Francisco Franco Quintero Mármol es Maestro en Inteligencia y Seguridad Internacional por el King’s College London y Licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública, por la Universidad Iberoamericana.
En su vida profesional ha ocupado diversos puestos en los sectores público y privado, desempeñándose, actualmente, como consultor en materia de inteligencia y seguridad.
En el ámbito académico, es el Coordinador del Diplomado de Seguridad Internacional y Operaciones de Paz de la Universidad Iberoamericana (UIA), además de ser conferencista en temas sobre seguridad e inteligencia estratégica en la UNAM, la UIA, la Cámara de Diputados y la Cámara de Senadores.
Sus áreas de investigación han sido: 1) alianzas entre grupos criminales y grupos terroristas; 2) el proceso político estratégico en el ámbito de la seguridad y la inteligencia; y 3) el ciclo de inteligencia y su importancia en el diseño de políticas en materia de seguridad. Además, colabora en radio y televisión para el análisis de temas de seguridad pública y seguridad nacional.
La inteligencia como actividad es tan antigua como el propio ser humano. La razón es simple: todas las personas requerimos obtener información, aún de la forma más básica, para poder tomar una decisión. Por ejemplo, miramos antes de cruzar la calle, revisamos la fecha de caducidad de los productos que compramos, analizamos precios para comprar un boleto de avión, etcétera.
Desde un punto de vista abstracto, el diccionario define inteligencia como una capacidad de comprender, entender o resolver problemas. Sin embargo, si buscamos una definición sobre la inteligencia de tipo secreta, es decir, aquella que a partir de métodos específicos desarrollan los gobiernos, las empresas (grandes, medianas o pequeñas) o las personas, encontraremos que no existe una definición comúnmente aceptada.
La falta de una definición ha ocasionado que existan muchas interpretaciones sobre la inteligencia. Por ejemplo, existen quienes, por desconocimiento o confusión, consideran que inteligencia y espionaje es lo mismo, o que es una actividad ilegal, o que sirve solamente para atrapar criminales. Algunas otras personas avanzarán aún más en sus interpretaciones y trataran de definir a la inteligencia a partir de la descripción de sus actividades (haciendo especial énfasis en lo secreto y lo clandestino). La realidad es que estas diferencias han confundido y distorsionado el concepto.
Pese a ello, los profesionales en la materia han encontrado consenso en el resultado que se produce cuando hacemos inteligencia. Esto es que la inteligencia produce conocimiento para que la organización que la utiliza se pueda mantener segura, protegida y resiliente.
La inteligencia, empero, no produce un conocimiento cualquiera, más bien es un tipo muy específico de conocimiento y con objetivos muy particulares. El primero es ofrecer conocimiento para incrementar la calidad de la toma de decisiones de los líderes de un gobierno, una empresa o una institución; el segundo es generar conocimiento para apoyar el día a día de las operaciones (logísticas, financieras, de seguridad, entre otras) que se llevan a cabo dentro de una organización.
Por supuesto que la inteligencia sirve para perseguir delincuentes, o que una de sus múltiples actividades puede ser el espionaje, pero eso no lo es todo y, por lo tanto, no la puede definir. La inteligencia, exclusivamente, genera conocimiento útil y aplicable para apoyar los dos objetivos antes mencionados.
El cine o las series de televisión nos han mostrado lo espectacular y costosas que pueden llegar a ser las operaciones de inteligencia. Esos usos, y hasta abusos, nos dibujan un panorama donde las operaciones de inteligencia tratan sobre espionaje, o del uso de sofisticada tecnología para realizar escuchas o seguimiento de individuos, o de mantener en secreto y a costa de cualquier precio toda información relevante.
El tema es que, la mayoría de las veces, la realidad dista mucho de la ficción y, en este caso, las operaciones de inteligencia no son la excepción. La inteligencia opera a través de lo que conocemos como el Ciclo de Inteligencia que, en esencia, se conforma de 5 actividades secuenciadas y que juntos ayudan a las organizaciones a producir inteligencia (el conocimiento necesario para la toma de decisiones y el apoyo de operaciones de las organizaciones).
Las 5 actividades son planeación, recolección, procesamiento, análisis y diseminación. Lo curioso del ciclo de inteligencia es que cada uno de estos pasos está íntimamente ligado a su inmediato anterior para darle fortaleza a todo el ciclo. En otras palabras, ninguno de estos pasos puede, por sí solo, producir inteligencia. Por más sofisticado que sea un radar, éste no nos puede decir cuáles son las intenciones de sus tripulantes; o el realizar una intervención telefónica de un criminal no te puede dar indicios fehacientes de las capacidades reales que tiene a su disposición para cumplir con su amenaza.
Las áreas de inteligencia son quienes realizan la operación de inteligencia y, dentro de ellas, se dan las 5 actividades antes mencionadas. Lo ideal es que dentro de las áreas de inteligencia haya una división del trabajo y unos grupos realicen la planeación, otros la recolección y otros el análisis.
¿Pero en qué consisten estas 5 actividades de inteligencia?
Es importante hacer especial énfasis en la primera etapa del Ciclo de Inteligencia, que es la planeación. Su importancia radica en que de ahí nacen los objetivos y las estrategias de la investigación de inteligencia. En otras palabras, una buena o mala planeación puede influir en el ciclo de inteligencia y determinar los resultados obtenidos de una investigación.
Las áreas de inteligencia son útiles a la toma de decisiones y el apoyo de operaciones de las organizaciones porque ofrecen productos tales como la identificación de riesgos, las amenazas o las oportunidades que pudieran estar en el entorno. La planeación, entonces, nos permitiría iniciar con las líneas de investigación necesarias para poder presentar resultados sobre estos y otros productos que las áreas de inteligencia pueden producir.
En inteligencia, la planeación consiste en definir y alinear los objetivos, medios y estrategias de la propia organización y orientarlos a obtener resultados concretos a partir de una investigación. Como paso previo, vale la pena resaltar que, para hacer planeación, se requiere revisar las políticas, reglamentos y normatividad aplicable a la organización (sea este un ente privado o público) sobre lo que se puede y lo que no se puede hacer. En otras palabras, la planeación no puede ser el resultado de los intereses de una sola persona, sino de la organización. Ahora bien, para hacer planeación requerimos:
La planeación es una actividad dinámica, es decir, se hace de forma permanente. Es un ejercicio constante para encontrar las respuestas a estas preguntas y alcanzar, así, los objetivos de la organización y ofrecer a los tomadores de decisiones información precisa y a tiempo.
Recordemos que una nueva información, o una nueva evidencia durante el desarrollo de la investigación, pueden alterar componentes de nuestra planeación. Cobra sentido, entonces, cuando se habla que la planeación para la inteligencia debe hacerse durante los tiempos de paz, de guerra o de crisis, es decir, permanentemente.
La recolección de información de inteligencia consiste en juntar aquellos datos o información relevante para el objetivo de nuestra investigación. Esta información, generalmente, se encuentra de forma dispersa en nuestro entorno y, por ello, debemos desarrollar técnicas precisas para acceder a ella.
La recolección la podemos hacer siguiendo
Estas tres formas pueden ser combinadas para lograr mejores resultados en la recolección de información. Por ejemplo podemos obtener datos de fuentes cerradas de información a partir de actividades de gabinete (ej.: consulta de bases de datos remotas desde nuestro lugar de trabajo); o podemos recolectar, a través de HUMINT, utilizando fuentes abiertas de inteligencia (ej.: entrevistar a una persona en particular durante un evento público).
Mucho se ha discutido sobre si las áreas de inteligencia realizan actividades ilegales al recolectar información. Considero que es un debate muy importante que debe seguirse con el objetivo de evitarse violaciones a derechos humanos. Sin embargo, no toda la recolección de información es espionaje, además de que, como se observa, no existe sólo una forma de recolectar.
De hecho, las áreas de inteligencia modernas hacen más recolección por fuentes abiertas que por cerradas, debido a la gran disponibilidad de datos e información en el internet y en redes sociales.
El análisis de inteligencia es una de las partes del ciclo de inteligencia más complejas y que requiere mayor atención. En esta etapa se concentra el principal esfuerzo de la actividad de inteligencia y donde queda al descubierto si la información que ha sido recolectada y procesada es la suficiente para continuar con la investigación o es necesario profundizar todavía más en la recolección.
Los analistas de inteligencia, quienes conducirán esta etapa, tendrán la importante labor de identificar dos elementos claves: 1) la vida interna de sus adversarios: ¿Cómo piensan? ¿Cómo se organizan? ¿Cómo operan? ¿Con qué recursos cuenta?; y 2) su disposición y preparación para asumir un riesgo (ej.: su disposición para atacarnos).
Para lograrlo, los analistas tendrán que concentrar su esfuerzo en el entendimiento de las capacidades e intenciones de los adversarios (sea éste una persona, un grupo, una organización o hasta un gobierno).
Con respecto a las capacidades, la primera tarea del análisis será identificar si el adversario tiene capacidades materiales o no materiales. Las materiales pueden ser las armas, el dinero, el número de miembros, el tamaño de una empresa, etc.; las no materiales pueden ser la unión de los miembros de la organización, el entrenamiento, el tipo de organización, etc.
La segunda tarea será, entonces, identificar qué tan dispuesto está el adversario a usar esas capacidades de las que dispone, a esto se le conoce en inteligencia como las intenciones. Las intenciones son difíciles de identificar porque, sobre todo, las controlan los líderes de la organización, aunque pueden encontrarse en sus discursos, documentos o comunicados.
Sin embargo, la clave de las intenciones está en poder identificar si el adversario sólo quiere influir en nuestro entorno (ej.: intenciones políticas o económicas) o quiere hacernos daño (uso de la fuerza).
Como se observa, las responsabilidades de los analistas son muy amplias y claves para el ejercicio de la inteligencia. Revisan mucha información sobre diferentes temas de importancia; aplican técnicas para resolver problemas analíticos; sintetizan los factores claves del entorno para identificar los riesgos, las amenazas y las oportunidades; para desempeñar correctamente sus funciones desarrollan habilidades e intereses por la historia, la geografía, los fenómenos sociales y políticos que influyen sobre la toma de decisiones y las operaciones de la organización; tienen un pensamiento estratégico y crítico.
Finalmente, el análisis de inteligencia se realiza en dos niveles. El primero es el estratégico, que es el destinado para los principales tomadores de decisiones de la organización y el apoyo de las operaciones en el largo plazo. El segundo es el táctico, que es análisis destinado a los miembros de la organización que requieren insumos de información para la correcta operación diaria de la organización.
Los reportes de inteligencia son el producto final de inteligencia. Su objetivo es informar a los tomadores de decisiones, de forma breve y concisa, acerca del resultado de la investigación que fue desarrollada dentro del ciclo de inteligencia. Existen 4 tipos de reportes: verbales (cara a cara, por teléfono, por video, etc.), documentales (estudios, análisis, estimados, escenarios, etc.), gráficos (mapas, imágenes, videos, etc.), automáticos (en tiempo real).
Así mismo, los reportes pueden versar sobre diversos temas tales como: situación política de un determinado país o región, el riesgo de una inversión, la inestabilidad social en una localidad, el perfil criminal de un grupo o persona, el análisis sobre la competencia, por mencionar algunos.
Aunque no hay una sola forma de realizar reportes, sí existen, al menos, dos características que deben tener para poder construirlos. Las características se pueden agrupar de la siguiente forma:
La elaboración del reporte de inteligencia implica, además, la definición del cuándo debe ser entregado. Esto es, que aún a pesar de que la regla indica que, para que la información de inteligencia sea útil a la toma de decisiones y las operaciones de una organización, ésta debe ser entregada oportunamente, en la realidad no siempre sucede así. Muchas veces resulta que el reporte de inteligencia es finalizado cuando el riesgo ya llegó, la amenaza ya se cumplió o la oportunidad ya desapareció.
En otras ocasiones, resulta que el reporte de inteligencia se elabora oportunamente, pero este no es tomado en cuenta por el tomador de decisiones. Esto puede ocurrir debido a que el tomador de decisiones tiene otras prioridades, o porque no le interesa el contenido del reporte de inteligencia, o porque hace una evaluación de las recomendaciones planteadas en el reporte y considera que el costo-beneficio de ellas no vale la pena.
En inteligencia, se le conoce a este tema como el problema del productor-consumidor. Afortunadamente, se cuenta con formas de solucionar un problema de este tipo. Una puede ser que las áreas de inteligencia refuercen o construyan mejores métodos de manejo y administración de la información, otro es que diseñen procesos más ágiles, y uno de los más importantes es que las áreas de inteligencia estén cerca de los tomadores de decisiones para que puedan conocer de cerca sus intereses, agendas y objetivos y de esta forma entregar reportes de inteligencia que verdaderamente les sean más útiles.
Toda solución de seguridad debe estar construida sobre tres grandes pilares. El primer pilar tiene que ver con la prevención, el segundo con la disuasión y el tercero con la reacción. Los tres forman parte del conjunto, pero actúan en distintos momentos de una situación determinada y siguiendo objetivos muy específicos.
Por su parte, hemos visto que la inteligencia consiste en generar conocimiento y entendimiento sobre nuestro entorno para mejorar la toma de decisiones y el apoyo a las operaciones de una organización. Entonces, tenemos que la inteligencia contribuye con las soluciones de seguridad al ofrecerles la información necesaria y especializada para la toma de decisiones dentro de los 3 pilares antes mencionados.
Sin embargo, es importante hacer énfasis en que la inteligencia no sustituye a los otros componentes de una solución de seguridad, como pueden ser la tecnología, los procesos o la capacitación del personal. La inteligencia ofrece información sobre el entorno que puede ser de gran utilidad para el correcto funcionamiento de todos los posibles componentes de una solución de seguridad.
Es así que no se pueden entender las soluciones de seguridad sin el componente de la inteligencia. La historia nos muestra cómo la relación entre inteligencia y seguridad ha sido, desde siempre, muy estrecha y muy fructífera. Recordemos la Segunda Guerra Mundial y observemos el papel tan importante que desempeñó, para los alemanes, la máquina Enigma, la cual encriptaba y descifraba sus comunicaciones secretas para transmitirlas más allá de sus fronteras y poder realizar los operativos de forma correcta. O, por ejemplo, durante la Guerra Fría, específicamente en la Crisis de los Misiles, cuando los servicios de inteligencia norteamericana detectaron la colocación de misiles soviéticos en Cuba, lo cual evitó una confrontación de gran escala entre las dos superpotencias. En ambos casos, la inteligencia proveyó de la información necesaria para que los mecanismos de seguridad y defensa de un país actuaran en consecuencia.
Otra forma de contribuir con la seguridad es a través de la contrainteligencia. Como observamos la inteligencia nos permite entender y conocer a los adversarios que operan en nuestro entorno, es decir, con la inteligencia podemos mirar "hacia afuera". La contrainteligencia realiza el mismo camino, pero justo en sentido contrario, es decir, nos ayuda a mirar "hacia adentro". Esto es, la contrainteligencia le ayuda a los esquemas de seguridad a identificar a aquellos elementos o componentes que se han introducido a nuestro sistema o nuestro entorno para ocasionar algún daño.
En varios países, las funciones de inteligencia (fuera del país) y contrainteligencia (dentro del país) gubernamental están divididas en dos instituciones, por ejemplo, la CIA y el FBI en los EEUU, o el MI6 y el MI5 en el Reino Unido, que realizan inteligencia y contrainteligencia respectivamente.
La inteligencia no garantiza resultados exitosos en las operaciones de seguridad. Si bien ofrece ventajas para que las organizaciones sean más efectivas, eficientes y eficaces, tampoco está exenta de problemas. Los errores más comunes en la inteligencia se dan en 3 partes del Ciclo de inteligencia.
El primero es durante la planeación, es decir, que no se logran identificar claramente los objetivos y alcances de las investigaciones que se van a realizar.
El segundo error se da en la recolección, ya que muchas veces se carecen de los medios y las técnicas adecuadas para juntar la información disponible o no es suficiente la información que se ha recolectado hasta el momento.
El tercero, y más frecuente error de inteligencia, se da en la etapa del análisis, donde no se logran "conectar los puntos", como se dice en inteligencia.
Previamente, hacíamos hincapié en que el análisis de inteligencia tiene que ver con descubrir las intenciones y capacidades que tiene el adversario. En este sentido, el error más común en inteligencia se da precisamente porque, en el ejercicio de análisis, se hizo más énfasis en las capacidades que en las intenciones del adversario. La historia, nuevamente, nos permite contar con buenos ejemplos para aclarar el punto:
A veces se confunden las actividades y productos de áreas de seguridad con las de áreas de inteligencia. La realidad es que son distintas, aunque se complementan, y aquí pondré algunas de sus más importantes diferencias:
Como se observa, son áreas que fácilmente se complementan, pero que persiguen objetivos distintos. Hoy, muchas organizaciones, tanto públicas, privadas (chicas, medianas y grandes empresas) y hasta en el ámbito social y académico, están invirtiendo en áreas de inteligencia como forma de impulsar su toma de decisiones y el apoyo de operaciones de sus organizaciones, ya sea como complemento de su área de seguridad o como una evolución de la misma.
Las diferencias se pueden mostrar con un rápido ejemplo. Las cámaras de CCTV te permiten vigilar y proteger un determinado perímetro, es decir, son parte de los esquemas de seguridad; la inteligencia (en un nivel táctico operativo) se generaría, entonces, cuando toda la información se aproveche para coordinar acciones, localizar zonas vulnerables en el perímetro, identificar sospechosos, etcétera.
Aunque también podemos aprovechar esa información, generada por la videovigilancia remota, para la elaboración de bases de datos o el análisis de patrones de comportamiento de quienes conviven en ese perímetro, con el objetivo de prevenir futuras incidencias (inteligencia en el nivel estratégico).
Como hemos visto, las áreas de inteligencia son las instancias especializadas y responsables de proveer información clave y oportuna para la toma de decisiones y las operaciones de una organización. En esencia, estas áreas tratan de resolver dilemas tales como ¿cómo responder eficaz, eficiente y efectivamente a los cambios en los entornos de negocio?, ¿cómo responder eficaz, eficiente y efectivamente a los riesgos y amenazas planteados por los adversarios (otros estados, el crimen, efectos naturales, etcétera)?
Tratando de responder estos dilemas es que se han ido formando áreas de inteligencia "temáticas" para resolver sus planteamientos de forma precisa. Recordemos que la agenda de los tomadores de decisiones, no importando la temática de la que se trate, se encuentra definida por la incertidumbre y, por ello, requieren de flujos permanentes de información. La posibilidad de transformar dichos flujos en fuentes de conocimiento capaces de alimentar el proceso de toma de decisiones, es uno de los desafíos más importantes de cualquier área de inteligencia.
Así mismo, todas las áreas, aún a pesar de que se enfocan en distintos temas, comparten el objetivo que es la generación de conocimiento. Aquí presento algunos tipos de áreas de inteligencia más comunes y con sus respectivos objetivos:
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