Ingeniero Mecánico y Eléctrico, Universidad Iberoamericana, México. Postgraduado en Seguridad Publica, Universidad Iberoamericana y Secretaría de Gobernación, México. Especialidad en Tecnología de Materiales, USA. Profesional Certificado en Protección, CPP, ASIS International. Oficial Certificado en Protección, CPO, IFPO Canadá. Especialista en Protección Ejecutiva EPS, USA.
Invitado al programa de Antiterrorismo y Seguridad Internacional del Departamento de Estado de los Estados Unidos de Norte América. Se ha desempeñado, durante dos décadas, como Profesor Titular en Manejo de Crisis, en el Programa de Postgrado en Dirección de Seguridad de la Universidad Pontificia Comillas de Madrid, España.
Exdirector de Seguridad y Protección de Citibank en Latinoamérica y Grupo Banamex. Ha colaborado en México con el Estado Mayor Presidencial, Policía Federal de Caminos, Procuraduría General de la República (PGR), Procuraduría General de Justicia (PGJ), así como con los Carabineros de Chile, Policía Nacional de Colombia, Policía Nacional de España y con el Buró Federal de Investigaciones (FBI).
Directivo de importantes empresas de servicios de seguridad privada líderes en México. Su experiencia y conocimientos se han centrado en el desarrollo de programas corporativos y de protección personal, entrenamiento, estrategias preventivas y reactivas de combate al secuestro, la extorsión y otros delitos de alto impacto.
Asesor y referente oficial en temas de seguridad internacional y terrorismo para la cadena televisiva CNN. Presidente honorario de la Fundación para la investigación de niños robados, A.C.
El secuestro ha sido un fenómeno antisocial que existe desde tiempos ancestrales.
Consiste en privar ilegalmente de la libertad a una persona y exigir una recompensa a cambio de su liberación o de no hacerle daño. Este fenómeno ha venido evolucionando y perfeccionándose en su metodología a lo largo de los años, siendo uno de los tipos criminales que más se utiliza por los grupos delincuenciales para la obtención de grandes sumas de dinero, ya sea con fines políticos, guerrilleros, terroristas, comerciales, corporativos, familiares, por venganza, personal, o narcos relacionados.
Se estima que en el mundo actualmente el 75% de los secuestros de índole económico ocurren en Latinoamérica, siendo México, Venezuela, Brasil, Colombia y algunos países de Centroamérica, en donde se concentra la mayor cantidad de eventos que van asociados actualmente a altos niveles de violencia ejercida sobre las víctimas.
Desafortunadamente, en la mayoría de los casos, las víctimas son estudiadas con antelación sin que estas se den cuenta, conociendo su perfil de vida, rutinas, niveles de seguridad, niveles de riesgo potenciales para los victimarios, el perfil económico y prospectando cuanto tiempo tardaría su proyecto criminal.
La mayoría de los casos pudieran haberse evitado, a partir de observar adecuadas y efectivas, medidas de prevención por parte de las víctimas.
Es un común denominador en todos los casos de síntomas previos que fueron detectados, pero que desafortunadamente no fueron atendidos previamente por las víctimas, cuando los criminales efectuaban el seguimiento y recolección de información útil para cometer el acto criminal.
Otro factor importante generalmente es la falta de conciencia por parte de las víctimas para integrar un verdadero modelo de prevención en su seguridad personal y el invertir un presupuesto adecuado que mitigara los riesgos potenciales, ya que generalmente se niega la probabilidad de ser víctima.
La mayoría de los casos que ocurren no son denunciados ante las autoridades competentes, por temor a arriesgar la vida de la víctima y complicar el manejo de resolución del evento, así como temer involucrar a autoridades que desconocen como atender estos casos de manera eficaz por no ser de su competencia, o bien, en muchos casos, existir fuga de información y corrupción en la corporación.
Afortunadamente, existen grupos especializados de la autoridad para atender las amenazas de secuestro y el manejo de la crisis, así como la investigación necesaria y la potencial operación táctica para el rescate de la víctima cuando esto es el último recurso disponible, según sea el caso.
El secuestro exprés. Este tipo generalmente lo conocemos en los países latinoamericanos, se confunde con un secuestro extorsivo de largo plazo, cuando en realidad, en la mayoría de los casos, se trata de un asalto con toma de rehén.
Normalmente, a la víctima se le estudia circunstancialmente en el momento y por poco tiempo, pero lo suficiente al estar distraído de su entorno cuando acude a disponer de dinero en cajeros automáticos, al abordar su vehículo en estacionamientos públicos o centros comerciales.
Consiste básicamente en llevar a la víctima cautiva dentro de un vehículo, quitarle sus pertenencias e interrogarlo, para luego exigir el disponer de más dinero en diversos cajeros automáticos de bancos, hasta agotar el límite de disponibilidad que el usuario tiene en sus diversas tarjetas de débito y de crédito en ese día.
Una variante consiste en que al haberse restringido por los bancos emisores de las tarjetas de crédito la disposición diaria de recursos, los criminales retienen a su víctima unas horas más o también obligan a su víctima a ir a su casa o a su oficina y, con engaños y amenazas, obtener más recursos económicos de chequeras o efectivo que esté disponible, así como otros bienes de valor.
Es importante que la víctima evite a toda costa presentar ostentación en bienes como relojes, autos de lujo, traer consigo gran cantidad de tarjetas de crédito o débito y de gran capacidad de compra, así como evitar, cuando otras personas estén cercanas a él, al utilizar un cajero automático, y tener a la vista saldos importantes en las cuentas bancarias que puedan ser accedidas en caso de un amago criminal.
Será verdaderamente útil el evitar horarios nocturnos, al igual que asistir a lugares poco iluminados y solitarios. También permanecer dentro de un vehículo esperando en la calle cuando se acude a casa de algún conocido, convirtiéndonos en “víctimas perfectas” para los criminales.
Existen casos en donde ante un mal manejo de la situación por parte de la víctima o familia, los criminales pueden desesperarse o ver que no avanza la obtención de los recursos esperados y “vendan” a la víctima a otro grupo criminal que pueda tener mejor capacidad logística y la estructura para continuar con la actividad extorsiva sobre la familia por más tiempo.
El secuestro virtual: Consiste en engañar a la víctima a la cual contactan vía telefónica o por algún medio y le hacen creer que se tiene a algún rehén cercano a él en cautiverio cuando en realidad no es así y se trata de un engaño muy bien planeado.
Las víctimas caen en el engaño y generalmente pueden aumentar el riesgo sobre ellas, cuando son obligadas a llevar cantidades de dinero o artículos de valor para ser entregados en algún lugar a los criminales, quienes finalmente pudieran tener acceso físico a una verdadera víctima y después quedarse con el dinero o los bienes que llevaba para solicitar a la familia un verdadero rescate por su liberación.
Este tipo de casos ha tenido diversos tipos en donde engañan también a la víctima quien generalmente está de viaje por trabajo y lejos de su gente de confianza y al contactarla la engañan con diversos mensajes lo que provoca que se cambie de ubicación (habitación de hotel generalmente) y es obligado a no terminar la comunicación con su interlocutor el cual una vez conseguido esto le amenaza indicando tener a algún familiar retenido y por lo que debe “cooperar con ellos” dando información o fotografías que a su vez son enviadas a los familiares para quitarles dinero.
Finalmente, cuando se entregan los recursos y cuando la víctima se contacta con sus familiares, todos se dan cuenta de que han sido engañados y robados en sus bienes.
En muchas ocasiones existen víctimas múltiples que no conocen de esta forma de engaño y que no representan en realidad un riesgo físico de daño sobre de ellos.
La mejor medida de evitar ser víctima será la capacitación adecuada en estos temas preventivos y evitar ser sorprendidos.
El secuestro psicológico: Este consiste en contactar a las potenciales víctimas y amenazarlas con causarles un daño físico en sus propiedades o personas, engañándolas con hacerles daño al no hacerlo a cambio de un pago en especie con joyas o dinero, el cual debe entregársele al criminal en cierto momento y lugar.
La mejor medida para evitar caer en el engaño, será inicialmente en terminar rápidamente la comunicación con los sujetos, evitando provocaciones, amenazas, insultos, retos que pudieran significar el interés de realmente afectar a la víctima y llevar a cabo algún tipo de acción violenta contra la víctima con el apoyo de otro grupo operativo cercano y así demostrar su capacidad y peligrosidad la cual generalmente no existe porque se encuentran en lugares distantes en la mayoría de las ocasiones, y sin una capacidad operativa de daño real.
El autosecuestro: Cuando la víctima, de manera solitaria o en complicidad de otros, finge su secuestro para quitarle dinero a sus familiares o empresa.
Es vital por ello conocer en cada caso las condiciones particulares de la víctima y familia para poder presumir este tipo de casos porque en diversas ocasiones la víctima que se autosecuestra pudiera estar involucrada en deudas de diversa índole como el juego, apuestas, drogas, etc.
El secuestro profesional de largo, plazo o de alto impacto: Este tipo de casos ha ocurrido en la historia sobre víctimas que representan un alto perfil social y económico en su país o ciudad donde viven. Generalmente, son personajes que tienen un verdadero perfil de acceso a bienes económicos. Siendo con ello una verdadera atracción para los criminales.
Generalmente, estos personajes son estudiados y vigilados con mucho tiempo de antelación, en donde detallan todos los elementos que son necesarios observarse para el proyecto criminal.
Hoy en día, con el uso de la tecnología y el acceso a los bancos de información en la web, es más fácil para los criminales obtener datos de calidad e imágenes de las víctimas estudiadas.
Generalmente, estos casos de secuestro tienen una gran sofisticación en el ataque para tomar control de manera contundente y violenta de la víctima, inutilizando las medidas de seguridad y protección con que cuentan.
Por lo general son casos de gran cuantía y en divisas como dólares y criptomonedas lo cual habla de grupos criminales con una gran infraestructura para la planeación, ejecución, negociación, recolección de recursos y vinculación en muchos casos con autoridades corruptas que les protegen y apoyan o bien también con grupos subversivos o guerrilleros.
Para este tipo de casos se debe estar preparado para negociaciones complejas, teniendo diversos y muy sofisticados medios de contacto que en ocasiones pueden durar largos periodos de tiempo, desesperando y angustiando a las familias y corporaciones, así como a las víctimas retenidas en cautiverio.
Debe ser atendido por personal especializado para la negociación y manejo de la crisis, en estrecha colaboración con las autoridades responsables del país o ciudad en donde se trate el evento, para llevar a cabo las diligencias investigativas y operativas necesarias.
Casos profesionales de corto y mediano plazo: Este tipo de casos generalmente son provocados por criminales comunes y grupos organizados que con el tiempo han aprendido a manejar de manera empresarial la operación de captura y negociación, además de aumentar el nivel de violencia (mutilaciones, golpes, privación de alimentos, videos y fotografías enviadas a la familia) sobre sus víctimas para con ello, lograr apresurar la negociación con las familias y obtener los beneficios económicos que pretenden.
Este tipo de grupos han cambiado el perfil de operación sobre una sola víctima y que tradicionalmente se tenía para así poder atender a múltiples víctimas y familias simultáneamente, con lo cual los montos requeridos son menores a los de grandes personajes con alto nivel económico y con mayores medidas de seguridad personal.
Con ello al atentar contra blancos de menor perfil logran obtener más fácilmente los recursos cuando las víctimas y familias generalmente no cuentan con protección ni planes para atención de la crisis que se desarrolla, con lo que los criminales dispersan su riesgo, además de así poder seguir operando impunemente al no ser denunciados comúnmente, afectando a otras personas.
Hoy en día, el secuestro sigue representando un delito que permite obtener grandes sumas de dinero en sus diferentes variantes versus otros delitos que representan un menor ingreso al criminal contra el riesgo e inversión que estos representan.
Normalmente, el ciudadano común no observa las mínimas medidas de prevención en su persona y familia. Son personas que no están alertas de su entorno cuando están fuera de los lugares en donde podrían contar con medidas de seguridad física y control de acceso.
Representan blancos potenciales los que dan una apariencia de acceso a recursos económicos dado el tipo de vehículo, vestimenta y joyas que porta. Su manera de comportarse en los lugares públicos al estar en condiciones vulnerables y de poco riesgo para los criminales.
Es vital capacitarse en las técnicas que los delincuentes tienen para seleccionar a su víctima, seguirla y observarla para después afectarla.
El momento más vulnerable para los delincuentes será cuando están en esa etapa de obtención física de datos, rutinas y rutas de sus potenciales víctimas.
La mejor recomendación será siempre estar preparado preventivamente, presentar un bajo perfil, además de ser impredecible en su agenda y movimientos, cuidando la información para ello.
Principalmente, los criminales utilizan la emboscada sobre su víctima, mediante un ataque sorpresivo que es contundente y generalmente violento, cuando ésta se encuentra en un trayecto entre su casa y oficina, o bien lugares rutinarios de visitar.
La víctima generalmente define su ruta y el criminal analiza el cuándo será el momento más propicio para lograr sorprender a la víctima y que tenga las mínimas oportunidades de escapar dadas las condiciones del trayecto.
El permanecer atento de seguimiento, estar capacitado previo al ataque y el dirigirse a un punto seguro será clave para evitar ser víctima.
Por incursión será cuando la víctima es “complicada” para llevar a cabo una emboscada en ruta y los criminales conocedores que la víctima puede presentar mayor facilidad y menor riesgo al estar en un cierto recinto de manera localizable, deciden incursionar al domicilio u oficina mediante engaños o bien por la fuerza de manera sorpresiva extrayendo a su víctima.
Las medidas de seguridad física como cámaras de CCTV, video porteros, esclusas peatonales o vehiculares, aunado a una revisión de la seguridad física del recinto, son importantes para evitar ser sorprendidos.
La definición de procesos para apertura de puertas, acreditación y validación de las personas, además de una adecuada capacitación para contestar llamadas telefónicas que pudieran ser sospechosas y que se deben reportar, es también importante.
Por último, el engaño cuando la víctima a ser secuestrada es engañada y se le requiere sacar del lugar adonde se encuentra resguardada abandonando las medidas de protección que tanto en ruta, casa u oficina tiene y así mediante el engaño logran llevarlo a algún lugar en donde puede ser sorprendido y sometido para ser privado de su libertad conduciéndolo a un sitio de control para los delincuentes y ahí iniciar el proceso extorsivo sobre la familia.
Se debe estar atento a síntomas de vigilancia en todos los casos, como son vehículos descompuestos, con personas que aparentan estar atendiendo el evento cercano a los recintos de las potenciales víctimas y que salen de lo común para resolverlo.
Fotografías y videos que se obtienen, por otros, de las casas u oficinas. Personas que en la cercanía son abordados para cuestionarlos por la rutina de la potencial víctima.
La contra vigilancia por parte de la víctima y las acciones de demostración de haber descubierto al vigilante son claves para llamar a la policía, sacar fotografías o video de ellos y que estos se den por descubiertos, ayudan para cancelar el posible operativo de captura posterior.
Primeramente, debemos entender que para poder reducir la probabilidad de ser víctima de un secuestro debemos aceptar que el fenómeno existe y es real en nuestra sociedad.
Con ello y sin que se deba entrar en paranoias o miedo, se debe proceder con inteligencia y sensatez. Se debe obtener valiosa información en múltiples planos, como lo es el conocimiento objetivo de lo que está aconteciendo en el país, en el estado o en la provincia en donde se vive o trabaja.
Esta información debe ser obtenida de fuentes fiables y serias que permitan ilustrar la tendencia delictiva, el perfil de los grupos criminales, así como el perfil de las víctimas y sus casos en general para analizar que falló y como es el estatus de siniestralidad local.
Una vez conocida esta información se recomienda siempre llevar a cabo un análisis de riesgos de la persona, de la familia y de su contexto de vida. Esto implica conocer con seriedad sobre el perfil público que presenta, el giro de negocio o trabajo que tiene y como impacta esto en el atractivo que el grupo criminal pueda percibir como atractivo de acceso a recursos por parte de la familia o empresa.
Se debe analizar las medidas de prevención y operación de seguridad con que se cuenta para poder así determinar potenciales vulnerabilidades en su residencia, en su trabajo y sus trayectos.
Deberá contarse con un programa de sensibilización y educación sobre este proceso de revisión de manera que no genere inquietudes malentendidas por la familia o colaboradores y, al contrario, invitarles a ser conscientes de la proactividad que debe observarse en la implementación de mejoras para así elevar la dificultad y riesgo que el plan resultará para el grupo criminal al prospectar a la víctima potencial.
Se debe contar con un programa especializado para cada uno de los temas que requieran para poder revisar y adaptar a seguir hábitos de conducta más segura, que contemplen la adecuada contra vigilancia por todos los actores y las acciones a seguir cuando síntomas de peligro se visualicen.
Se deberá también contar con un plan de crisis para conocer cómo proceder, ya sea como víctima o como familia, en caso de que las medidas de prevención y seguridad fallen. Esto redundará en aumentar las probabilidades de éxito en la solución del caso.
Es vital saber cómo implementar en cada lugar y cada momento el uso de la tecnología para fortalecer los procesos y medidas de seguridad en casa, oficina y trayectos.
La selección adecuada de estas medidas deberá estar ponderadas con base al análisis de riesgos que se practique. La tecnología puede ayudar a contar con sistemas que de manera automática detecten, disuadan o respondan ante eventualidades que nos afecten.
Los sistemas de alarma, CCTV, GPS, sistemas de comunicación, autos blindados, etc. deberán ser seleccionados con base a su fiabilidad, la oportunidad de que se puedan vincular adecuadamente y se configuren conforme a las necesidades de nuestras vidas diarias.
La tecnología sí ayuda, pero no será la solución si no se escoge, implementa y opera de manera adecuada, vinculándola con el factor humano capacitado que debe trabajar de manera armónica.
Primeramente, deberán tener calma y usar la razón para saber que es un tema de gran complejidad y que requiere la asesoría por personal especializado quienes los guiarán paso a paso.
Se sugiere acudir con el especialista quien evaluará el caso, conociendo los detalles que al momento se conozcan y con ello podrá dar una opinión objetiva para definir el tipo de caso y grupo criminal al cual se están enfrentando.
La misión del Consultor especialista en Manejo de Crisis es:
Objetivos que observar dentro de una gestión de crisis. ¿Por qué es importantísimo tener esto en cuenta tanto por la familia-empresa como del conocimiento previo por parte de la víctima? Durante un diálogo de negociación, para lograr el rescate del secuestrado, siempre se estipulan estos objetivos generales y en este orden de prioridad:
Sin querer dar un tratado completo de negociación en este documento, si consideramos importante saber qué hacer ante un primer contacto por parte del grupo criminal para el que recibe la llamada o comunicación inicial, “qué Sí se debe hacer”:
Ante el primer contacto “qué NO hacer”:
Inmediatamente después del contacto, debe buscarse a quien más confianza le tengan y también acceder a quienes tengan la capacidad como asesores en el tema, o bien, autoridades competentes en la zona los cuales buscaran que la unidad de atención al secuestro, tome conocimiento y despliegue legalmente su ayuda en la gestión de las negociaciones, las investigaciones que la autoridad puede y debe hacer, y prepararse ante los escenarios potenciales que puedan requerir una operación.
Como ya se ha discutido anteriormente, es indispensable ser conscientes del entorno en que hacemos nuestras vidas, ya sea de manera habitual o de manera circunstancial, debido a un viaje a otros lugares en donde los niveles de riesgo pueden ser distintos.
Con ello es vital conocer información objetiva sobre los tipos de amenazas existentes en la localidad y adaptar nuestro modelo de protección personal basado en una pregunta fundamental: ¿es necesario ser visible y evidente en mi entorno como lo es un artista, un hombre famoso o un político?
Si la respuesta es sí, el modelo será diferente al que no requiere ser visible y prefiere la discreción, además de volverse impredecible en sus rutinas. Las víctimas potenciales deben allegarse el apoyo de una consulta experta que ayude a adaptar e implementar las medidas que mitiguen el riesgo.
Debe independientemente del caso mantenerse alerta en su entorno, sabiendo que los hábitos de conducta segura basados en el conocimiento, el plan de seguridad y los elementos técnicos que están desplegados para ello deben trabajar de una manera adecuada en cada uno de los procesos al abrir una puerta, al salir a la calle, al escoger el lugar para estacionar un vehículo, los horarios y rutas a seguir, etc.
La seguridad de la información es vital, toda vez que esta es vital para la planeación y acción criminal. Por ello, el ser cautos con la información que se divulga de manera abierta verbalmente en restaurantes, ante choferes y personas que pudieran fugar esta información de manera dolosa o no a gente inapropiada constituye una prioridad.
El cuidado de agendas personales y la información personal debe siempre estar manejada con otras personas bajo el principio de “need to know” o “¿para qué debería saber esta información esta otra persona?”.
Son muchos los esfuerzos que los países han hecho para combatir el flagelo del secuestro en sus territorios, algunos con buenos resultados y otros nada efectivos.
Sin embargo, y ante condiciones socioeconómicas de agravio en muchos de esos países, la incompetencia del Estado y sus fuerzas del orden para combatir a la delincuencia efectivamente mediante el uso de inteligencia, tecnología, voluntad real de bajar la impunidad, la corrupción que en muchos casos existe protegiendo bandas criminales, permite que los criminales vayan migrando en sus delitos y entrando a la modalidad de secuestrar personas dada la gran facilidad que existe para seleccionar, atacar y recolectar buenas cantidades de dinero, sobre todo ante una sociedad que desconfía de denunciar los hechos ante la autoridad, además de querer manejar la resolución del caso por ellos mismos o sus familiares.
Es un delito que ha sido combatido con eficacia cuando la sociedad harta del crimen, se une en todas sus esferas de convivencia. Cuando existe la oportunidad de sentarse a la mesa con los diversos representantes y se manifiesta la voluntad de hacer frente a este flagelo que merma la percepción de tranquilidad para todos.
Debe convocarse a que la sociedad confíe y reporte situaciones extrañas que observen en sujetos o lugares adonde posiblemente se está manteniendo a un cautivo. Se debe actuar por parte de la autoridad con inteligencia, investigando y operando la verificación de datos y cateos que dan pauta a detener bandas que tienen armas, drogas o elementos fuera de la ley.
Se deben fortalecer los esfuerzos para revisar y en su caso promulgar leyes más severas para quien prive ilegalmente de la libertad a otros, pero, sobre todo, deben fortalecerse las unidades de combate al secuestro que con el apoyo interinstitucional operen con autonomía presentando a delincuentes ante la ley y rescatando a víctimas que se encuentran desamparadas en lugares ocultos.
El Estado debe mostrar un mensaje de resultados, de no corrupción, que inspire a confiar en que esa denuncia que se hace en verdad es atendida y da resultados bajando la impunidad.
Es vital confiar en las autoridades de nuestros países. En que son personas como nosotros que desde el Estado tienen la responsabilidad de actuar ante este lamentable fenómeno, previniéndolo, pero también combatiéndolo de manera profesional y responsable.
Esto implica la observancia de la ley que deberá proteger a las víctimas y brindarles apoyo mediante la legislación adecuada, las unidades técnicas, pero sobre todo entiendan su papel como seres humanos que deben ser sensibles para brindar una mano solidaria al ciudadano que está ante una desgracia en su familia.
La familia debe confiar en dejarse asesorar por los especialistas que tienen la experiencia y los datos técnicos necesarios para ayudar en los casos.
La cooperación internacional entre instituciones es indispensable para compartir información, modus operandi que hoy en día los criminales se comparten mediante la facilidad de la comunicación que la modernidad nos ofrece a todos.
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