Realizó estudios de Licenciatura en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional Autónoma de México. Diplomado en Prevención Internacional del Delito por el Instituto Nacional de Ciencias Penales, en Seguridad Informática por la Universidad Iberoamericana y en Reingeniería de Procesos de Negocio por el Instituto Tecnológico de Estudios Superiores de Monterrey.
Ha fungido como Coordinador del Comité de Seguridad de la Asociación Mexicana de Bancos, A.C., Miembro Alterno por México, en el Centro Latinoamericano de Expertos en Seguridad Bancaria de la Federación Latinoamericana de Bancos. Vicepresidente de ASIS INTERNATIONAL, Capítulo México. Miembro del Consejo Nacional de Seguridad Privada y como Consejero de empresas del ramo de traslado de valores, seguridad y protección bancaria y de vigilancia.
Con una trayectoria de cuatro décadas dentro del campo de la seguridad, ha ocupado cargos gerenciales y directivos en empresas líderes a nivel global, entre ellas, una de las más importantes organizaciones de la banca privada. Conferencista de talla internacional en temas de seguridad bancaria.
Actualmente, se desempeña como empresario y consultor en seguridad integral.
La seguridad es un tema al que el hombre se ha visto obligado a atender desde tiempos inmemoriales. El ser humano, como algo innato a su ser, siempre ha desarrollado una planeación intuitiva de su seguridad, tanto para protegerse de los depredadores que lo acechaban como de los riesgos naturales a los que estaba expuesto en su entorno, que en conjunto representaban una amenaza seria para su subsistencia.
El ser humano planea su seguridad de acuerdo con el riesgo que está detectando en un momento específico. Probablemente, el hombre primitivo no sabía "futurear", pero sí percibía el riesgo que podía correr en determinada circunstancia y planeaba la manera de combatirlo para defenderse. Quizá pensó en soluciones prácticas: me refugio en una cueva, me uno a otro grupo, utilizo algo para defenderme, así entonces creó las herramientas que habrían de asegurar su subsistencia. La planeación de la seguridad surge de una necesidad inmediata y después se perfecciona para lograr mejores resultados.
La planeación es algo innato a la naturaleza humana, parte del llamado sentido común. El hombre, desde que nace, tiene el instinto de protegerse, tiene el instinto de supervivencia. Entonces, planear la seguridad conlleva analizar, cuestionar, hacer conciencia de aquello a lo que la persona se dedica, el ambiente en el que se desenvuelve, qué riesgos puede correr, cuáles están latentes, si se pueden materializar y, si se materializan cuáles pueden ser las consecuencias.
Con frecuencia nos hacemos preguntas como estas: ¿Puedo perder un bien, me puedo morir, me puedo caer, lastimar, me puedo extraviar?; y ¿Qué puedo hacer?, ¿Cuáles son los pros y contras de correr, huir, abstenerme de hacer el acto que tengo pensado e implica causas de riesgo?, ¿Lo elimino; cómo?; ¿Atacándolo; cómo?; ¿Lo evito; de qué manera?; ¿Lo disminuyo, lo transfiero, lo asumo? Si es económico, ¿Mediante un seguro?; ¿Dónde y cómo es más probable que ocurra la amenaza que puede afectarme de alguna manera en mi persona, mis bienes, mi familia, mi patrimonio?
En fin, hay miles de situaciones y ejemplos que aplican a cualquier forma de vulnerabilidad a las que están expuestas las personas, las cosas y bienes en general, las empresas y sus productos, sus marcas, y asimismo cualquier nación. En ese sentido y ante cualquier amenaza, surge la necesidad de llevar a cabo planes de seguridad.
Analizar y detectar las amenazas a modo de un "catálogo" de riesgos en función del perfil de vida y el grado de vulnerabilidad de cada quien, así como el probable impacto sobre la persona y sus seres queridos y bienes. Sobre la base del análisis, establecer y decidir las acciones y medidas más pertinentes para disminuir las consecuencias de los riesgos: ¿Los asumo, los disminuyo, los transfiero, los evito? Un riesgo solo debe asumirse cuando se tiene valorado que su impacto sea mínimo para la persona, física o moral, en caso de materializarse, de lo contrario es mejor transferirlo o evitarlo.
Veamos dos ejemplos de lo anterior: Alguien se lanza intempestivamente a salvar a una persona en un incendio o una inundación por un sentido de solidaridad o instinto paternal y muere o sale malherido en el proceso; al momento de decidir actuar, tal vez sin pensarlo demasiado, asume los riesgos con tal de prolongar una vida que no es la suya, se actúa por instinto y no por intuición, no se planea la acción y las consecuencias suelen ser fatales.
En otro caso muy simple alguien intenta cruzar una calle de alto flujo vehicular; en ese momento crítico, la persona se da un lapso para discernir la acción a efectuar en función de los riesgos aparentes o probables, ¿Me arriesgo a cruzar por la calle o uso el puente peatonal?, la medida a tomar se planea y el riesgo de perder la vida o resultar herido no se materializa.
Ese discernimiento es el análisis al que hacíamos referencia y que implica observar el entorno y los riesgos alrededor.
Definitivamente sí. Puede ser que lo elabores papel y pluma en mano, y de esas notas producto de un proceso reflexivo, desarrolles tu manual de medidas y procedimientos de seguridad para tu casa, por ejemplo.
Si tu forma de pensar es así de sistemática, es bienvenida y útil desde el momento que te permite organizar mental y materialmente los pasos a seguir en caso de una emergencia. Cosas tan simples como tener bien ubicados, a la mano y visibles los teléfonos de emergencia, el botiquín, el extintor, la salida de emergencia y comunicar esta información y compartirla con los más cercanos, es un principio elemental para manejarse en la vida con precaución.
Prevenir no es únicamente un asunto que ocurre en nuestras cabezas, si bien ahí se da en primer lugar, cuando las ideas surgidas tras el análisis de los riesgos se ponen en blanco y negro, cobran forma tangible y son más fáciles de difundir entre los probables afectados por esos riesgos presumibles.
No porque se trate de tu casa vas a dar un tratamiento radicalmente distinto al tema de seguridad. Puedes ver tu hogar como una empresa, al final de cuentas es el centro de tu inversión patrimonial y requiere ser asegurado para el presente y para el futuro de tu descendencia.
Desde luego los planes por escrito y los manuales son de utilidad y deben de establecer con claridad las políticas, las normas y los procedimientos de seguridad institucionales o familiares. Sin embargo, en un momento crítico no podemos considerar que los manuales van a resolver un problema de riesgos, ya que de lo que menos se acuerdan las personas es de lo que establecen las reglas y mucho menos si no existe el tiempo para consultarlas, por lo que se recomienda que a partir de los manuales de seguridad que se establezcan, se capacite y adiestre al personal sobre cómo debe actuarse ante una amenaza.
Si bien es importante, todo manual de seguridad en plena emergencia pasará a segundo plano si el personal no lo conoce y no ha sido capacitado. No hay un manual que diga, por ejemplo, cómo atravesar una calle, al final es el instinto el que va a guiar la reacción. Por otra parte, aunque parezca contradictorio y absurdo, en las empresas, los manuales de seguridad son guardados y con acceso reservado, ¡Por seguridad!
Yo propongo doce reglas para la supervivencia y disminución de los probables daños de los riesgos, reglas que son fáciles de transmitir a empleados o familiares.
De ahí que además del ya comentado Manual de Seguridad, planea y establece el Manual de Supervivencia para tu persona, familia, empresa, negocio, actividades, etc., en forma tal, que todo mundo lo entienda y lo ejercite de forma cotidiana.
Este Manual de Supervivencia puede concretarse en lo que suele llamarse la Tarjeta Personal de Supervivencia y contiene 10 preceptos:
Desafortunadamente en nuestro país, la prevención no es parte de la cultura empresarial y ya no digamos parte de la educación de las personas, o la prevención es difícil de llevar a efecto por varias razones o pretextos: no se cuenta con el dinero para comprar el seguro, se deja el mantenimiento de los focos de riesgo para "mejor ocasión", etc. Por ello, empresas y personas terminan actuando, reaccionando después de que se presenta el daño: compran el seguro contra incendios luego que se quemó la industria o la casa, o bien, arreglan el escalón defectuoso donde se tropezó el familiar o empleado.
Es cierto, la prevención de riesgos puede ser cara, pero debe siempre de contemplarse como una inversión y no como un gasto innecesario. Veamos: Sistemas de detección y extinción de fuegos contra incendios; vehículos blindados y chalecos antibalas contra secuestros, lesiones y pérdida de vida; seguros de vehículos contra robo y accidentes del automóvil, y así podríamos enumerar muchos ejemplos más para los que basta un simple ejercicio para determinar si estoy expuesto a esos riesgos y qué medidas debo tomar para evitarlos. Valorar sus consecuencias para no vivir la experiencia.
Recomiendo hacer un adiestramiento mediante pláticas abiertas, con amplios y abundantes ejemplos, sobre el análisis natural de los riesgos que cada cual corre en determinada circunstancia y, conforme al ambiente en que se desenvuelve y el perfil que lo caracteriza.
Para tener una mayor claridad, es preciso pensar en tres tiempos, en ocasiones casi simultáneos, respecto de lo que se puede o debe hacer:
Antes de una amenaza o emergencia:
La prevención. Determinar las medidas precautorias para adelantarse al o los riesgos probables, latentes y que permitan evitar así, que el riesgo o amenaza ocurra o que se presente.
Durante una emergencia:
Está ocurriendo el riesgo o amenaza. Aquí aplican las reglas mencionadas, para sensibilizar, estar atento a lo que puede hacerse a modo de reacción oportuna, pertinente según el tipo de riesgo o amenaza manifiesta.
Después de una emergencia:
Ya se materializó el riesgo o amenaza. Ahora se trata de reparar el daño en la medida de lo posible, sin perder de vista, de nuevo, las 12 reglas elementales. Se puede hacer la denuncia correspondiente, perseguir al asaltante, practicar los primeros auxilios, solicitar ayuda, efectuar el rescate, recoger los escombros, acudir a un psicólogo o médico, investigar mediante peritos las causas, ofrecer disculpas, pagar los costos, hacer nada y/o aprender la lección para que no vuelva a suceder el hecho, entre muchas cosas más.
Este tiempo es muy importante y delicado, porque de las decisiones y actitudes que aquí se tomen, si se toman de manera equivocada, inoportuna o poco precavida, pueden repercutir de forma negativa, agravando futuros riesgos similares o las consecuencias del recientemente experimentado, ampliándolo y, esto sucede con mayor frecuencia de lo que podría esperarse.
Ejemplo, el dueño de un establecimiento que ante un asalto violento saca un arma para defender su negocio, puede provocar que la violencia derive en una tragedia de alguna manera. Personas bien intencionadas que por salvar una vida, sin conocimientos de la manera de aplicar los primeros auxilios, agravan la salud del accidentado.
Es muy importante en la capacitación, enfatizar las normas de seguridad, pero como está visto que en plena emergencia los manuales no tienen una utilidad práctica dadas las múltiples variantes que pueden darse y que no todas puede contemplar el manual, se hace necesario platicar con la familia, con los trabajadores, para considerar las posibilidades y variantes más comunes que pueden suceder según cada caso, usando tantos ejemplos como sea necesario y hacer vívido el testimonio: uso de rehenes, guerrilla, situaciones en zona rural, en ciudad y dentro de una ciudad las condiciones de tal o cual barrio o colonia, o en zona industrial y dentro de ésta, el tipo y giro de empresa o fábrica, un accidente de tal o cual modo por estas u otras causas; situaciones ejemplares de asalto, de secuestro y un largo etcétera.
Cada caso es único, no se puede solo adiestrar con base en una norma general. Por eso los manuales son solamente una guía muy general, que debe tomarse en cuenta, pero que no es determinante a la hora de la emergencia específica, pues podría tratarse de una excepción no considerada.
En un banco cada miembro del personal corre riesgos distintos, no experimentará lo mismo el cajero que el jefe de cajas, o que el gerente o un cliente, o un soldado o un policía, o el ama de casa o la vecina. Igual sucede con la familia, el padre no corre los mismos riesgos que el hijo adolescente o el pequeño o la servidumbre, y de igual manera es necesario distinguir los riesgos que corren hombres de los que pueden afectar a las mujeres, los niños, los ancianos, los animales, los bienes muebles, los bienes inmuebles, dentro de una edificación, en la calle, en un transporte, en fin.
Así pues, en resumen, un plan de seguridad abarca todo, desde la prevención a las probables soluciones y reacciones; la revisión de las instalaciones, platicar con los trabajadores o la familia, examinar los riesgos que individualmente y en conjunto están corriendo de acuerdo con la posición, el nivel económico, social y/o político.
La información a transmitir debe ser cuidada, no puede tampoco difundirse de manera alarmista e innecesaria, porque puede resultar contraproducente e incidir de peor manera en la seguridad de los bienes y las personas.
Seguridad es imaginar, con base en el sentido común, lo qué puede suceder o pasar a algo o alguien; no se requieren grandes manuales para contrarrestar las amenazas, porque no hay, por ejemplo, un manual que diga a la gente qué hacer con su dinero en caso de un levantamiento armado en su país o región. Por ello no puede hacerse un catálogo preciso y exhaustivo que instruya qué hacer "en caso de", porque estos "en caso de" son tan numerosos y variados que se hace imposible siquiera pretender abarcarlos en una mínima parte.
El indicarle de forma razonada a una hija o hijo por qué no debe llegar tarde a casa tras una fiesta, el sensibilizarlos en los riesgos que corren tanto ellos como uno como padre, si es una manera de educar, de educar en la seguridad, sobre la seguridad de cada quién y de los seres queridos.
Eso, con el tiempo, se vuelve una conducta aprendida que se pasa de generación en generación, de equipo de trabajo en equipo de trabajo, de vecino a vecino. Lo que hoy un padre dice a sus hijos, mañana estos lo dicen a los suyos y así se hace la cadena entre generaciones, entre empleados, entre amigos.
Una manera de presentar las cosas y que ayuda a sensibilizar a las personas es cuando se les exponen los ejemplos, enfatizando que el interés principal para ello es que apliquen la planificación en seguridad, ante todo en sus propios hogares y secundariamente en su trabajo. Decir de manera consciente y comprometida, que lo preocupante en primer lugar para el capacitador es el bienestar del capacitado, lo cual, propicia no sólo la simpatía, sino la empatía con este, quien se vuelve más receptivo y dispuesto a poner en práctica las recomendaciones para su seguridad, la de sus seres queridos y la de su fuente de ingresos por la que se ve beneficiada su familia.
Afirmar "me importas tú antes que todo" no cancela ni pospone que importen los otros factores relacionados, dependientes o de los que depende ese "tú", sino permite enfocar la atención en lo más cercano que es uno mismo y desde donde se espera y pretende surja el sentimiento de respeto, compromiso y solidaridad con los otros, con el entorno.
El decir: "Estoy preocupado por ti y espero que esto que te digo acerca de tu seguridad lo transmitas a tu familia, a tus compañeros de trabajo y juntos pongan en práctica las recomendaciones para cuidarse mutuamente", tiene mucha fuerza en el ánimo de las personas. Es, en sí, una forma de educarnos de manera sensible en lo referente a la seguridad de lo que nos importa.
Son útiles. Cualquier dispositivo que se instale es bueno como medida disuasiva y de apoyo, siempre y cuando estén de acuerdo a las necesidades reales de la persona, bien o establecimiento, y que se les mantenga en óptimas condiciones así sean sensores, ventanas, extintores, blindajes, cámaras de vigilancia, barreras de seguridad, alarmas, etcétera.
Por supuesto, también la instalación de estos elementos de seguridad debe ser realista y sin exageraciones, porque una protección exagerada implica, o sirve como indicio real o supuesto, de que hay en efecto valores de interés para el delincuente. Asimismo, cualquier dispositivo debe ser congruente con el plan y el manual de seguridad.
De nada sirve utilizar cualquier dispositivo si no funciona adecuadamente, o las personas destinadas a controlarlo no saben ni cuándo, ni cómo, ni para qué usarlo.
Depende del perfil y giro de la persona o empresa. Un perfil alto sí requiere de asesoría profesional, mientras que un perfil bajo no necesariamente. Y en esto, es importante no ceder a la tentación de improvisar la seguridad, para el caso de empresas, bajo el pretexto de razones de costos. La empresa debe concentrarse en su propósito, digamos fabricar telas, y delegar al profesional de la seguridad ese exclusivo tema.
Aquí tengo un ejemplo muy ilustrativo sobre la coherencia en la relación, perfil, riesgos, y seguridad: una tlapalería pequeña, enrejada y vigilada por un guardia con perro, pero dentro del establecimiento litros y litros de material inflamable. ¿Para qué quiere al guardia con perro, si adentro tiene una bomba latente?
Nosotros, como consultores en seguridad, enfrentamos en una época un tema grave, no tanto por la estadística sino por el hecho en sí mismo y su impacto en el ánimo y la percepción sociales: el asalto bancario.
Nos dimos a la tarea de hacer el análisis de la situación, de los riesgos, las consecuencias, las experiencias vividas, medidas de reacción aplicadas, y de ese trabajo, apoyado por las autoridades y por los bancos, derivó lo que hoy se conoce como Manual de Seguridad Bancaria, que se utiliza en todos los bancos del país.
Esas medidas redujeron notablemente los incidentes de asaltos a bancos y hoy lo que recogen las estadísticas y medios de comunicación no son tanto los asaltos bancarios como tales, en los que se amagaba y ponía en riesgo a clientes y empleados de la institución, sino robos a ventanilla, robos a cuentahabientes, robos a camiones de transportación de dinero, robos a cajeros automáticos y otros semejantes. Si bien el problema del robo persiste, el flagelo, que afectaba a las instituciones e implicaba grandes pérdidas, se redujo de modo notable.
Sintetizando: El Manual de Seguridad Bancaria surge de la experiencia acumulada por años en lo relativo al asalto bancario, su análisis y las medidas y acciones que se concretaron para disminuirlo, en ese sentido, el rol que desempeñaron los expertos en seguridad, resultó fundamental.
Para distinguir al experto hay que considerar lo siguiente:
A grandes rasgos, algunos de los principales errores son:
La sinergia sí se puede presentar y en muchos casos, cuando hay similitud de condiciones y riesgos entre personas o empresas, es muy recomendable para establecer comunes y aplicables medidas de seguridad de manera relativamente general. Claro que, sobre todo para el caso de empresas, hay un celo natural y comprensible, sin embargo, en la medida que se reconocen las experiencias equivalentes, es adecuada y deseable la retroalimentación suficiente para prevenir la repetición de experiencias y, por consecuencia, disminuir la posibilidad de los riesgos semejantes.
Quien piensa que nunca le va a suceder lo que al vecino, niega la realidad. Bien dice el dicho: "Cuando veas las barbas de tu vecino recortar, pon las tuyas a remojar". En seguridad nada es más mezquino que no compartir las experiencias y medidas aplicadas y no tomar las experiencias de terceros como un riesgo para nosotros mismos.
El tema de la planeación de seguridad es muy extenso y sería muy vanidoso pensar que pueda quedar totalmente planteado en esta entrevista. Cada caso debe tratarse en lo particular y de acuerdo a sus especiales circunstancias, atendiéndose por el propio interesado o recurriendo a expertos en seguridad, cuidando que estos tengan el perfil adecuado y, recordando que la prevención es más económica que el costo de los daños que pueden resentirse ante la materialización de un riesgo.
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