Defensa personal

Uso legal y cuál método es mejor para uno
Josafath Magaña - Defensa Personal

"El saber protegerse es no sólo un derecho, sino que se ha convertido en una obligación"

Josafath Magaña

Licenciado en Ciencias de la Comunicación, Universidad del Valle de México. Primer mexicano Certificado en Administración de la Seguridad por la Organización de las Naciones Unidas, EE. UU. Instructor Tirador Activo (Active Shooter), Academia de Policía, Missouri, EE. UU. Representante para México y Latinoamérica del Sistema Koga Policial.

Especialista en cursos de seguridad física y emocional para mujeres. Consultor Internacional en el Uso de la Fuerza. Analista y evaluador experto de programas de entrenamiento operativos y de protección. Certificado en Systema, metodología rusa de combate militar.

Ha brindado sus servicios en Estados Unidos, Canadá, Brasil, Finlandia, Holanda y Francia como Instructor en resolución de arrestos, grupos armados e intervención con poca luminosidad, habiendo entrenado a más de 4,500 policías y 3,000 escoltas.

Actualmente, se desempeña como instructor, formador y consultor independiente.

La defensa personal es saber establecer límites o barreras físicas y emocionales a todo aquello que nos hace sentir incómodos, representa un peligro físico, mental, emocional y espiritual y que impiden o limitan nuestro desarrollo como personas. En caso de que alguien cruce estas barreras, debemos saber resolver o solucionar, asertivamente, esa situación o problema.

La asertividad es hacer lo correcto y justo para esa situación en particular en ese momento. Existen ocasiones en que la misma situación, en otro momento, requiere otro tipo de respuesta. Lo asertivo no es algo preestablecido, sino apropiado a cada evento.

Debemos recalcar que el paradigma o la falsa creencia de la defensa personal es que es un acto físico solamente. Esto es un error.

Todo aquello que me lastima, me provoca daño, no me gusta o me hace sentir mal por las conductas de otra persona, es una agresión. Estas agresiones pueden no solo ser físicas, sino emocionales e incluso psicológicas. Por lo mismo, la defensa personal debe contemplar todo este espectro de probables lesiones y desarrollar las estrategias y defensas para evitar ser lastimados.

La auténtica defensa personal no es cuestión de estilos o de expresiones físicas de defensa; es poner límites y también, no traspasar o invadir los límites de otros.

Todos tenemos el derecho y la obligación de saber defendernos y proteger a nuestros seres queridos.

No es correcto pensar que la autoridad es responsable solamente. La autoridad no está presente o cerca de nosotros casi la mayoría del tiempo, por lo que recae en nosotros esa responsabilidad de proteger y saber protegernos. Lamentablemente, muchas personas creen que no necesitan aprender, siendo que las necesidades actuales de criminalidad prácticamente demandan que lo hagamos.

Se cree que el mayor problema para aprender a protegerse o proteger a alguien, es el aspecto físico de la persona que necesita defenderse.

Por lo mismo, si uno no realiza alguna actividad física constante, si tenemos una corporalidad pequeña o bien, el sexo y la edad y muchas más razones que podamos encontrar, se genera la idea de que no solo difícil, sino casi imposible, el poder defenderse de una persona más grande, más fuerte, más rápida o bien, armada.

Esto es un mito y no es real; cualquier persona pueda aprender a protegerse sin importar la edad, el sexo o su condición física.

El principal factor que se presenta en una situación de peligro es el emocional. Casi todo lo que podamos hacer, está determinado por lo que sentimos en el momento de peligro. Si aprendemos a gestionar nuestras emociones en situaciones de peligro, cualquier herramienta o técnica que aprendamos puede sernos útil.

De la misma manera, hay expertos en defensa y arte marcial que, cuando el estrés los supera, se comportan igual que cualquier persona que no sabe o ha sido entrenada.

La clave para superar una situación de peligro es, en una parte, el aprender técnicas físicas, pero mucho más importante el saber controlarnos en el momento de peligro.

La mayoría de los hombres que llega a una confrontación física lo hacen por ego. La gran mayoría de las mujeres que llega a una situación o conflicto físico es por supervivencia.

Esto es un gran diferenciador interno (motivación), entre el hombre y la mujer.

La cuestión de tamaños y fuerza no es un diferenciador real en la defensa personal. Esto es un paradigma generalizado. En una confrontación con cuchillos, armas de fuego o con alguna herramienta, la mujer tiene una motivación mayor que la mayoría de los hombres, a utilizar esta herramienta de manera más práctica y contundente.

El hombre debe de aprender de esta motivación interna que las mujeres tienen y aprender a  inhibir el ego, que es el que normalmente genera  la mayoría de los conflictos físicos que se le presentan.

Una vez que entendemos cuál es el diferenciador interno, podemos iniciar nuestra preparación para la defensa personal correcta.

En situaciones de peligro, el sexo no es importante.

Existen ciertas técnicas físicas que ayudan más a las mujeres para defenderse.
Existen ciertas técnicas físicas que ayudan a que el hombre se defienda más asertivamente.

La mayor diferencia de la defensa personal, entre hombres y mujeres, puede ser la mentalidad y sistema de creencias que ambos tienen; la gran mayoría de los hombres creen que saben defenderse y la gran mayoría de las mujeres creen que no pueden defenderse de alguien más grande o fuerte.

No se trata de saber pegar “fuerte” y entrenar en el gimnasio para hacerlo.  Para la defensa personal se trata más bien de saber cómo pegar, con precisión, en los lugares adecuados para ocasionar un daño, distraer la atención o incapacitar a un agresor.

La idea de que no se puede ser preciso en una situación de peligro, es porque no se tiene el conocimiento adecuado de cómo lograrlo.  Los grandes jugadores de fútbol, los grandes basquetbolistas, los grandes bateadores entrenan con el objetivo de ser precisos. Para hacerlo dedican horas completas y lo logran. Al igual que un auténtico guerrero, sólo algunos logran esta eficiencia.

Es más fácil argumentar que no se puede y la solución es practicar de una manera caótica, que prepararse correctamente para lograr la precisión.

En la defensa personal, al igual que un jugador profesional, se debe dar la prioridad al entrenamiento correcto para lograr ser certero y preciso sobre los conceptos de fuerza, velocidad y de saturación que se cree debemos de tener para poder defendernos.

Nuevamente, reiteramos, no se necesita la fuerza ni una gran velocidad para saber defenderse. Se requiere saber cómo controlar nuestras emociones en situaciones de peligro, aprender técnicas físicas adecuadas para tu físico y, por último, tener la mentalidad adecuada y controlada en esos momentos.

Para esto, debemos de entrenar de una manera correcta y adecuada.

¡No todos los métodos que veas en las redes sociales o te platiquen que son utilizaos por algún ejército o campeón deportivo te ofrecen esto!

La gran mayoría de los métodos, en la actualidad, están basados más en un acondicionamiento físico, torneos o bien, el uso excesivo de equipos de protección para su práctica.

Esto hace que las personas crean que se requiere de fuerza y velocidad, porque consideran que la prueba es arriba de un ring o en un área deportiva donde, en efecto, ahí si se requiere de fuerza y velocidad, más no así en las calles.

Primero debemos de entender que es la defensa personal, las artes marciales y los deportes de contacto.

Cada uno de ellos tiene una misión y objetivos diferentes. Lamentablemente, se cree que uno es incluyente de otro, es decir, si sabes deportes de contacto como artes marciales mixtas, lucha en el piso, box, etc. por lo tanto, sabes defensa personal.

Lo mismo sucede cuando alguien practica artes marciales como el Tae Kwon Do, Karate, Kung Fu, etc., donde se tiene la idea que por saber o practicar algún estilo, se sabe defender.

Cada una de estas actividades tiene sus cualidades y sus objetivos que están bien definidos.

Algunos se adaptan naturalmente a la persona, otras, la persona tiene que adaptarse y desarrollar las cualidades que demanda el estilo. Pero recalcamos que cada una de estas actividades son diferentes.

La defensa personal es, por sí misma, un concepto o actividad que quizá incluya algunos aspectos físicos y técnicos de las artes marciales y los deportes de contacto, no obstante, no tiene los mismos objetivos que estos.

Para que podamos decir que una actividad es para la defensa personal, ésta debe de cumplir ciertos requisitos:                                                                                   

Debe ayudar a controlar las emociones. Si no tiene este fundamento y busca fortalecerlas o incluso, desarrollar otras para que no se perciba la emoción original, entonces se está lejos de poder, auténticamente, controlarse en una situación de peligro.

  • Desde un inicio debe de tener principios contra varios oponentes y no solamente contra uno.
  • Debe Incluir las estrategias físicas y psicológicas contra armas de fuego, de impacto y punzocortantes.
  • Se debe entrenar con ropas normales, deportivas, de frío, de calor, cómodas e incómodas.
  • Considerar estrategias y modificarlas acorde con las estadísticas criminales de los lugares donde se vive.
  • Debe enseñar el marco legal o la argumentación jurídica (como la legítima defensa), de las técnicas aprendidas en caso de tener la necesidad de defenderse.

En México la cultura de las armas de fuego no es tan común como lo es, por ejemplo, en los Estados Unidos de Norteamérica.

Se tiene la idea de que las armas “son malas” y que “atraen malas cosas”.

Por el contrario, otros tienen la idea de que es la solución a sus problemas de inseguridad.

Un arma de fuego, al igual que una escopeta, un cuchillo, un machete, etc. es solo un objeto sin alma, inanimado. No puede hacerte ni hacer daño por sí misma. Las armas son instrumentos que son usados y manipulados por un ser humano.

La persona que está detrás de esa herramienta o instrumento, con sus emociones, traumas, personalidad, falta o mucha capacitación, etc., es la que le dará forma de cómo será usada esa arma de fuego.

Un arma de fuego en manos de una madre o padre protegiendo su casa de alguno o varios invasores, es una ventaja y lo vemos positivo. La misma arma en manos de un delincuente lo vemos negativamente.

El arma es un “ecualizador” en situaciones de peligro, pero no es la solución. Se debe entrenar y practicar para que la herramienta tenga la efectividad que queremos. Frecuentemente, sucede aún en profesionales que portan armas en su trabajo, que cuando hay situaciones de alto estrés o peligro, a pesar de haber entrenado, fallan al usarlas. Por lo que es más que importante, entrenar con ellas si queremos usar una.

En México por ley tenemos el derecho a tener armas de fuego en nuestro hogar. No a portarlas fuera de ellas, pues eso requiere un (casi imposible de obtener) permiso diferente.

Mi recomendación es que, para protegernos en casa, un “ecualizador” como el arma de fuego es muy útil si sabemos utilizarla y se mantiene resguardada en un lugar seguro.

Para entender cualquier situación de abuso, no solamente en niños, sino en adolescentes y adultos, debemos de comprender que los acosadores, al igual que en el reino animal, son lo que llamamos depredadores.

Estos están en constante búsqueda de sus presas (víctimas). En el reino animal pregúntate ¿Quiénes son los que son seleccionados por los depredadores para ser cazados?, la respuesta normalmente es: los más débiles, los enfermos, los más pequeños, etc. En otras palabras, todos los que representan menos peligro para el depredador.

No escogen al más grande y fuerte, sino a los más fáciles. Lo mismo sucede con los seres humanos, existen depredadores humanos que están en busca de los más débiles o los que representan menos peligro o saben que no opondrán resistencia.

Los niños que sufren bullying normalmente tienen conductas aprendidas de evitar el conflicto o pasivas. Este tipo de personalidades son las que busca un depredador (abusador). Si desde que inician las agresiones, la víctima no establece barreras asertivas (verbales y de ser necesario, físicas), lo siguiente será una espiral ascendente de acoso.

Debemos de enseñar a los niños a que tienen el derecho de protegerse físicamente. Está estipulado en la ley como la Legítima Defensa y no es la idea que se tiene, de enseñarles a ser “´violentos”.
Existe el mito de que no enseñamos a los niños defensa personal porque se vuelven violentos. Esto es totalmente falso; si un niño no aprende a establecer barreras a tiempo, se corre el gran riesgo de que sea, de igual forma, una víctima de adulto.

La prevención y solución al bullying es enseñar desde temprana edad a saber cómo establecer barreras verbales y físicas ante el acoso. Por supuesto, debe ir vinculada a una guía ética correcta, sobre cuando es preciso defenderse físicamente, y hasta donde.

En México y en otros países de manera similar, el tema de la legítima defensa y la protección de la propiedad privada es de suma importancia en el marco legal. En el Código Penal mexicano se establece que una persona tiene derecho a defender su vida, su integridad física y sus bienes en caso de enfrentarse a una amenaza real e inminente.

Sin embargo, es crucial entender que la legítima defensa debe ser racional al ataque recibido, es decir, la respuesta no puede ser excesiva en relación con la agresión sufrida.

En el caso de lesionar o quitar la vida a una persona dentro de tu casa, se debe evaluar detenidamente si la acción tomada fue en legítima defensa. Se considera legítima defensa cuando se actúa para repeler una agresión actual e injusta que pone en peligro la vida o la integridad de uno mismo o de terceros

Uno no tiene la obligación de saber por qué está un desconocido dentro de nuestra casa. Si nos encontramos sorpresivamente con alguien dentro de ésta, podemos ejercer la legítima defensa.

No es necesario esperar a ver si hay un arma o nos atacan. La ley considera que si alguien está dentro de nuestra casa (a menos que sea una autoridad con autorización legal y por eso se identifican con uniformes y desde antes de ingresar) de manera legalmente no justificada, podemos ejercer nuestro derecho a la legítima defensa.

Es fundamental que en situaciones como estas en las que se requiera recurrir a la legítima defensa, se actúe con prudencia y se busque asesoramiento legal lo antes posible. La colaboración con las autoridades es crucial para esclarecer los hechos y garantizar que se respeten los derechos y la integridad de todas las partes involucradas.

En México, la defensa legítima está codificada en los códigos penales de los estados y a nivel federal, estableciendo una causa de justificación para ciertos actos que, de otra manera, serían considerados delitos como lesiones u homicidio.

A pesar de algunas variaciones en los códigos locales, los elementos esenciales para esta excluyente de responsabilidad son consistentes en todos los ordenamientos:

Agresión. La acción defensiva debe responder a una agresión o peligro, a tu integridad física, a tu libertad o a tu vida.

Real. La amenaza debe ser genuina, no imaginaria. Que alguien te amenace, no pone en peligro tu vida de manera directa si solo te lo está diciendo, pero no haciendo.

 

Actual o inminente. La agresión debe estar ocurriendo en el momento o ser inminente, es decir, debe ser en el momento y no unas horas o varios después. Solo en el delito de secuestro la temporalidad no termina.

 

Necesidad racional de la defensa. La respuesta defensiva debe ser racional o hasta que la agresión se detenga.

 

Falta de provocación suficiente por parte del defensor. El defensor no debe haber provocado la agresión de manera significativa, es decir, debemos de cuidar lo que decimos o hacemos para que la otra persona o el agresor, no justifique que tú lo provocaste y él argumente que se defendió legalmente.

Estos cinco elementos son cruciales para justificar la acción defensiva de una persona civil.

 Si alguno de ellos no se cumple, podemos ser acusados de cometer un delito o de haber excedido los límites de la defensa legítima, lo cual también conlleva consecuencias penales.

Cumplir con todos los requisitos te exime de cualquier responsabilidad, incluyendo daños o la privación de la vida del agresor, siempre y cuando sea absolutamente necesario para proteger el bien jurídico en peligro que es la vida, la libertad de tránsito o tu integridad física, y no exista otra alternativa menos lesiva.

Conforme a la normativa que regula la legítima defensa para los ciudadanos en México, una persona puede utilizar los medios de defensa que tenga a la mano (pues lo importante es en ese momento y no si tiene varios como alguna pistola o un bat de beisbol) pero no están cerca de él.

En situaciones de confrontación o amenaza a su integridad física dentro de su hogar u otro lugar, un ciudadano puede recurrir a la legítima defensa utilizando los medios que tenga a su disposición para repeler el ataque.

Por ejemplo, si una persona se ve enfrentada a un intruso armado en su domicilio y logra desarmarlo durante el forcejeo, puede utilizar el arma del agresor para defenderse de manera proporcional a la amenaza percibida.

En caso de que la situación culmine con la neutralización del agresor, se podría argumentar legítima defensa, siempre y cuando se demuestre que la acción fue necesaria y proporcional para protegerse a sí mismo y a otros presentes.

Cualquier herramienta, instrumento, objeto pueden ser utilizados para proteger nuestra vida; desde herramientas improvisadas como la bolsa, unas llaves de casa, un plato, una plancha, un gancho de ropa, un lápiz o pluma, etc., hasta algo ya diseñado con el objetivo de lesionar como puede ser un arma de fuego o un cuchillo. De igual forma podríamos usar objetos deportivos como un bat, un palo de golf, una raqueta de tenis o bien, nuestro vehículo automotor.

Es fundamental señalar que en estos escenarios deben manejarse las herramientas con prudencia y de manera responsable, buscando siempre salvaguardar la vida propia y la de terceros de manera acorde a la situación presentada.

La legítima defensa implica actuar hasta que la agresión termina, esto quiere decir que si el o los agresores ya están en el piso o ya no tienen la intención de dañarnos (por las lesiones o por decisión) tenemos la obligación legal de parar.

Si no hacemos esto, la legítima defensa ya no aplica por “exceso en la legítima defensa” y podemos ser entonces ser sancionados por lesiones o bien por homicidio.

Manual de Seguridad - Emblema

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