Seguridad en minas

Proteger instalaciones y trabajadores
Allen Behul

“Los planes cubren todo el ciclo: desde exploración y prospección, hasta construcción, producción y cierre de la mina.”

Allan Behul

Licenciado en Ciencias Políticas por la Universidad de Toronto. Maestría en Administración de Empresas (MBA) en la Universidad de las Américas, Puebla. Certificado como Erudito Numismático. Autor de varios libros sobre numismática y diversos artículos en seguridad.

Instructor certificado de Uso de la Fuerza (Base Militar Meaford, Canadá), en Protección Ejecutiva (Base Militar Fort York, Canadá y Gunsite Academy, Arizona, Estados Unidos.) En Puntos de Presión y Motores (P&W, Canadá). Instructor de Principios Voluntarios de Seguridad y Derechos Humanos (Fund for Peace y Monkey Forest, Estados Unidos).

Fundador y Presidente del Comité de Seguridad de la Cámara de Comercio en México. Se ha desempeñado como asesor, gerente y director de seguridad regional en empresas multinacionales del ramo automotriz y minero.

Actualmente, se desempeña como directivo de una empresa de soluciones en tecnología y comunicación.

La industria minera se dedica a la extracción de materiales útiles de la tierra, que incluyen a los metales preciosos como el oro (Au) y la plata (Ag). A través de diferentes procesos, los materiales extraídos se transforman en una forma refinada. Dicha extracción se lleva a cabo en la superficie del terreno, conocida como minas a cielo abierto o subterráneas, que se desarrolla bajo ella.

Las minas generalmente están ubicadas en áreas muy remotas y a veces aisladas; lejos de las grandes ciudades, caminos pavimentados o la atención médica adecuada. Se pueden encontrar operando en casi todos los tipos de entornos y climas; desde desiertos cálidos y áridos, hasta regiones sub-árticas con temperaturas bajo cero continuas durante los meses del invierno.

El aislamiento, muchas veces, trae consigo complicaciones significativas en términos de entradas y salidas de estas áreas, en términos de la logística de trasladar personal, suministros y productos, la seguridad industrial y la seguridad patrimonial.

Por ejemplo, las minas que operan en regiones montañosas altas necesitan aviones especializados, tal como el Twin Otter, que es conocido por sus capacidades de despegue y aterrizaje corto, capacidad de carga útil y excelente visibilidad externa.

Lamentablemente, en ocasiones, estas zonas remotas están también sujetas al cultivo y procesamiento de sustancias para la producción de drogas ilícitas, que pueden tener impactos directos e indirectos en la mina; algo de gran preocupación, especialmente en cuanto a la protección de la integridad física del personal, los bienes y la imagen de la empresa.

Una estrategia de seguridad comprensiva para el sector minero tiene como principal objetivo acompañar a la empresa en cada etapa del ciclo de vida de la mina, que consiste en: exploración y prospección, diseño y planeación de la mina, construcción, producción y cierre.

En la primera etapa, exploración y prospección, las empresas contratan geólogos y otros especialistas para analizar las características del terreno y luego prospectar las áreas en busca de yacimientos minerales.

Para el área de seguridad, esto implica una serie de tareas, entre ellas, el análisis de riesgos de la zona, informar a los trabajadores y proveedores sobre el clima de seguridad y los planes de contingencia correspondientes, así como establecer canales de comunicación y presentar una serie de esquemas de trabajo para el personal de seguridad, escoltajes vehiculares, etc.

En la Etapa 2, diseño y planeación de la mina, las empresas determinarán si es viable invertir en la construcción de una mina, tomando en consideración si están seguras de haber encontrado un depósito, lo suficientemente valioso, como para justificar el dinero que tendrán que gastar para ponerlo en producción.

Esto incluye realizar evaluaciones económicas preliminares, junto con estudios de pre-factibilidad y factibilidad, incluso las necesidades presupuestarias con respecto a la seguridad, tales como: el personal, las medidas de seguridad física en particular para las áreas de alto riesgo como la refinería, puntos de entrada/salida, etc.

Etapa 3, la construcción de sitios mineros, implica la construcción de una infraestructura prácticamente autosuficiente, que incluye: carreteras, instalaciones de procesamiento, sistemas de energía y agua, sistemas de gestión ambiental, comedores, viviendas para empleados, proveedores y huéspedes, etc.

Medidas de seguridad patrimonial como cercas perimetrales, casetas de vigilancia, cámaras de CCTV, etc., se instalan durante esta etapa con una cobertura de servicios de guardia de 24/7 establecida en áreas críticas como los puntos de entrada/salida, pista de aterrizaje, etc. 

Etapa 4, la producción consiste en tres pasos a cumplir: la recuperación de los minerales a través del proceso de extraer el mineral de la roca usando una variedad de herramientas y maquinaria, el procesamiento de minerales recuperados mediante enormes trituradoras o molinos para separar los minerales comercialmente valiosos y la fundición; un proceso que consiste en fundir el concentrado en un horno para extraer el metal de su mineral. El mineral se vierte en moldes, produciendo barras llamadas doré, que luego están listas para ser enviadas a otros destinos para su refinación final.

En esta etapa se aumenta el personal de seguridad patrimonial para cubrir todos los movimientos de los minerales en sitio, incluyendo la refinería y el almacenamiento temporal de los productos terminados.

La etapa final, el cierre de la mina, incluye el desmantelamiento de la infraestructura total, la rehabilitación ambiental y la administración del mismo cierre, durante el cual la estrategia de seguridad debe garantizar que no se baje la guardia, mediante el cumplimiento de los estándares, prácticas y medidas de seguridad establecidas, hasta la terminación de la etapa.

Sin duda. Consiste en una visión de la seguridad impulsada por la inteligencia.

Actualmente, muchas empresas mineras siguen creyendo, erróneamente, que una estrategia de seguridad efectiva tiene más que ver con las medidas de seguridad física que con cualquier otra cosa, lo cual no es el caso.

Por supuesto, hay medidas básicas de la seguridad física que deben implementarse, pero el éxito subyacente de una estrategia de seguridad necesita la inteligencia; en otras palabras, información de utilidad, que aporta a la toma de decisiones, la mitigación de riesgos y sume a la sostenibilidad de la empresa.

El proceso de convertir inteligencia sin procesar (en inglés raw intelligence) en inteligencia terminada, se lleva a cabo a través del Ciclo de Inteligencia, que generalmente se compone de (5) pasos: Planificación y Dirección, Recopilación, Procesamiento, Análisis y Difusión.

Existen varias fuentes que se utilizan con frecuencia para obtener la inteligencia, entre ellas: la inteligencia de fuentes abiertas (en inglés Open Source Intelligence o OSINT). OSINT se caracteriza como la información disponible públicamente de las redes sociales, sitios web y artículos de noticias, que puede servir para gestionar una información sobre un individuo y/u organización.

Cabe señalar que, aunque OSINT puede tener fragmentos de información verídica en su contenido, muchas veces las fuentes de información que se utilizan para obtener dicha información no se verifican ni confirman, lo que da como resultado datos potencialmente engañosos o imprecisos.

A diferencia de OSINT, la inteligencia de fuente cerrada (en inglés Closed Source Intelligence o CSINT), es información recopilada de fuentes que no están disponibles libremente para la comunidad en general o tienen acceso restringido. CSINT típicamente incluye material como los registros de delitos de la policía o información de una agencia de inteligencia del gobierno, usualmente disponible a través de acuerdos de intercambio de información.

Como nota final, hoy en día existe software disponible, diseñado por países con experiencia de vanguardia en el campo de inteligencia, que se pueden adquirir y personalizar según las necesidades de cualquier empresa, con características muy beneficiosas como el monitoreo continuo de los canales de medios y el desarrollo “inteligente” de redes de comunicación en tiempo real, sólo por mencionar algunos.

Sencillamente, identificar qué área de la empresa será la encargada de recopilar, analizar y difundir la inteligencia, como una de sus funciones principales. Siendo que la naturaleza de este proceso es claramente delicada y sumamente confidencial, la responsabilidad suele recaer en el departamento o área de seguridad corporativa.

Una vez establecida, el objetivo principal debe ser designar la tarea a la persona o personas, que cumplan con el perfil requerido para el cargo; en inglés, a menudo conocido como el Knowledge Officer.

El perfil de esta persona es en realidad bastante especial, lo que requiere una combinación muy específica de rasgos de personalidad y de conocimientos. Encontrar a la persona correcta, suele ser desafiante; mucho más que la adquisición de un software de inteligencia.

Desde el lado de la personalidad, la persona a veces tiene una tendencia a ser introvertida, evitando hablar abiertamente sobre temas en grupos o en público. Estas personas suelen ser calladas, meticulosas y muy detallistas; capaces de trabajar solas, con poca supervisión, además de tener una disposición inquisitiva por naturaleza.

Del lado del conocimiento, deben tener un gusto general por procesar cantidades significativas de información diariamente y habilidades de investigación, con un enfoque específico en la seguridad y la inteligencia; habilidades que a menudo se adquieren a través de la experiencia trabajando en agencias de inteligencia y/o policiacas, junto con la capacitación especializada en la realización de investigaciones y el manejo de inteligencia.

El Knowledge Officer también debe poseer una habilidad superior al promedio en el uso de software en general, realizar búsquedas avanzadas en Internet y, sobre todo, tener la capacidad de elaborar informes o reportes de alto nivel.

Dado que muchas empresas mineras son extranjeras y tienen su sede en países extranjeros, una ventaja importante sería escribir y presentar los informes en inglés.

El éxito del primer paso anterior, depende de la colaboración directa entre cuatro áreas importantes: Recursos Humanos (RRHH), Seguridad, Compras y Tecnología e Información (TI).

Por default, el área de Seguridad puede asumir la tarea de elaborar los requisitos de la descripción del puesto del Knowledge Officer, para garantizar que se ha abordado el perfil y la experiencia especializada en la materia. Una vez elaborado, se debe compartir con Recursos Humanos para garantizar que se cumplan los requisitos del área.

Después de que los posibles candidatos hayan sido pre-filtrados (incluyendo las verificaciones de los antecedentes correspondientes), las entrevistas de los candidatos deben realizarse de forma colectiva entre Seguridad y RRHH.

Paralelamente, al proceso de selección de candidatos, el área de Seguridad tiene la responsabilidad de elaborar una propuesta económica dirigida al Gerente y/o Director de Compras. Como suele ser el caso, el departamento de Seguridad a veces no cuenta con los medios presupuestarios para adquirir un software de inteligencia, es fundamental presentar el concepto y la estrategia al Director de Compras de antemano, no sólo para asegurarse de que él o ella tengan una comprensión del concepto y los beneficios para su área y la empresa en general, sino también los costos que están involucrados en la compra.

Por último, tener también el área de TI a bordo, garantiza que todo el software esté en línea con las especificaciones y los protocolos de su departamento, además de cualquier consideración de hardware o asunto adicional.

En 2000, un pequeño grupo de gobiernos, empresas y organizaciones no gubernamentales, colaboraron para desarrollar e implementar una serie de principios conocidos como los Principios Voluntarios de Seguridad y Derechos Humanos (en inglés, Voluntary Principles on Security and Human Rights).

Sencillamente, los Principios Voluntarios son un conjunto de principios que ayudan a las empresas extractivas a mantener la seguridad y protección de sus operaciones dentro de un marco operativo que asegure el respeto a los derechos humanos (DDHH), las libertades fundamentales y en su caso, al derecho internacional humanitario.

Si bien el deber de proteger los derechos humanos generalmente recae en los gobiernos, las empresas tienen la responsabilidad de respetar los derechos humanos, tal como se describe en los Principios Rectores sobre las empresas y los derechos humanos de la Organización de las Naciones Unidas, actuando con la debida diligencia para evitar dañar a las personas y abordar los impactos adversos que podrían tener que enfrentar.

Aunque no son obligatorios, los Principios Voluntarios sirven para guiar a las empresas en la realización de una evaluación integral de riesgos para los DDHH en términos de su compromiso con la seguridad pública y privada, con el fin de garantizar que se respeten los derechos humanos en la protección de las instalaciones y la propiedad de la empresa.

Para obtener mayor información, se puede consultar la guía de implementación de los Principios Voluntarios de Seguridad y Derechos Humanos emitida por el Consejo Internacional de Minería y Metales (o ICMM - International Council on Mining & Metals).

Generalmente, esto aplica más a las empresas extranjeras que tienen su sede corporativa ubicada fuera del país en donde operan.

Suele traducirse en tratar de buscar una solución a la inseguridad de acuerdo con las normas y prácticas de su propio país en lugar de “tropicalizar” su postura, por decirlo así, en relación con cómo se abordan y/o manejan las cosas a nivel nacional. Esto a menudo lleva a buscar soluciones absolutas que pueden no ser alcanzables en el país o países de operación. En cambio, el enfoque debe estar en crear una condición de operaciones mineras dentro de un margen de tolerancia aceptable.

No hay duda de que el clima de inseguridad en torno a la operación de las minas es extremadamente complejo, exacerbado por el hecho de que, a menudo, hay poca o ninguna presencia policiaca o militar.

El contacto con el crimen organizado, por ejemplo, aunque sea involuntario, es más una cuestión de “cuándo” que de “si sucediera”, por lo que tener una estrategia de seguridad multifacética de antemano es muy recomendable.

Por supuesto, no existe una solución única para cada situación de seguridad, no obstante, tener algo establecido sin duda será muy útil en medio de una crisis.

En fin, el enfoque de la empresa debe estar en “navegar por la complejidad” del entorno de inseguridad, en lugar de tratar de buscar soluciones absolutas, que muy probablemente resultarán imposibles.

Un riesgo se puede definir como cualquier evento posible que pudiera causar daño o pérdida, o afectar la capacidad de alcanzar los objetivos de la compañía.

Cuando una empresa se enfrenta a un riesgo determinado, entran en vigor los protocolos de la gestión de riesgos (Risk Management), a través de la cual puede responder de cuatro maneras: evitar, mitigar, transferir o aceptar el riesgo.

Si tomamos, por ejemplo, la industria minera, digamos que una empresa minera está operando en un entorno de inseguridad muy complejo, evitar el riesgo significaría simplemente no seguir teniendo operaciones en dicho país; esencialmente, empacando todo y cerrando el negocio.

Mitigar el riesgo en el ejemplo mencionado, implicaría reducir la probabilidad o el impacto del riesgo; tal vez operando en el país, pero en zonas notablemente más seguras, con personal de seguridad interno.

Transferir el riesgo significaría transferir o trasladar el riesgo a un tercero; por ejemplo, la externalización completa de los servicios y personal de seguridad.

Aceptar el riesgo conllevaría reconocer el riesgo y aceptar plenamente todo lo que eso significaría sin evitarlo, mitigarlo o transferirlo.

Claro, este ejemplo está demasiado sencillo y las empresas mineras a menudo se encuentran optando por ejercer más de una de las alternativas o cualquier combinación de las mismas.

Por supuesto. Además de establecer canales formales de comunicación con los organismos policiacos referidos, las bases militares en la zona o más cercanas y los organismos gubernamentales correspondientes (tanto nacionales como extranjeros, según sea el caso), las empresas mineras a menudo pueden encontrar apoyo en una serie de otros organismos.

Estos incluyen las cámaras mineras, compuestas por empresas mineras que operan en el mismo país y/o región, las cámaras de comercio locales, a menudo alojadas localmente en las oficinas del país extranjero correspondiente (en el caso de las empresas mineras extranjeras) y las organizaciones no gubernamentales anteriormente citados, en particular aquellas interesadas en colaborar con las empresas mineras por el bien de la sociedad.

Además, existen los grupos y comités de seguridad, integrados por los jefes de seguridad de distintas empresas mineras, que pueden compartir sus experiencias en un foro cerrado y los grupos compuestas por los miembros de la comunidad y personal de la mina, donde pueden conversar sobre cualquier número de temas.

Esencialmente, una red de apoyo bien establecida puede resultar muy útil para una empresa minera; sin duda sumando a su longevidad en términos de mantener sus operaciones en un país determinado.

La Responsabilidad Social Empresarial (RSE) en la industria minera, se define como las acciones voluntarias de las empresas mineras para mejorar las condiciones de vida de las comunidades locales o para reducir los efectos negativos de los proyectos mineros.

Los programas de RSE tienden a centrarse en iniciativas comunitarias, en términos económicos, sociales y ambientales. Estos suelen incluir: educación, atención médica y de salud, acceso a agua potable, electricidad, construcción de carreteras, empleo, etc.

Incluso la planificación familiar, el desarrollo de las microempresas locales y la formación profesional para mujeres, que no sólo contribuye a la equidad de género, sino al empoderamiento de las mujeres.

Por supuesto, aún queda mucho por lograr, pero el papel de la mujer en la industria minera está mejorando constantemente, como lo demuestran los puestos que ocupan hoy en día las mujeres, que no eran tan comunes hace unos años, cuando los trabajos se limitaban principalmente a administrativos o puestos corporativos. Hoy en día, existen numerosos ejemplos de mujeres que desempeñan funciones operativas en las minas.

La responsabilidad social empresarial también actúa como una importante medida preventiva, con impactos positivos tanto directos como indirectos. En términos de los directos, mejorando la calidad de vida dentro y alrededor de las minas, podría reducir los incidentes de la delincuencia y potencialmente prevenir la violencia.

En el caso de los impactos indirectos, por ejemplo, las crisis ambientales sujetas al escrutinio público y la crítica a nivel internacional, el contar con un programa sólido de RSE, demuestra que se ejerció la debida diligencia para garantizar que todas las operaciones fueran seguras y, en caso de una contingencia, que se seguirían los protocolos y procedimientos establecidos, mitigando así cualquier efecto negativo.

Una estrategia de seguridad comprensiva dentro de la industria minera, es sólo tan efectiva como su capacidad para permanecer flexible y adaptable, ante las condiciones continuamente cambiantes del sector y la inseguridad que lo acompaña inherentemente

Manual de Seguridad - Emblema

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