Licenciada en Sociología y Maestra en Planeación y Políticas Metropolitanas, Universidad Autónoma Metropolitana. Diplomada en Educación para la Paz y Derechos Humanos. Universidad Iberoamericana, México.
Coordinadora del Área Integradora de Paz, Tlalnepantla de Baz (2018). Representante de la Sociedad Civil e invitada permanente en el Consejo Nacional de Seguridad Pública y en Consejo Ciudadano de Seguridad del Estado de México (2015-2017).
Autora del Manual de Seguridad para Instituciones de Educación Superior. Estrategias de prevención y atención. (ANUIES 2011). La Seguridad en Instituciones de Educación Superior. Estado actual y recomendaciones (2012). Diagnóstico de Violencias en Comunidades escolares de Nivel Básico del Distrito Federal (2015). Manual de Seguridad para Universidades e Instituciones de Educación Superior. (2022).
Desde 2010 ha creado diversas herramientas de apoyo para el diagnóstico de factores de riesgo para la violencia y los delitos: Cuestionario de Autoevaluación de Capacidades para la Seguridad y Emergencias de Seguridad Escolar, Encuesta de Acoso, Maltrato y Discriminación en Ámbitos Educativos (para primaria y secundaria), Guía de Marcha Exploratoria (aplicable a cualquier nivel educativo).
Actualmente, es Coordinadora del Diplomado de Seguridad para Instituciones de Educación en UDLAP Jenkins y Consultora en Seguridad Escolar y Construcción de Paz.
Las escuelas y universidades son espacios “controlados”, conocidos, regulares, cerrados, que deberían ser –al igual que el hogar– sitios seguros para que niñas, niños, adolescentes, jóvenes, puedan estar, aprender, convivir, crecer, socializar y ser felices.
Lamentablemente, las y los integrantes de las comunidades escolares están expuestos a diversos tipos de eventos de violencia e inseguridad, que van desde:
Los casos de bullying o acoso escolar son solo una de las muchas, múltiples, concurrentes y polifacéticas manifestaciones de las violencias que se dan en las escuelas.
Ante la frecuencia y la incapacidad de identificarlos, estos eventos escalan a faltas cívicas, delitos y emergencias de seguridad escolar. Lo que en resumen, debemos asumir es que bullying o acoso escolar no es lo único que pasa en una escuela.
Los fenómenos enunciados se presentan de manera paralela y eso los complica, magnífica, profundiza y tiene altísimos costos para la vida de la niñez, las juventudes y de cualquier integrante de la comunidad educativa.
Las víctimas de las violencias y los delitos tienen secuelas a lo largo de su vida que van desde problemas de autoestima, miedo, depresión, pérdida de interés en aprender, entre otras muchas secuelas.
De hecho, de acuerdo con los datos de la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, ENVIPE (INEGI a, 2022), 34% de las personas de 18 años y más se sentían inseguras en las escuelas. Es decir, 3 de cada 10 personas se sienten inseguras en una escuela, que para el caso de las mujeres es mayor, 4 de cada 10.
Los niveles de miedo en una escuela son muy altos. Por lo que, debemos devolverle la confianza, certidumbre y seguridad a las niñas, niños, adolescentes, jóvenes y docentes para estar en su salón de clase, patio, escuela y así poder cumplir con su propósito educativo
Las escuelas y las universidades son los espacios donde se construyen e intercambian saberes, valores, normas, culturas y formas de convivencia social; y por su naturaleza, son el reflejo exacto de lo que pasa en nuestra sociedad. Y sí nuestra sociedad está permeada por delitos como robo, secuestro, extorsión, homicidio, consumo de droga, violencias hacia las niñas y mujeres, además de impunidad, ¿qué nos dice que en esos espacios las cosas serán distintas? En efecto: nada.
En los últimos años, hemos visto infinidad de situaciones que nos dan cuenta de la grave crisis que viven muchas escuelas para cumplir con su misión de educar a nuestra niñez, adolescencia y juventudes, y hacerlo en ecosistemas de sana convivencia, seguridad y paz.
Sin hacer apología de las violencias, emergencias y crisis de seguridad que viven nuestras escuelas y universidades, aquí dejo algunas referencias de las condiciones de vulnerabilidad e inseguridad que se tienen en las comunidades educativas de todos los niveles:
En efecto, tenemos una realidad brutal y dolorosa, que nos exige actuar de manera inmediata con las comunidades educativas, y me atrevo a decir del mundo; pero empecemos con las nuestra, y así estaremos impactando a más de 36 millones de personas.
Una escuela debe tener la capacidad de saber atender eventos de violencia (escolar y hacia la mujer), delitos, emergencias o crisis de seguridad escolar y para ello debe:
Tener estos saberes y experiencia, pude ser la diferencia entre la vida y la muerte, entre la justicia y la impunidad, entre la incertidumbre y el control; entre el miedo y la paz, y todos son saberes que se deben adquirir y operar de manera urgente y apremiante en todas las escuelas de México y el mundo.
Y por si no fuera poco, las siguientes cifras permiten reiterar por qué es necesario construir y fortalecer capacidades para la seguridad escolar:
No olvidemos que la escuela tiene dos propósitos fundamentales para nuestra sociedad, por una parte, educar y, por otra, fortalecer nuestras habilidades para la vida social. Y es aquí donde conviven, para el caso de México, la tercera parte de su población.
----- Citas:
[1] La ONU en el Estudio de armas de fuego en escuelas de América Latina y el Caribe: Aproximaciones, desafíos y respuestas (2019) identifica los siguientes tipos de presencia de arma:
Para el caso mexicano hay que agregar: disparos en el entorno inmediato de la escuela, producto de la violencia y la inseguridad en el ámbito local y cuyos eventos implican daños directos a las actividades escolares y sus edificios escolares. Ver Fuente: Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe (UNLIREC), Naciones Unidas (2019). Estudio de armas de fuego en escuelas de América Latina y el Caribe: Aproximaciones, desafíos y respuestas, consultado el 1º de noviembre de 2022, en https://iansa.org/wp-content/uploads/2021/04/Estudio-Armas-de-fuego-en-escuelas.pdf
Las violencias, los delitos, las prácticas y consumos de riesgo en ámbito educativo, las emergencias y crisis de seguridad tienen diversas consecuencias en la vida de alumnas/os, docentes, directivos, madres, padres o adultos, responsables y la escuela, entre ellas se destacan:
La Seguridad Escolar es el conjunto de capacidades escolares que permiten preservar la integridad física, sexual, psicológica y material de las y los integrantes de una comunidad educativa, en particular de las niñas, niños, adolescentes, jóvenes, docentes y, en general, trabajadores de una institución educativa.
De acuerdo con los eventos[1] que ocurren en las instituciones educativas, debemos trabajar en 3 dimensiones: prevención, emergencias y crisis de seguridad.
Esto implica trabajar con las más de 258 mil 689 escuelas públicas y privadas que existen en México, con el propósito de crear o fortalecer sus capacidades de autogestión para la prevención, la atención de emergencias y crisis de seguridad, por lo que debemos capacitar y dotar de herramientas a:
Alta Dirección de las escuelas y universidades: Rector, Director e, incluso, integrantes de Juntas de Gobierno, Colegios Académicos, Consejos Directivos, entre otros, es decir, a los tomadores de decisión de las instituciones educativas, incluso si se trata de una escuela rural o de una ciudad universitaria.
Gerencia de Seguridad: Director, Coordinador, Subdirector, Jefe, responsable de los servicios de seguridad, si es que se cuenta con este tipo de personal.
Personal Crítico para la Seguridad Escolar:
Padres, madres, adultos responsables de las y los estudiantes.
Personal de Seguridad Pública, ciudadana, prevención de delito y seguridad escolar a nivel local, estatal o federal.
La formación inicial permitirá generar procesos de autogestión de la seguridad de las escuelas y universidades, desde sus propias condiciones y capacidades, para hacer trajes a la medida, conforme a las características de la escuela, comunidad educativa, nivel y modelo académico, contexto socio territorial y tipo de incidentes.
La autogestión permitirá que las instituciones educativas cuenten con un Sistema de Gestión de Seguridad Escolar que esté conformado, por lo menos, con:
La educación es un derecho humano para toda persona, de eso ya no tenemos duda; y tampoco dudemos en asumir que la educación segura y en paz involucra esos derechos humanos, y que requiere la colaboración de todas y todos los actores de nuestra sociedad.
Las escuelas deben ser los espacios para la educación formal (académica), pero también para la formación en valores para la convivencia, la cultura de paz y la seguridad. De ser así, estaremos resolviendo un problema urgente, pero sobre todo estaremos forjando una ciudadanía responsable con su seguridad y con la de su país.
Citas:
1 Los tipos de eventos a los que se debe dar seguimiento son: Conductas disciplinarias; Violencia escolar: física, sexual, psicológica y material; Violencia hacia la mujer; Delitos; Prácticas y consumos de riesgo; Emergencias; y Crisis.
Referencias:
INEGI (a) (2022). Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública, consultado en https://www.inegi.org.mx/programas/envipe/2022/, el 6 de diciembre de 2022.
INEGI (b). Encuesta Nacional sobre las Dinámicas de las relaciones en los Hogares, consultado en https://www.inegi.org.mx/programas/endireh/2021/, el 6 de diciembre de 2022.
Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe (UNLIREC) (2019). Estudio de armas de fuego en escuelas de América Latina y el Caribe: Aproximaciones, desafíos y respuestas, consultado en https://unlirec.org/wp-content/uploads/2020/07/Estudio-Armas-de-fuego-en-escuelas.pdf, el 6 de diciembre de 2022.
Secretaría de Educación Pública (2022). Principales Cifras del Sistema Educativo Nacional 2021-2022, consultado en https://www.planeacion.sep.gob.mx, el 6 de diciembre de 2022.
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