“Cubrir la totalidad de los riesgos y deben seguirse durante el desarrollo y hasta el final del evento.”
Licenciado en Administración de Empresas por la SEP México. Entrenado para la protección de eventos masivos por la Asociación de Tenistas Profesionales (ATP) y la National Center for Spectator Sports Safety and Security (NCS4). Profesional Certificado en Protección (CPP) ASIS Internacional. Especialista en Protección Ejecutiva (EPS) IBSSA. Oficial Certificado en Protección (CPO) IFPO Internacional. Director de Seguridad en Empresas (DSE) Universidad Pontificia de Comillas de España.
Único miembro Mexicano de la NCS4 y miembro de diversas asociaciones de seguridad; ASIS, AMCHAM, OSAC, IBSSA. Ha trabajado para organizaciones del deporte mundial como la ATP, WTA, NFLPA y la PGA.
Conferencista en foros de seguridad y Director de Seguridad del Torneo de Tenis más importante para América Latina, calificado como el mejor torneo del tour en su categoría por los mismos deportistas. Responsable de seguridad y servicios corporativos para una empresa transnacional en el sector financiero. Consultor para eventos masivos.
La Seguridad en eventos masivos podríamos definirla como un escenario de gran concentración y movilización de personas, en donde se conjugan y operan diversas disciplinas de seguridad con el objetivo de proteger a los asistentes, organizadores y protagonistas del evento, operando en un recinto seguro y bajo una logística de protección que permita disminuir posibles afectaciones antes y después del evento.
Es importante señalar que la seguridad en eventos de gran aglomeración de asistentes, debe considerarse desde la planeación del mismo, ya que es preciso contemplar condiciones de movilidad, accesibilidad, permanencia y desalojo al recinto, tomando en cuenta escenarios de operación programada u ordinaria, así como de operación en situaciones de emergencia.
Debemos tomar en cuenta que la seguridad en eventos masivos debe considerar diversas condiciones para lograr una protección eficiente, a continuación, las que son de mayor de relevancia.
Contemplando cada una de ellas podemos iniciar nuestro diseño de seguridad general para, posteriormente, hacer los ajustes correspondientes al mismo dependiendo de los diversos escenarios que se presenten.
Debido a la complejidad y considerando algunos factores que mencionamos anteriormente, tenemos que dividir los riesgos en dos tipos
Riesgos Externos. Toda situación que pudiera o no ser controlable por parte del Comité Organizador y que pudiera afectar las condiciones perimetrales y/o de accesibilidad o desalojo para los asistentes, impactando la logística exterior del evento
Algunos posibles riesgos externos y ejemplos que podrían considerarse son
Entorno Social. Como ejemplos podríamos considerar, manifestaciones públicas que demanden diversas circunstancias y, por lo tanto, que intenten evitar que el evento se lleve a cabo originando enfrentamientos con los asistentes o los organizadores.
Reventa. Una práctica recurrente en espectáculos públicos diversos como conciertos, obras de teatro, encuentros deportivos, etc., y que en muchos lugares no existe una regulación que la controle o la prohíba; esto atrae una mala reputación al evento y a los organizadores, además de que la población que controla esta mala pseudo-industria, no necesariamente tiene únicamente la intención de revender
Movilidad y Transportación. Bloqueos, toma de avenidas, huelgas en el transporte, etc., son algunas de las situaciones que debemos considerar, no solo por el arribo de los asistentes al sitio, sino por la movilidad de los protagonistas del evento, así como del staff del comité organizador que, muchas veces, juega un papel preponderante dentro del espectáculo; encargados de montaje, personal de seguridad para el control de accesos, equipo médico, etc.
Instalaciones clave fuera del recinto. Centros de transmisiones o sets de medios, aeropuertos, hospitales, centros de distribución y abastecimiento, así como todo aquello fuera de la sede donde se llevará a cabo el evento y que ayuden al soporte o continuidad, deberá ser considerado como instalación clave y deberá tomarse muy en cuenta en el diseño integral de seguridad.
Riegos Internos. Aquellos que por la naturaleza del evento pueden presentarse y que, de no contar con medidas preventivas o de reacción inmediata, pueden poner el riesgo la continuidad de las actividades del evento.
Algunos riesgos internos que debemos considerar son:
Rutas internas de evacuación. Diversas rutas que permitan el desalojo pronto y ordenado del evento en caso de emergencia, así como rutas especiales para el desalojo de los protagonistas del evento al interior del sitio.
Armas o artículos de riesgo al interior. El riesgo de tener un artículo de riesgo al interior del evento es alta y originada, en muchas ocasiones, por la facilidad de portación de estos o bien, por la falta de control en los accesos, incluso, por no anunciar de forma anticipada la restricción para el ingreso.
Atentados. Al comité organizador, a los protagonistas del evento, a invitados especiales o bien a instalaciones interiores vitales.
Naturaleza del evento. Ya que puede incrementar o disminuir la probabilidad del riesgo, es decir, un evento político pudiera parecer más propenso a atentados que un evento espectáculo, sin embargo, las condiciones y el efecto que se pretenda por parte de los atacantes pudiera ponerlos en las mismas condiciones de riesgo.
Apostadores. Riesgo que se presenta mayormente en los eventos masivos de carácter deportivo y que muchas veces sobrepasa el escenario extra-cancha, teniendo consecuencias hacia los deportistas involucrados en el evento.
Riñas internas. Con orígenes varios, el no atenderlas de forma inmediata pueden desencadenar diversos escenarios de riesgo y poner en riesgo la continuidad del evento.
Adecuaciones estructurales de último momento. Una revisión profunda de todo el inmueble, así como de las adecuaciones o cambios al mismo, podría disminuir la probabilidad de realizar trabajos de último momento, sin embargo, tener al personal calificado con el equipo necesario, será fundamental para la atención de trabajos no programados.
Será importante realizar un análisis de riesgo del evento para tener, identificado y clasificado, cada uno de los posibles riesgos así como la criticidad en caso de presentarse para, con esta información, desarrollar las medidas preventivas y de reacción, así como tenerlos considerados en el proceso de continuidad de operaciones, a fin de definir los niveles de decisión para la reactivación de procesos y el escalamiento para la comunicación y toma de decisiones.
Durante los últimos años, se ha incrementado el número de atentados en contra de eventos masivos u “objetivos blandos” por parte de grupo terroristas, del crimen organizado o bien, por civiles con distintos tipos de motivadores, estos ataques si bien no pueden considerarse como una tendencia, sí son parte de la evolución de las trasgresiones que realizan estas agrupaciones.
En este sentido, el continente asiático y africano han sido los principales blancos de atentados donde inclusive se concentra la mayor parte de ellos, sin embargo, en Europa y América, el impacto mediático tiende a dejar mayor huella porque los objetivos, generalmente, tienden a concentrar personas en diversos rangos de edad en ambientes de celebración.
La imitación, el desorden mental, el fanatismo y la necesidad de reconocimiento son algunos de los impulsores que se pueden observar en los atentados; estos factores aunados a un rango de edad temprana, hacen que la volatilidad en la repetición de los ataques sea un tanto complejo de predecirlos.
Es por ello, que las medidas de prevención deben intentar, en lo posible, abarcar la totalidad de los riesgos, teniendo un involucramiento total desde la planeación, durante la operación y hasta la finalización del evento.
Tomemos en cuenta que, a pesar de no tener antecedentes en el lugar, en la región o en el país en donde se estará llevando a cabo el acontecimiento, existen registros en casi todos los escenarios (políticos, musicales, deportivos, artísticos, etc.) sobre un atentado o un intento que tuvo como consecuencias, en su mayoría, víctimas de gravedad o mortales.
En la actualidad, los ataques a eventos masivos en la región no son recurrentes, sin embargo, se han presentado brotes principalmente ligados a temas de organizaciones criminales en diversos países, lo que nos ha dejado ver en muchas ocasiones el daño al que estamos expuestos. Esto nos obliga a establecer un protocolo de seguridad y atención que se mantenga activo en todos los escenarios, a planear y tener un programa de entrenamiento permanente que, hasta donde sea posible, conviva con todos los niveles de gobierno con la intención de robustecer los esquemas de protección.
Efectos como la globalización, los escasos antecedentes en la zona y las múltiples referencias en Europa, África o Norteamérica, nos permiten estudiar los diferentes modus operandi con la finalidad de establecer medidas de seguridad más robustas, obligándonos a tener grupos más eficientes en la captación y análisis de información.
Si tomáramos en cuenta que muchos de los atentados están ligados a temas de terrorismo por conceptos de tipo religioso y sus grupos radicales, América Latina deja de ser un foco de alto riesgo derivado a que no se mantiene activa en una lucha global contra grupos terroristas, más bien, muestra pronunciamientos a favor de la paz, sin embargo, no se puede dejar a un lado que, por motivos diversos, existen células en el continente y que de algún modo han empezado a tener presencia entre la sociedad latina.
Por ello, vale la pena al momento de decidir sobre la realización de un evento de alta concentración de asistentes, las condiciones de seguridad que se implementarán por las condiciones del entorno, así como tener un análisis profundo de información que nos permita establecer medidas de vigilancia y contra-vigilancia, con el objetivo de anticipar los riesgos a los que pudiéramos estar expuestos y, asimismo, informar a los asistentes de manera previa las acciones que deberán tomar previo y durante el evento.
Existen diversos motivadores y por consecuencia las características de los atacantes pudieran ser muy variadas: Los ataques terroristas en el mundo suelen coincidir que sus principales motivadores son contextos políticos o religiosos, sin embargo, hay registros en donde el fanatismo o bien algún desorden mental son los detonantes de las agresiones.
Antecedentes como los atentados en Las Vegas en octubre 2017 o el del Maratón de Boston en abril de 2013, pudieran ejemplificarnos que no existe un perfil definido del agresor; por un lado, un hombre con más de 60 años, sin antecedentes criminales, y al parecer sin afinidad por un grupo radical y, por otro lado, una pareja de hermanos menores de 30 años que según algunos reportes se “autorradicalizaron” vía internet, ya que no tenían relación alguna con grupos terroristas, pudieran darnos una idea de lo complejo que es el definir un perfil.
En ambas situaciones, no obstante, la selección de los agresores fueron objetivos blandos, escenarios con ambientes de celebración o competencia deportiva, donde los asistentes no tienen entre sus prioridades la seguridad del evento y cuyo común denominador, es el hecho de que, hoy en día, no se tienen límites por la vulnerabilidad de la población a la que se pudiera afectar; niños, adultos mayores, mujeres embarazadas, etc., es decir, el tipo de víctima no es una limitante para el agresor, en sus intenciones de generar un daño o cumplir con su objetivo, sea este causar terror o herir a un grupo determinado o un sector de la población.
En los dos casos que mencionamos, los atacantes incluso pudieron haberse mezclado con los asistentes de forma previa y esa probable mimetización propone un mayor riesgo, ya que los atacantes habrían obtenido información de horarios, espacios sensibles, zonas de mayor riesgo, etc., vulnerando el dispositivo de seguridad implementado.
Establecer un esquema de protección en donde el público sea tu mayor preocupación, obliga a considerar diversos escenarios que enlacen varias disciplinas de la seguridad, sin embargo, existen distintos aspectos que son la base principal de cualquier operativo y deben mantenerse de manera imperativa:
1. Seguridad Física.
La seguridad física y base de todo esquema de protección, debe contener un robusto aspecto de control que permita en todos sus perímetros mantener una temprana identificación de las amenazas, con la finalidad de evitar que estas se materialicen en un entorno muy cercano al evento y puedan afectar al mayor número de asistentes. En este sentido, el apoyo que se pueda recibir de las corporaciones de seguridad pública es vital para lograr una serie de filtros en puntos clave, en los trayectos cercanos al inmueble o lugar de las actividades principales y de mayor concentración.
Por otro lado, no se puede perder el balance de control con servicio; la población que acude a este tipo de eventos, en su mayoría, poseen la intención de disfrutar y pasar un momento agradable, por lo tanto, si conjugando un sistema de detección temprana en perímetros, un control de acceso eficiente y rápido, así como un protocolo efectivo de atención a asistentes especiales, enlazando recursos humanos y tecnológicos, podremos reducir las probabilidades de daños impactando, incluso, el desarrollo de las actividades internas y facilitando la interacción con el resto del equipo staff.
Actualmente, existen diversos equipos de seguridad que suplen o complementan labores que anteriormente eran realizadas solo por recursos humanos; los equipos ahora menos invasivos ayudan a acelerar los procesos de revisión en accesos y la revisión a distancia de perímetros, incluso, a dar seguimiento de individuos sospechosos o dejar un registro en caso de tener que documentar cualquier incidente.
Uno de los mayores riesgos en eventos de alta concentración tiene que ver con el control de masas, debido a ello, el responsable de seguridad debe estar involucrado desde el diseño del inmueble cuando ello sea posible o bien, si el inmueble existe, deberá ser quien defina equipamiento así como aspectos básicos como número de acceso, salidas, señalización, etc.
Por otro lado, todos los equipos que tengan que ver con el resguardo de las vidas estarán bajo su responsabilidad, asegurando su correcto funcionamiento con un proceso de prueba previa al evento.
Los aspectos relacionados con la protección ejecutiva pueden estar ligados o no a la responsabilidad del encargado de seguridad del evento debido a que, en muchas ocasiones, los protagonistas principales de los eventos la evitan, o bien, cuentan con un grupo dedicado para su seguridad personal.
Ello, sin embargo, no exime al organizador o bien al responsable de seguridad de tener un esquema de protección ejecutiva, que bien pudiera ser de bajo perfil con la capacidad de intervenir en caso de que el plan original fallara; equipo de transporte adicional, revisión de rutas principales y alternas, conocimiento previo de los lugares, incluso en donde los protagonistas estarán previo y posterior al evento, son aspectos que podrían facilitar y dar certidumbre y certeza de planeación o logística a las figuras principales del evento.
Será indispensable contar con un plan que deberá ser conocido por todo el staff del evento para saber como actuar y a quién acudir en caso de emergencia, se definirán roles teniendo responsable para cada actividad y suplentes dos líneas debajo de ser posible.
Contar con procesos específicos para los distintos escenarios de emergencia con mayor probabilidad, así como una línea clara de comunicación y escalonamiento, servirá para dar certidumbre a los organizadores de cómo actuar y a quién acudir si en algún momento se presentan. Asimismo, el tener un canal único de comunicación y un equipo entrenado en atención a medios y redes sociales evitará que, en caso de un evento desafortunado, existan lagunas de información que puedan dañar la imagen y prestigio del evento y quienes participan para que se lleve a cabo.
Para los asistentes.
Dependiendo del tipo de evento, algunas medidas de prevención que debemos sugerir son las siguientes:
- Publicar de forma anticipada todas las restricciones que pudiera tener el lugar del evento, tanto internas del propio evento, como las normas que deberán seguirse dentro del lugar. Es importante que las restricciones estén publicadas en los accesos principales, con el objetivo de reducir fricciones con el personal de primer contacto.
- Brindar alternativas a los asistentes en cuanto a la accesibilidad al sitio para evitar conflictos de tránsito, o bien, bloqueos de vías principales.
- Exhibir la distribución de los sitios al interior del evento donde señale, además de los lugares de interés vinculados el evento, servicios generales e información relacionada con la seguridad del mismo:
- Tener definidos lugares para personas con capacidades diferentes, así como rutas que les permita movilidad con sillas de ruedas, aparatos de apoyo para su traslado; muletas, andaderas, etc.
Para los organizadores:
- Establecer reuniones periódicas, tanto para la totalidad del staff, como reuniones individuales con los responsables de las áreas, a fin de lograr una alineación adecuada en la logística del evento.
- Asegurarse que se cumple con la normatividad local y se cuenta con todos los permisos establecidos por la ley, incluyendo ventas de alcohol en el lugar, fuegos pirotécnicos, vuelo de drones para tomas o transmisiones, etc.
- Contar con un programa definido de atención a situaciones de crisis y asegurarse que todo el personal lo conoce. Asimismo, realizar pruebas del plan buscando el peor de los escenarios y asegurando la participación de todas las personas claves en el mismo.
- Tener establecida una estrategia de comunicación y atención en casos de crisis, que incluya el manejo de medios y redes sociales.
- En caso de actividades fuera del sitio con los protagonistas del evento, asegurar que cuentan con las medidas de seguridad estándares, incluso en las rutas de traslado.
Tomemos en cuenta que un evento de gran concentración de asistentes puede ocurrir desde un evento corporativo hasta un evento social masivo, si bien en el primero de ellos podríamos pensar que tenemos un gran control sobre la población, considerando que la mayoría pudieran ser empleados, las medidas deben ser igual de robustas que en un evento en donde no tenemos una visión total de quien asiste, sin dejar a un lado la flexibilidad que debemos tener para ambas situaciones.
Dentro del recinto donde se llevará a cabo el evento, existen diversas áreas sensibles en las cuales deberemos establecer un esquema de protección un tanto más robusto, ya que una afectación a las mismas, de manera intencional o no intencional, podrían poner en riesgo la operación del evento. Entre ellas podremos destacar:
Reforzar cada una de estas zonas mediante controles de acceso restringidos, barreras físicas, personal de seguridad, sistemas de videovigilancia, etc., además de tener un sistema de identificación efectivo que nos permita delimitar quien o quienes tendrán libertad de operar de forma libre en cada zona, será de gran apoyo para el personal de seguridad y el resto del personal staff para identificar rápidamente a cualquier persona que no esté plenamente acreditada.
Hoy en día la tecnología nos brinda la oportunidad de equilibrar los diseños de seguridad para hacerlos menos invasivos, o tan invasivos como el evento lo requiera, es ahí donde nuestra experiencia y conocimiento, además de los resultados que nos arroje nuestro análisis de riesgo, deben jugar un papel importante.
No debemos perder de vista que en la medida de lo posible, las zonas sensibles o de mayor riesgo, deben quedar naturalmente protegidas desde el diseño cuando la proyección de repetición del evento sea constante, por ejemplo, el cuarto donde se colocarán las plantas de respaldo de luz o el almacén de abastecimiento, deben quedar dentro del espacio de operación y cercano a las zonas donde tiene mayor interacción.
Por otro lado, los espacios externos, como taquillas y estacionamientos, deben contar con las condiciones que permitan reforzar la seguridad con recursos humanos o tecnológicos, tomando en cuenta las necesidades que tendrán estos recursos para su actuación.
Si bien el espacio es para un evento de una sola vez, debemos priorizar las áreas de riesgo con respecto a la afectación al evento en caso de falla o sabotaje. Será importante, de igual manera, hacer “Seguridad Inteligente” con la intención de no desbordar el presupuesto, tomando en cuenta que los recursos son finitos y el resultado final, sea cual sea la intención del evento en temas financieros, también medirá el gasto o inversión que se tuvo en temas de protección.
Cuando los eventos se realizan de forma habitual y en el mismo inmueble, es común desarrollar la llamada “ceguera de taller” y con ello llevar al esquema de seguridad a un nivel de obsolescencia tal, que elevaría el riesgo para los asistentes e incluso poner en riesgo el desarrollo o continuidad del mismo evento; para ello debemos desarrollar diversas medidas y procesos que nos permita mantener un esquema a la vanguardia:
Atendiendo estos puntos, aseguramos que, a pesar de la continua repetición del evento y la familiaridad con la operación, podamos mantenernos actualizados e identificar de forma temprana situaciones que pudieran poner en riesgo el evento, sus asistentes y organizadores, implementando mejoras y nuevas técnicas de protección.
En algunos casos, las encuestas de servicio o calidad nos pueden arrojar información de los mismos asistentes que no tenemos en el radar y que nos permiten mejorar en el diseño de los operativos. Asimismo, evaluaciones externas de firmas consultoras nos otorgan un diagnóstico muy específico de nuestras áreas de oportunidad y de nuestras fortalezas.
Una opción adicional es realizar visitas a eventos similares con la intención de migrar las mejores prácticas a nuestro evento, crear vínculos de ayuda mutua para compartir información, análisis de incidentes, nuevas tendencias de seguridad, etc., incluso grupos de enfoque para obtener distintos puntos de expertos que nos permitan mantener una visión fresca de nuestras operaciones.
Entre los vicios ocultos o efectos colaterales que podríamos mencionar que suceden alrededor de los eventos masivos, se encuentran algunos como la reventa, los apostadores y aspectos ligados a la corrupción, todos ellos de difícil control y prevención por la naturaleza de su comportamiento.
Por mencionar algunos como la reventa, si bien el evento no sufre pérdidas económicas, sino al contrario se beneficia por la rápida comercialización de las mismas, el impacto al prestigio e imagen, pudiera afectar la confianza en el evento o, en casos extremos, originar enfrentamientos entre los grupos de revendedores y/o el público asistente.
Respecto a los apostadores, si bien existe una regularización de las casas de apuestas en algunos de los países latinoamericanos, existen eventos ligados al deporte que se aprovechan del retraso en las señales televisivas para transmitir resultados con la intención de afectar a los clientes o generar una tendencia en beneficio de algunos.
La pronta ubicación, identificación y distribución de los mismos en apoyo con las autoridades, las organizaciones que gobiernan los deportes y la distribución con los eventos en la región, contribuyen a la reducción de apuestas ilegales en donde, incluso, se ha llegado a detectar que tienen un efecto colateral negativo en los mismos deportistas, llegando a ser amenazados o extorsionados para generar una tendencia en el resultado.
Los efectos ligados a la corrupción tienen muchas vertientes, por lo tanto, es sumamente importante estar alineados a las leyes y regulaciones locales para evitar el comercio informal o nocivo para cada evento, así como para lograr que los inmuebles destinados para la organización del espectáculo, cumplan con todas las medidas de seguridad y logren un óptimo funcionamiento.
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