Redes sociales y violencia

Reducir y prevenir la violencia en redes sociales

OPINIÓN DE ACADEMIA

Marimar Argüelles

“Las redes sociales se han llenado de denuncias y testimonios de niños y jóvenes acosados a lo largo y ancho del país.”

Marimar Argüelles

 

Coordinadora del Laboratorio de Odio y Concordia del Seminario de Violencia y Paz de El Colegio de México.

Mediadora de lectura e internacionalista diplomada en Seguridad Nacional con maestría en Apreciación Literaria.

Estudia un Doctorado en Investigación de la Novela.

Es docente en diversos proyectos sobre formación de lectores e investigadora en ciencias sociales.

Maestra de literatura, docente del programa Islas de lectura de la UNAM.

A mediados de marzo de 2023, las redes sociales viralizaron un video de lo que, en un principio, se pensó que era un pleito entre dos estudiantes de secundaria. En las imágenes se aprecia cómo una de ellas golpea una y otra vez con una piedra en la cabeza a la otra mientras la arrastra por los cabellos.

Hoy sabemos que se trató de violencia concertada, y que la joven, Norma Lizbeth, fue citada en el lugar donde la esperaba la agresora, así como un grupo de compañeros, entre quienes se encontraba quien grabó el video. En este, se escuchan risas juveniles azuzando la pelea con gritos como “dale uno en la cara”, “dale, dale”, “que aprenda”.

Otro video revela que la joven recibió ayuda de algunos vecinos que llamaron una ambulancia. Los paramédicos atendieron a la joven, particularmente por la nariz rota. Sin mayores consecuencias, las alumnas fueron suspendidas del plantel escolar durante un mes; y la directora medió para que los gastos derivados de la atención médica se repartieran entre los familiares de las dos.

Sin embargo, unos días después Norma Lizbeth tuvo un malestar que le provocó un desmayo. Fue llevada al hospital, pero murió durante el traslado a consecuencia de un traumatismo craneoencefálico derivado de la golpiza.

El hecho ha dado pie a que los medios de comunicación presten atención y denuncien otros casos similares. En breve, las redes sociales se han llenado de denuncias y testimonios de niños y jóvenes acosados a lo largo y ancho del país.

Sin embargo, una búsqueda superficial en internet nos revela que ni el fenómeno es nuevo ni la indignación que genera. Tampoco, que las redes sociales están llenas de videos de adolescentes violentados por sus pares y que como sociedad llevamos décadas ignorando la violencia escolar y las consecuencias, en este caso mortales, pero en cientos de casos psicológicos a la que se enfrentan millones de estudiantes.

Con el clima de violencia que impera en nuestro país y la normalización de esta, no es de extrañar que, de acuerdo con datos de la OCDE, México ocupe el puesto número uno en el mundo en casos de acoso escolar; y aunque no se trata de un fenómeno nuevo, el uso de las redes sociales ha configurado un tipo de acoso (que tampoco es novedad) conocido como ciberacoso o ciberbullying.

El acoso escolar, conocido también como bullying, se refiere a la situación en la que un niño o joven es intimidado por sus pares de manera continua. Para identificarlo como tal es necesario considerar algunos elementos mínimos, como la intencionalidad del agresor, el ataque sistemático y la asimetría en la relación entre pares.

El ciberacoso implica el uso de la tecnología por parte del agresor, mismo que puede ser una extensión de la violencia “presencial” o “en el espacio físico”, o bien independiente de ella; es decir, la víctima no tiene contacto físico con el acosador y el abuso se presenta exclusivamente a través del uso de la tecnología.

Pongámoslo en perspectiva. Según datos de UNICEF, en México entre el 80 y el 94% de los adolescentes de 12 a 17 años usa internet[1] (y con ello, alguna plataforma de redes sociales). Se trata de una generación para la que dicha forma de interacción siempre ha existido, lo que los jóvenes experimentan “en línea” no se distingue con facilidad de lo que experimentan fuera del mundo virtual y lo que viven en este espacio los acompaña en todo momento.

De modo que un adolescente que es violentado, grabado y subido a la red no tiene vía de escape a la angustia y la presión a la que es expuesto; por no mencionar que la reproducción ad nauseam de las imágenes por medios informativos y redes sociales abiertas o cerradas los revictimiza.

El fenómeno se torna más preocupante si consideramos que, de acuerdo con la ONG Bullying sin Fronteras, en el 2021 siete de cada diez estudiantes mexicanos sufrieron algún tipo de acoso entre pares y según datos del INEGI, entre 2017 y 2019 el ciberacoso se incrementó en un 32% entre jóvenes de 12 a 17 años[2].

De estas cifras podemos colegir que si bien el acoso escolar siempre ha existido (aunque se haya invisibilizado e incluso tolerado), el espacio virtual ha facilitado su crecimiento exponencial.

Al margen de estas manifestaciones específicas de la violencia y sus implicaciones, analicemos por un momento el alcance de estas formas de intercomunicación.

La transformación que trajo la tecnología ha brindado nuevas formas de interacción social y ha convertido a los jóvenes en los usuarios por excelencia de las redes sociales. Estos espacios diversifican la experiencia personal, grupal y social.

En regímenes autoritarios son una forma de denuncia anónima contra la opresión. La velocidad con la que se difunden los contenidos despierta la indignación, acción y presión en tiempo real de los internautas; pero son también un canal abierto a los discursos de odio y a la despersonalización.

Como ya se ha señalado, el fenómeno que estamos analizando es una especie de “vino viejo en odres nuevos”. A principios del siglo XX Gustave Le Bon se hizo célebre a partir de su libro Psicología de masas. De acuerdo con sus postulados, los seres humanos actúan en masa de maneras en las que no estarían dispuestos a actuar por sí solos. Para este autor, el anonimato que otorga la masa diluye la responsabilidad individual.

Si trasladamos esta premisa al mundo virtual, podríamos decir que el anonimato que ofrecen las redes alienta formas de expresión que de otra forma serían censuradas. Al respecto Olga Jubani y Malin Roiha señalan en un extenso estudio sobre el odio en las redes sociales en Europa que “El espacio web produce una despersonalización ‘ilusoria’ de la realidad; sin embargo, precisamente debido a este efecto, la mayoría de los perpetradores de odio se limitan a un ‘activismo virtual’ (keyboard activism) y no se involucran en acciones y relaciones sociales” (Jubany, et. al. 2018, Pp. 19).

Pero, si bien el mismo estudio señala que no todos los consumidores y/o instigadores del odio (y violencia) son autores de algún delito, la mayor parte de los perpetradores son consumidores de dichos discursos.


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Citas:

[1] https://www.unicef.org/mexico/mantener-seguros-niñas-niños-y-adolescentes-en-internet

[2] Daniel Alonso Viña. Recuperado en el diario El País (https://elpais.com/mexico/2023-03-17/muere-una-nina-en-un-colegio-de-teotihuacan-tras-ser-golpeada-por-una-companera-de-clase.html)

En un ambiente digital se conoce como cámara de eco al «alarmante fenómeno en el cual las creencias se amplifican o refuerzan por la repetición de la comunicación dentro de un sistema cerrado y aislado de cualquier replicación» (Morini, et. al., 2021 pp. 11).[3]

En el marco de esta definición, Khatarina Kleinen advierte que las redes sociales potencian el surgimiento de cámaras de eco y que estas tienen un efecto en la conformación de una identidad. Al respecto, señala que cuando un usuario consume, por ejemplo, noticias en un portal: «quiere saber qué está pasando en el mundo. Pero cuando utiliza las redes sociales, quiere saber qué está pasando en su mundo» (Kuhla, 2022, Pp. 61).

Este sistema cerrado de retroalimentación genera una consonancia cognoscitiva que convence al usuario de que su mundo es el único que existe y en donde todo aquello que se asemeja a sus creencias es verdad y todo aquello que se aleja de ellas es falso.

El peligro estriba en que los usuarios se aíslan en sus propias ideas y opiniones sin abrirse a otras visiones del mundo que les permitan ampliar su horizonte y desarrollar un sentido de respeto por la otredad. En consecuencia, la falta de exposición a puntos de vista alternativos al propio tiende a aumentar la polarización y a radicalizar las posturas de los internautas que pocas veces se ven expuestos al debate de sus ideas y perspectivas.

Otro concepto clave en el ámbito tecnológico es la programación algorítmica. Un algoritmo es una secuencia de instrucciones lógico-matemáticas que permite a la inteligencia artificial el procesamiento masivo de datos y el aprendizaje que proviene de ellos. En el caso de las búsquedas en internet y el uso de las redes sociales, posibilita ofrecer al usuario información y contenidos basados en sus intereses.

De nuevo, esta cuestión cobra una nueva magnitud si consideramos que el algoritmo de cada usuario, que configura sus recomendaciones y, por tanto, sus consumos, está determinado por sus búsquedas y «vistas» previas.

Un usuario que busca y accede a contenidos violentos “entrena” su algoritmo en este tipo de consumos, de manera que recibirá una oferta constante de narrativas relacionadas con la violencia.

De tal manera que mientras usamos las redes sociales vemos el mundo con las anteojeras de nuestros prejuicios y, por qué no, también de nuestras violencias.

Por otro lado, la aparente inocencia de quienes comparten, difunden o “likean” contenidos violentos o discursos de odio en las redes, además de vulnerar derechos fundamentales amparados en una distorsionada interpretación de la libertad de expresión, pierden de vista la «permanencia y durabilidad del contenido que se publica» (Jubany, et. al. 2018 Pp. 18) y que conduce a la revictimización de los grupos o individuos, blanco de ataques.

Se trata, sin duda, de un debate abierto. Los defensores de la libertad de expresión señalan que la eliminación de contenidos puede limitar el derecho a la información y bajo ciertas circunstancias, manipular los hechos y promover la censura


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Citas:

[3] Virginia Morini, Laura Pollacci y Giulio Rossetti, “Toward a Standard Approach for Echo Chamber Detection: Reddit Case Study”, Applied Science, 2021 (11), p. 1.

Violencia y agresión son dos términos que suelen usarse como sinónimos, sin embargo, tienen diferencias importantes.

La Organización Mundial de la Salud define la violencia como “el uso deliberado de la fuerza física o el poder ya sea en grado de amenaza o efectivo, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones”[4].

Asimismo, podemos conceptualizarla como la forma de ejercicio del poder basada en métodos coercitivos.

Se distingue de la agresión en que esta es espontánea y de alto contenido emocional, mientras que la violencia se planea e institucionaliza y aunque es concepto tradicionalmente ligado al poder, se distingue por su “carácter instrumental”; “La violencia, siendo instrumental por naturaleza, es racional en la medida en que resulte efectiva para alcanzar el fin que debe justificarla. Pero como cuando actuamos, nunca conocemos con certeza las consecuencias eventuales de lo que hacemos. La violencia sólo puede ser racional si persigue fines de corto plazo” (Arendt, 2018. Pp. 79).

Sin duda habrá a quien le parezca exagerado usar esta definición para señalar el acoso escolar. Esto, en alguna medida, ha contribuido a invisibilizar el fenómeno y minimizar sus consecuencias. Sin embargo, si como señala H. Arendt, la violencia es una acción cuya finalidad es imponer el poder mediante el uso de la fuerza o la amenaza de su uso, en el caso del bullying el acosador busca imponer su poder utilizando la violencia para lograrlo.

En una sociedad con una violencia tan acendrada, se debe considerar que este fenómeno y su derivación cibernética no surgen “en el vacío”, ambos forman parte de una estructura social que perpetua la violencia sistemáticamente como recurso y cuya normalización permite su escalamiento.

Otro aspecto intrínsecamente ligado a la violencia en las sociedades contemporáneas y su manifestación en redes sociales es el resurgimiento de los discursos de odio.

La organización Derechos Digitales América Latina señala que para llegar a una definición con perspectiva legal, es necesario tomar en consideración dos elementos clave: en primer lugar, la incitación al daño en cualquiera de sus formas —violencia, hostilidad o discriminación—; y, en segundo lugar, la inclusión de las víctimas de determinados grupos sociales o demográficos cuya situación de vulnerabilidad vuelva necesaria una protección adicional.[5]

Hoy sabemos, por el testimonio de familiares y amigos que Norma Lizbeth había sido hostigada psicológica y verbalmente con anterioridad (su madre señala que era violentada por su color de piel), que había manifestado conductas propias de quien es acosado, que había dado cuenta a las autoridades escolares de la situación y que el caso fue minimizado.


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Citas:


[4] https://www.paho.org/es/temas/prevencion-violencia

[5] Derechos Digitales América Latina, “Discurso de odio en América Latina”, febrero 2020, https://www.derechosdigitales.org/wp-content/uploads/discurso-de-odio-latam.pdf, consultado el 15 de julio de 2021, p. 5.

Luego de un amplio debate, que inicio durante el período de transición administrativa, una vez declarado Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en las postrimerías del mismo, anunció la creación de la Guardia Nacional, como la principal pieza de su futura política en Seguridad Pública. Se desarrolló un comprensible e intenso debate respecto de la naturaleza, oportunidad,  misiones y capacidades de dicha institución.

Su pase de entrada de revista, fue el 30 de junio de 2019, en el Campo Marte de la Ciudad de México. De entonces a la fecha (fines de enero de 2023) las expectativas a propósito de sus capacidades para devolver la Seguridad Pública y la plena aplicación de las leyes en todo el país, han ido en aumento. No obstante, se requieren de medidas tan importantes como su misma creación. Destacan cuatro.

La primera es una revisión crítica del Sistema Penal Acusatorio. Con el paso del tiempo, ha evidenciado serias anomalías, disfunciones (propias de la imposición de la Iniciativa Mérida) y sobre todo, no ha resultado un instrumento legal eficaz para lo cual estaba diseñado: prevenir el abuso en los Derechos Humanos y garantizar una pronta expedición de justicia ante la comisión, persecución y sentencia de los delitos.

La segunda medida, es el pleno e indubitable compromiso de los Poderes Legislativo y Judicial, que va de la asignación y vigilancia adecuadas respecto de los presupuestos asignados a las políticas locales (sobre todo municipales) y de la agilización en cuanto a la preservación de la paz social, alterada por la actividad criminal.

Las otras dos medidas son, desde luego y en consecuencia de la anterior, la creación o fortalecimiento, depende del caso, de las policías municipales. Las medidas no se limitan a mejores salarios y armamento. Tienen que ver con la creación de instituciones que impliquen un estilo de vida, que en esencia representen lo que se conoce en teoría de la organización como una corporación, en mejor sentido del término. Becas para los hijos e hijas, seguro de vida, préstamos hipotecarios y sobre todo, la formación de una identidad basada en valores guiados por el de servicio a la comunidad.

La cuarta medida es una revisión sustancial y, por tanto, depuración de las condiciones de cómo mal funcionan, la mayor parte de los Centros de Readaptación Social estatales y federales. El control de los primeros por cabecillas y organizaciones criminales para que desde su interior se comentan delitos, es una muy lamentable y extendida práctica.

Las funciones de readaptación y de reinserción sociales, no se cumplen en la enorme mayoría de los casos. Se carece de una base de datos que van del perfil social y económico, al psicológico. Ante esas carencias, es muy difícil crear, de forma adecuada, programas que desmotiven la reincidencia.

Con esas y otras medidas, la Guardia Nacional podrá contar con el respaldo del conjunto del sistema político y judicial, para el logro de sus objetivos. Que sin dicho respaldo/apoyo, pasará más tiempo y los costos sociales –sobre todo, aumentarán.



Bibliografía

  • Arendt, H., (2018) Sobre la violencia. Alianza Editorial. Madrid.

  • Bernal, T., et. al. (2022) Derecho al olvido en México. Recuperado el 10 de marzo de 2023 en: https://www.revistaabogacia.com/derecho-al-olvido-en-mexico/

  • Discurso de odio en América Latina. Derechos Digitales América Latina, febrero 2020, Recuperado el 15 de julio de 2021 en: https://www.derechosdigitales.org/wp-content/uploads/discurso-de-odio-latam.pdf,

  • Jubany, et. al., (2018) Las palabras son armas. Discurso de odio en la red. Universidad de Barcelona. Barcelona.

  • Kuhla, K., (2022) Fake News. Ediciones Castillo. CDMX

  • Mantener seguros a niños, niñas y adolescentes en internet. Recuperado el 15 de marzo de 2023 en: https://www.unicef.org/mexico/mantener-seguros-niñas-niños-y-adolescentes-en-internet

  • Morini, V., et. al. (2021) Toward a Standard Approach for Echo Chamber Detection: Reddit Case Study, Applied Science.

  • Prevención de la violencia. Recuperado el 21 de marzo de 2023 en: https://www.paho.org/es/temas/prevencion-violencia

  • Viña, D. (2023) Muere una niña en un colegio de Teotihuacán. Recuperado el 17 de marzo de 2023 en: https://elpais.com/mexico/2023-03-17/muere-una-nina-en-un-colegio-de-teotihuacan-tras-ser-golpeada-por-una-companera-de-clase.html
Manual de Seguridad - Emblema

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