“Mantener un perfil bajo y mantener un control de nuestra información personal.”
Ingeniero en Sistemas por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Maestría en Seguridad Corporativa por la Universidad Pontificia de Comillas de Madrid. Programa de Alta Dirección, INCAE, Costa Rica.
Profesional Certificado en Protección (CPP) y como Especialista en Protección Cercana (CCPS) por ASIS International. Certificado en Bioterrorismo, como Entrevistador (WZ) y como Analista Científico de Contenidos. Reconocido como uno de los 100 más influyentes profesionales de seguridad en México.
Se ha desempeñado como Director de Seguridad Corporativa a nivel Latinoamérica, como Director de Operaciones en empresas trasnacionales, organizaciones privadas y como Consultor-Asesor en la Cámara Alemana de Comercio en México.
La definición de una extorsión es la amenaza de no llevar a cabo algún tipo de daño contra la víctima, sus allegados o sus bienes a cambio de un beneficio de algún tipo, generalmente económico. A lo largo de los años, los métodos utilizados tanto por la delincuencia común como por la organizada se han ido transformando, evolucionando y sofisticando de manera constante.
Existen varios tipos de extorsiones, las principales siendo telefónicas, virtuales o presenciales.
Extorsiones telefónicas.
Este es el tipo de extorsión mayormente utilizado, en la mayor parte de los casos el delincuente cuenta con poca o nula información de su víctima, en muchas ocasiones solamente sabe el primer nombre de la víctima y utiliza un argumento que podría ser creíble o coincidir con un gran número de personas. Este tipo de extorsiones tuvo su inicio y auge hace poco más de dos décadas, debido en gran medida a la generalización del uso de teléfonos celulares, lo cual permitía permanecer en el anonimato al extorsionador y, por otro lado, facilitaba el poder abarcar una mayor cantidad de víctimas desde un lugar seguro.
El proceso extorsivo es relativamente simple, los delincuentes consiguen la información de sus víctimas comprando o teniendo acceso a las bases de datos de las compañías telefónicas, directorios públicos, bases de datos de empresas de telemarketing, terceras personas, entre otras muchas fuentes. Una vez en que tienen, en muchas ocasiones, solamente el nombre y número telefónico de la víctima, llaman y cuentan una historia creíble y que puede ajustar, como lo he dicho anteriormente, a una gran mayoría de personas.
Existieron muchos argumentos utilizados, algunos de los más comunes eran:
Estos son algunos ejemplos de métodos utilizados con anterioridad, por supuesto existen muchas variantes que se han ido transformando a lo largo del tiempo.
Este tipo de métodos fueron muy utilizados en el pasado reciente, por lo mismo existió una gran difusión de los mismos, permitiendo que las víctimas potenciales los conocieran y no cayeran tan fácilmente en el engaño. Debido a lo anterior, los delincuentes han sofisticado sus argumentos, incluyendo más información detallada en sus llamadas. Misma información que obtienen a través de una investigación principalmente de redes sociales, conocidos y en raros casos de la observación de la víctima.
Uno de los principios fundamentales para el adecuado manejo de las extorsiones es el poder identificar claramente entre un peligro real, con capacidad de ejecución y una simple amenaza.
Básicamente, los extorsionadores venden miedo, es importante no comprarlo y pagarlo.
En todo el mundo no existen casos documentados de secuestros o ejecuciones que hayan sido llevados a cabo después de una llamada o nota de advertencia; es decir, en ningún caso de secuestro, los secuestradores pidieron dinero antes de secuestrar a la víctima y en ningún caso de “levantón” o ejecución, los perpetradores avisaron antes que lo harían. Cuando un delincuente o grupo pretende llevar a cabo un delito material, difícilmente le avisaría a la víctima antes, ya que perdería el factor sorpresa que es una de las principales ventajas para lograr su objetivo.
La premisa principal para el manejo de extorsiones telefónicas es principalmente tener un plan de comunicación activa con los miembros de su familia. Es decir, hablar de la posibilidad de que este tipo de situaciones se pueden dar en la familia y estar preparados y sobre todo comunicados en todo momento. El saber dónde están nuestros familiares y podernos comunicar con ellos en todo momento es esencial. De esta forma difícilmente podremos caer en el engaño.
El delincuente tratará de mantener a la víctima todo el tiempo posible en la llamada hasta que se realice el pago, ya sea desde depósitos bancarios, depósitos en tiendas de conveniencia y hasta la compra de tarjetas telefónicas de saldo. Lo anterior con la finalidad de no permitir que la víctima se tranquilice y razone la situación y por supuesto, que no se comunique con su familiar,
Por el contrario, mientras más tiempo estemos en comunicación con el agresor, mayor es la posibilidad de proporcionar más información y/o cambiar el motivo, que, en casi todos los casos, es económico a uno personal; es decir, que he manejado casos en donde la víctima reta al extorsionador y escala el conflicto a un nivel personal.
La regla es, si no hay comunicación no hay extorsión. Si no hay comunicación, no se puede realizar la venta de miedo. Lo más sencillo es simplemente colgar el teléfono y comunicarse con la familia. Lo más probable es que los delincuentes nos tachen de la lista de prospectos de “clientes” y continúen marcando los siguientes números de sus bases de datos. Mejor aún, es no contestar llamadas de números desconocidos. Si alguien legítimo que no tenemos registrado necesita contactarse con nosotros, dejarán un mensaje o se comunicarán por cualquier otra vía.
Este tipo de extorsión se volvió tan común, que inclusive existen “Call Centers”, muchos de ellos dentro de penales, en donde un grupo amplio de delincuentes está haciendo llamadas continuamente al puro estilo de telemarketing. Si de cada 100 llamadas, dos o tres pagan, es un buen negocio, de bajo costo, bajo riesgo y un margen amplio de ganancia.
Extorsiones presenciales
Lamentablemente, este tipo de extorsiones son comunes en todo México, dirigido principalmente a micro, pequeños y medianos negocios de todo tipo. Este tipo de extorsión necesita de un tratamiento individual, ya que en estos casos la amenaza es real y directa por parte de grupos criminales.
En cada caso se debe analizar la situación y valorar las acciones que se deben de tomar.
El tipo más usado en México es el “cobro de piso” que es una exigencia de dinero de forma regular a cambio de dejar operar el negocio y “protegerlo”.
En principio, como en todos los casos de extorsión, el pago de las demandas de los extorsionadores no debería de ser una opción, ya que esto solo fortalece el círculo vicioso del delito y siempre se va a incrementar el monto y en caso de no seguir pagando, la respuesta por parte de los delincuentes será más violenta.
Dependiendo de cada caso hay múltiples acciones de defensa que se pueden tomar, como la denuncia ante las autoridades, contar con asesoría profesional, medidas de seguridad física o electrónica, manejo de crisis, ayudas comunitarias, denuncia en medios de comunicación,
En el caso de extorsiones telefónicas es relativamente fácil reconocer los síntomas, ya que estas son rápidas y la víctima estará nerviosa y angustiada en todo momento.
Para el caso de las extorsiones prolongadas, la víctima puede estar padeciendo de nerviosismo, depresión, paranoia y problemas económicos.
En la mayor parte de los casos, las víctimas prefieren guardar silencio antes de pedir ayuda.
Lo principal para evitar ser víctima de extorsión es mantener un perfil bajo y sobre todo mantener un control de nuestra información personal. Pasar lo más desapercibido posible a los delincuentes.
En general, no proporcionar información personal a desconocidos. Limitar la información que proporcionamos a lo exclusivamente necesario.
En caso de contacto con los extorsionadores, no proporcionar información, eliminar la comunicación. Si no nos pueden “vender” la amenaza, no existirá extorsión.
Los principales objetivos de los extorsionadores son las personas físicas y la Micro, pequeñas y medianas empresas.
Los extorsionadores eligen a estos grupos de la sociedad, ya que son más vulnerables. No cuentan con la información ni medidas adecuadas de protección.
Por otra parte, lamentablemente, las autoridades no responden igual que si la extorsión fuera a una empresa trasnacional.
Los extorsionadores han encontrado en el uso masivo de tecnología y sobre todo las redes sociales, una fuente inagotable de información sobre sus potenciales víctimas.
La falta de precaución y conciencia de las personas en general en no limitar la información personal y muchas veces sensible que suben a sus redes sociales permite a los delincuentes hacerse de información que utilizaran en contra de las víctimas.
Se tiene que entender que en la era de la digitalización, la información personal ha tomado un papel más relevante, por lo que se debe considerar como un activo al cual hay que proteger. Cuando nuestra información está en las redes, ya no nos pertenece y no nos damos cuenta de que nos la han robado, hasta que nos quieren hacer daño con la misma.
A lo largo de los años este delito se ha ido incrementando y sofisticando.
La velocidad de cómo evolucionan los modos de operación es mayor a la velocidad que la de las fuerzas de seguridad, por lo que la tendencia es que se sigan incrementando este tipo de delitos.
Los esfuerzos han ido mayormente encaminados a la prevención, existe mucha información oficial al respecto; sin embargo, la estadística sigue al alza.
La extorsión es un delito del fuero común, considerado actualmente grave en los 32 estados del país.
El delito de extorsión se castiga con pena de prisión de uno a cinco años, pero como en todo proceso legal, existen agravantes y atenuantes y pueden imponerse las penas correspondientes por otros delitos asociados.
Un punto importante es si la extorsión y el grupo delictivo utiliza cualquier método criminal entre dos o más estados, se puede convertir el mismo en un delito federal y resultar en penas mayores.
Muchas veces a las extorsiones vienen delitos asociados, como el uso de la violencia, el uso de armas de uso exclusivo de las fuerzas armadas, daño en propiedad ajena, etc., Lo cual conlleva un aumento considerable en las penas.
En caso de extorsión es importante entender que nuestro papel debe limitarse únicamente a documentar y recopilar el proceso de la extorsión.
No borrar el historial de llamadas, tener capturas de pantalla de los mensajes recibidos y sobre todo redactar de una forma cronológica los hechos.
Lo anterior es la base para poder integrar de mejor manera la carpeta de investigación al momento de iniciar la denuncia ante las autoridades.
En el caso de las extorsiones directas, el uso de dispositivos de CCTV, la grabación de audios, y la relatoría de los hechos, es fundamental para la integración de la carpeta de investigación. Por otra parte, si además se presenta contacto telefónico, aplica también el conservar mensajes e historial de llamadas.
En todos los casos el grabar las llamadas y conversaciones directas es fundamental.
Como lo he mencionado anteriormente, los extorsionadores han ido evolucionando y se han sofisticado constantemente.
En el inicio contaban con información limitada sobre sus víctimas, hoy en día son unos verdaderos ingenieros sociales, sus habilidades para recopilar información de la red cada vez es mayor. También se ha demostrado que usan herramientas digitales sofisticadas para las investigaciones previas a los ataques.
Los delincuentes pueden hacer una investigación exhaustiva y con información muy relevante desde la seguridad del anonimato. El tener tanta información, les ha permitido elaborar complejas operaciones de extorsión, en donde la víctima no preparada puede caer fácilmente en la trampa y el engaño.
Con la información sensible en su poder aunado al acceso abierto a la inteligencia artificial, se pueden generar audios e inclusive videos falsos para engañar a sus víctimas. En este caso, la AI todavía no está regulada y su avance y alcances todavía no son claros, pero evidentemente serán herramientas muy poderosas que en manos de los delincuentes la posibilidad de nuevos esquemas de extorsión muy tecnificada es inminente.
Debido a lo anterior, la mejor herramienta de protección, hoy más que nunca, es la comunicación constante con los más allegados, establecer un plan familiar de acción y limitar en la medida de lo posible la información sensible que subimos a las redes.
El hablar abiertamente con la familia y más allegados de la posibilidad de la ocurrencia de una extorsión es el primer paso para en conjunto elaborar un plan familiar de respuesta en donde la comunicación constante es la clave.
La mejor medida de protección es siempre la prevención. El mantener un programa permanente de sensibilización e información actualizada sobre los diferentes métodos de extorsión ha demostrado dar los mejores resultados. De esta forma se reducen significativamente los casos que haya que investigar.
Ahora bien, es prácticamente imposible erradicar todos los casos en nuestro entorno, y siempre habrá extorsiones que investigar y combatir.
En estos casos la recopilación y análisis de los datos es fundamental. Como mencionado anteriormente, el contar con los historiales de llamadas, registros de mensajes, conversaciones grabadas, imágenes de CCTV, etc. son muy útiles para generar una estrategia que nos permita anular la amenaza; sin embargo, en muchos casos esto no es la realidad. En la mayoría de los casos, se cuenta únicamente con el número telefónico del extorsionador y la relatoría de la víctima, lo cual no aporta mucho material de investigación y es poco para contactar a las autoridades y pueda haber un adecuado seguimiento e investigación del delito.
Por otra parte, el miedo de la víctima está siempre presente, aunque haya apoyo incondicional del área de seguridad o de las autoridades, en muchos casos son reacios a proporcionar información completa e inclusive a cooperar. En estos casos es imprescindible empatizar con la víctima y proporcionar el apoyo especializado, la ayuda debe de ser integral.
En lo que respecta a las autoridades, es recomendable tratar los casos con los contactos de más alto nivel con los que se disponga.
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