En los últimos años se ha gestado un cúmulo de información, análisis y opinión, sin precedente en la historia, respecto de los diversos temas en torno al fenómeno de la violencia e inseguridad.
Este acervo informativo que nutre, de una u otra manera, las labores de prevención y distintos tipos de intervenciones, no ha logrado consolidar integralmente acciones para revertir las tasas de victimización, ni influir determinantemente para evitar que las personas -especialmente los jóvenes- incurran en comportamientos antisociales o conductas ilícitas.
Podríamos decir, por tanto, que la información la tenemos, quizá lo que nos ha fallado, tanto en éste como en muchos otros temas prioritarios, es lograr la sensibilización de la gente.
Sensibilizar a una persona respecto de algo, implica, más allá de una conciencia informativa meramente racional, el elevar su capacidad de darse cuenta, con todo su ser, de lo que está sucediendo con el fin de que asimile las cosas y, a partir de ahí, asuma su responsabilidad en lo que le corresponda como individuo.
Aprender a conocer, a hacer, a convivir juntos y, en sí, el aprender a ser, conforman los cuatro pilares de la educación que contribuyen al desarrollo de conocimientos, habilidades, destrezas y valores que serán puestos en práctica durante nuestra vida; elementos fundamentales de la sociedad inclusiva -no exclusiva- que debemos promover.
La sensibilización constituye, en este sentido, una actividad que debe promover la creación de actitudes positivas de respeto, solidaridad y tolerancia, ayudando a desarrollar la empatía, con base en principios y valores universales, buscando el respeto de los derechos que todo ser humano, por el simple hecho de ser un ser humano, posee.
Si observamos las muchas formas de “sensibilizar” a los demás, mostrando el lado oscuro de las cosas, atemorizando a la gente respecto de los riesgos y haciendo un circo morboso con imágenes y videos de las bajezas del ser humano y que, sin conciencia alguna, se viralizan en redes sociales, más que invitar a los otros a la acción, el miedo nos acabará conduciendo a la postración.
Debemos proponernos sensibilizar a las personas enviándoles el mensaje en positivo, ya no sólo informándoles, sino haciéndoles ver y sentir, con actividades, mediante distintas formas de expresión con el arte y el deporte, las formas en las que se puede convivir y disfrutar sanamente, sin violencia, en el hogar, en la comunidad, en la escuela, en su trabajo y en general en la vida.
No te quedes simplemente con la información, ¡promueve la sensibilización y entra en acción! Haz que los demás lo hagan y verás, algún día, que las cosas cambiarán en el entorno.