La intuición como primer frente para prevenir

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Casi todas las personas que han sido víctimas de un delito recuerdan un instante previo. Un momento pequeño, casi imperceptible, en el que algo no cuadraba. No era una amenaza clara, ni una señal evidente. Era una incomodidad. Una sensación. Una especie de alerta interna que decía, sin palabras: “algo aquí no está bien.”

Muchas veces, después del daño, esa sensación vuelve a la memoria con una claridad dolorosa. “Lo sentí, pero no le hice caso.”

A eso solemos llamarlo intuición. Y aunque a veces se le mira como algo místico o subjetivo, en realidad es una de las herramientas más sofisticadas que tiene el cerebro. La intuición no es magia: es el resultado de miles de microseñales que nuestra mente procesa sin que lo notemos conscientemente. Cambios en el ambiente, inconsistencias en el discurso, gestos, silencios, tiempos, miradas, detalles fuera de lugar. Todo eso se integra en una impresión global que se manifiesta como una corazonada.

En contextos de inseguridad, esa corazonada suele aparecer cuando existe una anomalía. Algo que no encaja con lo que debería ser normal. El problema es que muchas veces la ignoramos por educación, por cortesía, por no parecer exagerados o por no incomodar a otros. Preferimos dudar de nosotros mismos antes que incomodar al entorno.

La delincuencia se aprovecha justamente de eso.

En muchos fraudes, extorsiones, robos o abusos, el primer error no fue técnico; fue emocional: no escuchar esa alerta interna que ya estaba diciendo que algo no estaba bien.

La intuición no grita. Susurra. Y casi siempre lo hace a tiempo.


Desarrollar la intuición no significa vivir paranoico. Significa aprender a leer el entorno y confiar en que nuestro cerebro sabe detectar lo que no cuadra, incluso cuando aún no podemos explicarlo con palabras.

Esa capacidad se entrena. Y puede convertirse en una de las herramientas más eficaces de prevención.

Cinco formas de poner la intuición al servicio de tu seguridad

1. Al llegar a un lugar, observa antes de actuar.
Antes de relajarte, mira quién está, cómo se comportan las personas, qué es normal ahí y qué no. La intuición se alimenta de contraste.

2. Al salir o moverte, escucha el cuerpo.
Si algo te hace dudar —una calle, una persona, una situación— no lo racionalices de inmediato. Cambiar de ruta o de plan a tiempo es una forma legítima de protección.

3. Al conocer personas, busca coherencia.
La intuición suele activarse cuando lo que alguien dice no coincide con cómo lo dice, con lo que hace o con lo que evita responder.

4. En negocios, desconfía de la urgencia y de lo demasiado perfecto.
Cuando algo presiona para decidir rápido o parece excesivamente bueno, suele haber información oculta.

5. En llamadas, correos o mensajes, atiende las emociones que provocan.
El miedo, la culpa, la prisa o la ilusión repentina son señales de manipulación. La intuición suele reaccionar antes de que la razón lo entienda.


No siempre podemos explicar por qué algo se siente mal, pero casi siempre podemos elegir no ignorarlo. En prevención del delito, escuchar esa pequeña voz interna no es exageración: es una forma profunda de inteligencia.

Porque muchas veces, cuando algo “se siente raro”, es porque en realidad lo es. Y atenderlo a tiempo puede marcar toda la diferencia.

 

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