“Procesar la información en forma correcta, permitirá gozar de niveles más altos de seguridad”
Licenciado en Derecho por la Universidad Nacional Autónoma de México. Maestría en Ciencias Penales de la Facultad de la Barra Nacional de Abogados. Curso de Educación Militar Básico en el Heroico Colegio Militar del Ejército Mexicano. Diplomado Internacional en el Instituto Nacional de Ciencias Penales, en Seguridad Pública por la Universidad Iberoamericana, en Seguridad Nacional por el Instituto Nacional de Administración Pública y el Centro de Investigación y Seguridad Nacional, como Director de Seguridad por la Universidad Pontificia de Comillas, España. Diplomado Internacional Policía Científica y Uso de Fuerza por el Instituto de Estudios Superiores en Derecho Penal. Especialidad de Mando Superior Policial, de la Policía Federal.
Fue Director de Investigaciones Preventivas de la Subsecretaría de Información e Inteligencia Policial de la Secretaría de Seguridad Pública del Distrito Federal. Director de Operaciones Técnicas Penales, en la Fiscalía de Mandamientos Judiciales de la Procuraduría General de Justicia del D.F. Director de Operaciones en la Dirección General de Tráficos y Contrabando de la Policía Federal Preventiva. Docente a nivel maestría en áreas de criminalística y asesor, consultor e investigador en materia de seguridad integral.
Es autor de los libros “La Delincuencia Organizada. Una propuesta de Combate” y “En Búsqueda de un Perfil Policial Mexicano” de Editorial Porrúa. Actualmente, se desempeña como Presidente, consultor e instructor policial, en la Asociación Civil Misiones Regionales de Seguridad.
La inteligencia preventiva no es otra cosa que el procesamiento de información para evitar ser víctimas de un delito; son una serie de pasos que, desarrollados en forma recurrente, conformarán un hábito de prevención en prácticamente todas nuestras actividades.
Cada día conocemos en nuestro entorno una víctima más, sabemos de personas muy cercanas que han sido lesionadas, secuestradas o, peor aún, asesinadas. No podemos, entonces, permanecer con la esperanza en que sea la policía quien se encargue de nuestra seguridad, de nuestra autoprotección, de lo que llamamos "seguridad personal"; ellos se encargan, o, por lo menos deberían hacerlo, de buscar condiciones de entornos estables, "seguros".
El simple concepto de inteligencia preventiva nos lleva a imaginar definiciones poco conocidas para la comunidad en general, pensamos en términos policiales especializados, relacionados con el espionaje, la escucha, la observación o la investigación. No obstante, el concepto de inteligencia ha superado todos los límites, ya es utilizada tanto en el ámbito público como en el privado; los grandes corporativos desarrollan unidades de esta naturaleza para la detección temprana de amenazas, identificación de puntos vulnerables en su organización y, por tanto, medir sus riesgos en oportunidad de prevenirlos.
La seguridad es un concepto ambiguo, cuando hablamos de este término llegamos a identificarlo como una "condición humana alcanzable", como aquel sentimiento de "ausencia de riesgos".
La seguridad podemos definirla técnicamente:
Seguridad = A + V
R
De donde:
A = Amenaza, aquellos factores externos que pueden afectar nuestra integridad, vida y patrimonio.
V = Vulnerabilidad, aquel estado físico y mental que guardamos ante la amenaza.
R = Riesgo, un estado de peligro medible y cuantificable en "alto, medio o bajo".
La seguridad está condicionada a la identificación de amenazas en nuestro entorno, a conocerlas y saber qué tanto nos pueden afectar en nuestra vida cotidiana y, siendo así, poder determinar el peligro que representan para nosotros y, ese peligro, saber que puede ser alto, medio o bajo.
Pongamos un ejemplo: "Vivo en una colonia de alta incidencia delictiva, donde es recurrente los puntos de venta de droga, la existencia de pandillas, pocos servicios urbanos y vigilancia policial. Soy una mujer joven, estudiante y de una posición económica y social media. Mis amenazas son tangibles, observables, mi vulnerabilidad es mi propia condición de edad, sexo y posición económica en un ambiente urbano amenazante, entonces, mi riesgo puede ir de medio a alto".
Nunca podremos determinar un riesgo "0" (cero, nulo, inexistente), ya que no hay seguridad total, siempre que haya vida, habrá riesgo. Pero, siguiendo el ejemplo, si ya determine que mi riesgo es alto, lo conducente es tratar de disminuirlo a un riesgo medio o bajo, lo cual lo puedo lograr precisamente procesando la información, es decir, con inteligencia.
El gobierno cumple con publicar la información sobre incidencia delictiva y medidas preventivas en delitos con más ocurrencia en el Estado. Las diferentes procuradurías y secretarías en sus páginas web publican esta y otra información que el ciudadano, un ciudadano con cultura de seguridad, debería revisar y analizar de manera mensual.
Dicha información se puede y se debe complementar con los estudios que, respecto de ella, lleven a cabo diversos expertos y organizaciones no gubernamentales, abocadas de manera profesional al análisis y evaluación de la misma, con el objetivo de contribuir a un mejor diseño de políticas públicas.
La información promueve la prevención, de tal suerte, la debemos procesar, extrayendo lo que nos concierne en nuestro propio entorno; calle, colonia, trabajo, escuela, transporte, rutina de vida con el fin de llevar a cabo a nivel individual "Mi Plan de Seguridad".
Nosotros, la comunidad, debemos emprender una cultura de seguridad que nos lleve a no ser presa fácil del delito, y ello se hace con conocimientos suficientes para generar ciertas prácticas de seguridad que se conviertan en hábitos.
Precisamente, con lo que acabamos de señalar, publicando, por parte de instituciones de seguridad, empresas, asociaciones y comunidad en general, información suficiente que lleve a adoptar esa cultura de seguridad; considerar a la seguridad como una materia más de estudio en las primarias y hasta las secundarias.
Resulta muy útil en estos tiempos, el uso de las redes sociales, los mecanismos de comunicación electrónica o virtual, la sinergia con las organizaciones de la sociedad civil y los distintos foros donde se aborde la problemática desde diversas ópticas, para lograr consolidad una visión integral del fenómeno delincuencial y así, difundir las mejores prácticas para prevención.
Por otro lado, resulta fundamental el conformar en los comités de seguridad delegacionales o municipales, sesiones de estudio para multiplicar la información en la comunidad; crear hábitos de prevención e incentivar la lectura e investigación en esta materia para que pueda así, ser fácilmente digerida por la gente.
Claro y no solo podemos, sino que debemos fomentarla; la inteligencia comunitaria la podemos definir como: "El acopio de información cotidiana que nos lleve a conocer el fenómeno criminal de nuestro entorno y preparar medidas que nos eviten ser víctimas de esa delincuencia".
Si queremos una definición poco más técnica, podemos decir que la Inteligencia Comunitaria es: "Conjunto de procesos a la que se sujeta la información adquirida de la comunidad con la finalidad de diseñar planes y programas de prevención del delito".
Así, podemos decir que la inteligencia comunitaria es obtener información de la zona donde vivimos, trabajamos o desempeñamos nuestra mayor cantidad de tiempo con la finalidad de conocer el fenómeno criminal y, prácticamente, no estar ahí en el tiempo, lugar y forma en que el delito se presenta.
Para obtener esa información necesitamos conocer dos importantes aspectos:
En cuanto a las fuentes, podemos decir que se encuentran prácticamente en todos lados; las fuentes de información "saltan a la vista", es cuestión de saber observar de forma profunda, metódica y completa nuestro entorno, para determinar quién y qué nos puede afectar, pero si además contamos con medios de apoyo como internet, estaremos en condiciones de acceder a las páginas de las principales instituciones estatales de seguridad pública y procuración de justicia. Si además somos parte de una comunidad organizada, podemos solicitar formalmente esa información a la autoridad.
La información relevante que debemos buscar es:
Si contamos con esa información producto de nosotros mismos o de una comunidad organizada, podemos diseñar nuestro propio "mapeo" de zonas de alto riesgo, estudiar las formas de operar, los horarios en que comúnmente se cometen los delitos y, por supuesto los lugares exactos; entonces saber donde no debemos circular y en qué momentos.
Una fuente por sí misma no es confiable hasta en tanto no se verifique por otros medios. Por ello, la fuente más confiable, es la que podemos tener a nuestro alcance, pero con la salvedad de verificarla con otra información; podemos obtener un "chisme" vecinal en torno a un joven que consume droga y asalta en el andador de la unidad, eso es un dato aislado, pero, si en el Comité Vecinal se vierte esa información y además el muchacho tiene ingresos a reclusorio, entonces es una información confirmada de utilidad para la autoprotección.
Debemos interpretarla como una fuente más, recordemos que los medios pueden ser tan confiables como podamos corroborar su información con otra; generalmente los medios cuentan con áreas que cubren la fuente policial, muchos de ellos están distribuidos en lugares estratégicos y llegan antes al lugar de los hechos que la misma policía, por lo que tienen datos de primera mano y versiones de lo sucedido más apegados a la realidad que la misma autoridad.
Una vez que se inicia una averiguación confluyen muchos actores como abogados, peritos, testigos que cambian la verdad histórica para acoplar los hechos a los intereses que defienden. Sin embargo, también hay que pensar que la prensa es un negocio y que se mantiene porque vende información, muchas veces manipulada para mejorar imágenes que vendan mayor cantidad de ejemplares.
En resumen, toda información debe ser corroborada por otros medios para que sea útil y explotable en la prevención del delito.
Si conocemos la manera de operar, podemos evitar ser víctima de un delito. Un modus operandi se determina por lo siguiente:
Oportunidad + Necesidad
En un ambiente donde el delincuente pueda operar en forma sencilla, rápida y sin riesgo alguno. Por lo tanto, para evitar ser víctima de un delito, tenemos prácticamente que romper la oportunidad del delincuente para hacernos daño, revirtiendo los factores de:
Es decir, tenemos que buscar que la conducta criminal sea difícil, lleve tiempo y con un riesgo suficiente para que el delincuente decida abstenerse de cometer el delito.
Esto es, precisamente, información para la prevención, adelantarse a los acontecimientos para evitar ser víctima de un delito; actuar en forma proactiva, nunca reactiva, nunca bajo defensa, siempre bajo una prevención inteligente.
Si hemos podido alcanzar niveles preventivos de cultura de seguridad como un hábito, utilizando esta herramienta, la inteligencia preventiva, entonces podremos diseñar nuestro propio Programa de Seguridad Personal basado, precisamente, en información para la prevención en los diferentes ámbitos donde desarrollamos nuestras actividades:
Pero siempre utilizando el acopio y estudio de la información para mapear, es decir, geo referenciar el tiempo, lugar y circunstancias en que se desarrolla el delito.
Un elemento importante dentro de la prevención que hay que considerar, es la existencia de información que va más allá de la realidad y que crea falsos conceptos de los hechos delictuosos, provocando en algunos casos psicosis, miedo y un contagio colectivo de angustia.
Precisamente por ello, y reiterando esta pequeña reflexión, es necesario ser objetivos, conformar una cultura suficiente de prevención, acopiando y analizando de manera constante la información cotidiana, de tal suerte que se convierta en un hábito (leer el periódico, ver la las noticias, comentar hechos criminales, asistir a los comités vecinales) y este en una cultura de seguridad, que nos dictará un sentido común de cómo actuar ante cierta información.
Si, por el contrario, si carecemos de la cultura necesaria de prevención que conforma el 90% del éxito para nuestra seguridad y únicamente nos quedamos con el 5% que implica la reacción y un 5% restante del factor de la suerte, sería como permanecer en "un cuarto obscuro" a merced del destino con un porcentaje muy pobre para vivir, sano y libre; estar a merced de la facilidad, rapidez y del poco riesgo que el delincuente enfrentará al hacernos víctimas, y peor aún, repetir la victimización cuantas veces se le ocurra al delincuente.
Podemos decir que el ciudadano mismo, conforma las barreras que están representadas por la apatía y la desidia a informarnos y a ejercer el derecho de la información. Para derribar dichas barreras, se debe comenzar por organizar a la comunidad, a la sociedad misma, aglutinarla en torno a comités vecinales, mediante organizaciones que deben carecer de tintes políticos, partidistas e inclusive de gobierno.
Solo así, un ciudadano neutral, puede exigir, investigar y formarse un criterio libre de prejuicios e influencias externas, solo hasta entonces, podrá organizar Planes de Seguridad Comunitarios partiendo de planes de autoprotección:
P. A + P.A = P C
Donde varios planes de autoprotección (PA), planes familiares de seguridad, conformarán un Plan Comunitario de Seguridad (PC) con la suficiente fuerza para gestionar apoyos y acceso a fuentes de información de gobierno.
La ciudadanía se encuentra en un estado de cansancio y desesperación, "los miles de muertos, la manera en que son muertos" y la soledad en que han quedado estas familias abre una ventana de oportunidad, oportunidad para reconstruir la seguridad basada en lo que no ha funcionado y en lo que no se ha usado; minimizar el uso de la fuerza del estado para privilegiar la reconstrucción social partiendo de la mínima unidad de una sociedad, la célula familiar.
Empoderando a la familia, se abre la ventana de la información y con esta, el proceso de análisis y conformación de lo que aquí hemos llamado Inteligencia Preventiva, Inteligencia Comunitaria, herramienta principal para la elaboración de planes de autoprotección y de seguridad comunitaria.
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