Tirador activo

Analizar portación ilegal y estado psicológico
Gerardo de Lago

“Lo ideal sería asegurar que no es posible ingresar un arma a inmuebles o zonas públicas.”

Gerardo de Lago Acosta

Químico Fármaco Biólogo, Universidad La Salle, México. Maestría en Tecnología Farmacéutica, Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey. Maestría en Justicia Criminal con Énfasis en Seguridad Nacional (Homeland Security), Universidad de Phoenix, EE. UU. Diplomado en Seguridad Integral (DSI), Universidad del Valle de México.

Profesional Certificado en Protección (CPP) y Protección Ejecutiva, ASIS INTERNATIONAL. Entrenado en Protección Ejecutiva, R.L. Oatman. Certificado en Operaciones contra Incendios, Universidad de Texas A&M, en Project Management por Covey y en Risk Management Certification por Procter & Gamble. Manejo y Negociación de Secuestros, GardaWorld, Londres. Instructor A.L.I.V.E. de reacción ante el escenario de Tirador Activo, MPS Security & Protection, EE. UU.

Durante 15 años se desempeñó como Gerente de Relaciones Laborales, de Producción, de Administración de Riesgos y de Seguridad para Latinoamérica Norte en una empresa global de bienes de consumo. Posteriormente y durante una década, fue Director de Seguridad para Latinoamérica de una organización educativa con operación en 9 países, atendiendo a una población de más de 450,000 alumnos.

Actualmente, se desempeña como Socio Director & Presidente de una importante firma Latinoamericana especializada en consultoría con operaciones en todo Latinoamérica.

Un tirador activo es una persona que ha decidido abrir fuego en una zona reducida para causar daño a la mayor cantidad de gente posible, en el menor tiempo posible. Durante su ataque no distingue entre posibles blancos y que puede seguir atacando hasta que decida huir, se quite la vida o alguien lo detenga.

En el contexto de la seguridad pública en nuestro país es una amenaza grave debido a que la mayoría de la seguridad privada no está armada, por lo que no puede enfrentar una amenaza de este tipo, y las fuerzas del orden no tienen ni el tiempo de respuesta, ni el entrenamiento para enfrentar a un atacante que, por lo general, no le importa morir mientras realiza su plan de dañar personas inocentes.

Desde el punto de vista de la legislación, tampoco está el país listo, pues está demostrado que a un atacante de este tipo es muy común que, para detenerlo, la policía necesite abrir fuego para detener el ataque y esto pudiera considerarse abuso de fuerza bajo las leyes actuales, lo que hace que la policía sea menos efectiva en detener a un tirador activo.

El fenómeno inició en los años 80 con una serie de incidentes que suceden en las oficinas postales de Estados Unidos, donde un cartero despedido va a su casa por un arma, regresa a su oficina postal y abre fuego a sus compañeros de trabajo, de ahí se acuña el término “going postal” para definir este comportamiento.

En los años 90, debido a que se comienzan a ver incidentes con armas en diferentes lugares de trabajo (tiendas de conveniencia, taxis, hospitales, oficinas corporativas), la Oficina de Seguridad Laboral de los Estados Unidos (OSHA) acuña el concepto de “workplace violence” para tipificar este tipo de incidentes, y se empieza a estudiar el fenómeno de violencia formalmente.

En la década del 2000, el FBI y el Servicio Secreto de los Estados Unidos se involucra en el tema y realiza análisis de 250 incidentes buscando definir el perfil del tirador para poder detectarlo antes de que ataque, y es el FBI el que le da el nombre de Tirador Activo (active shooter).

Dentro de este análisis que hace el FBI se determinan que no es un factor específico el que contribuye a que estos ataques sucedan; es el resultado de una serie de factores que pueden incluir afectaciones en la vida de la persona en ámbitos como:

  • Hogar / Familia
  • Trabajo / Escuela
  • Salud / Bienestar
  • Economía / Finanzas
  • Comunidad / Religión


Que se suman para afectar el estado psicológico y emocional de la persona al punto de que decide que un ataque de este tipo es viable para sus intenciones personales.

En las primeras décadas de estos incidentes fue muy difícil obtener información sobre la motivación de los tiradores debido a que, en un muy alto porcentaje, se quitaban la vida durante el incidente o resultaban muertos por interacción con la policía.

Durante los últimos años se ha visto un número mayor de tiradores que han sobrevivido los incidentes, lo cual ha permitido a las autoridades su entrevista, pero aun así las motivaciones específicas han sido difíciles de aislar a un grado en que se pueda detectar con tiempo suficiente para detener el ataque.

Definitivamente, un factor crucial para la ocurrencia de este tipo de ataques es la existencia de un arma cargada y disponible para el tirador; este es un tema relevante, ya que la estadística echa por el FBI de los incidentes de los últimos 20 años nos dice que un alto porcentaje de los tiradores no tenían edad legal para comprar un arma.

Los incidentes de tirador activo no han sido tan frecuentes en Latinoamérica, posiblemente debido a que la posesión de armas de manera legal por ciudadanos en nuestra región es extremadamente menor que en los Estados Unidos, aun así, hemos visto tristemente algunos incidentes que han usado no solo armas de fuego, sino también cuchillos, arcos y hachas para sustituir la falta de un arma de fuego.

Aún más preocupante es que hemos visto incidentes en la región que copian a eventos sucedidos en Estados Unidos, como el caso de la escuela en Torreón, donde el niño que abre fuego se disfraza igual que uno de los tiradores de la secundaria de Columbine (20 años atrás), esto puede estar ligado al alto nivel de información en redes que se puede encontrar y que de alguna manera cause fascinación en menores de edad que no han terminado de formar su carácter.

La amenaza de que una persona intente dañar indiscriminadamente a otras en un área pública es real, y es importante que las instituciones, empresas y público en general aprenda a detectar la situación y sepa cómo actuar para protegerse y en caso de ser necesario neutralizar al atacante.

Esta experiencia la vivió la ciudad de Houston y se dio cuenta de que aún con una rápida respuesta policial, era imposible evitar la pérdida de vidas en un incidente de este tipo, que según los datos históricos puede durar entre 90 y 180 segundos, es por esto que el gobierno de la ciudad de Houston crea el proceso conocido como “RUN, HIDE, FIGHT” (CORRE, ESCONDETE, PELEA) siendo este el primer proceso de seguridad pública que, debido al riesgo inminente a la vida, requiere la actuación de la posible víctima en su autodefensa en caso de que no haya autoridades presentes.

En el caso de Latinoamérica esto se exacerba debido a la baja velocidad de la respuesta de las autoridades, su comúnmente nulo o muy bajo entrenamiento para respuesta de este tipo de incidentes y el hecho de que, por la baja frecuencia de incidentes, es muy común que este riesgo no esté en la lista de protocolos a desarrollar y entrenar.

El proceso de prevención ideal sería asegurar que no es posible ingresar un arma al inmueble o zona pública, pero esto implica la existencia de arcos detectores de metales y equipos de rayos X los cuales, por costo e implicaciones en el fácil y rápido flujo de personas, no son una opción realista en la mayoría de los casos, por lo que el proceso de prevención realmente implementable, sobre todo en lugares públicos, se basa en la denuncia de actividades sospechosas.

Este proceso en los Estados Unidos es conocido con el nombre: “si ves algo, di algo”, un ejemplo de esto es si una persona entra en un centro comercial en pleno verano con una chamarra grande o un abrigo largo, esto sería muy extraño y pudiera indicarnos que la persona esconde algo, posiblemente un arma, debajo de la ropa.

En escuelas y empresas este proceso se puede ver robustecido con el reporte también de actividades irregulares en foros en línea, donde una persona que está considerando realizar un ataque violento puede estar posteando mensajes de enojo, insinuaciones de sus intenciones violentas, y en algunos casos instrucciones de no presentarse a la escuela o empresa a amigos cercanos, con la intención de que no sean afectados por el incidente.

La fase de preparación ante un incidente de este tipo tiene varios elementos:

Medios de notificación masiva: Este punto se refiere a como se va a comunicar a la comunidad que está presente dentro del inmueble de la existencia de un atacante con Intenciones de lastimar a cualquier persona que se cruce en su camino.

Este proceso puede incluir alarmas, sistemas de voceo, mensajería instantánea, e incluso aplicaciones específicas para teléfonos inteligentes.

En caso de que no se implemente alguno (o varios) de los medios de notificación masiva arriba descritos, el que las personas presentes se enteren de la amenaza dependerá de escuchar los disparos, ver gente herida, ver gente huyendo, o en el peor de los casos, encontrarse cara a cara con el atacante.

Capacitación: Este segundo punto del proceso de respuesta implica capacitar a toda la comunidad en cómo reaccionar ante la presencia de un atacante, considerando que mientras mayor sea el porcentaje de público externo (como en un centro comercial) menor será la posibilidad de que hayan recibido entrenamiento y más trabajo habrá que hacer por parte del personal de seguridad interna para dirigir la respuesta en el momento del incidente.

Está de más decir que, el lugar más seguro ante un ataque es lo más lejos del arma posible y fuera de su línea de tiro, por lo que durante el proceso de entrenamiento deberá privilegiarse primero la evacuación y, en caso de que ésta no sea posible de manera segura, deberá enfocarse en como esconderse y crear una barrera entre el atacante y la persona, de manera de que el atacante o los disparos no alcancen a las personas.

Si estas dos opciones fallan y no hay autoridad que esté respondiendo para neutralizar la amenaza, es posible que haya que recurrir a la violencia en contra del atacante para evitar que siga causando daño.

Relación con autoridades: Este punto se enfoca en la creación de una relación continua con las autoridades locales, con la intención de:

  • Conocer sus capacidades y velocidad de respuesta.
  • Darles acceso al inmueble para que lo conozcan y se facilite su intervención durante un incidente.
  • Crear una línea de comunicación de emergencia directa.
  • Establecer un entendimiento de los protocolos que se seguirán de ambos lados en caso de incidente.


Diseño del inmueble:
Un elemento adicional de preparación que es poco común, es el diseño utilizado en la construcción del inmueble, que le permita a la seguridad interna la rápida detección del atacante y facilite su neutralización, y que para el atacante presente barreras físicas que eviten su libre flujo entre zonas, a la vez que provea a la comunidad de elementos que faciliten su evacuación o permitan su aislamiento seguro del incidente.

La detección de un ataque de tirador activo normalmente sucede al momento en que se escucha el primer disparo, a partir de ese momento comúnmente el pánico hará que la gente presente corra, grite o llame a la línea de emergencia para pedir ayuda ante el ataque en proceso.

A partir de ese momento, los encargados de seguridad deberán:

  • Solicitar ayuda la policía.
  • Notificar de manera masiva a la comunidad de la existencia del ataque.
  • Dirigir la evacuación del inmueble.
  • Apoyar en el proceso de aislamiento seguro de las personas presentes.
  • Intentar restringir la movilidad del atacante hacia otras áreas.
  • Intentar neutralizar la capacidad de daño del atacante.
  • Proveer a la policía información de ubicación y número de atacantes.
  • Apoyar con la respuesta médica a heridos.


El punto de intentar neutralizar al atacante dependerá en gran medida del equipamiento del personal de seguridad, ya que en caso de no estar armados, el enfrentar al atacante para neutralizar su capacidad de daño es posible que ponga en riesgo inmediato la vida del personal de seguridad.

Como ya se comentó, el lugar más seguro durante un incidente de tirador activo es lo más lejos del arma posible, por lo que la principal acción recomendada es evacuar la zona lo más rápido posible (CORRE), es importante mencionar que este proceso puede incluir el uso de rutas de evacuación no convencionales, que no son las definidas para el caso de incendio o sismo como son las escaleras y pasillos de flujo normal, las cuales pudieran estar comprometidas por la presencia del atacante.

En este caso se pueden considerar como opciones de evacuación el uso de ventanas (aún cuando implique romperlas), salidas de servicio, zonas de flujo restringido, bodegas traseras que lleven zonas de carga (en tiendas de centros comerciales), e incluso brincar o descolgarse de segundos pisos hacia zonas abiertas.

Si ninguna de estas opciones es viable, la segunda mejor opción será aislarse del atacante (ESCÓNDETE), buscando un área que pueda cerrarse, donde la persona pueda crear una barricada en el acceso que impida que el atacante logre entrar, y que en caso de que existan disparos, esta barricada ayude a proteger a la persona de los proyectiles que vuelen en su dirección.

Es muy importante que durante este proceso se apague la luz, se guarde silencio y se pongan los teléfonos en modo mudo, con la intención de que atacante no identifique la ubicación oculta de la persona y pase de largo en su proceso de búsqueda de víctimas a las cuales atacar.

Existe la posibilidad de que evacuar no sea opción y esconderse de manera efectiva sea muy difícil y termine la persona (o grupo de personas) encontrándose cara a cara con el atacante… en este caso es importante hacer hincapié en que la negociación con el atacante para evitar la violencia es MUY poco probable, por lo que la única opción remanente será la violencia para neutralizar al atacante (PELEA).

Si este es el caso se recomienda usar lo que se conoce como ataque de enjambre (haciendo referencia a como ataca una colonia de avispas cuando el avispero está en riesgo… todas al mismo tiempo), este proceso de violencia en grupo aumenta las posibilidades de éxito y disminuye la posibilidad del atacante de defenderse de manera efectiva del ataque.

Está de más decir que el defenderse del atacante no es un proceso sin riesgo, es muy probable que alguno de los involucrados termine lesionado o incluso pierda la vida, en realidad hay tantos factores involucrados que no sabemos cuál será el resultado del enfrentamiento.

Pero, lo que SI SABEMOS, con base en los muchos años de historia de estos incidentes, es qué va a pasar si no se recurre a defenderse cuando se está cara a cara con el atacante… el atacante va a abrir fuego en contra de todo aquel que se encuentre a su alcance con la intención de causar el máximo daño posible a la mayor cantidad de víctimas en el menor tiempo posible.

Los protocolos de comunicación a las autoridades deben considerar pedir ayuda lo más rápido posible al enterarse de un incidente en proceso, y deben incluir:

  • Ubicación del incidente.
  • Número de tiradores.
  • Descripción física.
  • Tipo de arma.


Cuando la policía y equipos de respuesta médica lleguen al lugar del incidente, se deberá proporcionar planos del inmueble, posible ubicación del tirador y hacia donde se está moviendo, así como si hay víctimas confirmadas que requieran ayuda médica.

Con respecto a las personas presentes en el lugar durante el incidente, se deberá comunicar, utilizando algún medio de comunicación masiva (voceo, alarma, mensajería instantánea, aplicación de teléfono inteligente):

  • Existencia del atacante.
  • Ubicación del atacante.
  • Dirección hacia donde se dirige el atacante.


Es MUY importante no usar códigos en clave (colores, nombres clave) para la comunicación a la comunidad, debido a que estos serán entendidos únicamente por el personal empleado entrenado, limitando las opciones de acción del público en general del personal que no ha sido entrenado o que, el proceso de estrés, nuble su capacidad de entendimiento o memoria.

Las secuelas del evento podemos dividirlas en tres cuatro grupos:

  • Psicológicas: Efecto postraumático de los miembros de la comunidad después de vivir un evento de esta gravedad donde, aún al no haber estado su integridad en riesgo, personas conocidas pudieron estarlo o simplemente sucedió en un lugar donde normalmente la persona está presente y se sentía segura. Para este caso, la ayuda por profesionales de salud mental será requerida.
  • Físicas: Esto incluye los daños al inmueble causados por los disparos, los residuos de líquidos corporales resultantes del incidente (sangre), Los daños causados por el proceso de evacuación o por las autoridades en el proceso de neutralización del atacante (ventanas y puertas rotas, muebles tirados o rotos, etc.).

    Todo esto debe ser reparado antes de que la comunidad reingrese al inmueble, lo cual puede verse retrasado por el proceso de toma de evidencias de la autoridad al considerar el inmueble como una escena de crimen.

    Este punto requerirá del equipo de mantenimiento y/o algún contratista de construcción externo y de presupuesto adicional no considerado, así como la participación del personal de la aseguradora si es que existe póliza y cubre este tipo de eventos.

  • Legales y mediáticas: Este punto incluye la presencia de medios de comunicación y las demandas que pudieran llegar por parte de los afectados basados en el alegato de la obligación de la empresa por proteger a la comunidad presente, y, por otro lado, todo el proceso legal por parte de la autoridad que incluye la recolección de evidencia (física y electrónica), entrevistas con el personal empleado y testigos del público, asistencia a cualquier citatorio y/o juicio que resulte.

    Este punto requerirá el apoyo del área jurídica y en su caso, de asistencia profesional de algún bufete de abogados externo, así como del equipo de comunicación, o bufete externo, para atención a los representantes de los medios.

  • Operativas: Este punto considera las afectaciones a la operación y sus consecuencias económicas debido a la interrupción de operaciones durante las fases de recolección de evidencias y reparación de daños.

    Este punto puede requerir la implementación de una sede alterna para mantener operaciones o la existencia de una póliza de seguro que incluya pago de daños consecuenciales que evite la quiebra del negocio.

Las instituciones educativas, así como los lugares públicos, pueden mejorar sus planes de respuesta y su nivel de entrenamiento mediante dos acciones específicas:

  • Solicitar la ayuda de algún experto en seguridad con experiencia o certificación en procesos de protección ante la amenaza de tirador activo, para este efecto asociaciones profesionales como ASIS internacional pueden ser un buen punto de referencia.

  • Acercarse a las autoridades de policía locales para pedir apoyo en la creación y mejora de los planes de seguridad de la instalación.

Las autoridades locales participan en la prevención y respuesta, asegurando el entrenamiento de su personal y la interacción con las instituciones, enfocando los esfuerzos en la denuncia y consecuente investigación de actos sospechosos.

La comunidad en general puede participar denunciando actividades sospechosas, pero sobre todo restringiendo el acceso a menores de edad, y personas con discapacidad cognitiva, a armas de fuego.

Puede oírse ocioso el siguiente comentario, pero para que se dé un incidente de tirador activo, el arma:

  • Tiene que existir
  • Tiene que estar cargada, y
  • TIENE QUE ESTAR DISPONIBLE


Muchos incidentes en la historia de esta amenaza han involucrado tiradores que NO TENÍAN edad legal para poseer un arma, lo que indica que un adulto no tuvo la precaución de evitar el acceso a su arma, o en el peor de los casos lo facilitó conscientemente.

Manual de Seguridad - Emblema

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