Prevención del delito

En busca de una sociedad educada y organizada

OPINIÓN DE ACADEMIA

Yuriria Rodríguez Castro

“Prevenir debe ser estar un paso adelante y colaborar unos con otros.”

Yuriria Rodríguez Castro

Doctorado en Ciencias Penales y Política Criminal, Instituto Nacional de Ciencias Penales (INACIPE), México. Diplomada en Liderazgo y Gerencia Integral en Seguridad, Universidad de las Américas, Puebla. UDLAP Jenkins Graduate School. Maestría en Periodismo Político, Escuela de Periodismo Carlos Septién García, México. Licenciada en Ciencias de la Comunicación, Facultad de Ciencias Políticas y Sociales (FCPyS), UNAM.

Pionera en la investigación del fenómeno terrorista en México, tanto en sus estudios de licenciatura como posgrado, obteniendo menciones honoríficas y reconocimientos de excelencia académica.

Analista en seguridad con especialidad en prospectiva. Capacitadora de Guardia Nacional en la Construcción de Escenarios. Maestra en la FCPyS, UNAM. Escritora, Articulista y Comentarista sobre temas de crimen organizado y perfilación criminal.

Autora de los libros “El Terrorismo Transnacional y del Narcotráfico en México: mensaje criminal y derecho penal. Aproximaciones a un modelo preventivo”, publicado en España y “El Terrorismo Transnacional y del Narcotráfico en México: el concurso de delitos o cuando el narcotráfico tiene un comportamiento terrorista”, publicado en México.

El delito no se puede prevenir, porque si se previene no hay delito, esta es la paradoja, pues lo que se previene es la organización delictiva, sus violencias y crímenes. Así es como puede haber crimen y violencia sin delito, porque si el delito está en la ley es sólo para fines punitivos. El castigo es ley penal y ésta es reacción.

Pero principalmente el delito es culpa, entonces lo que parece estar desapareciendo es el delito como algo culposo, mientras el crimen aumenta sin culpabilidad. Por eso primero tenemos que recuperar el delito como idea para poder prevenirlo, pero no sin antes prevenir el crimen.

Pero fue sin duda Freud quien primero habló de la culpa en Tótem y tabú, refiriéndose a que es el padre de familia quien la mejor representa y encarna, pues el hijo que necesita eliminar la culpa, tiene que matar simbólicamente al padre para vincularse sin ésta al amor materno.

La culpa es la esencia del delito, sin culpa no hay nada que legislar, por lo que tenemos que encontrar la culpabilidad en algún lado, si ésta consiste en el señalamiento de un culpable, no se puede prevenir, pues el crimen ya tuvo lugar, para prevenirlo hay que colocarse justo antes de que se pueda señalar con el dedo al perpetrador o antes de la confesión.

Para frenar lo delictivo y criminal hay que llegar justo ahí donde la culpa se está gestando a penas: dentro del individuo que puede con esa culpa o en el grupo que está dispuesto a aceptarlo o a eliminarlo (ingreso y expulsión) para poder entrar o permanecer en la organización.

Tal como lo advertiría la antropóloga Margaret Mead en La antropología y el mundo contemporáneo que es la base de los grupos sociales: “La principal sanción en la sociedad es la culpa buena y mala, cuando el niño es recompensado y alabado por su conducta constructiva, así como también castigado por su conducta considerada equivocada”.

Como se mencionó, el delito no se previene, dado que el castigo es algo posterior y tiene que ver con la culpa, pues primero están “las causas del delito, a lo que se llamó criminología etiológica”, diría Eugenio Raúl Zaffaroni en La cuestión criminal.

Entonces, para prevenir el delito hay que situarse en la intención aún no perpetrada, cuando el individuo quiere ser aceptado o rechazado socialmente o ahí donde el grupo quiere aceptar o rechazar a éste. Sólo en esta fase se puede hablar de prevención, lo que sigue son los efectos y no las causas de su función.

Por lo tanto, no es lo mismo delito que crimen, tampoco es igual hablar de prevención del delito que de prevención de la delincuencia organizada. El delito se previene tipificando correctamente, la delincuencia organizada se puede prevenir entendiendo que incluso donde no hay delito que perseguir, sí puede existir la organización criminal y delictiva.

El delito es el tipo penal, pero no es el fenómeno criminal observado. Este es un problema que ha dañado todo en lo concerniente a la administración de justicia en México desde la idea errónea de que no hay escena del crimen sino “escena de la intervención”, con este tecnicismo no le están ayudando a los peritos a pensar analíticamente, pues la escena del crimen define mejor al espacio que contiene este fenómeno, pero con esta visión separada, aún menos se puede distinguir o cerrar la brecha entre delincuencia organizada y un trabajo criminalístico tan dependiente del tipo penal.

La respuesta a si es posible prevenir el delito como se previene la delincuencia organizada es no, justamente porque el delito no se previene, se tipifica y castiga, mientras que la organización delictuosa sí se puede prevenir entendiendo que el crimen es un fenómeno social y antropológico, no un tecnicismo procesal y de campo.

Se dice que es delincuencia organizada aquella que “llega hasta tal extremo de evolución o de perfeccionamiento: cuando rebasa los límites de control gubernamental; cuando establece líneas especiales de operación basadas en un sistema complejo, tipo empresarial, bien estructurado en la comisión delictiva; cuando persigue a través de determinadas acciones violentas la búsqueda del poder, ya sea político, económico o social”, según advierte Luis Alonso Bruccet Anaya en El crimen organizado. Origen, evolución, situación y configuración de la delincuencia organizada en México.

Entonces habrá que decir adiós al “hecho delictivo” porque el delito no es fáctico. En cambio, la organización delictiva sí es observable tanto en lo individual como en el grupo.

El individuo no por estar solo es incapaz de organizarse, claro que sí, de hecho, ésta tendría que ser la diferencia entre intención dolosa y acto imprudencial. Por otra parte, dos o más personas juntas, no por ser un grupo están organizadas, requieren de la intención planeada, por lo cual se organiza un accionar delictivo y no por el número de personas.

Llegamos a una era de impunidad donde no hay un culpable ni acusador: estamos en los tiempos de la delincuencia organizada y su naturaleza delictiva ha dejado de ser extraña, ya no es más una desviación o una anomalía; se trata de un espacio, ambiente, grupo, convivencia, conveniencia, interacción virtual en las redes sociales, ámbitos de inteligencia artificial y nuevas tecnologías.

La delincuencia organizada es toda una maquinaria de estructura presente en casi todos los sistemas diseñados o no por computadora, es la usurpación de la identidad, el robo de información, el tráfico de datos; todo un universo tan indefinible por su constante mutación que ni siquiera es posible reaccionar ante un ataque, incluso es casi imperceptible el cómo nos atenta que por eso prevenirlo es aún más complejo.

El dilema antiguo era atreverse a salir de la cueva y enfrentarse a un mundo de peligro, pero ya no es necesario varios siglos después, la amenaza está dentro del hogar, ahí donde cohabitamos con las tecnologías, en ese lugar acecha el delincuente múltiple, capaz de robar, secuestrar, reclutar de manera forzada, extorsionar, torturar, desaparecer, matar, cortar en pedazos y exhibir en vía pública, tomar fotos para una página web que es propaganda delictiva y mostrar estas escenas como mensaje criminal.

Este ciudadano no teme ser víctima del delito, sino de muchos delitos simultáneos, por lo que prevenir se hace una tarea más difícil.

El delincuente del pasado era el carterista y ladrón de casa habitación sin violencia. El delincuente en presente y futuro no es discreto, quiere infundir miedo, ya no roba, extorsiona cobrando piso, ya no invade el espacio privado de un hogar, saca a los ciudadanos de sus casas para huir rumbo a lugares donde las balaceras y los caminos no estén tomados por las organizaciones criminales.

En conclusión, la delincuencia organizada como organización se puede perfilar, al menos eso estamos tratando de impulsar en la Academia de ciencias sociales y de la conducta, pues se ha estudiado muy poco su naturaleza organizacional, quizás las más estudiadas han sido las mafias y algunas sectas, pero casi nada existe acerca de las organizaciones del narcotráfico y el terrorismo que tenga rigor científico, tanto en el caso colombiano como en el de México.

Las organizaciones criminales tienen un ecosistema criminal en México, no fue siempre así en Colombia, por ejemplo. Pero comencemos a preguntarnos qué tipo de organización son.

Para prevenir un delito hay que enfrentar la crisis: pensar en términos de crisis es tener un pensamiento crítico, para después formar una red social responsable capaz de enfrentar a las redes delictivas.

Para lograrlo es necesario seguir algunos pasos metodológicos:

  • Reconocer los detonadores que permiten el funcionamiento de las organizaciones delictivas.
  • Identificar si el delito es esperado en la circunstancia que se enfrenta a diario.
  • Identificar si la crisis delictiva es totalmente inesperada y supera el día a día.


Se pueden aplicar estos tres puntos en lo individual, familiar, organizacional o gubernamental, incorporando el pensamiento predictivo de la construcción de escenarios a la vida cotidiana.

El delito es una percepción, no por esto hay que menospreciar el delito imperceptible, pues cuando se deja sentir es porque ya somos las víctimas o los delincuentes: el delito en México se comete a plena luz, sin ocultamiento ni discreción, haciendo de los ciudadanos rehenes sigilosos que se protegen con discreción de una cada vez más amplia sociedad delictiva.

Manual de Seguridad - Emblema

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