad en el hogar y el trabajo también debe ser reforzada. Instalar cámaras de vigilancia, alarmas y reforzar puertas y ventanas disminuye la vulnerabilidad ante un posible ataque. Asimismo, es recomendable entrenar a la familia y empleados sobre cómo actuar ante situaciones sospechosas, estableciendo protocolos de seguridad claros. Esto incluye la enseñanza sobre el uso de dispositivos de emergencia, como botones de pánico y aplicaciones de rastreo.

Finalmente, contar con un plan de acción y una red de contactos de emergencia es indispensable. Tener acceso a especialistas en seguridad, abogados y familiares de confianza puede agilizar la respuesta en caso de una amenaza. Además, aunque algunas personas contratan seguros de reembolso en caso de secuestro, nunca debe divulgarse su existencia, ya que esto podría influir en la duración del cautiverio y en las exigencias de los delincuentes.

Los secuestradores suelen realizar actividades previas al delito para estudiar a sus víctimas y planear su ataque. Detectar estos indicios a tiempo puede ayudar a prevenir un secuestro. Una señal clave es el seguimiento constante. Si una persona nota que un vehículo o individuo aparece repetidamente en su camino en distintos momentos y lugares, es posible que esté siendo vigilada. En estos casos, es recomendable cambiar de ruta y prestar atención a cualquier comportamiento fuera de lo común.

Otra alerta es la presencia de extraños en zonas habituales, como el hogar, la oficina o la escuela. Personas que merodean sin razón aparente, observan detenidamente o hacen preguntas sospechosas sobre horarios y hábitos pueden estar recopilando información para un secuestro. Si esto ocurre, es importante aumentar las medidas de seguridad y reportar la situación a las autoridades o a personal de vigilancia.

Las llamadas telefónicas inusuales también pueden ser una estrategia de los delincuentes para obtener datos personales o confirmar la presencia de una persona en determinado lugar. Recibir preguntas insistentes sobre horarios, familiares o detalles financieros por parte de desconocidos debe considerarse una posible amenaza. En estos casos, lo mejor es evitar proporcionar información y, si la insistencia continúa, denunciar la situación.

Existen tácticas de distracción que los delincuentes pueden emplear en la vía pública para desorientar a una víctima antes del ataque. Personas que simulan accidentes, intentan pedir ayuda o hacen preguntas innecesarias pueden estar intentando reducir la alerta del objetivo. Si se percibe una situación inusual, es mejor mantenerse en movimiento, evitar interactuar y buscar ayuda en lugares seguros.

El uso irresponsable de redes sociales es uno de los hábitos más peligrosos en la actualidad. Publicar ubicaciones en tiempo real, itinerarios de viaje o fotografías de objetos de valor puede proporcionar información valiosa a los secuestradores. Es fundamental configurar los perfiles como privados y evitar compartir datos personales con desconocidos. Además, se recomienda restringir el acceso a la información a contactos confiables.

El descuido en la vía pública también incrementa el riesgo. Caminar distraído con el celular, usar audífonos o no prestar atención a los alrededores facilita que un delincuente ataque sin ser detectado. Es importante mantener la vista en el entorno, identificar rutas de escape y evitar zonas solitarias o de alto riesgo, especialmente en horarios nocturnos.

El transporte es otro factor clave. Usar servicios de taxi informales o aceptar viajes de desconocidos puede derivar en situaciones peligrosas. Se recomienda utilizar transporte público seguro o aplicaciones de movilidad con medidas de seguridad, como verificación del conductor y opción de compartir el viaje en tiempo real con familiares o amigos.

Por último, la confianza excesiva en desconocidos puede abrir la puerta a situaciones de riesgo. Compartir detalles sobre ingresos, horarios o direcciones con personas que no forman parte del círculo de confianza es una práctica peligrosa. Además, es recomendable ser discreto con el manejo de dinero en efectivo y evitar exhibir objetos de valor en lugares públicos.

Contar con un plan de contingencia es fundamental en situaciones de alto riesgo. Un secuestro es un evento que puede generar pánico e incertidumbre, y actuar sin una estrategia clara puede poner en peligro la vida de la víctima. Tener un plan bien estructurado ayuda a garantizar una respuesta rápida y eficaz, minimizando los errores en momentos de crisis. Este plan debe ser conocido por todos los miembros de la familia o del equipo de trabajo, y cada persona debe tener claro su rol en caso de emergencia.

El plan de contingencia debe incluir un comité de respuesta a la crisis (CRC), compuesto por personas de confianza que se encarguen de la toma de decisiones y de la comunicación con los secuestradores si es necesario. Este grupo debe estar capacitado para manejar la negociación con calma y profesionalismo, evitando errores que puedan prolongar el cautiverio o poner en riesgo a la víctima. También es importante establecer protocolos sobre la participación de las autoridades, los medios de comunicación y el manejo de la información.

Además, es crucial preparar un archivo personal confidencial con información de cada miembro de la familia o persona en riesgo. Este archivo debe contener documentos de identidad, fotografías recientes, huellas digitales, muestras de escritura, historial médico y cualquier otro dato que pueda ser útil en una situación de secuestro. También debe incluir preguntas personales que solo la víctima pueda responder, para verificar su identidad en caso de comunicación con los captores.

Por último, se recomienda el uso de códigos de seguridad que permitan a la víctima enviar mensajes codificados sin levantar sospechas. Estos códigos deben ser fáciles de recordar, pero difíciles de interpretar por los secuestradores. Un plan de contingencia bien diseñado puede hacer la diferencia entre una negociación efectiva y una situación que se salga de control.

En la era digital, la protección de la información personal y financiera es más importante que nunca. Los secuestradores suelen obtener datos de sus víctimas a través de redes sociales, correos electrónicos y llamadas telefónicas. Por ello, es fundamental evitar compartir información sensible en plataformas públicas y configurar adecuadamente la privacidad en redes sociales. También se recomienda no aceptar solicitudes de amistad de desconocidos ni publicar detalles sobre bienes materiales, ingresos o itinerarios de viaje.

La información bancaria es especialmente vulnerable y debe manejarse con extremo cuidado. Nunca se deben compartir números de cuenta, contraseñas o datos de tarjetas de crédito por teléfono o correo electrónico. Además, es recomendable utilizar sistemas de autenticación de dos pasos en cuentas bancarias y otros servicios financieros. En caso de recibir llamadas sospechosas solicitando datos personales, es mejor colgar y verificar la información directamente con la entidad correspondiente.

Otro aspecto a considerar es la información que manejan empleados domésticos o colaboradores cercanos. Muchas veces, los secuestradores obtienen detalles valiosos de personas que tienen acceso a la casa, la rutina y la situación económica de la familia. Por ello, es recomendable ser discreto con la información que se comparte y realizar verificaciones de antecedentes antes de contratar personal de servicio.

Finalmente, se debe tener cuidado con la información que se proporciona en encuestas, registros en línea o formularios públicos. Muchos delincuentes utilizan tácticas de ingeniería social para obtener datos sin que la víctima lo note. Adoptar hábitos de seguridad en el manejo de la información puede reducir significativamente el riesgo de ser blanco de un secuestro.

En un secuestro, la prioridad es la supervivencia. Mantener la calma es fundamental para evitar reacciones que puedan provocar una respuesta violenta por parte de los captores. La víctima debe concentrarse en controlar su respiración y sus emociones para evitar entrar en pánico. Aceptar la situación y adaptarse a las circunstancias puede ayudar a reducir el nivel de estrés y tomar decisiones más racionales.

Evitar confrontaciones es otro aspecto fundamental. Mostrarse desafiante o agresivo puede poner en peligro la vida de la víctima. Lo mejor es adoptar una actitud cooperativa sin ser sumiso, obedecer instrucciones sin discutir y evitar provocar situaciones de tensión. En algunos casos, establecer una relación de empatía con los secuestradores puede generar un trato más humano y reducir el riesgo de violencia.

Por último, la víctima debe estar preparada para comunicarse de manera estratégica con su familia o con los negociadores. Si se permite hacer una llamada o enviar un mensaje, es importante utilizar códigos preestablecidos para transmitir información sin alertar a los captores. En todo momento, la prioridad debe ser la seguridad personal y la posibilidad de una eventual liberación.

Evita la confrontación, es fundamental mantener la calma y evitar cualquier actitud que pueda ser interpretada como un desafío. Insultar, amenazar o tratar de imponer resistencia solo aumentará la tensión y podría provocar una reacción violenta. Los secuestradores suelen estar en un estado de alerta y estrés, por lo que cualquier provocación podría hacer que actúen de forma agresiva. En lugar de confrontarlos, intenta mantener un tono de voz neutro y una postura relajada para no exacerbar la situación.

Muestra cooperación sin ser sumiso, es importante encontrar un equilibrio entre cooperar y no parecer completamente vulnerable. Responder a sus instrucciones con calma puede ayudar a evitar situaciones de violencia innecesaria. Sin embargo, ser excesivamente sumiso o actuar con miedo extremo puede hacer que los captores te perciban como un objetivo fácil o manipulable. Lo ideal es responder de manera neutral y controlada, sin dar la impresión de estar desafiando su autoridad, pero también sin mostrar debilidad excesiva.

Si es posible, trata de establecer una relación con ellos, en situaciones de secuestro prolongado, intentar crear una conexión con los secuestradores puede ser una estrategia útil. Humanizarse ante ellos puede hacer que te vean como una persona y no solo como un rehén. Esto no significa ser excesivamente amigable ni compartir información personal delicada, pero sí mostrar educación y empatía dentro de los límites permitidos por la situación. Hablar de temas neutrales como la familia o las experiencias de vida puede generar cierta empatía en los captores, lo que podría reducir la probabilidad de violencia.

No mientas si puedes evitarlo, la mentira puede ser extremadamente peligrosa en una situación de secuestro. Si los secuestradores descubren que has engañado o que has ocultado información relevante, pueden reaccionar con violencia como castigo o para reafirmar su control. Si te hacen preguntas comprometedoras, trata de responder con información neutral o evitar detalles que puedan comprometer tu seguridad sin recurrir a la mentira directa. En algunos casos, evadir una respuesta de manera cuidadosa puede ser una mejor opción que inventar algo que luego pueda ser descubierto como falso.

Observar y recordar detalles es una estrategia clave que puede ser útil para una futura identificación de los secuestradores o del lugar de cautiverio. Estos detalles pueden ser de gran ayuda para las autoridades en caso de un rescate. Sin embargo, es de suma importancia que los secuestradores no se den cuenta, pues podrían tomar decisiones que pongan en peligro la integridad del secuestrado.

Escuchar ruidos exteriores para identificar ubicaciones, el oído es una herramienta fundamental cuando no puedes ver lo que te rodea. Prestar atención a los sonidos ambientales puede proporcionar pistas valiosas sobre tu posible ubicación.

Algunos ejemplos incluyen:

Trenes y estaciones, si escuchas el sonido de trenes en movimiento o pitidos de ferrocarril, podrías estar cerca de una vía o estación ferroviaria.

Aviones y aeropuertos, la frecuencia del ruido de aviones puede indicar si estás cerca de un aeropuerto o de una ruta aérea concurrida.

Fábricas o industrias, ruidos de maquinaria, sirenas de fábricas o alarmas industriales pueden señalar la cercanía de un parque industrial o una zona de producción.

Sonidos urbanos, Cláxones, tráfico denso y sirenas de emergencia pueden indicar que estás en una ciudad o en una zona de alto tránsito.

Sonidos rurales, cantar de gallos, ladridos de perros, ruidos de animales de granja o tractores pueden sugerir que estás en un área rural o semiurbana.

Para aprovechar al máximo estos sonidos, intenta memorizarlos y compararlos con experiencias previas que tengas con entornos similares.

Observar la forma de hablar, acentos y nombres mencionados entre ellos, el lenguaje de los secuestradores puede revelar información importante sobre su origen, nivel de educación e incluso conexiones con ciertos grupos.

Para obtener datos útiles, acento y dialecto, diferencias en la pronunciación, el uso de ciertas palabras o expresiones pueden dar pistas sobre la región de donde provienen los secuestradores.

Nombres de personas, escuchar nombres o apodos repetidos puede ayudarte a identificar relaciones entre ellos o posibles líderes del grupo.

Menciones de lugares, si los captores se refieren a calles, barrios, ciudades o sitios específicos, trata de recordarlos para usarlos después en una posible liberación o rescate.

Tono de comunicación, un lenguaje estructurado y organizado puede indicar que los secuestradores tienen experiencia y planificación, mientras que una comunicación más improvisada podría sugerir que el secuestro es menos organizado.

Intentar contar el tiempo si eres trasladado para calcular distancias, si eres transportado de un lugar a otro durante el secuestro, calcular la distancia recorrida puede darte una mejor idea de dónde podrías estar.

Para hacerlo de manera efectiva: lleva la cuenta del tiempo, si puedes, intenta medir mentalmente los minutos o segundos de viaje. Contar en intervalos de 60 segundos puede ser útil.

Percibe los cambios de velocidad, si hay muchas paradas, es posible que te estén moviendo dentro de una ciudad. Si el trayecto es continuo y largo, podrías estar en una carretera o autopista.

Superficies y movimientos del vehículo, el sonido y la sensación del trayecto pueden darte pistas. Calles empedradas pueden indicar que sigues en una ciudad, mientras que caminos irregulares pueden significar que te llevan a una zona rural.

Curvas y giros, notar cambios de dirección puede ayudar a determinar si el camino es recto o si estás entrando a una zona montañosa o de calles laberínticas.

Tras ser liberada, la víctima debe recibir atención médica inmediata para evaluar su estado de salud física y psicológica. La falta de alimentación, las condiciones de encierro y el estrés prolongado, así como posibles lesiones físicas o enfermedades que haya sufrido, pueden causar problemas de salud que requieren tratamiento. Es importante realizar un chequeo completo y seguir las recomendaciones de los especialistas.

Además del aspecto físico, la seguridad personal debe ser una prioridad inmediata. Es fundamental reforzar las medidas de protección en el hogar y evitar las rutinas que pudieron hacer a la víctima vulnerable antes del secuestro. Es recomendable cambiar de residencia temporalmente si se considera que hay riesgo de represalias. También se debe evaluar la posibilidad de contratar servicios de seguridad o asesoría en protección personal.

Denunciar el secuestro a las autoridades (si así lo decide la familia) es otro paso crucial. Proporcionar información sobre los secuestradores, los detalles del cautiverio y cualquier pista relevante puede ayudar a prevenir futuros delitos. Sin embargo, en algunos casos la denuncia puede generar riesgos si la organización criminal sigue operando, por lo que se debe actuar con prudencia y considerar la asesoría de expertos.

Finalmente, es recomendable evitar la exposición pública. Hablar con los medios de comunicación o compartir detalles del secuestro en redes sociales puede atraer atención indeseada. Los secuestradores o personas relacionadas con ellos podrían seguir monitoreando a la víctima. Mantener un perfil bajo y actuar con discreción es una de las mejores estrategias para prevenir nuevos intentos de ataque.

Existe riesgo de represalias, se debe buscar protección legal y policial. En algunos casos, las víctimas pueden necesitar cambiar de residencia o modificar sus rutinas para evitar nuevos intentos de secuestro. Tomar medidas preventivas tras la liberación puede garantizar una recuperación más segura y efectiva.

El impacto psicológico de un secuestro puede ser devastador. La víctima puede experimentar síntomas de estrés postraumático, como ansiedad, pesadillas, miedo intenso y dificultad para confiar en otras personas. Es común que haya sensación de vulnerabilidad extrema y que la persona se sienta constantemente en peligro. Para manejar estos efectos, es fundamental acudir a terapia con un especialista en trauma, quien podrá guiar el proceso de recuperación y ofrecer herramientas para manejar la ansiedad y el miedo.

El apoyo de la familia y los amigos es crucial en esta etapa. Sin embargo, la víctima debe sentirse en control de cuándo y cómo desea hablar de su experiencia. La presión por compartir detalles o "superar" el evento rápidamente puede generar más estrés. Es recomendable que el entorno cercano actúe con paciencia y empatía, brindando apoyo sin forzar la conversación ni minimizar el impacto emocional.

Retomar la rutina diaria poco a poco puede ser beneficioso para la recuperación. Volver al trabajo, a las actividades sociales y a los pasatiempos puede ayudar a recuperar la sensación de normalidad. Sin embargo, es importante no apresurar este proceso y permitir que la víctima avance a su propio ritmo.

Es recomendable evitar información que pueda revivir el trauma, como testimonios de otros casos de secuestro o noticias relacionadas Si algunas actividades generan angustia o recuerdos traumáticos, es recomendable pausarlas y retomarlas cuando la persona se sienta lista.

Por último, reforzar la seguridad personal y familiar puede dar tranquilidad. Implementar nuevas medidas de protección, cambiar rutinas y mejorar la vigilancia del entorno pueden ayudar a reducir el miedo.

Además, participar en grupos de apoyo con otras personas que han vivido experiencias similares puede ser útil para compartir estrategias de recuperación y encontrar comprensión en quienes han pasado por lo mismo. La recuperación de un secuestro es un proceso que requiere tiempo y esfuerzo, pero con el apoyo adecuado, es posible volver a llevar una vida plena.

La víctima debe recordar que cada proceso de recuperación es único. No hay un tiempo exacto para superar un trauma, y cada persona debe avanzar a su propio ritmo. Buscar apoyo y mantener hábitos saludables son claves para reconstruir la vida tras un secuestro.

Manual de Seguridad - Emblema

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