Piratería

¿Qué hacer para reducir la piratería?
Eduardo Jiménez Granados

“Más que precios bajos, la piratería es origen de otros delitos.”

Eduardo Jiménez Granados

Ingeniero Químico Industrial, Instituto Politécnico Nacional, México. Diplomado en Sistemas y Equipos contra Incendio, Universidad Iberoamericana, México. Profesional Certificado en Protección (CPO), International Foundation for Protection Officers.

Electo Private Sector Co-Chair para el Overseas Security Advisory Council, OSAC, Capítulo México. Instructor y facilitador de talleres, seminarios, diplomados, cursos y conferencia para ASIS International en México, para la Business Alliance for Secure Commerce, BASC, así como para la American Chamber México.

Con más de 30 años en Seguridad Corporativa, ha ocupado posiciones gerenciales para América Latina en empresas del sector químico, financiero, de bienes de consumo y de logística. Reconocido en dos ocasiones como uno de los 100 más influyentes de la seguridad privada en México por la revista Seguridad en América.

Actualmente, se desempeña como Director Regional de Seguridad para México y Centroamérica, de una organización global del sector automotriz.

La piratería se refiere al conjunto de actividades relacionadas con la creación, distribución y venta de artículos que imitan productos originales sin contar con la autorización legal del autor o propietario. Esto incluye la reproducción y comercialización de bienes que carecen de licencias, patentes, o cualquier tipo de validación normativa requerida.

Estos productos suelen contener información incompleta, errónea o ausente, lo que los hace no solo ilegales, sino también potencialmente inseguros. Según el Instituto Mexicano de la Propiedad Industrial (IMPI), la piratería comprende una amplia gama de acciones ilícitas, como la producción, reproducción, importación, almacenamiento, transportación, arrendamiento y distribución de bienes que violan disposiciones establecidas en la Ley Federal del Derecho de Autor y la Ley de la Propiedad Industrial.

Más allá de su definición técnica, la piratería se configura como un problema social y económico, pues atenta contra los derechos de propiedad intelectual, perjudica la recaudación fiscal al evadir impuestos, y fomenta la informalidad y la ilegalidad en los mercados.

Este fenómeno no solo afecta a los creadores originales, sino que también debilita los ecosistemas de innovación y comercio legítimos, dañando a industrias enteras que dependen de la protección de sus productos para sobrevivir. En esencia, la piratería constituye una forma de delito contra la propiedad intelectual que tiene repercusiones amplias y profundas en diversas áreas de la sociedad.

La variedad de productos y servicios susceptibles de ser pirateados es prácticamente ilimitada, ya que esta práctica se adapta a las demandas del mercado. En México, se estima que entre 40 y 50 millones de personas consumen productos falsificados anualmente, tanto en formato físico como digital.

Entre los bienes más frecuentemente pirateados se encuentran ropa, zapatos, cosméticos, perfumes, productos de limpieza, partes y equipos mecánicos y eléctricos, así como semillas y productos agrícolas. Incluso los medicamentos, tanto genéricos como de patente, se han convertido en un objetivo común de la piratería, exponiendo a los consumidores a riesgos de salud significativos.

En el ámbito digital, la piratería abarca la descarga y distribución ilegal de software, música, películas, series, libros y videojuegos.

Este formato presenta desafíos adicionales debido a la facilidad con la que se pueden copiar y distribuir archivos digitales, lo que incrementa exponencialmente la magnitud del problema.

La amplia disponibilidad de productos pirateados en ambos formatos refleja una combinación de factores, como la falta de accesibilidad a productos originales, la percepción de que la piratería es una práctica común y aceptada, y el deseo de los consumidores de obtener bienes a precios reducidos.

Este fenómeno pone en evidencia la necesidad de mayores esfuerzos en educación y regulación para combatir la proliferación de estas prácticas.

Existen múltiples factores que motivan a las personas a adquirir productos piratas, la mayoría de los cuales están relacionados con condiciones socioeconómicas y percepciones culturales.

Estudios indican que el perfil predominante de los consumidores de productos pirateados en México corresponde a hombres menores de 60 años, con niveles de escolaridad primaria o nula. Sorprendentemente, el 50% de estos consumidores reconoce que la piratería es una práctica indebida, pero la normalizan como parte de su entorno social.

Entre las razones más comunes se encuentra el bajo costo de los productos, que los hace accesibles para personas de ingresos limitados. Además, la facilidad para adquirir estos bienes, ya sea en mercados informales o a través de vendedores ambulantes, fomenta su consumo.

Otro factor relevante es el parecido que los productos falsificados tienen con los originales, lo que los convierte en una alternativa atractiva para quienes buscan imitar un estilo o adquirir una funcionalidad similar a la de las marcas auténticas.

Algunos consumidores optan por productos piratas debido a la falta de disponibilidad de los originales o porque consideran que la calidad de las imitaciones es "suficientemente aceptable" para satisfacer sus necesidades inmediatas.

Los productos piratas están disponibles en una gran variedad de puntos de venta, muchos de ellos asociados con la informalidad y la economía subterránea. Según encuestas realizadas, los lugares más comunes donde se comercializan estos bienes son los tianguis y mercados informales, espacios donde la regulación es prácticamente inexistente y la oferta de productos ilegales prolifera sin restricciones.

Además, los vendedores ambulantes representan otro canal significativo, ya que se desplazan en diferentes áreas urbanas, facilitando el acceso a estos artículos.

También se ha identificado la venta de productos pirata a través de redes informales, como amigos y conocidos, lo que diversifica aún más los métodos de distribución.

Las estaciones del Sistema de Transporte Colectivo Metro son otro punto clave, pues el flujo constante de personas crea un entorno propicio para este tipo de comercio. Sorprendentemente, incluso en tiendas departamentales y de conveniencia pueden encontrarse artículos de procedencia dudosa, así como en ventas por catálogo y plataformas de internet, donde los mecanismos de supervisión y regulación son más difíciles de aplicar.

Esta amplia disponibilidad refleja la magnitud del problema y la necesidad de implementar medidas más estrictas para combatir la venta de productos piratas.

El consumo de medicamentos pirateados o adquiridos en el mercado negro representa un riesgo significativo para la salud, ya que estos productos no cumplen con los estándares de calidad y seguridad requeridos por las autoridades sanitarias.

Estos fármacos suelen carecer de registros oficiales, números de lote y certificaciones, lo que dificulta rastrear su origen y composición. Muchas veces, la envoltura de estos medicamentos está dañada, lo que es un indicio claro de su falta de autenticidad.

La Organización Mundial del Comercio (OMC) diferencia entre medicamentos genéricos legales y productos pirateados. Mientras que los primeros se producen después de la expiración de la patente o bajo licencias legítimas, los segundos son ilegales por definición.

Los medicamentos piratas pueden contener dosis incorrectas o incluso carecer del ingrediente activo necesario para tratar una enfermedad, lo que agrava la condición del paciente. Además, algunos de estos productos incluyen componentes de baja calidad o sustitutos peligrosos que pueden causar efectos secundarios graves.

En el mercado negro también se comercializan medicamentos auténticos, pero robados o caducos, expuestos a condiciones de almacenamiento inadecuadas que comprometen su efectividad.

Este fenómeno subraya la importancia de adquirir medicamentos únicamente en establecimientos autorizados, donde se pueda garantizar su calidad y seguridad.

Los productos pirateados han provocado numerosos accidentes y problemas de salud a lo largo del tiempo, debido a su deficiente calidad y falta de cumplimiento con las normativas de seguridad. Por ejemplo, una joven de 17 años en el Reino Unido sufrió quemaduras graves en el cuero cabelludo porque su alisador de cabello pirateado alcanzó temperaturas extremadamente altas.

En otro caso, una mujer murió electrocutada al usar un cargador falso para su teléfono móvil, ya que carecía de los componentes de seguridad necesarios para evitar el paso de corriente al dispositivo.

Las bebidas alcohólicas adulteradas también han causado tragedias, como casos de ceguera y muertes por intoxicación con metanol, un compuesto tóxico que suele utilizarse en su fabricación.

En épocas navideñas, productos como luces decorativas pirateadas han causado incendios debido a su tendencia a sobrecalentarse.

Estos incidentes ilustran los peligros inherentes al uso de productos ilegales y subrayan la importancia de adquirir bienes que cumplan con las regulaciones de seguridad.

La piratería y el comercio en el mercado negro están profundamente vinculados con actividades delictivas más graves. Europol ha advertido que las organizaciones criminales utilizan estas prácticas como una forma de diversificar sus operaciones, aprovechando rutas y métodos similares a los empleados en el tráfico de drogas, armas y personas.

Además, la fabricación de productos falsificados tiene un impacto ambiental significativo, ya que a menudo implica la disposición ilegal de tintes, productos químicos tóxicos y plásticos.

El mercado negro también está asociado con riesgos de seguridad personal, como robos, asaltos y extorsiones, que son comunes en los entornos donde se comercializan productos ilegales.

Además, estos lugares suelen ser escenarios de conflictos entre bandas criminales y de operativos policiales, lo que aumenta el potencial de violencia para quienes frecuentan estas zonas.

Por lo tanto, la piratería no solo afecta a los consumidores, sino que también contribuye a un círculo vicioso de ilegalidad y criminalidad.

La piratería en línea consiste en la descarga y distribución ilegal de contenido digital protegido por derechos de autor, como software, videojuegos, libros electrónicos, música y películas.

Este fenómeno ha aumentado considerablemente debido al deseo de muchos internautas de acceder gratuitamente a estos recursos. Sin embargo, descargar contenido pirata conlleva riesgos significativos, tanto legales como tecnológicos.

Las autoridades pueden rastrear las actividades de los usuarios que acceden a contenido ilegal, lo que podría resultar en sanciones judiciales severas. Además, los archivos descargados a menudo contienen virus, malware o troyanos que comprometen la seguridad de los dispositivos, permitiendo a los ciberdelincuentes acceder a información sensible.

Por otra parte, las conexiones a internet pueden ser interrumpidas por los proveedores de servicios en respuesta a violaciones de derechos de autor.

En este contexto, es crucial que los usuarios sean conscientes de las implicaciones legales y de seguridad que conlleva la piratería en línea.

La Deep Web y la Dark Web están compuestas por todas aquellas páginas web que los motores de búsqueda como Google, Yahoo o Bing no pueden identificar porque no están indexadas. Para poder acceder a este "ciberespacio" es necesario un programa específico.

Estudios y análisis detallados de firmas de seguridad cibernética confirman la existencia de “foros activos” en la Dark Web que ofrecen servicios para piratear sitios web, comprar y vender bases de datos y tener acceso a recursos web. Esos foros incluyen más de 8 millones de usuarios registrados, 7 millones de temas y 80 millones de publicaciones.

Según los análisis más recientes, el 90% de los usuarios solicitan servicios de piratería, el 7% incluye a los que venden servicios de piratería, el 2% corresponde a los que venden herramientas y programas de piratería y las personas que buscan cómplices de piratería representan el 1% restante.

Las principales recomendaciones para prevenir ser víctima de crimen cibernético son:

  • No intentar ingresar a la “Deep Web” o “Dark Web”. Por el anonimato que se maneja no es posible verificar la identidad de nadie;

  • Mantener un programa antivirus instalado y actualizado;

  • No abrir o descargar archivos de internet o correo electrónico de procedencia desconocida. Pueden tener códigos maliciosos y dañar los dispositivos;

  • Asegurar un manejo robusto y confiable de contraseñas;

  • Mantener el “Firewall” activado;

  • Realizar compras únicamente en sitios confiables;

  • Crear copias de seguridad (back-up) para recuperar información sensitiva en caso de robo, daño o secuestro del dispositivo (ransomware);

  • Cerrar sesión, especialmente en sitios públicos.

La lucha contra la piratería requiere un enfoque integral que combine la acción gubernamental, la educación pública y la participación del sector privado.

Es esencial fomentar una cultura de respeto por la propiedad intelectual a través de campañas de concientización que expongan los impactos negativos de la piratería, como su conexión con el crimen organizado y los riesgos para la salud y la seguridad.

Desafortunadamente, la desigualdad social y los medios de comunicación, con estereotipos fuera del alcance de mucha gente, favorece la piratería y el comercio en el mercado negro.

Se dice que cuando algo se necesita o se desea, pero no se tiene, se hace todo lo posible por conseguirlo; de ahí el crecimiento de la piratería y el comercio ilegal ambulante y “en línea”.

A principios del mes de mayo se publicaron noticias acerca de la fabricación pirata de una bebida embotellada, encontrándose y decomisándose cientos de cajas en el oriente de la Ciudad de México.

Pocos días después la Comisión Federal para la Protección contra Riesgos Sanitarios (Cofepris) alertó a la población sobre la detección en el mercado de tabletas efervescentes del tipo antiácido falsificadas. Entonces…

Es necesario generar una cultura antipiratería, con campañas de concientización en medios de comunicación con un tono fuerte que muestre lo que hay detrás de este acto, sus consecuencias y soluciones.

El tono elevado es para generar conciencia acerca de cómo el crimen organizado se ve beneficiado con la piratería. El solo presentar una línea de comunicación en la que se vean afectados mexicanos o empresas mexicanas por culpa de este mercado ilegal no causa el mismo efecto a que se expongan y evidencien temas que afectan la integridad de las personas.

Con esta acción, seguramente evitaríamos comprar en el mercado negro el medicamento falsificado a un “comerciante” que ha vendido por años las medicinas que en nada ayudaron a la cura de nuestros padres, y que tristemente hoy se encuentran sin esperanzas, consumidos por una enfermedad ya irreversible.

Con la rápida evolución de la tecnología,  trabajar en la creación y desarrollo de herramientas tecnológicas para distinguir productos piratas.

Impulsar que las empresas busquen fabricar productos de calidad aceptable a precios accesibles para las diferentes economías existentes, por ejemplo reemplazando empaques sofisticados por materiales reciclables y de bajo costo.

Promover un trabajo en equipo entre Gobierno y sociedad que no solo se enfoque en concientizar a la gente, sino que además se sienta el respaldo de las autoridades para contrarrestar este problema mediante el cumplimiento de la Ley, la imposición de penas y castigos más severos.

Además, impulsar que el combate al contrabando y la piratería sea un punto clave en los programas de trabajo presentados durante las campañas electorales,  comprometiéndose a mejorar la efectividad en el sistema de aduanas, a erradicar el comercio ilegal en las calles y a promover incentivos fiscales y económicos a los fabricantes, distribuidores y comercializadores de productos legítimos que generan empleos dignos a la población.

Manual de Seguridad - Emblema

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