Seguridad patrimonial

La evolución genera nuevas tareas de seguridad
Jorge Uribe Maza

“El cambio cultural debe impulsarlo principalmente los responsables de la seguridad.”

Jorge Uribe Maza

Licenciado en Derecho, Universidad Iberoamericana. Maestría en Economía, El Colegio de México. Maestría en relaciones Internacionales, Instituto de Estudios Políticos de París. Maestría en Dirección de Empresas, IPADE. Doctorado en Política Económica, Sciences Po París con mención honorífica. Diplomado en Seguridad Empresarial (DSE), Universidad Pontificia de Comillas.

Se desempeñó como Profesor-Investigador en Microeconomía y Econometría, Grupo de Economía Mundial, Sciences Po, Francia (2002-2007). Secretario Técnico de la Coordinación de Asesores del Secretario, Secretaría de Gobernación, México. Director de Proyectos de Investigación, Secretaría de Seguridad Pública Federal (2011-2012). Director General Adjunto de Desarrollo Institucional, Asuntos Internos de la Policía Federal (2012-2015).

Ha trabajado como Director de Administración y Finanzas, Director General en empresas del ramo farmacéutico y de seguridad privada. Actualmente, se desempeña como Director Comercial de una de las empresas de seguridad más importantes de México.


Es inevitable que, a corto plazo, los servicios de seguridad privada se sometan a una evolución acelerada, pues el modelo actual se hereda de épocas en que se carecía de soluciones que actualmente no sólo están al alcance de todos, sino más económicas y eficientes que la dependencia en personal de seguridad en sitio.

Buena parte de los usuarios de servicios de seguridad privada, han replicado modelos que fueron concebidos el siglo pasado, antes de la aparición de computadoras, internet, video analíticos, biométricos, redes inalámbricas locales, etc.

Esto hizo que los controles dependieran en los sentidos (vista y oído, principalmente, en ocasiones, olfato) de los guardias presentes en las instalaciones. Por décadas este modelo funcionó, principalmente porque no había un sustituto viable.

Siempre se reconoció que la labor humana estaba sujeta a muchos errores o discontinuidad en la observación y controles, pues las personas, adicional a que no pueden atender a distintas fuentes de información a la vez, su cansancio, errores de percepción o de memoria, pausas obligadas para alimentarse, hidratarse, ir al sanitario o atender llamadas personales.

Los registros de los controles se plasman en documentos en papel, rellenados a mano, que no suelen ser digitalizados y a veces resulta incomprensible que se plasma en ellos o que es información no validada o cotejada.

Todo esto nos lleva a cuestionar seriamente la idoneidad de conservar este modelo o transitar a uno que contemple componentes tecnológicos de diferentes gamas, de acuerdo con las necesidades de cada instalación.

Sin duda, el mercado laboral ya no sigue las mismas reglas y presiones que hace unas décadas. Por un lado, lo que antes se hubiera considerado admisible en cuanto a duración de los turnos, cantidad de horas trabajadas por semana, condiciones de trabajo, duración de las pausas, vacaciones, prestaciones, expectativas ante incidentes, etc.; actualmente buena parte de dichas prácticas son incluso sancionadas por las autoridades o por lo menos son detectadas durante las auditorias como hallazgos por corregirse.

Entre ellas, se habla cada vez más de apegarse a un máximo de 48 horas semanales trabajadas, quizá en un futuro se legisle un máximo de 40 horas.

Al mismo tiempo, se ha limitado legalmente la cantidad de horas continuas que una persona puede permanecer de pie en su puesto de trabajo, antes de tomar una pausa, sentado.

Las condiciones de calor, frío, exposición a químicos u otras sustancias nocivas (polvo, material orgánico, etc.) son parte de los controles de las visitas de autoridades laborales.

En resumen, buena parte de lo que antes hubiese sido las condiciones normales de un vigilante, ahora son descartadas, sea directamente por las autoridades o los usuarios, o por los candidatos a prestar dichos servicios. El mercado laboral regula qué trabajos se consideran aceptables o dignos y cuáles ya no.

En ese sentido, cualquier oferta que no se adecue a la de otras industrias o competidores se descartará y desaparecerá del mercado.

Ante riesgos ambientales que ponen en peligro la biodiversidad y condiciones de vida de la sociedad presente y futura, cada industria debe revisar la forma de minimizar su huella de carbono, principal causante del cambio climático.

En el caso de la seguridad privada, los desplazamientos de las personas, así como las herramientas de trabajo y consumibles inherentes al servicio, son las principales causas de una emisión de CO₂ considerable.

En particular, tomando en cuenta los cientos de miles de personas que diariamente recorren distancias no menores para llegar a sus puestos de trabajo. Además de ser costoso para los elementos de seguridad el pago del transporte público y el tiempo que deben dedicar a estos desplazamientos, la industria entera tiene una externalidad en el resto de los sectores, al contribuir a congestionamientos y saturación de redes de transporte, lo cual implica una pérdida de productividad del conjunto de la economía.

Como alternativa, los centros de respuesta desde donde se pueden operar los servicios de seguridad de forma remota pueden ser localizados en sitios más cercanos a las viviendas de quienes los operan, y en algunos casos se puede trabajar desde casa, siempre y cuando reúnan condiciones mínimas de conectividad y confidencialidad, lo cual es cada vez más viable conseguir.

Esto a su vez contribuye a mitigar la marginación de comunidades que no se encuentran cercanas a los polos de industrialización, pues permite repartir los empleos donde hay talento y no forzosamente donde a la industria le convino ubicar sus plantas o centros de distribución.

El debate sobre la desaparición de empleos como consecuencia de la automatización de procesos viene desde las primeras revoluciones industriales, hace más de 2 siglos.

No obstante, fue demostrado que si bien la tecnología siempre buscará sustituir tareas mecánicas, al quedar claro que pueden ser realizadas de forma más ágil y económica por máquinas y dispositivos, también su implementación conlleva la creación de nuevos empleos de diversas gamas, tanto para fabricar y operar dichos equipos, como para administrar la industria transformada, sea por medio de funciones administrativas o comerciales, o siendo parte del ecosistema que se crea ante la adopción de las nuevas soluciones.

Como ejemplo, si los drones han de sustituir al elemento de seguridad que realiza rondines en lugares abiertos, se creará una infinidad de oportunidades laborales para fabricar estos drones, configurarlos, operarlos, enseñar a la gente a manipularlos o sacarles mayor provecho, regularlos e inspeccionarlos, comercializarlos, etc.

Cada que un dispositivo asuma cierta tarea que era realizada manualmente, habrá muchos puestos de trabajo que se generarán para asegurarse que dicha transición sea eficaz y competitiva.

La adopción tecnológica siempre conlleva reducir cotos de poder. Habrá quienes contaban con un margen de maniobra amplio al tener a su cargo tanto la plantilla de seguridad como los recursos destinados a esta, así como ciertas herramientas de trabajo y control de la información generada.

En cuanto se propone sustituir el esquema por uno operado de forma remota, será común ver resistencia por parte de quienes perderían el control sobre dichos recursos: su propia función parecería verse disminuida, transparentada y en algunos casos hasta podría considerarse prescindir de mandos en sitio.

Ante estas amenazas, se pondrá en duda la funcionalidad de las innovaciones a fin de retardar o impedir su adopción.

Será necesario que la alta dirección asuma responsabilidad plena en la migración de un esquema al otro, pues si esta función queda en manos de los mandos medios, pueden pasar años sin que haya avances en la implementación.

Este fuego amigo es frecuente en cualquier adaptación tecnológica en cualquier sector, pero es particularmente presente en la industria de la seguridad privada, al contar aún con muchos perfiles provenientes de la milicia, donde el estado de fuerza puede considerarse como sinónimo de poder e importancia de quien está a cargo.

Sin duda, existen empresas con mejores condiciones que otras para conseguir una migración ágil y provocar la masa crítica al volverse modelo de referencia para el resto de las empresas de su sector.

Entre estas empresas, están aquellas trasnacionales cuyos corporativos se encuentran en países donde la legislación laboral es muy estricta y tomaron la decisión de extender dichas condiciones al resto de países donde tienen operación.

En estos casos, las áreas de cumplimiento no esperan a que las autoridades locales sean las que impulsen la adopción tecnológica, sino que la impulsan a fin de mantener congruencia con sus principios rectores y códigos de ética.

Adicionalmente, estas empresas se caracterizan por basar su operación en información generada por sus propios sistemas, por lo cual no podrían permitirse continuar con papelería no consultable o controles no monitoreables.

Es este grupo de empresas quienes tomarán los riesgos que implique probar y calibrar las nuevas soluciones, para allanar el camino al siguiente

Un aspecto crucial en la adopción ágil de nuevas soluciones de seguridad privada será compartir los casos de éxito en tantos foros como sea posible. Esto permitirá reducir los miedos e inquietudes de quienes consideran que aún no contamos con el contexto adecuado para dejar atrás el modelo anterior.

Será de la máxima relevancia separar funciones inherentes a la industria de aquellas que por inercia se habían adjudicado a los elementos de seguridad de forma indebida: los guardias de seguridad de un edificio suelen ser buscados para realizar tareas ajenas a la seguridad y esto vuelve más difícil la migración a otros modelos de seguridad, al cuestionar si las soluciones propuestas también heredarán aquellas funciones que solían solicitar a las personas que se encontraban en los accesos.

El cambio cultural debe impulsarlo principalmente los responsables de la seguridad de dichos sitios, para convencer a los usuarios de no mezclar los fines y presupuestos asignados.

Manual de Seguridad - Emblema

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