“Se debe considerar que la pérdida en la calidad de vida y de condiciones generales de Seguridad Pública, se dieron de forma gradual.”
Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Maestría en Estudios Latinoamericanos, UNAM. Estudios en Sociología del Derecho, Universitá degli Studi di Lecce, Italia. Doctorado en Ciencia Política, UNAM. Posdoctorado en Ciencias Políticas y Relaciones Internacionales, Instituto de Estudios Políticos de París, Francia. (Sciences Po).
Profesor Invitado (Visiting Fellow), The London School of Economics and Political Science. Presidente del Patronato Universitario, Universidad Autónoma del Estado de Morelos. Profesor y conferenciante, Colegio de Defensa Nacional de la Secretaría de la Defensa y el Centro de Estudios Navales de la Secretaría de la Marina Armada de México.
Ha impartido clases de Ciencia Política: Teoría Social, Movimientos Sociales y Actores Políticos a nivel licenciatura y seminarios de investigación sobre Defensa, Seguridad e Inteligencia a nivel posgrado.
Actualmente se desempeña como Coordinador de Diplomado en Defensa y Seguridad Nacionales y como Profesor Titular de Tiempo Completo en la UNAM.
Considerando “lo estructural” como aquello que se refiere e incluye a los aspectos físicos (geografía), históricos, culturales, antropológicos, jurídicos y sociales, es la evidencia en cuanto a la creación y desarrollo de las instituciones que están o se encuentran en consonancia con la naturaleza del Estado. Así, por ejemplo, en Inglaterra, existe, al igual que en Japón, un Ministerio de la Soledad, creados en enero de 2018 y marzo de 2021, atienden de forma recíproca al 11 y 16%, para atender una severa crisis social de desmotivación.
Esos datos son mucho más que anecdóticos, pues en plena era de la hiperconexión, evidencian uno de los males psicológicos más extendidos en las democracias contemporáneas.
Estas referencias son muy ilustrativas de cómo el sistema de administración y gobierno federales, son expresión nítida de las prioridades y agenda a atender en sociedades aquejadas por una determinada problemática.
En este caso, para México, las precarias condiciones de Seguridad Pública de la población, que año con año se agravan (considerando los indicadores gubernamentales al respecto), han propiciado la creación y derogación de leyes (sin olvidar las frecuentes reformas a la Constitución), creación y supresión de estructuras burocráticas, ampliación o cancelación de presupuestos, despido y contratación de miles de empleados y empleadas del sector y así, una larga lista de lo que puede denominarse, como un factor común: improvisación.
Desde 1946, año del inicio del “civilismo”, luego de concluida la Revolución Mexicana, Miguel Alemán Valdés, crea la Dirección Federal de Seguridad (1947). De entonces a la fecha y sin excepción, cada uno de los Presidentes de la República, con clara visión y superior compromiso, incluyendo al actual mandatario, Andrés Manuel López Obrador, han intentado al menos, contener las manifestaciones crecientes tanto de las actividades de la delincuencia común como de la organizada.
Para esto, han debido afectar, de manera jurídica, presupuestal, administrativa, doctrinaria, de capacitación, táctica y operativa, los sectores de Defensa, dimensiones de la Seguridad y de Inteligencia.
Lo anterior conduce, al segundo tema estructural: la Doctrina de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos. El Pacto Federal es la base del funcionamiento del mismo y es mediante la coordinación y la colaboración de los ámbitos de la administración pública, esto es: los Poderes municipal, estatal y federal.
La predominancia y hegemonía del sistema y régimen políticos, anclados en el presidencialismo, han llevado a que en los ámbitos de la Seguridad Pública, se atienda y “resuelva” desde la capital del país. Esto conduce, además de las evidentes tensiones políticas, a una fracasada percepción centralista en la política fiscal y en el ejercicio del gasto.
Por supuesto que hay otras causas estructurales, como las consideraciones respecto de la Geopolítica del país.
Lo que se conoce en como las prácticas sociales, son las bases de una serie sustancial de actividades que permiten comprender, a su vez, cómo funcionan los Sistemas Sociales.
Manifestaciones como la música que exalta la violencia machista, las conductas criminales, que van de homicidio a las faltas de respeto a las leyes y autoridades, sin dejar de lado la apología a la riqueza y bienes mal habidos, pero sobre todo, de escenas explícitas de violencia machista, forman parte de una gradual aceptación en la vida cotidiana de amplios sectores de nuestra sociedad.
Un papel relevante, que forma inexplicable no merece mayor de parte de las autoridades encargadas del asunto, son las series de televisión que cuentan con un amplio auditorio y que ya forman parte de un segmento, como con las narcoseries.
En sus contenidos, como se sabe, el efecto principal sobre las y los espectadores, es despertar una inexplicable actitud de solidaridad o peor aún, de simpatía por el delincuente que a fin de cuentas también es humano. Presentándolos como paladines del reparto de dinero y de favores, enfrentándose a la ley, pues “no les quedaba de otra”, las empresas de medios de comunicación van inoculando, de forma gradual e inexorable, la aceptación de dichas conductas y hábitos antisociales.
Para poder contener, al menos, es necesario desarrollar desde los distintos círculos familiares y de convivencia directa, así como en las escuelas (de cualquier nivel académico y socioeconómico) y sobre todo, a partir en las relaciones vecinales, prácticas que creen ciudadanía.
Aunque a primera vista, se puede leer como un planteamiento utópico o difícil de realizar, hay que considerar que la pérdida en la calidad de vida y de condiciones generales de Seguridad Pública, se dieron precisamente de forma gradual, en tanto la aceptación de las nocivas dinámicas hasta convertirlas en normales.
A ese peligroso ambiente, también se suman las peligrosas formas de alimentación y extendidos hábitos de sedentarismo, con sus muy negativos efectos sobre la salud de millones de jóvenes, niñas y niños.
Tenemos para la sociedad mexicana, en su conjunto, un escenario complejo al que, por si fuera poco, se debe agregar la dudosa calidad de la instrucción básica que ofrece el Estado mexicano y las entidades de la República.
Un primer y esencial paso, es el intenso fomento a la creación de organizaciones sociales de cualquier tipo y causa, orientadas a fomentar la sana convivencia e intercambio de pareceres. Lo mismo, desde sociedades protectoras de animales, qué equipos deportivos, asociaciones de vecinos, de respeto al medio ambiente.
Vivimos una sociedad plena de causas. De acuerdo con datos del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM (2017) ocho de cada diez mexicanas y mexicanos, no participan en ningún tipo de organización.
Lo que hoy es la unidad Geopolítica llamada México, siempre ha jugado un rol preponderante en lo que hace a la defensa o expansión de los intereses de las potencias mundiales y continentales de la época. Desde el proceso mismo de desembarco y conquista, encabezados por Hernán Cortés, pasando por la Nao de China, fuelle determinante en la expansión del comercial mundial (1565-1815).
También la ubicación de nuestro país promovió la redacción del célebre telegrama Zimermann (enero 1917) en que el Kaiser Guillermo II, enviaba al Presidente Venustiano Carranza, para permitir el desembarco de las tropas del Imperio Alemán en los puertos del Golfo de México y que, una vez derrotados los Estados Unidos, a México le serían restituidos los territorios de Arizona, Nuevo México y Texas.
También un análisis detallado del escudo de la Universidad Nacional Autónoma de México, es una evidente representación de que México es el principio o el fin de Latinoamérica respecto de la colindancia con lo que se denomina la América anglosajona (Estados Unidos y Canadá).
Es abundante la ensayística y la investigación histórica respecto de los desafíos que tiene una de las fronteras más complejas a lo largo de los siglos XIX, XX y XXI y aún antes.
Para constatarlo, se encuentra la obra de autores como David Werer y su imprescindible obra para comprender la intrincada relación, La frontera en América del Norte (Fondo de Cultura Económica). Desde aquéllas remotas épocas, la codicia de los habitantes de las colonias inglesas, se fue haciendo patente con el paso de los años (Tratado Onís-Adams, 1808 que contiene la cesión de la Península de Florida).
Pero también por lo que hace a las dinámicas de la Seguridad Internacional, binacional y regional, México es el paso ineludible para llegar a los Estados Unidos; las caravanas que son una reciente expresión de las migraciones forzadas, se han convertido en uno de los temas y puntos de principal controversia entre los gobiernos de Estados Unidos y de nuestro país.
Desde luego que el asunto sustancial en cuanto a las Seguridades Interior y Pública, es la colindancia con el insaciable, creciente y más grande mercado de consumo de todo tipo de drogas. Este millonario mercado de dólares es un principal aliciente, que se ve complementado de manera mortal, por un incesante tráfico de armas de los Estados Unidos a México, para alimentar la creciente ola de violencia de las organizaciones criminales complejas, organizaciones criminales, pandillas, delincuencia organizada y común.
De allí, que cualquier programa, política, estrategia o medidas, sean fronterizas, municipales, estatales o federales, deben partir sin pretexto alguno o argumento ideológico, respecto de la fundamental importancia que tienen las consideraciones objetivas y estructurales de la Geopolítica y las dinámicas entre ambos países.
En resumen, se requiere de una serie de evidentes y fácticas variables para formular una política de fondo y largo alcance.
Política y policía, tienen la misma raíz etimológica: polis (ciudad). Este referente es suficientemente claro, para despejar cualquier duda, a propósito del papel sustancial que desempeña el adecuado funcionamiento de la Seguridad Pública y del primer contacto que tiene la ciudadanía con el Estado: un policía uniformado respecto de la democracia como estilo de vida, tal y como lo consigna la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos.
La presencia de la policía mediante sus integrantes, mujeres y hombres, es un factor clave para la disuasión en la comisión de delitos. Cierto. Pero también y quizá más relevante, es el hecho de que es la misma presencia física, implica y genera confianza de la ciudadanía respecto del sentido de protección personal y patrimonial.
Al recurrir a la policía (en físico, se entiende), es una fehaciente muestra de fortaleza institucional de la misma y al mismo tiempo, de que su intervención para la solución de un conflicto está en proceso.
De allí, que una de las bases para el adecuado funcionamiento de la vida cotidiana (en los términos de Ágnes Heller de su obra clásica, Sociología de la vida cotidiana, ed. Península) se retroalimente a partir de que la policía es garantía de seguridad y libertad de acción.
De esa manera, la democracia, más allá del procedimiento sistemático de la emisión y conteo de los votos, del establecimiento de las instancias de representación, deliberación y decisión, se encuentra la confianza ciudadana para desarrollar sus expectativas, programas y anhelos para lograr una mejor condición de vida y para ello, es indispensable la confianza en el presente y futuro.
Es en este punto en dónde la Seguridad Pública alcanza un explicable nivel de variable en el análisis de la psicología social; pues como contraparte, la violencia, el miedo, la incertidumbre, obstaculizan cualquier planeación, capacitación educación, inversión y toda actividad que indique confianza en el futuro. Y este aspecto, como se puede observar en México, se ha considerado y estudiado a penas.
Así, la consistencia y capacidades de la democracia van en función de la calidad de la Seguridad Pública y de la eficacia (confianza) en la administración y aplicación de la ley.
Por eso es importante que, en el corto plazo, los programas y políticas en Seguridad Pública, partan de la reconstitución del lazo de identidad y sobre todo, de proximidad, como sucede en las democracias consolidadas del siglo XXI, como la nuestra.
Luego de un amplio debate, que inicio durante el período de transición administrativa, una vez declarado Presidente electo, Andrés Manuel López Obrador, en las postrimerías del mismo, anunció la creación de la Guardia Nacional, como la principal pieza de su futura política en Seguridad Pública. Se desarrolló un comprensible e intenso debate respecto de la naturaleza, oportunidad, misiones y capacidades de dicha institución.
Su pase de entrada de revista, fue el 30 de junio de 2019, en el Campo Marte de la Ciudad de México. De entonces a la fecha (fines de enero de 2023) las expectativas a propósito de sus capacidades para devolver la Seguridad Pública y la plena aplicación de las leyes en todo el país, han ido en aumento. No obstante, se requieren de medidas tan importantes como su misma creación. Destacan cuatro.
La primera es una revisión crítica del Sistema Penal Acusatorio. Con el paso del tiempo, ha evidenciado serias anomalías, disfunciones (propias de la imposición de la Iniciativa Mérida) y sobre todo, no ha resultado un instrumento legal eficaz para lo cual estaba diseñado: prevenir el abuso en los Derechos Humanos y garantizar una pronta expedición de justicia ante la comisión, persecución y sentencia de los delitos.
La segunda medida, es el pleno e indubitable compromiso de los Poderes Legislativo y Judicial, que va de la asignación y vigilancia adecuadas respecto de los presupuestos asignados a las políticas locales (sobre todo municipales) y de la agilización en cuanto a la preservación de la paz social, alterada por la actividad criminal.
Las otras dos medidas son, desde luego y en consecuencia de la anterior, la creación o fortalecimiento, depende del caso, de las policías municipales. Las medidas no se limitan a mejores salarios y armamento. Tienen que ver con la creación de instituciones que impliquen un estilo de vida, que en esencia representen lo que se conoce en teoría de la organización como una corporación, en mejor sentido del término. Becas para los hijos e hijas, seguro de vida, préstamos hipotecarios y sobre todo, la formación de una identidad basada en valores guiados por el de servicio a la comunidad.
La cuarta medida es una revisión sustancial y, por tanto, depuración de las condiciones de cómo mal funcionan, la mayor parte de los Centros de Readaptación Social estatales y federales. El control de los primeros por cabecillas y organizaciones criminales para que desde su interior se comentan delitos, es una muy lamentable y extendida práctica.
Las funciones de readaptación y de reinserción sociales, no se cumplen en la enorme mayoría de los casos. Se carece de una base de datos que van del perfil social y económico, al psicológico. Ante esas carencias, es muy difícil crear, de forma adecuada, programas que desmotiven la reincidencia.
Con esas y otras medidas, la Guardia Nacional podrá contar con el respaldo del conjunto del sistema político y judicial, para el logro de sus objetivos. Que sin dicho respaldo/apoyo, pasará más tiempo y los costos sociales –sobre todo, aumentarán.
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