“Con la autorregulación se busca que la población crea en el Estado de Derecho.”
Líder de seguridad con más de 30 años dirigiendo y ejecutando programas de seguridad hacia la transformación organizacional. Desarrolla equipos exitosos y resilientes. Tiene una amplia y reconocida trayectoria en gestión de crisis y continuidad del negocio, siendo un socio estratégico, que vela por la integridad de las personas, la protección de los activos y la reputación empresarial.
Promotor de la cultura de la legalidad. Presidente del Grupo de Ejecutivos en Manejo de Riesgos Corporativos (GEMARC), miembro de OSAC, ASIS, ALAS, ASUME, entre otras en organizaciones promotoras de la seguridad. Conferencista nacional e internacional. Reconocido por la Revista Seguridad en América como uno de los 100 más influyentes de la Seguridad privada en 2017 y 2022.
Actualmente, es el Director Sr. de Seguridad para PepsiCo LatAm con el objetivo de establecer la estrategia de seguridad integral para el plan de negocios colocando a la seguridad como una ventaja competitiva y de dirigir la implementación y estandarización de procesos, políticas y programas de concientización sobre seguridad en el sector (16 países y más de 75 mil empleados).
Durante su Carrera en PepsiCo, ha sido 2 veces ganador del reconocimiento “PepsiCo Awards” en 2017 y 2021 y del máximo reconocimiento “Chairman’s Award” en 2013, por la gestión estratégica de la seguridad que contribuyó a que la empresa hiciera frente a la pandemia del COVID-19 y al ambiente hostil de violencia delictiva y social en México.
El término Cultura de Legalidad nació a través de la Asociación Civil “México Unido contra la Delincuencia”, que trabaja a favor de la seguridad, la justicia y la paz en México. Sus principios, valores y creencias, los han llevado a ser una organización líder en el análisis de políticas de seguridad, legalidad y justicia; en la implementación de proyectos de prevención social de la violencia y empoderamiento comunitario; y en incidencia en políticas públicas en materia de seguridad ciudadana, atención a víctimas, cultura de la legalidad y drogas.
El 11 de noviembre de 1997, la fundadora Josefina Ricaño Bandala convocó a ciudadanos inconformes con la situación de inseguridad en México a sumarse a un movimiento de protesta, exigencia y dispuesto a construir propuestas y estrategias buscando hacer y convertir a México en un país seguro, legal y justo.
A partir de la suma de voluntades y esfuerzos de muchos líderes y ciudadanos de distintos ámbitos, en 1998 se constituye México Unido Contra la Delincuencia como una asociación civil de la cual nace el término Cultura de la Legalidad; una creencia compartida de que cada persona tiene la responsabilidad individual de ayudar a construir y mantener una sociedad donde disfrutemos de derechos y cumplamos nuestras obligaciones.
Por medio de este mecanismo de autorregulación individual y regulación social, se busca que el conjunto de creencias, valores, normas, actitudes y acciones promuevan, que la población crea en el Estado de Derecho, lo busque, lo defienda, lo ponga en práctica y tenga cero tolerancia a la ilegalidad.
Este concepto exige por parte de los ciudadanos una cierta armonía entre el respeto a la ley, las convicciones morales, las tradiciones, las acciones, los pensamientos y las creencias culturales.
La Cultura de la Legalidad busca sensibilizar y motivar a las personas para que sus acciones y pensamientos vayan a favor del bien común siempre dentro del marco legal, y en caso de ser necesario, modificar, adecuar, desarrollar y fortalecer ciertas actitudes, habilidades y comportamientos que direccionen a promover una cultura donde la legalidad sea normalizada, bien vista, se convierta en el único camino, en una exigencia y se busque constantemente cumplir las normas y leyes. El buscar y exigir una sociedad donde se viva la Cultura de la Legalidad es de vital importancia para lograr mejores desarrollos tanto en el ámbito privado como público, pero sobre todo para poder vivir en una sociedad donde se busque y priorice la paz y el bien común, donde podamos disfrutar y hacer valer nuestros derechos pero también cumplir con nuestras obligaciones y tareas.
Es importante buscar crear una conciencia de que, hacer lo correcto es la única manera de hacer las cosas, ya que hoy en día se vive una cultura en donde lo más importante es tener o ser exitoso, sin importar que se necesite hacer para conseguirlo o a que costo se obtenga, esto debido a que se ha desarrollado y se le ha dado un significado al éxito que no es del todo correcto, pues comúnmente, se relaciona con dinero, estatus y poder, sin importar si se consigue violando la ley o se perjudica a personas, seres vivos o al medio ambiente; y lo más impresionante es que esta creencia se enseña y trasciende de generación en generación, causando un sesgo en las sociedades de que está bien y que está mal.
El tema preocupante es que muchas veces, gracias a estas creencias erróneas y sesgadas, se comienza a seguir e incluso a idolatrar a personas que “por lo que tienen” (sin saber cuál fue el costo o como lo obtuvieron) y el poder o estatus que tienen creemos que son un ejemplo.
El violar la ley está tan normalizado que a veces lo hacemos de forma sistemática y automática sin pensar en las consecuencias, un ejemplo claro de esto son los cientos de frases que hacen analogías a la ilegalidad y que son parte de nuestro día a día como; “El que no tranza no avanza”, “Esta vida es para los vivos no para los matados”, “Un político pobre, es un pobre político”, “No quiero que me den, sino que me pongan donde hay”, “Con dinero baila el perro”, “La corrupción es necesaria”, “Si me ayudas (entregas dinero) te ayudo (resuelvo tu problema)”, “Ponte guapo”, entre muchas otras.
¿Cuántas veces no hemos escuchado o incluso dicho estas frases? Son tan comunes y no nos damos cuenta del verdadero significado que tienen o lo tenemos tan normalizado que son un factor importante que nos incita a no respetar las normas y leyes, o a justificarnos en caso de hacerlo, además de hacer referencia a valores negativos como, deshonestidad, corrupción, egoísmo, nepotismo, irresponsabilidad, soberbia, avaricia, etc. Y al hacerlas parte de nuestro día y escucharlas con frecuencia, no están mal vistas ni juzgadas, sino que desafortunadamente se volvieron parte de la cultura mexicana y cada vez que las escuchamos en vez de asombrarnos e incomodarnos, nos reímos y las aplaudimos, lo que por supuesto nos hace parte del problema.
Es de vital importancia sensibilizarnos y hacer conciencia que gran parte de la solución para transitar a una cultura de “cero tolerancia” a la ilegalidad está en nuestras manos, empezando por dejar de normalizar las frases que hacen alegoría al delito y dejar de aspirar a ser personas “exitosas” sin importar como se consiga el éxito o a que costo, se requiere de una sociedad donde estemos dispuestos a reaprender y replantearnos el verdadero significado de ser exitoso o de ser poderoso y que este está relacionado con cumplir y hacer cumplir el Estado de Derecho.
A lo largo de los años, las series, las cintas televisivas, las noticias, los libros, los narcocorridos entre muchos otros medios, nos han hecho tener una idea vaga, parcial y poco atinada de la vida de los narcotraficantes o delincuentes donde se muestra solo una parte de su vida en la que se observan lujos, “éxito”, poder y control; por lo que cada vez es más común que la humanidad desarrolle admiración por personajes que, aunque realicen actividades ilegales, despiertan simpatía en las personas o se identifican con ellos, además, de que se les admira por su astucia, ímpetu, coraje, persistencia, actitud y firmeza.
En varias ocasiones los narcotraficantes o delincuentes son protagonistas de estas historias y por lo general comienzan en situación de pobreza lo que causa, que en un país como México donde 43.9% de la población se encuentra en pobreza multidimensional (55.7 millones de personas) y 8.5% en pobreza extrema (10.9 millones de personas) las personas sientan y desarrollen empatía, sentido de pertenencia e incluso se vean identificadas con estos personajes, por lo que suelen convertirse en figuras de aspiración y admiración para personas y pueblos humildes que buscan algún día tener la “suerte” o el “éxito” que ellos buscaron y consiguieron para poder tener una mejor calidad de vida o una vida donde “no les falte nada”, sin saber que en la mayoría de estas situaciones se sacrifica la paz por poder y dinero (IMCO, 2020).
Desafortunadamente, las personas olvidan que estos personajes se saltaron las leyes y normas, llegando a pensar que para tener lo que se busca, se quiere o uno merece, cualquier medio es válido. Admirar a quienes “hacen lo que quieren” es realmente preocupante, pues la libertad, el éxito y la felicidad no depende de hacer lo que uno quiere. Sin embargo, el aspirar a ser o idolatrar a criminales genera ambientes cada vez más corruptos, inseguros y violentos.
“Los eventos o las cosas buenas, que valen la pena y que realmente importan, siempre tardan, porque lo que fácil llega, fácil se va”
A menudo se cree que el camino “rápido” o “fácil” nos llevará a conseguir lo que queremos o creemos que necesitamos, sin importar si eso implica no cumplir las normas o las leyes o incluso perjudicar a personas y el medio ambiente o violar el Estado de Derecho, y como anteriormente se comentó, desafortunadamente esta creencia se ha transmitido de generación en generación causando que las sociedades cada día sean más egoístas, más corruptas y menos humanas; pero por desgracia se nos olvida que en el fondo esos logros, puestos o cosas que se consiguen de una manera “sucia”, corrupta o rápida, serán efímeras y que en la consciencia del ser humano sabrá que no fue del todo honesto, es decir, que tuviste que mentir o engañar o faltar a la ley para conseguir dinero, un mejor puesto, librarte de una sanción, etc. Ya que no hay mejor juez que nuestra propia conciencia.
Lo que realmente trasciende, se consigue de forma limpia, sin engaños, sin mentiras, ni violar la ley, sucede de forma lenta, pero la satisfacción y tranquilidad de que tus acciones y pensamientos siempre estuvieron guiados por leyes, normas y valores, hará que tu consciencia esté tranquila, como lo dijo Dalai Lama “El mantenimiento de la paz comienza con la autosatisfacción de cada individuo” y la única manera de llegar a la autosatisfacción es saber que en todo momento hiciste y has hecho lo correcto, que tus pensamientos, acciones y comportamientos siempre estuvieron dentro del marco legal y buscando el bien común.
“Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única manera”
-Albert Einstein
Es muy fácil decir que debe hacer cada ser humano, como debemos comportarnos como sociedad y juzgar a quienes han hecho bien o mal, lo realmente difícil es hacernos responsables de lo que está en nuestras manos, nuestras acciones, pensamientos y comportamientos y empezar a predicar con el actuar, poniendo el ejemplo, pues nada es tan contagioso como este.
Si bien, es necesario que seamos cada vez más los que hagamos las cosas correctamente, es de vital importancia primero empezar por nosotros mismos, por pequeño que creamos que es nuestro ejemplo o nuestro actuar, es lo que marcará la diferencia. De nada sirve, invertir en las empresas, los gobiernos, la preparación profesional y laboral de las personas dejando a un lado lo más importante, desarrollar y educar a las personas y sociedades para que crezcan y vivan una Cultura de la Legalidad, que se guíen por normas, leyes y reglas, que sus valores siempre estén enfocados en el bien común y hacer realmente lo correcto, estoy convencido de que al tener colaboradores y ciudadanos con “cero tolerancia” a la ilegalidad habría menos perdidas, más productividad, pero sobre todo más seguridad, armonía y paz, creando así un lugar seguro para trabajar y es que como sociedad olvidamos que la mayoría de los problemas que tiene México como país y como sociedad nacen de la ilegalidad.
La corrupción no es solamente un político, o un funcionario público, o un narcotraficante, o un ladrón; la corrupción también es la persona que tira basura en la calle, que maneja sin licencia, que dio “mordida” al tránsito con tal de no tener una infracción, quien dio dinero para agilizar algún trámite público, quien se pasó el alto, quien tomó algún objeto que no
era suyo, la corrupción está y somos todos, es nuestra responsabilidad y está en nuestras manos cambiar el rumbo de nuestro camino, ir por un México “cero tolerante a la ilegalidad”, dejar de normalizarla y que no sea bien vista.
La transparencia es uno de los valores fundamentales que sustentan la Cultura de la Legalidad, gracias a este valor podemos ver como se hacen las cosas y porque son así, es lo que permite que las acciones y decisiones se hagan públicas y que estén abiertas al cuestionamiento, lo que las hace más creíbles y se despejan las dudas, la transparencia además de un valor, debe ser una actitud constante y un compromiso, pues mantendrá la calma en todo momento y abrirá espacio al diálogo.
Otro de los valores que sustentan la Cultura de la Legalidad y es bastante obvio es la legalidad, que prácticamente es acatar y hacer cumplir las leyes, si se detecta alguna violación a alguna ley, es obligación de los ciudadanos levantar la mano, esto hará el cambio.
La integridad es aquel valor que hará que todo funcione bien, es la capacidad de ser honesto, respetuoso y tomar decisiones procurando el bien común y apegadas a la ley, pero sobre todo la capacidad de siempre hacer lo correcto, sin importar quién te está viendo, cuál es tu condición o situación, no importa donde estes o con quien estés, siempre saber que hacer lo correcto es la única opción que se tiene y la única forma de actuar.
“If you see something, say something”
-Anónimo
La participación es otro valor importante que sustenta este concepto, pues no nada más indica que nosotros como seres individuales debemos cumplir el Código de Conducta, normas y leyes sino también hacer que se cumplan, es decir exigir a las instituciones encargadas de esta tarea que cumplan con su trabajo, pero además no ser cómplices, si se detecta alguna violación a la ley o al Código de Conducta, es importante y será agente de cambio que se diga y se exija justicia.
Por último, por supuesto que la responsabilidad es parte de la Cultura de la Legalidad; se tiene la responsabilidad de cumplir y hacer cumplir la ley, de hacernos responsables de nuestros actos y cumplir las sanciones en caso de ser necesario.
Comúnmente se relaciona la Cultura de la Legalidad con el Estado de Derecho y es que ambas formulan un mecanismo de autorregulación individual y regulación social, que exige por parte de los ciudadanos armonía entre el respeto a la ley, las convicciones morales y las tradiciones y los rasgos culturales.
Ambos conceptos nos incitan a cumplir las normas y leyes que como sociedad nos rigen; si sabemos que una acción es delito, entonces debería ser un rotundo no.
En México, el Estado de Derecho está contemplado en la Constitución Mexicana de los Estados Unidos Mexicanos, la cual incluye las leyes y normas que rigen al país, así como también los tratados; el gobierno y sus representantes son quienes se encargan de que la Constitución se cumpla al pie de la letra y en caso de que alguna ley sea violada, que haya consecuencias para quien no la cumplió; por otro lado, la Cultura de la Legalidad es la convicción y el comportamiento de cada ser humano en regirse y hacer cumplir esas leyes y normas, por lo que podríamos concluir que el Estado de Derecho es la teoría que nos marca que debemos hacer para vivir en armonía respetando normas y leyes y la Cultura de la Legalidad es la forma de llevarlo a cabo y vivirlo, que sea parte del día a día de cada ciudadano.
Al gobierno le corresponde hacer cumplir el Estado de Derecho, pero cada ciudadano tiene la obligación de acatarlo y promover la ley.
Aunque podríamos decir que México es un país de leyes, ya que la Constitución Mexicana sigue rigiendo la nación y siendo su principal ancla, desafortunadamente no somos un país donde se cumplan y acaten.
Una encuesta aplicada y publicada por la Universidad del Valle de México en 2019 muestra que el 77% de los encuestados no considera que los mexicanos respeten las leyes, el 62% está de acuerdo que para poder capturar delincuentes las autoridades pueden actuar al margen de la ley, 57% considera que tanto servidores públicos como ciudadanos realizan actos de corrupción, 84% justifica que se cometan faltas o infracciones al margen de la ley y 57% está de acuerdo que las personas se ven obligadas a cometer una infracción o violar la ley para salir de un problema, estas cifras solo nos confirman que el problema es de todos y que cada ciudadano tiene parte de culpa, estos datos son un llamado urgente a la sociedad a sensibilizarnos y dejar de normalizar violar la ley, hacernos responsables de nuestros actos y reeducarnos en que seguir y cumplir la ley es el único camino (UVM, 2019).
Es urgente que tanto actores públicos como privados le den importancia y desarrollen en
conjunto el respeto a la norma y a la ley, el rechazo a la ilegalidad y a la corrupción, reforzando el comportamiento acorde a un marco normativo aplicable y sobre todo determinando consecuencias para quien decida violar la ley o el Código de Conducta de la organización, esta medida hace la diferencia, pues si en todos los ámbitos obligamos, de cierta manera, a las personas a ser buenos ciudadanos, respetar, cumplir y hacer cumplir las normas y ser cero tolerantes a la ilegalidad, con el tiempo normalizaremos el hacer las cosas por la vía legal y sobre todo la sociedad se irá educando de que solo hay una manera de actuar y esta es siendo ciudadanos responsables, que cumplen y hacen cumplir las leyes y normas.
Estoy convencido de que quien es buen ciudadano en un aspecto de su vida, eventualmente será en los demás, es decir, si eres un ciudadano que se rige por normas y leyes en tu vida diaria personal, es mucho más fácil que sigas las reglas y te apegues al Código de Conducta en el lugar de trabajo.
Hace diez años, siendo el Director Sr. de Seguridad para PepsiCo México me preocupaba la situación de cultura y legalidad que se vivía en el país, busque una solución para atender problemáticas tanto internas como externas de la compañía y reforzar la cultura y el comportamiento que rige el Código de Conducta de PepsiCo, por lo que me di a la tarea de ponerme en contacto con la Asociación México Unido contra la Delincuencia (MUCD), escuché sobre el programa de Cultura de la Legalidad que imparte esta Asociación a gobiernos, empresas y sociedad civil, me pareció una gran herramienta para atender las causas más básicas de legalidad y capacitar a los colaboradores y sus familias sobre que es legalidad y cómo hacer lo correcto.
La Asociación capacitó y entrenó al equipo de Seguridad Corporativa de PepsiCo México con el fin de que el programa fuera desplegado en todas las áreas funcionales y foros de la compañía. Una vez que el equipo de Seguridad recibió el entrenamiento, se realizó una prueba piloto en dos Centros de Distribución considerados conflictivos y con alto índice de faltas al Código de Conducta.
Se capacitó a todos los colaboradores de ambos Centros de Distribución con el fin de enseñarles que hacer lo correcto y lo legal es la única manera de hacer las cosas, que cada acción y decisión tiene una consecuencia y que depende el tipo de acción el tipo de consecuencia que tendrá, adicional se modificó la metodología de operación, ya que cada vez que se tenía un incidente el equipo de Seguridad se daba a la tarea de investigarlo e involucrar a las áreas correspondientes de la compañía para tomar las medidas necesarias y sancionar a los involucrados directos e indirectos.
Además, se comenzó a tener sinergia con las autoridades lo que comenzó a facilitar la comunicación y resolución de problemas, poco a poco los colaboradores comenzaron a entender al pie de la letra el Código de Conducta, a hacerlo parte de su día a día y a entender que una mala acción o violar la ley puede llevarlos a perder su libertad, su trabajo, su familia, etc. Y en vez de ver al área de Seguridad como un área justiciera, comenzaron a verla como un área de servicio, apoyo y confianza, donde siempre se velará y buscará su bienestar.
Con el paso del tiempo se comenzó a ver una disminución significativa en los indicadores de incidentes. Implementar el programa de Cultura de la Legalidad en las organizaciones, instituciones y empresas no es únicamente capacitar y entrenar a los colaboradores de que es correcto, cómo acatar el Código de Conducta y cómo debe hacerse, si no se trata de hacer de este programa un modo de vida, parte de la cultura de la empresa, un modo de operación alienado a los valores, convicciones y principios de la organización.
Sensibilizarlos y concientizarlos de que hacer lo correcto es la única manera de hacer las cosas, no importa que tan grave sea el problema, siempre habrá una solución por la vía legal de solucionarlo.
Al capacitar a los colaboradores en este curso se despierta la curiosidad y las ganas de comenzar a actuar, pues es un programa diferenciado y novedoso que comúnmente genera un interés, ya que abarcan temas fuera de su campo de acción como valores, ámbito personal, familiar y de sociedad.
Lo ideal es que el programa venga acompañado de material didáctico que combina actividades teóricas y prácticas de facilitadores, quienes son previamente capacitados y certificados por la Asociación México Unido contra la Delincuencia, estos facilitadores deben ser de alto desempeño y estar comprometidos con que no hay otro camino más que actuar acatando y siguiendo las leyes y normas, y convencidos de generar cambios en la forma de vivir, actuar y trabajar regulado por el marco normativo de la empresa.
Los resultados y la apertura que normalmente tienen los colaboradores ante estos temas lo notamos a través de una comunicación abierta y honesta, la cual tiene como objetivo formar buenos ciudadanos y mejorar los procesos para el cumplimiento de sus actividades.
Como compañía deben definirse objetivos específicos que permitan que a través de este programa se muestre un avance cualitativo y cuantitativo. Por otro lado, no hay manera de implementar el programa sin el compromiso de los líderes y la dirección de la Compañía, ya que ellos serán los principales patrocinadores y embajadores del programa y con su actuar serán ejemplo de cientos de personas.
Una vez que se imparte este programa, los colaboradores salen con un conocimiento más profundo en temas de legalidad, valores, conducta y pensamiento crítico.
Una de las maneras más prácticas de implementar el programa en empresas es mediante la formación, pero, sobre todo, comienzan con un proceso de autoconocimiento y sensibilización que les ayuda a iniciar a autorregularse como personas, empezando a cuestionarse en que parte ellos como seres humanos le fallan a la sociedad permitiendo o realizando actos que violen el Código de Conducta o las leyes.
El cambio en las empresas es lento y paulatino, se va generando uno por uno hasta sumar la mayoría, ya que se requiere una modificación organizacional. La implementación de Cultura de la Legalidad es una ventaja competitiva porque reduces perdidas, contribuye a crear sociedades que cumplen con el Estado de Derecho y que dejan de normalizar el violar la ley o el Código de Conducta, de una u otra manera los mismos colaboradores comienzan a contribuir en hacer cumplir el programa y dejan de tolerar faltas o violaciones al Código de Conducta de otros empleados, por lo que se vuelven aliados.
Para medir y materializar los resultados de la implementación de este programa se requiere darles seguimiento a los indicadores, poder comparar la cantidad de investigaciones anuales que terminan en la separación laboral de colaboradores por prácticas ilegales violatorias de procesos y políticas organizacionales.
Por otro lado, realizar análisis de datos para observar tendencias, posibles escenarios, debilidades y oportunidades y entonces poder tomar decisiones acertadas.
Para implementar Cultura de la Legalidad hay que atreverse, ser pioneros, ser disruptivos y estar hambrientos de cambio, es un tema que tiene que involucrar a todas las áreas de la empresa, pero se requiere responsabilidad social, pues no solamente es implementarlo, capacitar y hablar sobre el tema, es actuar con el ejemplo, convertirse en guías del cambio y testigos de que se cumpla y se haga cumplir.
Estoy realmente convencido de que la principal motivación que me llevo a buscar esta alianza es que me gusta conocer y entender las causas por las cuales las personas, en este caso, los colaboradores, cometen delitos o faltas al Código de Conducta para poder atacar los problemas de raíz y es sorprendente como el motivo principal es que varios exagentes tenían la misma creencia, la empresa tiene mucho dinero no importa que lo tome para comprar un gusto, pagar una deuda, hacer un viaje y luego lo “devuelvo”, en la mayoría de los casos no sucede así, además de que se vuelve un círculo vicioso de mentiras, en donde la falta cada día es más grave.
Analizando realmente este problema se ve una clara tendencia, vivimos en una sociedad que como anteriormente lo mencionamos normaliza o no le presta importancia a los delitos o las faltas a la ley, por ejemplo, porque no vemos mal el manejar sin licencia o el tirar basura en la calle, es algo que vivimos o presenciamos comúnmente y ya no nos asusta o aún peor, ya nuestro juicio no lo asocia como algo malo.
En el artículo Unethical behavioral finance: why good people do bad things, de Ronald F. Duska escrito en 2017, se mencionan varios factores de porque personas que son consideras buenos seres humanos cometen actos incorrectos, se comienza por el más común, la poca fuerza de voluntad y es que ante condiciones extremas este recurso puede agotarse e incitar a que se cometan actos ilegales o que no son correctos.
La falta de educación o ignorancia es otro de los factores que suele influir, la falta de conocimiento y de información precisa y verídica facilita que la tome de decisiones no sea del todo ética, México es un país donde gran parte de los conocimientos y enseñanzas se trasmiten de generación en generación lo que causa en ocasiones que las malas prácticas también se enseñen y por lo que las nuevas generaciones normalicen o hagan parte de su vida los comportamientos o actos poco éticos o incluso ilegales, lo que nos lleva a concluir que hoy en día necesitamos desaprender ciertos comportamientos, frases, acciones, actitudes y habilidades, hacer conciencia, cuestionarnos y realmente sensibilizarnos de que está bien y que está mal, de que nuestras acciones tienen consecuencias y sobre todo que cumplir la ley y hacerla cumplir es imperativo, no existe otra opción, es la única forma de hacer las cosas.
Por otro lado, tenemos el factor de la progresividad, normalmente las faltas al Código de Conducta o las violaciones a la ley comienzan con una pequeña infracción que paulatinamente va creciendo, convirtiéndose más grave hasta que prácticamente es incontrolable, esta pequeña infracción puede repetirse, lo que la convierte en un hábito y se acrecienta.
La racionalización juega un papel muy importante, pues los seres humanos tendemos a justificar nuestro compartimiento y nuestras faltas éticas y legales frente al resto y con nosotros mismos, por ejemplo, en la corrupción es común escuchar la justificación de “todos los demás también lo hacen”, por lo que encontramos un motivo lo suficientemente válido para el “yo también puedo hacerlo”.
Por último, la arrogancia de no saber o no querer reconocer que cometimos una acción ilegal también afecta y contribuye a que la sociedad no entre en razón y busque un cambio, olvidando que el comportamiento ético y legal es una decisión individual y que de esa forma comenzaremos con un cambio en las conductas sociales y colectivas, por lo que es importante buscar e idear programas o certificaciones que aceleren y permitan concientizar, educar a las sociedades por medio de mecanismos que sancionen y dificulten las violaciones tanto al Código de Conducta de las organizaciones como a la ley, creando consecuencias puntuales y teniendo cero tolerancia a la ilegalidad.
El fomentar una Cultura de Legalidad en la sociedad ha orientado la propuesta y generación de mejores leyes y políticas públicas, la formación de ciudadanos responsables y respetuosas de la ley, la prevención del delito a través del empoderamiento comunitario, la atención a víctimas y la profesionalización de autoridades encargadas de la seguridad pública y la impartición de justicia.
El verdadero reto que tenemos como sociedad es hacer que la Cultura de la Legalidad se convierta en nuestro modus operandi, es decir, la manera en cómo vivimos y cómo actuamos, esto ayudará a forjar nuestros valores y principios de acuerdo con la ley y, sobre todo, a conducir de una manera asertiva nuestra toma de decisiones, una vez que nuestras acciones estén guiadas por nuestros valores y sean éticamente correctas las personas de nuestro alrededor comenzar a copiar nuestro actuar.
Como anteriormente se mencionó, es necesario olvidar ciertos sesgos, frases, comportamientos, dejar de normalizar no cumplir las leyes o aún peor violarlas y reaprender las normas y leyes, por más rápida o pequeña que sea la acción hacerlo por la vía ilegal no es opción, quien vive bien y de forma correcta en un aspecto de su vida, por lo general, será congruente con su actuar en todo lo demás.
Por otro lado, este programa en PepsiCo ha construido y fortalecido una cultura organizacional basada en el respeto a las políticas establecidas, el rechazo a la ilegalidad y a la corrupción, reforzando el comportamiento acorde al Código de Conducta la política organizacional y, en general, el marco normativo aplicable. El implementar este programa en PepsiCo y platicar sobre los resultados favorables que se han conseguido ha hecho que varias empresas de varios ramos busquen asesoría por parte de la compañía para implementar el programa y entre más personas reciban la capacitan o el entrenamiento, más se sensibilizará sobre el cambio de comportamiento y lineamiento que se debe tener en cuestión de legalidad para que cada ser humano con su actuar y su ejemplo haga la diferencia y entonces como sociedad busquemos que el mismo gobierno, las asociaciones, organizaciones e instituciones hagan cumplir la ley y se tenga cero tolerancia a la ilegalidad.
A lo mejor el programa se imparte a 100 colaboradores, con que 2 le den seguimiento, ya es ganancia, pues son 2 personas más que exigirán y cumplirán la ley al pie de la letra.
Además del impacto que tiene la implantación y fomentación de la Cultura de la Legalidad en la sociedad, también juega un papel importante en el desarrollo y la economía tanto del país como de empresas y organizaciones. Si no hay Cultura de la Legalidad, hay una disminución en la implementación de proyectos públicos y privados con afectación significativa en el desarrollo de las comunidades en sus diferentes contextos y el desarrollo y crecimiento de las empresas.
Los recursos que podrían utilizarse para innovaciones tecnológicas y sustentables, mejores prestaciones, cambios de contrato donde busque mejorar la calidad de vida de los colaboradores o ciudadanos, mejores desarrollos de instalaciones, entre muchas otras cosas, son utilizados para reponer las perdidas y financiar las sanciones causadas por violaciones al Código de Conducta o a la ley.
La Cultura de la Legalidad debe ser vista por las instituciones públicas y privadas como una inversión y ventaja competitiva.
El fomentar e impulsar la Cultura de la Legalidad hará que las perdidas se reduzcan y el dinero que se utilizaba en reponer cualquier incidente sea invertido en innovaciones y desarrollos tecnológicos, en mejores condiciones laborales, mejores calles, banquetas, institutos de atención ciudadana, etc.
Pero, sobre todo se comenzará a sensibilizar y de cierta manera educar a la sociedad sobre que es legal y que es correcto, ellos serán jueces y parte, cumplirán y harán cumplir, lo que nos llevará a una sociedad que busque y procure la paz, que exija el gobierno que merece, que no tolere la ilegalidad ni la violencia y busque justicia y eventualmente esto hará de México un país más seguro.
Las principales acciones para poder crear y vivir la Cultura de la Legalidad es buscar conocer los básicos, las normas y leyes para poder saber que está bien y que es ilegal, una vez que tenemos conocimiento de que son y cuáles son, podemos decidir y actuar cumpliendo las normas y el Código de Conducta siempre teniendo presente que no importa que tan pequeña sea la acción debe estar en el marco legal y que en todo momento soy ejemplo.
Evitar, rechazar y denunciar la ilegalidad y las faltas éticas es importante, pues si no lo hacemos nos convertimos en cómplices. Por último, es importante colaborar y participar para que con mi actuar pueda predicar. Hacerme responsable de mis acciones es esencial, saber que el actuar mal conlleva sanciones que indiscutiblemente debo asumir y sobre todo ser congruente, ya que debo vivir una Cultura de la Legalidad en la vida personal, social y laboral.
Al seguir impulsado la Cultura de la Legalidad se ha logrado hacer eco en la sociedad trabajando a través de esta Asociación Civil con víctimas del delito y personas qué sin haber padecido los estragos de la inseguridad exigen justicia, se busca ser inspiración y motivación para ser pioneros del cambio y construir poco a poco una sociedad que cumpla y haga cumplir el Estado de Derecho, que exija que se cumplan las leyes y que deje de normalizar las violaciones a la ley y Códigos de Conducta, que se sume a esta causa y esté convencida de que no se trata de esperar pacientemente “su turno” o a que las autoridades realicen su trabajo eficientemente, se busca sensibilizar a la sociedad para que sean proactivos a este cambio y que con su ejemplo prediquen el actuar, que no haya espacio para la ilegalidad ni la corrupción y que lleguemos a vivir en una sociedad donde hacer lo correcto y lo legal sea la única opción.
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