Seguridad y bienestar social

Futuro seguro con gobierno eficiente

“Conseguir bienes para sustentar la vida, y evitar males para protegerla.”

David Chong

Ingeniero en Comunicaciones y Electrónica, Escuela Superior de Ingeniería Mecánica y Eléctrica del Instituto Politécnico Nacional, México. Maestría en Ciencias de la Seguridad, Universidad Internacional de Seguridad, UNIVERIS. Instructor Independiente, Secretaría de Seguridad Pública, Ciudad de México y ante la Secretaría del Trabajo y Previsión Social.

Responsable técnico de la instalación y operación del Servicio de Emergencia 911 de la Ciudad de México. Colaboró en el Sistema de Evaluación del Desempeño y Sistema de Control de Gestión para el Sistema de Seguridad Pública del Estado de Michoacán y el Programa de Fortalecimiento Organizacional de Jocotitlán, Estado de México.

Se ha desempeñado como gerente y director de proyectos de sistemas, informática y reingeniería de procesos en organizaciones del ramo financiero y aeronáutico, así como en instituciones del sector energético, de seguridad pública y social.

Actualmente, se desempeña como Secretario General en México de la Corporación Euro Americana de Seguridad, CEAS International.

La seguridad es un atributo inherente a la condición organizacional de la sociedad, entendiendo a tal condición como una articulación de esfuerzos individuales, concurrentes, complementarios y orientados al logro de un propósito de interés común para sus integrantes. 

En este orden de ideas, se puede establecer que la sociedad se crea como una organización humana, con el propósito de procurar el bienestar y la prosperidad de sus integrantes, entendidos como la satisfacción plena de sus necesidades y la apertura de oportunidades para el logro de sus aspiraciones, respectivamente. 

Por ello, se proyectan como sus objetivos vitales: conseguir bienes para sustentar la vida, y evitar males para proteger la vida, lo que corresponde a los conceptos de subsistencia y seguridad, respectivamente.

En consecuencia, se puede considerar que la misión de la seguridad, esto es, la razón que justifica su existencia, es evitar males, lo que consiste en evitar que ocurra cualquier condición o situación que pueda amenazar la existencia y/o el funcionamiento de la sociedad.

Asimismo, la visión proyectada para la seguridad se puede describir como disponer una forma de Solución de continuidad, a nivel colectivo, de los procesos sociales, y a nivel particular, de los procesos de “negocio”, lo cual es una responsabilidad de la Seguridad Pública y de la Seguridad Privada, respectivamente. 

De tal suerte que la consigna general para la seguridad se puede describir como “que no pase nada” que pueda interferir o interrumpir con la existencia y/o el funcionamiento de la sociedad en todos sus ámbitos, colectivos o particulares.

Finalmente, en este contexto se puede establecer que el objetivo de la seguridad consiste en Proteger y Salvaguardar la vida y la integridad de las personas y sus propiedades, así como el libre ejercicio de sus derechos. 

Para estos efectos es importante considerar que no siempre será posible proteger, en virtud de que en la mayoría de las ocasiones habrá factores no controlables. Por ello, cuando no sea posible proteger, es decir, tratar de evitar que ocurran los riesgos, se deberá intentar salvaguardar, esto es, tratar de evitar que los daños se extiendan.

El referente fundamental que orienta el desempeño de la Seguridad es la identificación de las amenazas contra la existencia y funcionamiento de la sociedad, esto es, cualquier vector que pueda interrumpir y/o interferir con su continuidad funcional. 

Para ello, se aplica la premisa de El Arte de la Guerra (Sun Tzu) de “Conocer al enemigo”, a partir de la definición de los siguientes parámetros:

  1. ¿Quién es? Esto es, la identidad de la amenaza.
  2. ¿Qué pretende lograr? Esto es, lo que el vector pretende lograr, que no necesariamente representa por sí mismo la amenaza.
  3. ¿Qué hace o qué va a hacer? Esto es, lo que va a hacer para lograrlo, y que puede ser la causa real de que represente la amenaza.
  4. ¿Qué está dispuesto a arriesgar y/o a sacrificar para lograrlo? Esto es, la convicción que lo motiva, y que se puede entender como la “voluntad de sacrificio”.
  5. ¿Cómo lo hace? Esto es, la forma o “modus operandi” en que va a realizar sus acciones, que también puede ser la causa directa de que sea una amenaza.
  6. ¿Qué puede provocar? Esto es, los efectos de daño que nos puede provocar.
  7. ¿Cómo se puede identificar? Esto es, la manera de identificar a la amenaza.
  8. ¿Qué se puede hacer? Esto es, lo que se puede hacer para evitar que nos causen daños.

El problema primario es que nunca se van a conocer todos estos parámetros, en particular su identidad, su forma de actuar y su “voluntad de sacrificio”. 

Por ello, el método más conveniente para identificar las amenazas, es partir de lo conocido, los daños que nos pueden causar mediante alguna forma de análisis de riesgos, y a partir de ahí desarrollar lo que se puede considerar como un análisis inverso, de las condiciones en que se pueden materializar las amenazas, los escenarios de riesgo, de tal suerte que el “enemigo”, esto es, las fuentes de riesgo, serán cualquier entidad que pueda causar y/o aprovecharse de dichas condiciones.

Por su parte, el problema secundario es la naturaleza heterogénea del ámbito de la seguridad, siempre cambiante y en evolución, lo que induce elementos de incertidumbre respecto a las perspectivas de previsión para evitar riesgos y daños.

Finalmente, el factor crítico para la configuración de las previsiones de Seguridad es determinar los indicadores, tanto de riesgo como de normalidad, esto es, las señales cuya presencia y/o ausencia constituye una alerta respecto al surgimiento de los escenarios de riesgo, y que permitirán activar las medidas pertinentes para enfrentar las amenazas.

La mejor manera de resolver un problema, es evitando que ocurra el problema, según plantea la conseja popular que dice “más vale prevenir que remediar”; lo cual no siempre es posible en virtud de la naturaleza heterogénea de la seguridad, ya que existen muchos factores fuera de control.  Asimismo, el desempeño en Seguridad también se orienta como el de cualquier esfuerzo organizacional para aprovechar lo favorable y protegerse de lo desfavorable.

Para estos efectos, es conveniente que se privilegie la prevención en el desempeño en Seguridad, pero también estar preparado para reaccionar, ya que siempre será posible remediar;  pero entre más se anticipe, la eventual remediación será menos costosa, por lo cual:

  • La prioridad es tratar de anticipar para evitar que se presenten los escenarios de riesgo (tapar el pozo antes de que se caiga el niño).
  • Se pretende reaccionar para tratar de detener e incluso revertir los daños, cuando no ha sido posible evitar que se presenten los escenarios de riesgo (sacar al niño del pozo antes de que se ahogue).
  • La última opción será remediar, para resarcir los daños y así reanudar la continuidad funcional después de que ocurrieron los riesgos, y procurar que no vuelva a ocurrir (tapar el pozo después del niño ahogado).

En este contexto, el enfoque global para la Seguridad debe ser prever todos lo que pudiera ocurrir, de acuerdo a la premisa de que “todo riesgo es posible”, para prevenir que no ocurra lo no deseado, que se refiere a todo lo que puede dificultar y/u obstaculizar el logro de nuestros objetivos. 

Por ello, la condición para el desempeño en Seguridad debe ser mantenerse en “alerta” para anticipar lo controlable, que desde la perspectiva organizacional corresponde a las fortalezas y debilidades, y prepararse para reaccionar cuando se presente lo no controlable, que desde la misma perspectiva corresponde a las oportunidades y amenazas, ya sea para usar las primeras a nuestro favor, o bien protegernos de las segundas por los problemas que nos puedan causar.

Los espacios de oportunidad para la manifestación y actuación de los vectores de amenaza son las que se pueden describir como “Grietas de Seguridad”, que son las siguientes

  • Debilidades, que corresponden a las condiciones inherentes de la dinámica social por las cuales se propician los escenarios de riesgo, e incluso la configuración de las amenazas, pero no es posible cambiarlas.
  • Vulnerabilidades, que corresponden a las condiciones asociadas o derivadas de la dinámica social, por las cuales se propician los escenarios de riesgo, e incluso la configuración de las amenazas, pero que si es posible cambiarlas.
  • Exposición, que corresponden a los espacios de oportunidad que se abren por las condiciones de la dinámica social, por las cuales se propician los escenarios de riesgo, e incluso la configuración de las amenazas, ya que siempre estamos en riesgo, pero de diferente manera de acuerdo a las circunstancias de cada momento.

Por ello, las medidas y previsiones de seguridad deben enfocarse a fortalecer las condiciones de debilidad que no se pueden cambiar, cubrir las condiciones de vulnerabilidad que si se pueden cambiar, y reducir los espacios de exposición.

Las líneas de acción en seguridad se pueden estructuran en tres vertientes funcionales inmersas en el contexto de la dinámica social:

  • Vigilancia, que corresponde a la observación de un entorno de interés a fin de detectar la presencia y/o ausencia, ya sea de los indicadores de riesgo o de normalidad, y en consecuencia emitir las alertas correspondientes, así como la activación de los protocolos de reacción correspondientes.
  • Restricción, que corresponde a la aplicación de las normativas o en general de las restricciones establecidas normalmente en los procedimientos de operación, a fin de evitar que se den las condiciones que propician el surgimiento de escenarios de riesgo o las amenazas.
  • Intervención, que corresponde a la aplicación de los protocolos de reacción ante el surgimiento de situaciones de excepción, que pueden ser los escenarios de riesgo o incluso las amenazas en sí mismas.

A partir de las cuales se establece que la efectividad global de la seguridad no está determinada por la suma de las efectividades individuales, sino de su concurrencia sinérgica, ya que de nada sirve detectar si no se tiene con qué responder, pero tampoco sirve de nada tener con qué responder si no se puede detectar, y alertar, con oportunidad.

Como cualquier otra dinámica de naturaleza organizacional, la efectividad de la seguridad se sustenta en tres factores, el personal, el equipamiento y la logística, de las cuales el factor indispensable, o de eficacia, es el recurso humano, de acuerdo a la premisa de que “con buen personal, hasta el peor de los sistemas puede funcionar, pero con mal personal, hasta el mejor de los sistemas puede fracasar”.

Sin embargo, la seguridad no puede ser una responsabilidad aislada de las corporaciones institucionales, sino que requiere de un ejercicio de “corresponsabilidad social” a fin de alcanzar un nivel deseado de efectividad, por dos razones fundamentales:

  • Es más probable que los eventos de perturbación social ocurran en la cercanía de la población, y en lejanía, intencional o no, de las corporaciones institucionales.
  • Las corporaciones institucionales siempre tendrán un perfil de Carencias, Deficiencias e Insuficiencias (CDI) derivadas, al menos de las inevitables restricciones presupuestales, así como de la falibilidad del factor humano.

Para estos efectos, principalmente, se requiere que el personal de las corporaciones institucionales detente un cierto nivel de profesionalización, en el que se contemplan tanto el desarrollo de ciertas capacidades, como su conservación de un estado que permita su aplicación con máxima efectividad en cualquier momento (readiness).

El estado de preparación del factor humano se sustenta en un binomio de atributos: la aptitud, entendida como la “capacidad para hacer”, y la actitud, entendida como la “voluntad para hacer”, de los cuales el de mayor repercusión muy probablemente sea éste último, debido a las condiciones inherentes de riesgo personal, que son característica típica y particular en el ámbito de la Seguridad. 

Para estos efectos, el atributo de aptitud está conformado por el perfil de competencias, que comprende tres elementos:

  • Saber, lo que corresponde al conocimiento.
  • Saber Hacer, lo que corresponde al acervo de destrezas, habilidades, actitudes y valores de la persona.
  • Saber Qué Hacer, lo que corresponde a l marco de criterios para la toma de decisiones.

El desarrollo de este perfil de competencias se obtiene inicialmente con base en un proceso formativo, con un contenido temático lo más amplio posible, que incluya temas que de inmediato tal vez no sean utilizables, pero que es conveniente abordar bajo la premisa de que “más vale tener y no necesitar, que necesitar y no tener”, y cuyo enfoque se recomienda se oriente bajo los principios ASC: Alineación de Ópticas, que significa  ver de la misma manera, que faciliten la Sincronización de las Decisiones, que significa que estén orientadas al logro del mismo objetivo, y que en consecuencia permita una Coordinación de las Acciones.

Asimismo, el desarrollo de este perfil de competencias necesariamente se complementa con la experiencia práctica, en la que la premisa fundamental es de “aprendizaje por error”, no solo de los propios, sino de los ajenos, ya que si bien el objetivo ideal es de “cero errores”, en virtud de que cualquier error representa pérdidas, incluso de vidas, por la multitud y diversidad de factores no controlables derivados de la naturaleza heterogénea del ámbito de la seguridad, será inevitable que se cometan errores.  Lo importante es no repetirlos.

En el ámbito de la Seguridad se pueden presentar tres escenarios de situaciones genéricas:

  • Latencia, que es cuando es posible que ocurra un riesgo, y que corresponde a lo que se puede considerar como un estado de “normalidad”.
  • Inminencia, que es cuando es inevitable que ocurra un riesgo, pero aún no ocurre, y corresponde a lo que se puede considerar como un estado de “excepción” o de ruptura de la normalidad.
  • Ocurrencia, que es cuando ya ha ocurrido un riesgo, y se han causado daños, y que también corresponde a los hechos consumados de un estado de “excepción”.

De tal suerte que, para hacer frente a estos escenarios, las herramientas típicas para el trabajo en Seguridad, suelen ser las siguientes:

  • Procedimientos operativos, que corresponden a un conjunto de instrucciones con una orientación preventiva para evitar que ocurran los escenarios de riesgos, y se aplican en el estado de “normalidad”.
  • Protocolos de reacción, que comprenden a un conjunto de instrucciones con orientación reactiva para reducir, detener o incluso revertir los daños derivados de la ocurrencia de un riesgo, y se aplican en el estado de “excepción”, pero para situaciones previsibles.
  • Facultades para la toma de decisiones, orientadas a hacer frente a situaciones inéditas y/o imprevisibles de estados de “excepción”.

Que por lo regular deben ser complementados con la disponibilidad de ciertos recursos y facilidades de apoyo, entre los que destaca lo que se puede describir como la “Disciplina del protegido”, y que se refiere a que el objetivo de protección colabore con la observancia de ciertas previsiones de seguridad, entendiendo que en ocasiones, las necesidades para el objetivo de “negocio” prevalecerán sobre las recomendaciones para su protección.

Por lo regular, la Seguridad no suele ser la prioridad principal en un ámbito de “negocio”, sino el logro de sus objetivos, por lo que las necesidades de éste último suelen prevalecer sobre las previsiones de la primera, lo cual en principio compromete la efectividad de la Seguridad.  Pero también existen otros factores que pueden comprometer igualmente la efectividad de la Seguridad, entre los que destacan los siguientes:

  • Desvinculación del protegido, esto es, que las necesidades de “negocio” no solo prevalezcan, sino que se desvinculen de las previsiones de seguridad, llegándolas a considerar como algo ajeno e independiente.
  • Omisión de previsiones, esto es, que no se apliquen las previsiones recomendadas o de plano sean ignoradas.
  • Aplicación inadecuada de previsiones, esto es, que la aplicación de las previsiones de Seguridad se realice de manera inadecuada.

Lo que en general contribuye no sólo a mantener, sino que en ocasiones amplían las posibilidades de las “grietas de seguridad” para favorecer el efecto de los vectores de amenaza sobre la dinámica social en general.  De aquí la conveniencia de establecer un equilibrio entre el ideal de la apertura total para las necesidades de “negocio”, y las inevitables restricciones que impone cualquier medida de protección.

La aportación de la seguridad a la dinámica social se deriva del planteamiento de Continuidad que se establece para su Visión, y se puede describir como de naturaleza contextual, ya que no suele participar directamente en las cadenas de valor, sino que consiste en configurar un clima de orden y tranquilidad, lo cual constituye una base de entorno, a la manera de un “caldo de cultivo” en el que se induce un sentido de certeza que propician el arraigo y permanencia de las fuerzas productivas en el seno de una comunidad, y que promueve y fomenta su actividad, lo que directamente contribuyen a la construcción del bienestar y la prosperidad social

Para estos efectos, la imagen objetivo que se pretende alcanzar, es que cualquier persona pueda ir de su casa al mercado y regresar, sin que le pase nada; que cualquier establecimiento pueda operar todo el día, sin que le pase nada; que los transportes lleguen a donde deben llegar, cuando deben llegar y cómo deben llegar;  en general, que las cadenas de valor puedan operar, sin ninguna interrupción o interferencia.

Por ello, se puede considerar a la seguridad como un recurso de gobernabilidad, desde la perspectiva institucional debido a que, al procurar, favorecer y conservar un clima de orden y tranquilidad, se induce una percepción de certeza entre la ciudadanía, lo que propicia la configuración de un sentido de arraigo, permanencia y pertenencia a la comunidad, lo que redunda a su vez en la credibilidad y confianza social en sus instituciones, que a su vez mejora las perspectivas de gobernabilidad.

En este contexto, existe un riesgo siempre latente de crear falsas expectativas respecto a algunas medidas y previsiones en materia de Seguridad, como por ejemplo el asociar la simple presencia de un mayor número de cámaras a una mayor efectividad en seguridad, ya que la decepción por el incumplimiento de esas expectativas pueden llevar fácilmente al desencanto, el descontento y la inconformidad ciudadana, y por ende a la pérdida de credibilidad y confianza social en las instituciones, con sus obvias consecuencias adversas a las perspectivas de gobernabilidad.

Pero también se puede considerar a la Seguridad como una Herramienta de Competitividad, desde la perspectiva particular de los intereses privados, debido a que, si bien no participa directamente en las cadenas de valor, para propósitos de rentabilidad y productividad, si contribuye a mejorar las perspectivas de competitividad, al evitar pérdidas y así mantener la posesión y control de los bienes de capital, en particular los recursos e instrumentos de producción, permite que las empresas tengan capacidad de respuesta en el momento y lugar que se requiera, y así mantenerse a la par en la competencia con sus competidores de “negocio”.

A su vez, en este contexto se suele presentar una controversia respecto a si la Seguridad representa un gasto improductivo o una inversión, lo cual determina la magnitud de los esfuerzos y recursos dedicados a su atención. 

En realidad, si bien la seguridad no contribuye a la rentabilidad o la productividad, si lo hace en el aspecto de la competitividad, de tal suerte que si bien no es un gasto, y tampoco es una inversión, lo que representa es lo que se puede describir como una “protección de la inversión”, cuya magnitud estará determinada por el cuestionamiento “¿cuánto vale lo que se quiere proteger? ¿Cuánto cuesta protegerlo?”. 

Contemplando para la primera parte del cuestionamiento no sólo el valor intrínseco de los bienes, sino el valor de lo que se puede hacer con esos bienes.  El valor de la diferencia entre tenerlos o no tenerlos en el lugar y momento oportunos, no sólo para permanecer en la competencia, sino incluso para ganarla. Después de todo, los seguros sólo cubren las pérdidas, cuando las hay, mientras que la Seguridad protege las ganancias, siempre.

En conclusión, se puede considerar a la seguridad como un factor vital de viabilidad y progreso social, de inicio por el simple hecho de responder a uno de los dos objetivos torales que dan origen a esa organización humana que conocemos como sociedad; proteger su existencia y funcionamiento, pero en general, por las posibilidades que puede abrir de ampliación y  mejora de las perspectivas de condiciones y calidad de vida, tanto de manera colectiva como individual de sus integrantes.

Manual de Seguridad - Emblema

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