Buena parte de los policías en el mundo están entregados a la causa de un servicio público honorable y competente, con altas normas de integridad personal y profesional como producto, además de su gran vocación, de una formación y un apoyo institucional y social adecuados.
Esta circunstancia, no obstante, se ve muchas veces alterada y ensombrecida por algunos policías que, como individuos, incumplen dichas normas y acaban por caracterizar, con sus acciones, abusos u omisiones, al resto de los policías ante los ojos de los demás como ineptos, corruptos y poco confiables.
No perdamos de vista que, en algunos países, la policía es un instrumento directo de la política del gobierno y una prolongación de la autoridad ministerial en tanto que, en otros, tiene mayor independencia para poder ejercer su poder para hacer cumplir la ley.
A pesar de que los poderes policiales han sido concebidos para proteger las libertades y los derechos fundamentales de la sociedad, dichos poderes, al ser delegados, corren el riesgo de ser objeto de graves abusos.
Cuando dichos abusos se cometen de forma sistemática y no existen contrapesos ni por parte del Estado ni por parte de la sociedad, los policías, en general, se encuentran en una posición en la cual, a pesar de ser mayoritariamente buenos, terminan por verse como malos.
Al observar a la policía de México escasa de elementos, con deficiente formación, poca capacitación y mala remuneración, rebasada, corrompida y ahora denostada y menospreciada, debemos reconocer que está como está, no porque así haya sido siempre, sino porque así se fue haciendo por culpa de unos cuantos y que poco o nada hemos hecho ni el gobierno, ni la sociedad, por rescatarla y reivindicarla.
Amén de las evidencias que nos ofrece la primera encuesta policial, que dan cuenta de la precaria situación de la policía, basta con ver en las redes sociales los cientos de escenas donde es manifiesta la falta de respeto y repudio a la policía, que dan cuenta de insultos, agresiones, lesiones y hasta homicidios de policías por parte no de infractores o delincuentes, sino de la propia ciudadanía.
En México aplica a la perfección el dicho de que “cada país tiene la policía que quiere y que merece”. Es preciso dejar de ver a la policía como algo ajeno, debemos reconocerla como nuestra y como la primera y mejor alternativa para prevenir y enfrentar a la delincuencia tal y como lo es para la mayoría de las sociedades en el mundo moderno.
Antes de dar paso a las fuerzas armadas para desempeñar labores para las cuales no han sido preparadas, debemos reflexionar seriamente si rescatamos de una vez por todas a nuestra policía, dándole el lugar, el respeto y las capacidades que merece y requiere, además de la supervisión y auditoría necesarias para su correcto desempeño.
Si no actuamos decidida y conjuntamente hoy para su rescate, no nos lamentemos el día de mañana cuando reconozcamos que, lejos de la prevención, vivamos bajo el yugo de la represión.
¿Qué opinas?, ¿rescatamos a nuestra policía o la dejamos a su suerte y extinción por inanición?
Te recomendamos la lectura del Manual de instrucciones para la evaluación de la justicia penal: policía. Integridad y responsabilidad de la policía. Publicado por la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, así como la lectura de nuestras ediciones Policía y sociedad en México y Policia S.O.S.